
Río
En la vasta y rica mitología colombiana, los ríos emergen como protagonistas de relatos que entrelazan lo natural con lo sobrenatural, revelando la esencia de la cultura y la identidad de las comunidades. Desde los m...
En la vasta y rica mitología colombiana, los ríos emergen como protagonistas de relatos que entrelazan lo natural con lo sobrenatural, revelando la esencia de la cultura y la identidad de las comunidades. Desde los mitos de Kugï y Nokuerai en la Amazonía, donde la transformación y la supervivencia dan vida a un pato cantador, hasta la historia de Batatabatí, que narra la tragedia y la conexión con la naturaleza en la región Andina, cada relato es un eco de la sabiduría ancestral. La Madre Agua, con su belleza y misterio, atrae a los niños en historias que hablan de amor y pérdida, mientras que en el Caribe, el costeño y los cachacos ilustran el encuentro cultural a través de la pesca. Estos mitos no solo reflejan las creencias y valores de sus pueblos, sino que también nos invitan a explorar la relación entre el ser humano y el agua, un elemento vital que fluye a través de la historia y la memoria colectiva.
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Mostrando 12 de 26 mitos

Barbachas del Árbol Grande
Dicen los mayores que antes de los caminos todo era humedad, y en la piel del Árbol Grande se abrazaron dos barbachas, una blanca y una negra. Cuando tocaron la tierra, se volvieron paso y luego gente. Por eso, cuidar el agua y la montaña no es costumbre: es origen.

Batatabatí
El mito de Batatabatí destaca la riqueza cultural de los Quimbayas, con un enfoque en la acción bélica y la tragedia humana.

Chimbilaco
En el Chocó, dicen los viejos que el Chimbilaco no nació murciélago sino aviso: una sombra con alas que prueba el corazón del caminante. Si vas por codicia, te pierde; si vas por necesidad, te guía por la trocha bajo la lluvia.

Cobaima
Cobaima, creado por Karagabí, bajó por los ríos del Chocó para aprender la palabra de las plantas y hablar con los jai. Separó a los animales dañinos del camino humano, nombró ríos sin nombre y desató trampas invisibles. Así ordenó el territorio para que la vida no se devorara a sí misma.

El Bastón de Sueño
En una noche de río crecido, un joven Wounaan sueña con un jai que le entrega un bastón para sostener la palabra. Cuando una niña enferma por un daño invisible, el aprendiz enfrenta la tentación del poder rápido y aprende que curar es equilibrar, escuchar y pedir ayuda a tiempo.

El Diablo Chivo de Rumichaca
Dicen los abuelos que bajo Rumichaca, donde el agua sale tibia, vive el Diablo Chivo: un guardián que compra promesas y cobra sombras. Quien busca atajos en la frontera puede cruzar, pero luego no logra regresar del todo.

El Duende Peluquero
En el valle entre Cali y Yotoco, una joven de trenza larga es perseguida por el Duende Peluquero, obsesionado con su cabello. La acorrala cerca del río Cauca, hasta que ella rompe el hechizo al cortarse el pelo.

El Silbo de Quinunchú
En el Occidente antioqueño dicen que Quinunchú no se fue del todo: quedó hecho silbo. Si un caminante entra al monte con codicia, el aire le responde con una flauta invisible y lo hace dar vueltas hasta que aprenda a pedir permiso.

El Tesoro de Dabeiba
En Dabeiba, dicen los viejos, el tesoro no se abre con pala sino con verdad: una luz aparece en Semana Santa y prueba el corazón del que la sigue. Si hay codicia, el río llora y el camino se pierde; si hay respeto, la abundancia llega para todos.

El Tesoro del Pipintá
En el filo del cañón, una luz quieta señaló una piedra como puerta. El viejo arriero entendió que el tesoro del Pipintá no se saca: se escucha. Y que el monte premia la memoria, no la codicia.

El castigo
El mito narra un conflicto entre los Chimila y el pueblo del Gran Río, donde una maldición del cacique resulta en una retribución de enfermedad.

El costeño y los cachacos
Este relato destaca un encuentro cultural entre costeños y cachacos, usando la pesca como metáfora de interacción social.