El tesoro de Dobaida

Andina · Mixto

El tesoro de Dobaida

El tesoro de Dobaida fue un rumor colonial que convirtió una memoria del bajo Atrato en objetivo repetido de conquista.

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El relato

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Vasco Núñez de Balboa descubrió el Atrato en 1510, y desde entonces no pudo quitarse de la cabeza un nombre: Dabaiba. Los indios del Darién hablaban de un señor, río arriba, cuyo reino rebosaba de oro, y de un templo con techo de oro, lleno de objetos preciosos, que guardaba un tigre. Decían que a Dabaiba le llevaban el metal de minas lejanas, y Balboa llegó a creer que se lo llevaban en cestas de oro.

Un día tomó el cabo de Culata con cien hombres, en un bergantín y en canoas de la tierra, y entró por un río diez veces más grande que el del Darién. Subieron unas treinta millas, torciendo hacia el mediodía, hasta dar con unos pueblos de pescadores cuyo cacique se llamaba Dabaiba. Allí se había refugiado Cemaco, el cacique del Darién al que los españoles habían derrotado. Dabaiba no los esperó: huyó y dejó todo desierto. En los bohíos encontraron montones de arcos y flechas, redes, lanchas de pescar. Era tierra de lagunas y pantanos, mala para sembrar. Buscaban comida y hallaron poca, pero de las casas abandonadas sacaron siete mil castellanos de oro.

Luego vieron el error. Aquellos eran sólo los pescadores de Dabaiba. La corte verdadera quedaba a cincuenta leguas del Darién, y nadie había podido tocarla por el poder de su señor. Escribieron al rey que en esa tierra, donde se cavara, salían pepitas de oro, y pidieron trescientos hombres escogidos, jóvenes y bien armados, para ir sobre Dabaiba y vencerlo si no quería paz.

Otros españoles, movidos por la misma sed, recorrieron después las riberas del río. Vencieron a un régulo, y éste les entregó unos catorce mil pesos de oro labrado en figuras. Entre ellas venían tres trompetas de oro y tres campanas de oro, la mayor de seiscientos pesos, con badajos tan blancos que los tomaron por perlas, hasta ver que eran de hueso de pescado. Venían también mil trescientos cascabeles. El templo no apareció.

Pasaron los años y el nombre siguió llamando. Pedro de Heredia, gobernador de Cartagena, mandó a Francisco César a buscar el tesoro de Dabaibe. César entró en Tierra Firme hasta el valle de Guaca y sacó oro de las sepulturas de los indios. Con esa noticia, Juan Vadillo salió el 24 de enero de 1538 de San Sebastián de Urabá con doscientos soldados y trescientos caballos, y se metió tierra adentro.

Nunca se supo si los españoles llegaron a ver el templo, ni si los indios lo enterraron en el Atrato o en el fondo de alguna laguna. Los embera de Río Verde, en Frontino, tienen su propia respuesta. Cerca de sus casas hay unos túmulos antiguos, los perúes, y dicen que allí Antomiá, el diablo, escondió los tesoros de los indios para que los españoles no los pudieran encontrar.

El tesoro de Dobaida: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un tesoro que nadie encuentra crece con cada expedición que sale a buscarlo.”

Territorio

Andina · Mixto

Andina · Mixto

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mixto
Referencia
7.0006° · -76.2664°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este no es un relato que una comunidad contara para sí, sino el rumor que persiguió a los conquistadores del golfo de Urabá durante casi treinta años, y la respuesta que le dieron, mucho después, los embera de Frontino.

La primera noticia está en las Décadas del Nuevo Mundo de Pedro Mártir de Anglería, que se leen en la traducción de Joaquín Torres Asensio (Madrid, 1892). En la Década segunda, libro IV, capítulo II, narra la entrada de Balboa río arriba y el pueblo de pescadores abandonado. En la Década tercera, libro VI, copia lo que los del Darién escribieron al rey: que la corte de Dabaiba estaba a cincuenta leguas y que habían confundido a sus pescadores con él. En la Década séptima, libro X, capítulo II, cuenta el botín de trompetas, campanas y cascabeles tomado a un régulo del río.

Eugenia Villa Posse, en el volumen III de Mitos y leyendas de Colombia (IADAP, 1993), abre su capítulo «Dobaida» con esta búsqueda y la llama el «Dorado de Dobaiba», anterior al de Cundinamarca. De ella vienen las cestas de oro que imaginó Balboa, el techo de oro que mencionan Herrera y Beuchat y el tigre guardián que registró Vadillo.

El episodio de Francisco César y la expedición de Vadillo en 1538 lo reconstruye el historiador Luis Javier Caicedo en la revista Ciencia Nueva de la Universidad Tecnológica de Pereira (2017), a partir de los textos de Vadillo, Cieza y Castellanos.

El final pertenece a otra voz. El arqueólogo Carlo Emilio Piazzini entrevistó en octubre de 2007 a don Vicente Bailarín, embera de Río Verde, en Frontino, y lo publicó en el Boletín de Antropología de la Universidad de Antioquia en 2009.

Resonancias con otros mitos

Villa Posse pone este relato al lado de El Dorado de Guatavita, y el paralelo es el más claro de Colombia: una noticia oída a los indios, un lugar sagrado lleno de oro y una cadena de expediciones que nunca lo alcanzan. Ella insiste en que el Dorado de Dobaiba fue anterior: Balboa lo persiguió antes de que nadie en Quito o Popayán oyera hablar del cacique cubierto de oro de la laguna de Guatavita, que la misma obra describe cuando trata a los chibchas.

El otro paralelo está en la misma región y en la voz embera. Piazzini recoge en Frontino la tradición de la diosa Dabeiba y de los caciques Nutibara y Toné, y el oro escondido por el diablo en los túmulos funerarios. El entierro indígena se vuelve depósito de oro, vigilado por una fuerza que lo aparta de quien lo busca. Aquí el guardián no es un tigre de crónica sino Antomiá, y lo que protege no es un templo sino la memoria de los antiguos.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El tesoro cambia de dueño y de sitio según quién lo cuente. En la primera noticia de Anglería, Dabaiba es un cacique de pescadores que huye; en la carta al rey pasa a ser un señor poderoso con corte propia, y el cronista admite que la primera identificación fue un error. En la Década séptima el oro ya no es un rumor: es un botín concreto, pesado en pesos, tomado a un régulo del río.

  2. Villa Posse, siguiendo a Trimborn, desplaza el centro del relato del cacique a la diosa: el oro estaba en el templo de Dobaiba, la diosa de las tormentas, y los caciques lo acumulaban por tres razones, el oro de los ríos, las peregrinaciones y el monopolio del comercio con las minas de Antioquia. Añade que la historia conoce apenas una tercera parte de la verdad del tesoro.

  3. Piazzini sitúa a Dabaibe, junto con Nore y Guaca, como un eslabón en la red de intercambio que llevaba el oro de Buriticá hacia el Sinú, el Atrato y Urabá: para él, la riqueza de Dabaibe no era un depósito sino un paso.

  4. La versión embera de Río Verde invierte la perspectiva. El tesoro existe, pero no se perdió: lo escondió Antomiá, el diablo, en los perúes, precisamente para que los españoles no lo encontraran. Una nota de Semana de 2017 añade que el templo de oro fue construido por los katíos en agradecimiento a la diosa Dabeiba, y que Jorge Robledo también lo buscó.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto · Antioquia · Andina
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Décadas del Nuevo Mundo, Década segunda, libro IV, y Década tercera, libro VI, en Fuentes históricas sobre Colón y América, tomo II

    archive.org

    La entrada de Balboa por el río con cien hombres, el pueblo de pescadores de Dabaiba abandonado y los siete mil castellanos de oro (pp. 95-97); la carta al rey sobre la corte a cincuenta leguas, el error con los pescadores y los trescientos hombres (pp. 364-365).

  2. Mitos y leyendas de Colombia, volumen III, cap. 2.3 «Dobaida»

    flacso.edu.ec

    Presenta la búsqueda como el «Dorado de Dobaiba», anterior al de Cundinamarca: 1510 y 1512, las cestas de oro que imaginó Balboa, el templo de techo de oro y el tigre guardián de Vadillo (pp. 49-51).

  3. Ruta de Juan Vadillo por el Viejo Caldas (agosto-septiembre de 1538)

    dialnet.unirioja.es

    La última búsqueda: Heredia envía a Francisco César tras el tesoro de «Dabaibe», que llega al valle de Guaca, cerca de Dabeiba, y saca oro de las sepulturas; Vadillo sale de San Sebastián de Urabá en enero de 1538 (p. 73).

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Décadas del Nuevo Mundo, Década séptima, libro X, capítulo II, en Fuentes históricas sobre Colón y América, tomo IV

    archive.org

    El botín tomado a un régulo del río Dabaiba: catorce mil pesos de oro en figuras, tres trompetas, tres campanas con badajos de hueso de pescado y mil trescientos cascabeles (pp. 234-235).

  2. Planeación y procesos espaciales: configuración territorial del municipio de Frontino en el noroccidente de Antioquia (Colombia)

    revistas.udea.edu.co

    Dabaibe como eslabón del comercio del oro entre Buriticá y Urabá (p. 205), y la entrevista de 2007 a don Vicente Bailarín: Antomiá escondió los tesoros en los perúes para que no los hallaran los españoles (p. 208).

  3. Los mitos y leyendas de los embera katío inspirados en el Atrato

    semana.com

    Versión divulgada del templo de oro construido por los katíos en honor de Dabeiba entre las montañas del Atrato, buscado sin éxito por Balboa y Robledo.

  4. The Decades of the Newe Worlde or West India

    archive.org

    La huida de Dabaiba ante Balboa, los arcos, flechas y barcas de pesca abandonados, en la primera traducción inglesa.

  5. Dabeiba

    es.wikipedia.org

    Recoge que el nombre del municipio se asocia a un «mítico tesoro indígena denominado Dabeibe», aunque lo atribuye a doña Dabeiba Hernández.

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«El tesoro de Dobaida» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El tesoro de Dobaida» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El tesoro de Dobaida» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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