Ewandam, Dosat y la creación del wérregue

Pacífico · Wounaan

Ewandam, Dosat y la creación del wérregue

Ewandam y Dosat compiten creando plantas y salando el mar; la palma de weguer encuentra otro valor en las manos Wounaan.

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El relato

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Después de crear a los Wounaan, Ewandam habló con sus hijos. Les dijo que no tendrían que trabajar, porque él se ocuparía de lo que necesitaran. Para eso hizo el plátano de Dios, y de esa mata cortaba el alimento y se lo repartía.

Un día Ewandam se fue a buscar ropa para ellos. Mientras estaba lejos llegó Dosat y preguntó por qué nadie trabajaba. Le contestaron que su padre les traía la comida. Dosat les hizo otra pregunta: y si no vuelve, ¿quién les corta el plátano? Entonces les entregó machete y hacha, les mostró cómo desmontar y cómo sembrar.

Cuando Ewandam regresó, encontró a sus hijos trabajando la tierra. Desde ahí los dos quedaron midiéndose.

Dosat quiso salar el mar. Reunió tanta sal que tuvo que cargar un barco entero, y la vació en el agua; el mar siguió dulce. Ewandam tomó una sola cucharada, la echó, y el agua quedó salada de inmediato.

Siguieron con las plantas. Ewandam hizo el plátano y Dosat respondió con el platanillo. Ewandam hizo la caña de azúcar y Dosat hizo la caña brava. Ewandam hizo el chontaduro, que da un fruto que alimenta, y Dosat hizo el weguer, una palma que no da fruto para comer.

Cada cosa hecha por uno tenía al lado algo parecido hecho por el otro, y lo parecido nunca era lo mismo. Así quedó el mundo repartido: con plantas que sostienen y plantas que no, y con gente que ya sabía trabajar.

El weguer se quedó en el monte con sus espinas. Nadie podía comer de él. Pero en el cogollo, muy adentro, guarda hojas nuevas todavía sin abrir, largas, pálidas y resistentes.

Las mujeres Wounaan aprendieron a llegar hasta ese cogollo sin tumbar la palma, a rajar la fibra, a cocerla, a secarla, a teñirla con lo que da el monte. Después aprendieron a enrollarla y a coserla vuelta sobre vuelta hasta levantar un cántaro de boca ancha y paredes curvas, tan apretado que aguanta líquido.

La palma que en la competencia había quedado del lado de lo inservible se volvió entonces otra cosa. No alimenta, pero sostiene: sobre sus fibras viajan las figuras de personas y animales que las tejedoras van escribiendo en cada vuelta, y esas figuras cuentan el monte que ven y la vida que llevan.

Las dos cosas quedaron unidas desde entonces. Explica por qué existe el trabajo, que llegó de manos de quien no era el padre, y explica por qué una planta nacida como respuesta fallida ocupa hoy el centro de lo que las manos Wounaan saben hacer.

Ewandam, Dosat y la creación del wérregue: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una planta descartada en el reparto del mundo puede volverse el oficio que sostiene a un pueblo.”

Territorio

Pacífico · Wounaan

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Wounaan
Referencia
4.25875° · -77.36516°

Ficha del relato

Contexto histórico

El núcleo narrativo de esta página es el relato de la creación del weguer que Artesanías de Colombia publica atribuido a Celso Piña, docente de la Escuela Centro Indígena La Unión de Pichimá, en el Litoral del San Juan, Chocó. La nota conserva la secuencia completa: el plátano de Dios, el viaje de Ewandam en busca de ropa, la llegada de Dosat con machete y hacha, la prueba de la sal y las parejas de plantas contrastadas, con el chontaduro frente al weguer.

El nombre del narrador merece una advertencia. El expediente anterior de este sitio lo llamaba Celso Peña; la página institucional consultada escribe Celso Piña. Mientras no aparezca el impreso original de 2001 con la grafía firmada, esta edición usa la forma que la fuente abierta sostiene hoy.

El referencial de cestería que Artesanías de Colombia publicó en mayo de 2026 remite el relato a una publicación del Ministerio de Desarrollo Económico y Artesanías de Colombia de 2001 y a un estudio de Usma y otros del mismo año, y describe con detalle la materia: la palma es Astrocaryum standleyanum, la fibra sale del cogollo, se corta sin derribar la planta, se cuece, se fija con limón y sal, y se teje en rollo con aguja capotera. También registra que las primeras familias Wounaan llegaron a Bogotá desde 1997 y que allí el oficio continúa.

Hay un hecho que obliga a no confundir el relato con la historia del oficio. Un estudio de Bernal, Galeano, García y Palacios, publicado en 2013, documenta que antes de los años setenta los Wounaan hacían cestos enrollados sencillos con esa misma fibra, oscuros o del color natural, con poca o ninguna decoración, y a menudo como subproducto de las palmas tumbadas para construir casas. En los años setenta, una misionera española llamada Rosa llevó a Pichimá muestras de cestería de Botsuana, tejidas por los Ba Yei y los HaMbukushu del delta del Okavango con fibra de otra palma y con una puntada de rollo envuelto mucho más apretada. Los Wounaan adoptaron esa puntada y le aplicaron sus propios diseños. El cántaro que hoy identifica a la comunidad es, en su técnica fina, resultado de ese encuentro, y su auge comercial es de los años ochenta y noventa.

El mapa señala de manera aproximada el Litoral del San Juan, entre Pichimá y Docordó, como referencia del territorio donde se narra y se teje; no marca el lugar de una acción cosmogónica.

Resonancias con otros mitos

La competencia entre dos hacedores que producen seres parecidos con resultados desiguales es un motivo extendido. En el Popol Vuh maya, la creación de la humanidad ocurre por tentativas sucesivas hasta dar con la materia adecuada; la lógica es la misma: el mundo queda con lo que sirve y con lo que no, y el relato explica por qué.

El paralelo regional está a un río de distancia y pertenece a otro pueblo. Entre los emberá del alto Baudó, Karagabí y Tutruicá ocupan los tiempos primordiales y quedan asociados a un mundo de arriba y a uno de abajo. La cosmología emberá también explica el origen de los cultivos por traslado entre esos mundos: en la historia del gallinazo rey recogida en el Chamí, el maíz y el chontaduro se consiguen en el cielo. El chontaduro aparece en ambas tradiciones, pero por caminos distintos, y los emberá no son wounaan: comparten región y bibliografía, no lengua ni relato.

Dentro de esta colección, el vínculo más estrecho es con Madre Ñame. Las dos páginas cuentan la llegada de una planta después de que la gente ya existe, y las dos lo hacen por una vía torcida: aquí por una respuesta que se quería inferior, allí por una sepultura. El tejido añade un tercer parentesco, con los muchos relatos que ligan una materia difícil a un aprendizaje largo; lo específico wounaan es la palma espinosa, el cogollo cortado sin derribarla y el rollo cosido que retiene líquido.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La nota de Artesanías de Colombia y el orden que circulaba antes en esta página no coinciden en la secuencia. En la nota, Dosat intenta primero salar el mar y sólo después responde con plantas inferiores al plátano, a la caña y al chontaduro. En otros resúmenes la competencia de las plantas va delante y la sal cierra el episodio. Esta edición sigue el orden de la fuente que nombra al narrador y deja constancia del otro.

  2. El nombre de Dosat viaja traducido. Las publicaciones lo glosan directamente como Satanás y convierten la escena en una oposición cerrada entre el bien y el mal. Esa traducción forma parte de la transmisión viva y no se oculta, pero tampoco se convierte en prueba de que todos los sentidos del personaje vengan de la teología europea: el relato lo presenta como quien enseña a trabajar, y el trabajo no se condena en él.

  3. La contradicción más fuerte está en la antigüedad del tejido. El referencial de 2026 afirma que el tejido en rollo con fibra de wérregue se practica por generaciones y se transmite de madres a hijas. El estudio de 2013 sobre transferencia de tecnología documenta que la puntada fina llegó de Botsuana en los años setenta, sobre una cestería enrollada local mucho más simple. Las dos afirmaciones no se funden aquí: una habla de una continuidad de oficio y de fibra, la otra de una fecha concreta para la técnica que dio fama al cántaro.

  4. Las grafías también varían: weguer, wérregue, werregue y güérregue nombran la misma palma, Astrocaryum standleyanum. El título usa la forma que hoy circula en el mercado y en los documentos técnicos; el cuerpo conserva weguer cuando habla del nombre que aparece en el relato.

  5. Conviene anotar, por último, que la caracterización del Ministerio de Cultura describe con detalle las rogativas a Ewandam y el tejido, pero no menciona a Dosat. El adversario aparece en las fuentes ligadas al oficio y no en los perfiles institucionales.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Wounaan · Chocó · Pacífico
Referencias
8
Última revisión
19 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. El origen de la palma de weguer

    artesaniasdecolombia.com.co

    Publica el relato de la creación del weguer atribuido a Celso Piña, docente de la Escuela Centro Indígena La Unión de Pichimá, en el Litoral del San Juan: el plátano de Dios que libraba del trabajo, el viaje de Ewandam en busca de ropa, la llegada de Dosat con machete y hacha, la prueba de salar el mar —un barco entero de sal frente a una sola cucharada— y las parejas de plantas contrastadas, plátano y platanillo, caña de azúcar y caña brava, chontaduro y weguer.

  2. Referencial nacional de cestería en wérregue

    artesaniasdecolombia.com.co

    Aporta la materia del relato y su continuidad: la palma es Astrocaryum standleyanum, la fibra sale del cogollo y se corta sin derribar la planta, se cuece y se fija con limón y sal, y se teje en rollo con aguja capotera hasta formar el cántaro de boca ancha; remite además el mito de Ewandam y Dosat a una publicación de 2001 del Ministerio de Desarrollo Económico y Artesanías de Colombia y registra la llegada de las primeras familias wounaan a Bogotá desde 1997.

  3. Botswanan palm basketry among the Wounaan of western Colombia: lessons from an intercontinental technology transfer

    bioone.org

    Fecha el oficio que el relato parece explicar: antes de los años setenta los Wounaan hacían cestos enrollados simples con esa misma fibra, oscuros o del color natural, con poca o ninguna decoración y a menudo como subproducto de las palmas tumbadas para construir casas; la puntada apretada llegó a Pichimá cuando una misionera española llamada Rosa llevó muestras del delta del Okavango tejidas por los Ba Yei y los HaMbukushu, los Wounaan la adoptaron con sus propios diseños y el auge comercial del cántaro es de los ochenta y noventa.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Caracterización del pueblo Wounaan

    mng.mincultura.gov.co

    Sostiene el lugar del tejido en la vida wounaan —cestos tan densos que pueden transportar líquidos, técnica transmitida de generación en generación— y sitúa el intercambio de excedentes en Docordó y Buenaventura, en la misma cuenca del San Juan donde enseña el narrador del relato.

  2. Rescatando la historia del Pueblo Wounaan del resguardo Santa Marta de Curiche

    centrodememoriahistorica.gov.co

    Encadena este episodio con el anterior: la creación de los Wounaan como muñecos de barro en la playa del Baudó ocurre antes de que Ewandam hable con sus hijos sobre el trabajo, que es justamente donde arranca el relato del weguer.

  3. La escalera de cristal: términos y conceptos cosmológicos de los indígenas emberá

    revistas.unal.edu.co

    Da el paralelo regional del origen de los cultígenos: entre los emberá del alto Baudó, Karagabí y Tutruicá ocupan los tiempos primordiales asociados a un mundo de arriba y otro de abajo, y en la mitología emberá recogida en el Chamí el maíz y el chontaduro se consiguen en el cielo.

  4. Wounaan

    gobiernomayor.org.co

    Ubica a las comunidades wounaan en el San Juan y el resto del Chocó, el territorio de la palma de wérregue y de la escuela donde enseña el narrador del relato.

  5. Aspectos da dialogia do mito Madre Ñame na cultura indígena wounaan-nonam

    scielo.br

    Permite el contraste interno entre dos llegadas de planta: el ñame también aparece después de creada la gente, pero por una sepultura río abajo y no por una respuesta fallida en una competencia entre hacedores.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«Ewandam, Dosat y la creación del wérregue» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Ewandam, Dosat y la creación del wérregue» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Ewandam, Dosat y la creación del wérregue» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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