Chimbilaco, el rumor sobre el río

Pacífico · Africano

Chimbilaco, el rumor sobre el río

Una silueta humana con alas de ave cruza de noche ríos y quebradas; su aparición obliga a los pescadores a regresar.

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Chimbilaco, el rumor sobre el río: la entrada del relato

El relato

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Chimbilaco es como se le dice al murciélago. También es el nombre de lo que cruza el río de noche: una figura con cuerpo de persona y alas de ave que sobrevuela ríos y quebradas, cae sobre los pescadores y les corta la cabeza.

De noche, sobre el Amazonas, lo primero que se ve son las luces. Pasan por el cielo despidiendo rayos de colores que cambian de tamaño y de tono, rojos, azules, amarillos, verdes. Unos dicen que el aparato no suena nada; otros, que suena pasito. Adentro hay computadores y equipos que localizan a la gente y saben de lejos si va armada. Cuando encuentran a alguien, baja un haz que lo deja quieto donde está, sin poder mover ni las manos.

A los que se llevan los suben a bases y laboratorios donde hay máquinas capaces de mantener vivas las cabezas y los órganos que sacan. A otros los abren ahí mismo.

No siempre vienen por el aire. También andan por el agua y por tierra, y entonces no se los reconoce por la forma sino por la conducta. Se visten de bufeo, de caimán, de tigre, de pirarucú, de pintadillo, de venado, de vaca marina, de boa, de águila; el traje es de cuero o de piel y lleva por dentro un aparato para respirar. Por eso, cuando un bufeo al que se le apunta con la flecha en vez de huir se acerca más a la canoa y la golpea, no es un bufeo. Cuando un pirarucú, con lo manso que es ese animal, embiste la canoa, no es un pirarucú. Cuando el arpón entra fácil en el cuero de un caimán, tampoco es un caimán.

Un muchacho de trece años lo encontró pescando en el lago del Pan, con un compañero. Miró una mata cargada de pajaritos y sintió un viento fuerte, como si algo lo estuviera persiguiendo. Se echó de espaldas en el fondo de la canoa y la cosa pasó de largo por encima. Después lo dibujó: negro, grande, cara de chimbilaco, orejas a los lados, unas tijeras a la altura del pecho, patas de gavilán con sus uñas, y adentro una persona. Desde ese día en su casa le prohibieron salir a pescar.

Las luces pasan las mismas noches en que suben y bajan por el río los barcos grandes de tres pisos, los que hacen la ruta con turistas y paran siempre en los mismos sitios. Unos dicen que los cortacabezas son de la gente que viaja en esos barcos. Otros dicen que son esa misma gente.

La enseñanza

“El miedo nombra con animales conocidos aquello que llega de fuera y no se deja identificar.”

Territorio

Pacífico · Africano

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Africano
Referencia
5.6947° · -76.6611°

Ficha del relato

Contexto histórico

Dos trabajos académicos sostienen esta ficha y ninguno de los dos es antiguo. En 2011, en la Revista Colombiana de Antropología, Lina Marcela Gallego Acevedo publicó «¿Cultura para consumir? Los yagua y el turismo cultural en el Trapecio Amazónico», un estudio sobre la comunidad yagua de La Libertad y su inserción en los circuitos turísticos de Leticia. En una nota al pie define al chimbilaco o cortacabezas como el protagonista de un relato contemporáneo que creen ampliamente las poblaciones indígenas de la región, sobre todo las ribereñas, y explica por qué los yagua de La Libertad temen y desean a la vez el turismo: los indígenas relacionan al depredador con los turistas porque aparece las mismas noches en que dos grandes embarcaciones turísticas recorren el Amazonas, y mientras unos piensan que los cortacabezas son propiedad de los turistas, otros piensan que son los turistas mismos.

Seis años antes, en 2005, Salima Cure Valdivieso había presentado en la Universidad Nacional de Colombia, Sede Amazonia, la tesis «Cuidado te mochan la cabeza», dirigida por Juan Álvaro Echeverri, sobre la circulación de ese rumor en la frontera de Colombia, Perú y Brasil. Cure trabajó en Macedonia, Mocagua, Puerto Nariño, los lagos de Tarapoto, El Castañal y el Kilómetro Tres, con gente ticuna, uitoto y cocama y con colonos, y de ahí salen las luces, los aparatos, las máscaras y los disfraces. Los interlocutores aparecen con nombres cambiados: la autora advierte en sus agradecimientos que no los cita por sus nombres reales.

Las dos fuentes fechan el asunto. Un hombre ticuna nacido en Puerto Nariño le contó a Cure que en los años sesenta su madre le decía que los motores que pasaban tarde en la noche eran los aceiteros, gringos que sacaban manteca para sus aviones, y que de cortacabezas se empezó a hablar más o menos desde 1999.

Chimbilaco, además, es una palabra del español de Colombia: el Diccionario de americanismos la registra como variante de chimbilá, que es el murciélago.

Resonancias con otros mitos

El paralelo mejor documentado es andino y es también una genealogía. En los Andes, desde la conquista, se habla del pishtaco o sacagrasa, el que extrae la grasa de los cuerpos indígenas para beneficio del blanco; un análisis médico-antropológico rastreó ese temor hasta el uso europeo de material humano con fines farmacéuticos en los siglos XVI y XVII y concluyó que la figura no tiene origen andino. Al bajar a la Amazonía, lo que se extrae cambia: el pishtaco se vuelve pelacara o sacacaras, y lo que se llevan es la piel del rostro; más tarde, ya en el Trapecio, se vuelve cortacabezas. El chimbilaco es el último eslabón de esa cadena y el único que lleva nombre de murciélago.

El segundo paralelo es lateral y está en el mismo territorio: las máscaras de animales de la pelazón ticuna, hechas en yanchama con motivos de mico, tigre, picaflor o la madre de viento, que sirven para entrar en relación con seres con los que de otro modo no se podría tratar. El disfraz de bufeo o de caimán del cortacabezas funciona con esa misma lógica, aplicada a un otro nuevo.

Lo que distingue al chimbilaco de sus parientes es la escena: no el camino de la puna ni la casa, sino la canoa de noche, y no un cuchillo, sino luces de colores, un rayo que paraliza y un barco de turistas que sube y baja por el río a las mismas horas.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Las dos descripciones publicadas no coinciden y no se funden. La de Gallego es una silueta: figura humana con alas de ave que sobrevuela ríos y quebradas de noche, ataca a los pescadores y les corta la cabeza. La que Cure recoge es tecnológica: un aparato de hierro con forma de águila, de pájaro o de murciélago; o una máquina de propulsión, a gas o a batería, como la de los astronautas; o simplemente un traje. Uno de los dibujos que le hicieron muestra un aparato en forma de águila; otro, hecho por un muchacho de trece años, muestra la cara de chimbilaco, las orejas, las tijeras en el pecho, las patas de gavilán y la persona que va adentro.

  2. Tampoco coinciden sobre quién está debajo del disfraz. Para unos son gringos con máquinas que sacan cabezas y órganos; para otros son los dueños de los barcos turísticos; para otros, los turistas. Un periodista alemán al que Cure entrevistó relacionaba las luces con proyectos secretos, y en las ciudades y entre la gente mestiza el tema no interesaba mayor cosa.

  3. Cure señala además que el disfraz tiene una gramática local: los ticuna usan máscaras de animales en el ritual de la pelazón, hechas en yanchama, y dos de sus interlocutores recurrieron justamente a esas máscaras para explicarle cómo se visten los cortacabezas. Sobre el sentido de esas máscaras los especialistas discrepan: para Jean-Pierre Goulard median con un mundo anterior en el que inmortales y mortales compartían la fiesta y no representan gran peligro; para Sandra Turbay expresan fieras destructoras que sólo se apaciguan cuando las mujeres ofrecen masato y carne ahumada.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Africano · Chocó · Pacífico
Referencias
9
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. ¿Cultura para consumir? Los yagua y el turismo cultural en el Trapecio Amazónico

    revistas.icanh.gov.co

    Es la única fuente que nombra al chimbilaco como tal y lo describe: ser con figura humana y alas de ave que sobrevuela ríos y quebradas en la noche, ataca a los pescadores y les corta la cabeza. Registra además el nudo que la ficha cuenta al final: los yagua de La Libertad lo asocian con las dos grandes embarcaciones turísticas que recorren el Amazonas de noche, y mientras unos creen que los cortacabezas son propiedad de los turistas, otros creen que son los turistas.

  2. Cuidado te mochan la cabeza. Circulación y construcción de un rumor en la frontera amazónica de Colombia, Perú y Brasil

    repositorio.unal.edu.co

    Aporta casi todo el detalle del relato: las luces de colores que cambian de tamaño y tono, el aparato silencioso con computadores que detecta si la víctima va armada, el rayo que paraliza, los laboratorios que mantienen vivas cabezas y órganos, los disfraces de bufeo, caimán, tigre, pirarucú, pintadillo, venado, vaca marina, boa y águila con aparato para respirar, y el modo de reconocerlos por la conducta del animal. Contiene el episodio del muchacho de trece años que pescaba en el lago del Pan, el dibujo con cara de chimbilaco, tijeras en el pecho y patas de gavilán, y la prohibición familiar de volver a pescar.

  3. Evidencias médico antropológicas sobre el origen del Pishtaco

    scielo.org.pe

    Sostiene el paralelo andino que la ficha usa en similitudes: el pishtaco o sacagrasa como extractor de grasa de cuerpos indígenas para beneficio del blanco, y la tesis de que su antecedente está en el uso farmacéutico europeo de material humano en los siglos XVI y XVII, es decir, que la figura no tiene origen andino.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. chimbilaco (entrada del Diccionario de americanismos)

    asale.org

    Registra chimbilaco como palabra viva del español de Colombia y la remite a chimbilá, con marca de área Co:SO. Es lo que permite decir en la ficha que el nombre del ser es, antes que nada, el nombre del murciélago.

  2. chimbilá (entrada del Diccionario de americanismos)

    asale.org

    Da la definición a la que remite chimbilaco: sustantivo masculino usado en Colombia para el murciélago, con identificación zoológica de la familia Emballonuridae.

  3. ¿Cultura para consumir? Los yagua y el turismo cultural en el Trapecio Amazónico

    revistas.icanh.gov.co

    Da los datos de publicación que la ficha cita —volumen 47, número 1, enero-junio de 2011, páginas 113-136— y el enlace estable de la fuente principal del chimbilaco.

  4. Bultos, selladores y gringos alados: percepciones indígenas de la violencia capitalista en la Amazonía peruana

    revistas.pucp.edu.pe

    Documenta el pariente más cercano de la figura que describe la ficha: los «gringos alados» de la selva central peruana, hombres y a veces mujeres que vuelan de noche «gracias a sus alas de acero» o a motorcitos amarrados al estómago, emiten luces multicolores, ciegan a sus víctimas con una linterna potente y raptan gente para sacarle el corazón y otros órganos que envían a Estados Unidos. Los sitúa como continuación de los pishtacos y pelacaras «con apariencia de gringos» que circularon en la Amazonía en los años ochenta (Roe, Brown, Gow, Santos Granero). Sostiene, con fuente propia y abierta, la cadena pishtaco → pelacara → ser alado tecnológico que Similitudes traza, y la figura humana con alas que vuela de noche.

  5. Brujería capitalista y turistas pishtaco. Tensiones ocultas en torno al turismo de ayahuasca entre los shipibo de San Francisco (Amazonía peruana)

    revistas.pucp.edu.pe

    Registra, entre los shipibo del Ucayali, la asimilación de los turistas a «la figura quimérica del pishtaco o pelacara», que es el nudo con que cierra el relato de la ficha (los cortacabezas son de los turistas o son los turistas). Describe al pishtaco como un hombre blanco que vuela con dispositivos tecnológicos, se anuncia por una luz como una estrella que baja, paraliza a la víctima con un láser, lleva un radar capaz de detectar si el indígena va armado y le saca los órganos para venderlos; y el encuentro típico es el de «un hombre solitario que sale de noche a pescar al lago». Fecha su llegada a la Amazonía peruana en los años sesenta, con los misioneros del ILV que llegaban en avión.

  6. Desangrar. Violencia y relaciones inter-étnicas en algunos relatos de la Amazonía peruana

    revistes.uab.cat

    Sostiene el eslabón amazónico de la genealogía que la ficha traza en Similitudes: estudia la figura que en la Amazonía peruana se llama pelacara, «sacacara, sacamanteca, sacaojos, cortacabezas o mariluluera», la presenta como la forma amazónica del pishtaco andino, fecha sus primeras referencias antropológicas en los años ochenta y reúne los rumores sobre blancos que sacan grasa o cuerpos para hacer funcionar automóviles y aviones (Gow entre los piro, Weiss entre los asháninka, los gringos del ILV). Cita también los «gringos alados» de Santos Granero y Barclay, que es la imagen del ser humano con alas que la ficha describe.

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Conversación

¿Así te la contaron?

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«Chimbilaco, el rumor sobre el río» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Chimbilaco, el rumor sobre el río» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Chimbilaco, el rumor sobre el río» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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