El costeño y los cachacos

Caribe · Mestizo

El costeño y los cachacos

Un encuentro de pesca enfrenta hablas y expectativas de costeños y cachacos; la broma depende de quién controla la explicación.

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El relato

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Sacaba pescados el costeño, tirado a la orilla del río, medio dormido al sol y sin apuro ninguno. Tenía su carnada, tenía su sombra y tenía la mañana entera por delante. Cada tanto subía uno, lo desenganchaba y lo echaba al canasto.

Llegaron dos forasteros. Venían de lejos, con la ropa mal puesta para ese calor, y se quedaron mirando el canasto un rato largo, calculando. Al fin el uno le dijo al otro: vamos, paisano, a echar una pescada.

Se equiparon como quien se equipa para una ceremonia. Compró cada uno su anzuelo y su tabaco, escogieron su pedazo de orilla, prendieron el tabaco y tiraron. Los anzuelos entraron al agua limpios, brillando, sin nada colgando de la punta. Así los dejaron, y así se quedaron los dos, mirando el corcho.

El costeño esperó un poco, por educación. Después se enderezó y les habló con el tono con que se le habla a quien no tiene la culpa de no saber. Mire, paisano, por aquí no se pesca así, deben poner carnada al anzuelo, que los peces no se pegan solos.

Lo dijo despacio y lo dijo completo, con la explicación adentro. En su cabeza el asunto quedaba resuelto: le faltaba carnada al hombre y él acababa de decírselo de buen modo.

Pero uno de los paisas se volteó, se sacó el tabaco de la boca y le contestó desde una altura que el costeño no había visto venir.

¡Ave María, paisano, no hemos venido a la Costa a engañar a ninguno, el que quiera engancharse por su gusto que se enganche!

Y ahí se acabó la conversación. El costeño volvió a su sombra y a su canasto, que seguía llenándose solo. Los dos siguieron con los anzuelos pelados en el agua, sin sacar nada y sin deberle nada a nadie, que era lo que habían venido a demostrar.

El costeño y los cachacos: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien no sabe hacer algo puede siempre presentar su torpeza como una forma superior de honradez.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
9° · -75°

Ficha del relato

Contexto histórico

El cuento cabe en tres párrafos cortos de la página 255, una plana especialmente apretada: el volumen mete ahí cuatro piezas seguidas, entre ellas «La vieja, el burro y los huevos» y el arranque de «Tío Conejo y Morrocoy».

Es la única del bloque que pone a un costeño como protagonista y le da la razón. En el resto de las piezas de tipos regionales el cordobés no aparece o aparece de oyente; aquí es el que sabe pescar, el que tiene el canasto lleno y el que explica el oficio, y aun así pierde el intercambio. Los dos forasteros llegan, compran, fracasan y se van sin admitir nada.

La gracia que la página recoge no es lingüística sino moral, y por eso cuesta resumirla. El forastero no responde que sabe pescar: responde que no ha venido a engañar a nadie. Convierte la carnada en un fraude y su propia incompetencia en una forma superior de honradez, y de paso deja al costeño en el papel de quien propone la trampa.

Zapata Olivella había explicado en la página 238 por qué este material acaba en una recolección del Sinú: los cuentos del momento registraban el ir y venir de gente, tanto «del cordobés a otras regiones del país y al exterior» como de los que llegaban a instalarse. Esta pieza es ese trasiego contado desde la orilla que se queda quieta.

Resonancias con otros mitos

El bloque guarda otras dos piezas construidas sobre tipos regionales, y las tres se leen mejor juntas. «Los tres cachacos y la cántara de ron ñeque», páginas 256 y 257, reparte entre tres viajeros del interior una piojera, una gripa y una rasquiña. «El paisa y el gringo», página 259, enfrenta una copla antioqueña con la repetición defectuosa de un extranjero. En las tres el forastero queda retratado por una sola cosa que hace mal, y en las tres el marco es la Costa.

El segundo paralelo está en el propio aparato del volumen. En la página 238 el autor sostiene que estos cuentos dejan ver «movimientos migratorios» y la llegada de «connacionales y extranjeros que se suman a la comunidad: antioqueños, turcos, etc.». La pesca de esta página es uno de esos encuentros, reducido a su mínima expresión: dos que llegan, uno que estaba, y un malentendido sobre qué es hacer trampa.

Hay un tercer aire de familia con «El montuno y el radio», página 247: también allí alguien aplica su lógica entera a una situación que no la admite, y también allí el remate deja al otro sin respuesta.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El texto oscila entre dos etiquetas para los mismos dos hombres y no resuelve la oscilación. Los presenta como cachacos, que es también la palabra del encabezado, y en el remate los llama paisas: «Y contesta uno de los paisas». La frase que sigue empieza además con «¡Ave María!», una interjección que en Colombia se asocia al habla antioqueña. Tres señales en un texto de quince líneas, y dos apuntan a un lado y una al otro.

  2. No se funde ninguna de las dos lecturas. Puede tratarse de un desliz del narrador, que use los dos nombres como sinónimos de forastero del interior; puede ser una corrección que hace el propio hablante sobre la marcha; o pueden ser dos etiquetas que en el Sinú de esos años valían casi igual, porque lo que importaba era que el otro venía de arriba. El libro conserva las dos y no anota nada.

  3. La oscilación se repite, en dirección contraria, en «La mina de oro en el Infierno», página 247, donde el protagonista se presenta como antioqueño y san Pedro lo despide llamándolo «paisa», mientras los expulsados son cachacos. Puestas una al lado de otra, las dos piezas muestran que el repertorio manejaba un solo tipo, el del forastero del interior, con varios nombres intercambiables.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
10
Última revisión
21 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Único registro del relato, y el que decide su problema central. Lo imprime en tres párrafos cortos de la página 255, una plana en la que caben cuatro piezas seguidas. De ahí salen el pescador tirado a la orilla con el canasto lleno, los dos forasteros que compran anzuelo y tabaco y tiran sin carnada, la advertencia del costeño —«por aquí no se pesca así, deben poner carnada al anzuelo»— y el remate que da vuelta a la escena: «¡Ave María, paisano, no hemos venido a la Costa a engañar a ninguno, el que quiera engancharse por su gusto que se enganche!». La contradicción que la ficha conserva también es del libro: el encabezado y el cuerpo dicen «cachacos» y el remate dice «uno de los paisas». Y en la página 238 el autor explica por qué un cuento de forasteros del interior cabe en una recolección del Sinú: estos relatos registran «movimientos migratorios» y la llegada de «connacionales y extranjeros que se suman a la comunidad: antioqueños, turcos, etc.».

  2. Estereotipos y prejuicios entre costeños y cachacos, y su impacto en la toma de decisiones en el ámbito de recursos humanos

    repository.cesa.edu.co

    Es la única obra de la cantera que mide, y no sólo describe, el reparto de etiquetas que este chiste ejecuta. Parte de que en la costa Caribe los términos costeño y cachaco se usan a diario con connotación negativa en un caso y positiva en el otro, y prueba con medidas explícitas e implícitas si existen prejuicios entre los dos grupos, cuál de ellos los sostiene con más fuerza y cómo pesan en decisiones de contratación. Importa aquí porque la página 255 invierte el reparto habitual: el costeño es el competente, el que tiene el oficio y el canasto lleno, y el del interior es el incapaz que convierte su torpeza en rectitud. La medición contemporánea muestra el prejuicio en la dirección contraria, y así deja ver que esta pieza es una réplica y no un espejo.

  3. La historia de Antioquia, entre lo real y lo imaginario. Un acercamiento a la versión de las élites intelectuales del siglo XIX (Revista Universidad EAFIT, vol. 40, n.º 134, pp. 51-79)

    publicaciones.eafit.edu.co

    Da cuerpo a la mitad del cuento que el libro nombra mal. Si el remate llama «paisas» a los dos forasteros y les pone en la boca un «¡Ave María!», conviene saber qué se había construido bajo esa etiqueta: el artículo reconstruye cómo las élites letradas antioqueñas del siglo XIX fabricaron un imaginario identitario regional y acuñaron la idea de «raza antioqueña» de «casta limpia española», laboriosa y honrada por naturaleza, difundida por la geografía escolar, la historiografía conservadora y la prensa. El forastero que aquí se niega a cebar el anzuelo porque «no hemos venido a la Costa a engañar a ninguno» está representando esa honradez de catálogo justo en el momento en que se queda sin pescado.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Algunos comentarios socioeconómicos sobre los habitantes de los humedales de los ríos San Jorge y Sinú

    publicaciones.banrepcultural.org

    Sostiene el oficio del protagonista, que es lo único que el cuento no explica porque lo da por sabido. Describe la economía de los habitantes de las ciénagas y humedales del San Jorge y el Sinú, donde la pesca de subsistencia y de mercado convive con la ganadería y la agricultura estacional según suba o baje el agua. Un hombre tirado a la orilla toda la mañana, con carnada, sombra y canasto, no es un ocioso pintoresco: está haciendo el trabajo que su comarca hace, y por eso la escena permite que el forastero confunda la faena con la pereza y el cebo con el fraude.

  2. Lorica, una colonia árabe a orillas del río Sinú (Cuadernos de Historia Económica y Empresarial, n.º 10)

    banrep.gov.co

    Documenta que el Sinú de este cuento era un sitio al que se llegaba, y que el forastero era una figura conocida y no una aparición. Reconstruye con estudios de caso cómo entre 1880 y 1930 se instaló en Lorica y en la región sinuana una de las comunidades árabes más numerosas de Colombia —sirios, libaneses y palestinos, los «turcos» de la frase de Zapata en la página 238—, cómo prosperaron en el comercio del puerto fluvial y cómo la sedimentación del río y las carreteras troncales los empujaron después hacia Montería, Barranquilla y Cartagena. La burla de esta plana es la que una comarca receptora hace del recién llegado que pretende enseñarle su propio oficio.

  3. Respirando el Caribe. Memorias de la Cátedra del Caribe Colombiano, vol. I

    biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar

    Muestra a la región haciendo con argumentos lo que esta página hace con un anzuelo. El volumen declara en su prólogo que una de las tareas de la Cátedra fue «mostrar las dotes intelectuales, el talento y las riquezas culturales de los habitantes de la región, para contribuir a desterrar los falsos estereotipos sobre su identidad», y se inaugura con la conferencia de Eduardo Posada Carbó «Rafael Núñez, el Caribe colombiano y el orden nacional», que examina desde la Costa la relación entre la región y el centro andino del país. Treinta años antes, y sin cátedra, un pescador del Sinú defendía lo mismo demostrando que el que sabe pescar es él.

  4. La economía del departamento de Córdoba: ganadería y minería como sectores clave (Documentos de Trabajo sobre Economía Regional, n.º 51)

    banrep.gov.co

    Da la orilla concreta en que este chiste ocurre. Documenta que el río Sinú nace en el nudo de Paramillo, que su cuenca cubre 13.391 kilómetros cuadrados y que a lo largo de su curso se ensartan Tierralta, Valencia, Montería, Cereté, San Pelayo, Lorica y San Bernardo del Viento, veintiocho municipios y siete subregiones que dependen del agua hasta para sus desgracias, porque el documento dedica un apartado entero a las sequías y las inundaciones. El cuento no dice en qué río está el hombre ni hace falta: en Córdoba, pescar desde la orilla es pescar en el Sinú o en el San Jorge.

  5. Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)

    drive.google.com

    Aporta la clave con que el propio libro leía un cuento de trabajo como éste. El escritor monteriano resume las conclusiones de la encuesta sobre los cuatro patrones que Zapata quería medir —moralizante, individualista, sexual y de apreciación del trabajo— y describe la situación de la región en esos años, con un analfabetismo del 55,36 %, agitación estudiantil y un movimiento campesino invadiendo tierras. El «patrón de apreciación del trabajo» es exactamente lo que está en juego en la página 255: quién sabe hacer las cosas, quién cobra por no saberlas y cómo se llama a eso.

  6. Manuel Zapata Olivella Collections — tema «cuentos», Jean and Alexander Heard Library

    mzo.library.vanderbilt.edu

    Hace visible el dato que más falta hace en esta ficha y que el libro calló: de qué lado estaba quien contó. El archivo publica las grabaciones de cuentos de Zapata Olivella con número de registro, fecha, lugar y entrevistado nombrado —Bayron Antonio Zapata y Marco Aurelio Correa en Santa Fe de Antioquia el 7 de septiembre de 1974, Jacinto Mena Robledo en Quibdó el 1 de diciembre de 1974, una serie en Barrancas, La Guajira, el 16 de octubre de 1985—. En un chiste que reparte razón y ridículo entre un costeño y dos forasteros, saber si el narrador era del Sinú o venía de fuera cambiaría de quién es la burla, y no se sabe.

  7. Manuel Zapata Olivella — Obras completas y archivo digital

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Es lo que permitió cotejar la contradicción de esta plana en vez de heredarla. El portal reúne en edición digital abierta la obra completa de Zapata Olivella, sus materiales autobiográficos y los 46 números de la revista Letras Nacionales (1965-1985), que él fundó para amplificar voces indígenas, mestizas y afrocolombianas, con el respaldo del Ministerio de Cultura y de cuatro universidades, entre ellas la de Córdoba. Sin esa edición abierta no habría forma de comprobar que el mismo texto de quince líneas dice «cachacos» arriba y «uno de los paisas» abajo.

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Conversación

¿Así te la contaron?

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«El costeño y los cachacos» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El costeño y los cachacos» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El costeño y los cachacos» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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