El hijo de Tuhixana

Amazonas · Mixto

El hijo de Tuhixana

Una reescritura de Fernando Solarte ambientada en el Vaupés cuenta cómo un joven descubre la flotación y conduce una balsa que logra regresar.

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El relato

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El Vaupés atraviesa un territorio inmenso de la selva y lleva el nombre de Boupé, el cacique legendario de aquellas tierras. A él llegan las aguas de incontables quebradas y de otros ríos tan grandes como él: el Inírida, el Cuquiari, el Macaya, el Tuy, el Apoporis y el Guanapanaca.

Los indios de esas orillas miraban el agua con reverencia y con envidia. Veían a los patos andar sobre el río sin hundirse y a los animales atravesar la corriente con ligereza. «No sabemos andar sobre los ríos», se decían, tristes. Quisieron aprender, y pasaron años buscando la manera sin que ninguno la encontrara.

El viejo Tuhixana tenía un hijo joven, atolondrado y lleno de travesuras, famoso por sus caídas y por sus carcajadas. Un día, andando cerca del río, el muchacho vio un tronco de palmera que bajaba flotando con la corriente. Se quedó mirándolo y luego, sin pensarlo, brincó sobre otro tronco que flotaba junto a la orilla y empezó a remar con los brazos. El tronco lo llevaba, y la felicidad le iluminaba la cara.

Volvió a tierra y corrió al poblado, riéndose cada vez más fuerte. «He caminado por el río», gritaba. Los demás no le creyeron y murmuraban: «No puede ser». «Es cierto», insistía él. Al final lo siguieron hasta la orilla y vieron con sus propios ojos que no mentía: el hijo de Tuhixana andaba sobre el río. Todos quisieron hacer lo mismo.

Bajo su dirección cortaron muchos troncos y los amarraron con bejucos hasta formar una gran balsa. Un amanecer subieron a ella con provisiones y con animales, dejaron atrás el poblado y se fueron río abajo, empujando con remos.

El viento los llevó hasta el mar, donde el agua no tenía fin. Pasaron días, quizá semanas, y la alegría del comienzo se fue apagando y en su lugar llegó el miedo. La comida se acabó, en el horizonte no aparecía ninguna tierra y los viajeros perdían las fuerzas.

Entonces el hijo de Tuhixana descubrió algo que nadie había visto. En las hendiduras de los troncos de la balsa vivían muchísimos animalitos, los mismos que habitan las palmeras. Probó uno y vio que era sabroso y devolvía el vigor; siguió comiendo, y los demás lo imitaron. Así recobraron la fuerza y la cabeza clara.

Con el cuerpo repuesto cambiaron de rumbo. Remaron todos juntos, y con la ayuda del viento y de las corrientes volvieron a su tierra, a la orilla del Vaupés. Habían aprendido a andar sobre las aguas.

El hijo de Tuhixana: lo que quedó del relato

La enseñanza

“A veces lo que un pueblo busca durante años lo encuentra quien mira jugando lo que flota.”

Territorio

Amazonas · Mixto

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Mixto
Referencia
0.276944° · -70.1203°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este relato no tiene un registro publicado que se pueda consultar. Procede de «El hombre con cola de león: leyendas indígenas de Colombia», de Fernando Solarte Lindo (Bogotá, Carlos Valencia, 1980; reimpreso luego por Panamericana). Es un libro para lectores de unos once años que reescribe relatos de varios pueblos en cinco secciones, una de ellas «Leyendas del Vaupés». El libro no tiene edición abierta y en línea sólo figura en catálogos, que registran sus secciones pero no el texto.

Lo único consultable que menciona la pieza es la tesis de Ilene Rojas García y Giohanny Olave Arias, Caracterización temática de la narrativa infantil colombiana (1980-2005), presentada en la Universidad Tecnológica de Pereira en 2007. En su tabla 6 anota «El hijo de Tuhixana» con la etiqueta Vaupés y lo clasifica en el macrotema del origen y en el tema de las costumbres. Unas páginas antes describe el marco del libro: un narrador de edad madura cuenta las leyendas a unos niños en vacaciones y las acompaña de comentarios sobre la vida actual de los pueblos, con una intención declarada de rescate. La tesis no resume la trama.

Solarte no dice de qué pueblo del Vaupés tomó la historia ni quién se la contó, y el nombre Tuhixana no aparece en los estudios etnográficos del noroeste amazónico que se revisaron. Por eso la etiqueta Vaupés nombra una región habitada por muchos pueblos, no una comunidad.

Lo que sí está documentado en esa región es el lugar central de la navegación en los relatos de origen. Entre los pueblos tukano del Uaupés, recogidos por Alcionílio Brüzzi Alves da Silva y publicados en 1994, la humanidad llega por agua desde un gran lago que es el océano, dentro de una canoa que es una serpiente. En el Mirití-Paraná, Martín von Hildebrand registró en 1975 el relato ufaina en que los antepasados, subiendo del mar, hacen la primera canoa a imitación del cogollo de una palma.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en el relato ufaina del Mirití-Paraná que registró Martín von Hildebrand en 1975. Allí aparecen juntos casi todos los elementos del hijo de Tuhixana: el mar, una palma que sirve de modelo para flotar, la primera embarcación y los patos. La diferencia está en el orden. En el Vaupés de Solarte los patos son lo que la gente envidia y la balsa es lo que la saca al mar. En el relato ufaina los antepasados ya vienen del mar, hacen la canoa copiando el cogollo de la palma de milpesos y, al final, renuncian a ella y suben el río convertidos en patos.

El segundo paralelo es la canoa-serpiente de los pueblos tukano del Uaupés, que recogió Alcionílio Brüzzi Alves da Silva. En esos relatos la humanidad llega por agua desde el Lago de Leite, identificado con el océano, en una canoa que es una serpiente gigantesca, y va dejando gente en casas a lo largo del río. El viaje entre el mar y las cabeceras es también el que funda el mundo habitado.

Lo propio del hijo de Tuhixana es que el descubrimiento no viene de un ser poderoso ni de un antepasado sabio, sino de un muchacho atolondrado que juega en la orilla. Y que el mar no es el origen sino el peligro: la balsa llega allí por exceso de entusiasmo, y lo que salva a los viajeros es otro hallazgo casual, el alimento escondido en la misma madera que los sostiene.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Del relato del hijo de Tuhixana sólo circula una forma, la reescritura de Solarte, y la tesis de Pereira que la menciona no trae su trama. Lo que se puede comparar son los relatos de origen de la navegación registrados en el noroeste amazónico, que tocan los mismos elementos de maneras muy distintas.

  2. En el relato ufaina que Martín von Hildebrand publicó en la Revista Colombiana de Antropología (1975, p. 352), los Imarikakana vienen subiendo del mar y deciden hacer una canoa. No saben cómo: toman el cogollo de la palma de milpesos, lo abren en forma de canoa y a partir de ese modelo tumban un palo de comino y ahuecan el tronco con fuego. Es la primera canoa. Pero al ver que los dueños de las enfermedades los esperan, la dejan a los blancos y suben el río convertidos en patos de toda clase.

  3. En los relatos tariana y tukano que Brüzzi Alves da Silva reunió en Crenças e lendas do Uaupés (1994), la embarcación no la inventa nadie. En el origen de los tukano (p. 103), una gran serpiente es la canoa en que los antepasados suben el río en forma de peces; en la versión larga de la creación (pp. 354-355), el Trueno baja al Lago de Leite, que es el océano, como una serpiente gigantesca con cabeza de proa, y es la Canoa de Transformación que trae a la futura humanidad río arriba.

  4. En las tres historias el viaje une el río con el mar. Cambia quién lo hace posible: un muchacho travieso que copia a un tronco a la deriva, unos antepasados que copian a una palma, o un ser poderoso que es él mismo la canoa.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto · Amazonas
Referencias
3
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Caracterización temática de la narrativa infantil colombiana (1980-2005)

    repositorio.utp.edu.co

    Es la única obra abierta que nombra el relato: su tabla 6 (pp. 38-39) registra «El hijo de Tuhixana» con la etiqueta Vaupés, en el macrotema del origen y el tema de las costumbres, y la p. 37 describe el marco de «El hombre con cola de león», un narrador maduro que cuenta las leyendas a unos niños con intención de rescate. Fija el libro, el año y el público del relato.

  2. Origen del mundo según los Ufaina

    revistas.icanh.gov.co

    En la p. 352 los Imarikakana, que vienen subiendo del mar, hacen la primera canoa copiando el cogollo de la palma de milpesos y ahuecando un tronco con fuego; luego la dejan a los blancos y suben el río convertidos en patos. Es el paralelo documentado más cercano al motivo del relato: mar, palma, primera embarcación y patos.

  3. Crenças e lendas do Uaupés

    horizon.documentation.ird.fr

    Reúne los relatos tariana y tukano en que la humanidad llega por agua: la Cobra-Grande que es la canoa de los antepasados (p. 103) y la Canoa de Transformación que el Trueno trae desde el Lago de Leite, identificado con el océano (pp. 354-355). Documenta en el mismo Vaupés el lazo entre el mar, el río y el origen de la navegación.

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«El hijo de Tuhixana» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El hijo de Tuhixana» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El hijo de Tuhixana» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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