Metodología editorial · versión 1.2

Investigar antes de volver a contar

El estándar completo para documentar, narrar y publicar cada mito con imaginación, respeto cultural y evidencia verificable.

Actualizado 27 de julio de 2026


Fuentes, adaptación y estado del archivo

Región y comunidad sitúan un relato, pero no reemplazan una referencia documental. Hoy, 378 de 596 fichas públicas tienen fuentes editoriales enlazadas; las demás indican que su bibliografía está pendiente.

Los textos son adaptaciones editoriales para lectura digital. Cada ficha separa la narración de su contexto, atribuye sus versiones, registra las decisiones de clasificación y conserva enlaces que permiten regresar a los documentos. Las fuentes no deben confundirse con nuestra narración.

Si perteneces a una comunidad vinculada, conservas una versión local o encuentras un error, puedes enviar la referencia desde Contacto. Una corrección documentada tiene prioridad sobre la consistencia aparente del archivo.

Estado y unidad de trabajo

Esta es la metodología completa de Mitos de Colombia. Bachué abrió la validación y la colección de 41 mitos muiscas permitió probar el método en serie, medir sus costos y corregir las reglas que todavía no funcionaban en la página pública.

La unidad de trabajo es un mito completo. Revisamos Relato, Historia, Versiones, Lección y Similitudes, pero también fuentes, comunidad, taxonomía, imagen, mapa, SEO, datos y publicación. Antes de cambiar nada conservamos una copia del registro vigente y medimos su estado inicial.

El proceso avanza por etapas: alcance, investigación, matriz de evidencia, reescritura, capas documentales, clasificación, geografía, imagen, SEO y prueba pública. Una etapa no se considera cerrada si deja una contradicción importante para que la resuelva la siguiente.

Definir el universo antes de investigar

La ficha de alcance identifica el núcleo narrativo, el pueblo o las comunidades atribuidas, los periodos históricos, el territorio, las prácticas y objetos relacionados, la cosmogonía, las versiones conocidas y los posibles paralelos de otras mitologías.

Así evitamos medir la investigación sobre un universo cambiante y confundir una región actual, una familia lingüística, una categoría colonial y una comunidad viva como si fueran la misma cosa.

También registramos nombres alternativos, cambios de grafía y lugares homónimos. Una coincidencia de palabras no basta para atribuir un relato a un pueblo: la clasificación debe sostenerse en territorio, transmisión y fuentes identificables.

Cinco fuentes útiles, no cinco enlaces repetidos

Cada dossier reúne al menos cinco fuentes consultables, distintas y útiles. Siempre que existan, deben cubrir cinco funciones: voz comunitaria o memoria viva; fuente primaria o versión histórica temprana; investigación académica reciente; fuente territorial o institucional; y referencia directa para cada comparación universal.

Cada fuente conserva título, autor o institución, fecha, enlace, tipo, función, resumen de lo que respalda y limitaciones. Cinco páginas que copian una misma crónica no forman cinco evidencias. Si no se alcanza un respaldo creíble, el mito queda pendiente: no rellenamos el expediente con fuentes débiles.

No todas las fuentes cumplen la misma función. Una crónica puede conservar la versión temprana; un estudio lingüístico puede aclarar un nombre; una autoridad ambiental puede precisar el paisaje; y una voz comunitaria puede mostrar el sentido que el relato conserva hoy. Las usamos juntas sin fingir que dicen lo mismo.

Cómo leemos las crónicas coloniales

Muchas narraciones indígenas llegaron a la escritura mediante cronistas, religiosos y funcionarios coloniales. Sus textos son indispensables, pero no transparentes: fueron redactados después de la invasión, desde lenguas, intereses y categorías ajenas a quienes contaban las historias.

Por eso registramos quién escribió, cuándo, con qué propósito, qué palabras tradujo y qué episodios interpretó desde su propia religión. Conservamos lo que la fuente permite conocer y señalamos sus límites. No convertimos la fecha del libro en la fecha de origen del mito.

Cuando una fuente posterior repite a otra, no la contamos como evidencia independiente. Cuando corrige, amplía o contradice el registro temprano, indicamos esa relación para que el lector pueda seguir la historia de la versión.

Matriz de evidencia y tratamiento de la duda

Antes de redactar, cada afirmación se clasifica como núcleo documentado, variante identificada, memoria contemporánea, hipótesis académica, lectura editorial o duda. La matriz indica qué fuente sostiene cada decisión y qué contradicciones permanecen.

Las categorías no se mezclan. Una voz actual no se proyecta automáticamente al pasado; una hipótesis conserva el grado de certeza de sus autores; una versión tardía se atribuye. Cuando dos versiones no pueden conciliarse, se presentan por separado.

La duda no es un defecto que deba ocultarse. Si desconocemos el nombre de un personaje, la fecha de una variante o el significado exacto de un objeto, lo decimos o lo omitimos. La fluidez del relato nunca justifica convertir una posibilidad en tradición confirmada.

Lectura antropológica sin convertir a una gente en fórmula

Preguntamos qué necesidad humana organiza el relato y cómo relaciona personas, antepasados, animales, paisaje y fuerzas no humanas. También observamos parentesco, autoridad, trabajo, intercambio, convivencia, ecología, muerte y continuidad.

Distinguimos comunidad, pueblo, territorio y periodo. Una crónica colonial puede conservar un relato y deformarlo al mismo tiempo. Los conceptos se usan con precisión: matrilinealidad, por ejemplo, no demuestra por sí sola un matriarcado.

Un mito puede iluminar necesidades de origen, alimento, duelo, autoridad, cuidado o pertenencia, pero no resume una sociedad entera. Separamos lo que ocurre en el relato, lo que sabemos de su contexto y la interpretación filosófica que proponemos al lector.

La enseñanza profunda se ofrece como posibilidad de pensamiento, no como doctrina total de una comunidad ni como moraleja para obedecer. Se escribe en una sola frase filosófica de 8 a 22 palabras, comprensible fuera del argumento y sin nombres propios ni resumen de la trama.

El contrato de la narración literaria

En Relato solo ocurre la historia. No aparecen cronistas, citas, fechas, hipótesis ni discusiones entre versiones. La investigación la sostiene desde fuera y queda visible en las demás capas.

La voz es seria, clara e imaginativa. Un niño puede seguir la acción y un adulto encontrar profundidad, sin que el texto infantilice a ninguno. La fantasía procede de hechos extraordinarios respaldados; el paisaje, el clima, los materiales, los cuerpos y el trabajo la anclan en la realidad.

Usamos escenas, verbos precisos, detalles sensoriales necesarios, ritmo y silencio. La emoción nace de decisiones, pérdidas, cuidados y despedidas. Evitamos grandilocuencia, adjetivos acumulados, metáforas repetidas y fórmulas intercambiables como “misterio ancestral”.

Antes de redactar ordenamos acciones, espacios, cambios y silencios. Cada párrafo debe ayudar a ver, escuchar o comprender una decisión. La explicación histórica no entra al Relato; aparece después, donde el lector puede distinguir con claridad narración y documentación.

Libertad literaria y límites

La reescritura puede ordenar escenas, comprimir el tiempo, construir transiciones y añadir detalles sensoriales compatibles con el entorno. No puede inventar nombres tradicionales, símbolos culturales, vestuarios ceremoniales, parentescos, doctrinas, objetos sagrados ni certezas históricas.

La extensión orientativa es de 300 a 650 palabras, aunque manda la respiración de la historia. El borrador pasa por continuidad, precisión y economía, y lectura en voz alta. Una frase solemne que no aporta imagen, acción o emoción se elimina.

Podemos construir una transición o escoger el punto de vista más claro, pero no fabricar un episodio central para completar una ficha débil. Cuando la fuente solo conserva un motivo o una descripción ritual, la adaptación declara sus elementos literarios en Historia.

Comparar sin borrar las diferencias

Las similitudes con otras mitologías ayudan a situar preguntas humanas recurrentes: el origen desde el agua, el descenso al mundo de los muertos, el fuego obtenido con riesgo o la transformación de una persona en paisaje. La comparación parte de fuentes directas para cada tradición.

Junto a la semejanza explicamos la diferencia. Dos relatos pueden compartir una pareja fundadora y responder a territorios, relaciones sociales y desenlaces completamente distintos. Sin evidencia histórica no afirmamos préstamo, copia ni contacto entre culturas.

El paralelo universal no reemplaza la especificidad colombiana. Su función es ampliar la lectura y devolver después la atención a aquello que solo este mito, en este lugar, puede decir.

Historia, Versiones, Lección y Similitudes

Historia sitúa transmisión, territorio y contexto social. Versiones atribuye las diferencias sin fundirlas. Lección propone, en una sola frase breve, una tensión humana que pueda pensarse más allá del argumento; no resume escenas, nombra personajes ni da una orden moral. Similitudes presenta al menos dos paralelos documentados cuando sean pertinentes y explica tanto la resonancia como la diferencia.

Una semejanza nunca prueba copia o influencia directa por sí sola. El contenido compuesto de la base de datos debe coincidir exactamente con los cinco campos editoriales.

Clasificación y etiquetas existentes

Podemos corregir categorías y etiquetas equivocadas, pero únicamente reutilizamos las que ya existen. No creamos taxonomías para resolver un caso aislado.

La decisión sigue el territorio narrado, la atribución cultural y el tipo de relato. Si ninguna opción es exacta, elegimos la más cercana sin deformar el mito y registramos la limitación. Los campos antiguos y las tablas normalizadas deben quedar sincronizados.

Una etiqueta sirve para encontrar relatos relacionados; no certifica por sí sola una identidad histórica. Por eso revisamos el conjunto antes de mover una ficha y dejamos constancia cuando una categoría existente es apenas la aproximación menos imprecisa.

El punto geográfico pertenece a la historia

Verificamos las coordenadas con una fuente oficial, territorial o cartográfica confiable. El punto debe representar la laguna, cerro, río, piedra, cueva o asentamiento del relato, no la cabecera municipal ni el acceso turístico más cercano.

Si la localización solo puede ser aproximada, se declara. Muchos decimales no deben fingir una precisión histórica que las fuentes no permiten.

Una coordenada correcta no basta si el mapa no se renderiza. La prueba en navegador confirma que carguen las teselas y los estilos cartográficos globales, y que marcador, controles y atribución queden bien posicionados en escritorio y móvil.

El mapa orienta, no reemplaza la complejidad territorial. Cuando un relato pertenece a una cuenca, una sierra o un territorio amplio, evitamos fijarlo artificialmente en un edificio o punto turístico moderno.

La imagen debe contar el mismo mito

El enriquecimiento editorial no regenera imágenes por defecto. Primero inventariamos lo que ya existe y revisamos pertinencia, consistencia, proporción y uso público. Solo las imágenes ausentes o expresamente desaprobadas entran en una lista de generación autorizada.

La horizontal 16:9 es la portada, la imagen social y la representación en listados. La vertical es una segunda escena narrativa y aparece una sola vez dentro de Relato; nunca es una repetición de la portada. Las verticales aprobadas en 2:3 se muestran completas, sin recorte, y la horizontal no se reutiliza para rellenar el interior.

Antes de gastar en reemplazos auditamos las parejas existentes en hojas de contacto. Si una imagen debe cambiar, generamos únicamente el mito y la orientación aprobados dentro del sistema visual de maqueta artesanal y papel trabajado. Revisamos diferencia entre escenas, móvil, peso, formato, texto alternativo y Open Graph.

La imagen debe respetar paisaje, escala, materiales y acción. No añadimos coronas, ornamentos, templos o símbolos tomados de otras culturas para hacerla parecer más “mítica”. El texto alternativo describe la escena sin convertir la ilustración en prueba histórica.

SEO profesional y específico

Cada página define una intención de búsqueda principal. El título SEO nombra el mito y su rasgo distintivo; el H1 puede ser más literario sin ocultar la identidad. La descripción cuenta qué encontrará el lector, sin clickbait ni promesas genéricas de misterio.

Verificamos título con marca, descripción de aproximadamente 120 a 160 caracteres, canonical único, palabras clave, Open Graph, Twitter, imagen social, datos estructurados de artículo y migas de pan, fecha de revisión y citas. Los nombres alternativos solo se usan si están documentados.

Las palabras clave nacen del contenido investigado. No repetimos términos de búsqueda de forma artificial ni prometemos versiones “secretas” o “definitivas”. Una página fácil de encontrar debe seguir siendo fiel a lo que sus fuentes permiten afirmar.

Integridad del registro y posibilidad de corregir

La publicación empieza con un ensayo sin escritura. El validador comprueba fuentes y URLs, campos obligatorios, extensión, enseñanza de una sola frase y 8 a 22 palabras, límites SEO, contenido compuesto, taxonomía y coordenadas.

Antes de modificar la base de datos guardamos una copia durable del mito, expediente, fuentes, palabras clave, etiquetas y SEO. Una sola transacción actualiza todas las capas; si algo falla, la ficha no queda a medias. El respaldo y el registro de decisiones permiten restaurar la versión anterior.

Correcciones, comunidad y derecho de respuesta

El archivo está abierto a correcciones documentadas. Una persona o comunidad vinculada puede señalar una atribución equivocada, aportar una versión local, pedir mayor precisión o advertir que una imagen, nombre o explicación resulta inadecuada.

La corrección se registra, contrasta y responde. No exigimos que una memoria viva coincida con una crónica para reconocer su valor, pero tampoco mezclamos ambas épocas como si fueran un único testimonio. Si el cambio afecta la interpretación central, la ficha vuelve a revisión completa.

Una versión consistente del archivo nunca tiene prioridad sobre una evidencia mejor. La revisión permanece abierta porque las fuentes, las comunidades y nuestra propia comprensión pueden cambiar.

Pruebas locales y verdad de producción

El expediente debe superar pruebas automáticas, lint, compilación de producción, reconstrucción del contenedor y lectura de las rutas locales. Después registramos commit y despliegue y esperamos el estado exitoso del proveedor.

Finalmente abrimos la URL canónica en un navegador real. Allí revisamos texto, fuentes y enlaces, portada horizontal, vertical única dentro del Relato, etiquetas, mapa completo, metadatos, datos estructurados, consola y errores de ejecución. Código correcto en el repositorio no equivale a contenido publicado correctamente.

También comprobamos lectura en móvil, enlaces externos, texto alternativo, recortes, ubicación del marcador y ausencia de errores visibles. Publicar no es el final: una regresión técnica o una fuente rota puede reabrir una ficha ya aprobada.

Rúbrica, bloqueos y entregables

Cada mito aprueba cinco dimensiones: Evidencia, Narrativa, Lectura cultural, Edición y descubrimiento, y Operación. Son bloqueos: respaldo insuficiente, nombres o doctrinas inventados, variantes convertidas en una falsa certeza, taxonomías nuevas, campos desincronizados, ausencia de copia recuperable, escritura parcial o falta de verificación pública.

El cierre deja dossier, matriz, cinco textos, fuentes, decisiones de clasificación, imagen, geografía y SEO, respaldo, informe de pruebas, URL pública, commit, despliegue, fecha de revisión y dudas pendientes.

Aprendizajes del piloto y escala

El piloto muisca confirmó que primero debemos definir el universo canónico, investigar y editar; la generación visual es un flujo posterior y optativo. También dejó reglas durables: una función por orientación, enseñanza filosófica breve, sincronía exacta entre campos y contenido, y revisión real de mapas, imágenes y consola.

La colección entregó 41 expedientes documentados, 41 enseñanzas breves y una pareja visual por mito. Veinte verticales se conservaron literalmente en 2:3 por decisión editorial. Las correcciones se hacen por lotes auditables y orientaciones puntuales: no se repite un lote completo para resolver un fallo aislado.