Kugï y Nokuerai: patos y muchachas perdidas

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Kugï y Nokuerai: patos y muchachas perdidas

Mientras los patos siguen una ruta hasta el baile, dos muchachas se extravían, encuentran peligro y una regresa transformada.

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El relato

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Kugï, que es un pato, subía cantando por el río Yuanda hacia un baile. En el tapaje de Jitoma encontró tirado al caimán Buynaizeka, que le pidió pasaje; como su canoa era pequeña, se lo dejó a su hermano Nokuerai, que lo subió y a las dos vueltas lo abandonó donde se queda.

Más arriba vivían Joyareño y Rikoño, hijas de Buynaiyarai. Su madre le pidió al tío de ellas, Neimuada, el mico volador, que las llevara a quemar hormigas culonas, pero salieron detrás de otro que había tomado su apariencia y que alumbraba adelante con un mechón que no era antorcha sino el vello de su sexo. Caminaron toda la noche llamándolo, y al amanecer él copuló con ellas y las abandonó allí.

Embolatadas, siguieron hasta el río. Pasó Nokuere, las subió y las dejó en el puerto de Noifereiraï, donde la dueña de casa se las llevó para nueras. Las demás mujeres les advirtieron que el hijo no era gente sino boa. Joyareño se durmió en la hamaca y Rikoño veló junto al fogón: cuando Unuyo subió por la hamaca, ella sopló las astillas de bobai y el animal retrocedió a su olla de barro. Al otro día hirvieron una tinaja y se la echaron encima, y el corazón de esa boa quedó convertido en el palo con que se hace el Yadiko.

Unas mariposas que iban a chupar piña al rastrojo de su padre se ofrecieron a llevarlas, pero les hicieron creer que cruzaban muchos ríos cuando pasaban el mismo una y otra vez, y las dejaron botadas. Un mico que ellas habían criado las encontró y las guió, pero al anochecer se devolvió a la casa y ya no dio con ellas.

Llegaron donde Kanimani, que es un río hecho persona. La mayor fue su mujer y tuvieron un hijo. Un día, cuidando al sobrino, Rikoño le cantó burlándose de su padre, llamándolo nalguichupado. Kanimani convino entonces con su tío Moifenirai, un tigre sin ano que ensuciaba por debajo de las uñas, que se comiera a la cuñada, y le dijo que la reconocería porque vendría cargando al niño. Pero Rikoño presintió el peligro, le devolvió la criatura a su madre y se quedó atrás, y el tigre se comió a la que llegó.

Cuando él se fue a chupar miel al cananguchal de Iyodare, ella entró y le ofreció a su madre arreglarle la cabellera que le envidiaba: le rajó el cuero cabelludo con una uña de danta y le echó brea hirviendo encima. Luego lo siguió: mientras chupaba miel arriba, ella probaba lo que goteaba y echaba pedos. Él bajó a preguntarle por dónde le salía ese sonido y ella le dijo que por un agujero que le había hecho su padre. Él le pidió el suyo: ella lo amarró cabeza abajo y le metió una vara a golpes de hacha hasta que salió por la boca.

El hacha que dejó tirada se convirtió en tigre y salió detrás. El grillo la delató, la lagartija la encubrió y el cucarrón la escondió. Cerca de la chagra de su padre halló a la guara, que lloraba por sus hijos caídos en las trampas: le prometió sostener la trampa mientras pasaba y se la soltó encima. Los chillidos trajeron a la gente, que hacía el baile de duelo por las dos perdidas, y con la guara se la llevaron a ella.

Sentada entre ellos empezó a hablar toda clase de idiomas, y su padre dijo que estaría ensayando las lenguas aprendidas por donde anduvo. Pidió sus aretes y sus espejos, y ya cantando como lora voló hasta la mata de umarí verde del patio, y ahí quedó lora para siempre. De ella quedó el poder que hace que las hijas sean robadas, y por eso esa lora lo anuncia con su canto mientras vuela. Los patos, en cambio, llegaron por fin allá, buscando la abundancia.

Kugï y Nokuerai: patos y muchachas perdidas: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Salir detrás de una luz que alguien lleva adelante no es lo mismo que conocer el camino.”

Territorio

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Huitoto / Murui-Muina
Referencia
-1.24° · -72.82°

Ficha del relato

Contexto histórico

La narró el Abuelo Pablo Bigïdïma en El Encanto, sobre el río Caraparaná, en noviembre de 1979, y la tradujeron Eudocio Becerra (Bigïdïma) y Jitoma Zafiama. Fernando Urbina Rangel la publicó como capítulo catorce de Las palabras del origen (Bogotá, Ministerio de Cultura, 2010, páginas 230 a 242), con el subtítulo «Las muchachas perdidas». Es la pieza más larga de las que este expediente sigue, y aquella donde el compilador deja más explícita su propia lectura: dice en el introito que la acción corre en dos líneas paralelas, el viaje de los patos que saben adónde van y el de las muchachas que no, y de ahí saca una interpretación sobre los peligros de la alianza lejana y sobre la lora que, de tanto pasar por territorios ajenos y tratar demasiadas gentes, acaba diciendo cosas sin sentido. Eso es de Urbina y no de lo dictado por el Abuelo. Las notas al pie también son suyas: ahí explica que Kanimani es un nombre del Putumayo y la única personificación de un río que dice haber encontrado, que el jikueraño es una mariposa azul muy grande, que el palo del Yadiko simboliza la boa y que el baile con que se reprende a las mujeres que se ausentan se llama Kodabi o Jïruidiko según el rafue en que ocurra.

Hay una segunda recolección de esta misma historia, sesenta y cinco años anterior, que este expediente no había usado aunque ya tenía su enlace. El capítulo 25 de la segunda parte de Religión y mitología de los uitotos (Universidad Nacional, 1994, páginas 607 a 649) se titula «La odisea de las dos hermanas» y sigue a las mismas dos, desde la salida a cazar hormigas hasta la transformación en loro. Son textos dictados a Konrad Theodor Preuss en 1914 en el Igará-Paraná y La Chorrera y publicados sin el nombre de quien los dijo, de modo que no pueden atribuirse a una comunidad concreta. La traducción española de ese tomo es de Eudocio Becerra (Bigïdïma) y Gabriele Petersen de Piñeros, y buena parte de las notas que aclaran nombres y parentescos son de ellos, no de Preuss.

El capítulo III de la primera parte no narra: contiene la lectura panlunar con que Preuss llegó al Amazonas en 1913. Según ella, las dos hermanas, Kanimani, la suegra y el tigre son todos figuras lunares, el nombre de la menor significaría 'devoradora' y su muerte sería la desaparición de la luna. Es interpretación suya.

El artículo de Dialnet corrige además una atribución de esta lista: «Mito y ética: una lectura del pensamiento mítico de los Uitoto y Muinane» no es de Urbina sino de Franklin Giovanni Púa Mora, y salió en Franciscanum LII, número 154, en 2010. Cita literalmente este capítulo de Preuss para mostrar la figura del dueño, y en esa cita queda claro que quien se lleva a las hermanas no es un impostor cualquiera sino el dueño de las hormigas. El diccionario del anexo sirve para cotejar nombres, y el perfil de la Organización Nacional Indígena de Colombia para situar al pueblo, con la advertencia de que la cifra de población que da es la del censo de 2005.

Resonancias con otros mitos

El contraste más productivo lo da otro texto murui-muina de la misma época y del mismo río: Jirayauma, el cerbatanero, que la Abuela Filomena Tejada le contó a Fernando Urbina en El Encanto en 1979 y que él recreó después en «Las mariposas amarillas y el banco de contar historias» (Cuadernos de Literatura, 2007). También allí alguien huye de una Dueña de animales y también allí los animales del monte intervienen en la fuga. La diferencia está en la moneda. Jirayauma paga cada ayuda con un don que queda para siempre en el cuerpo de quien lo recibe: el coquillo que se volvió el canto de la perdiz, la espiral del caracol, la cerbatana estampada en el lomo de la culebra cazadora, el anzuelo con que la hormiga arriera hizo sus tenazas, el banquito en la cabeza del caimán. Aquí ocurre lo contrario: Rikoño no paga, maldice. Al hacha que la persigue le deja la forma de tigre guarero, y a la guara que acaba de ayudarla la aplasta con la trampa que ella misma sostenía. En una fuga los animales ganan su figura, en la otra la pierden.

El segundo paralelo está en el capítulo siguiente del mismo libro: Guyataiba, que también narró Filomena Tejada en El Encanto, en diciembre de 1979. Las dos historias terminan con una mujer convertida en animal y las dos explican con eso algo que se observa —la lora que anuncia los compromisos, el oso hormiguero que come hormiga cabezona—, pero la mano es distinta. Rikoño se transforma ella misma: pide sus aretes y sus espejos, se los ponen y alza el vuelo. A Jadomacuriño la transforma su suegro y la echa al monte. Una sale hablando todas las lenguas, la otra se queda sin lo que había aprendido.

Conviene no reducir esto a un castigo por salir de la casa. Lo que desata la desgracia no es la salida sino un guía falso, y el tramo más largo del texto no es el extravío sino lo que la que sobrevive hace después: mata, engaña y vuelve por su cuenta.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Con la recolección de Preuss a la vista, esta historia deja de tener un solo testimonio, y los dos se contradicen en un punto que no es menor: no coinciden en cuál de las dos hermanas sobrevive.

  2. En lo narrado por Pablo Bigïdïma, Joyareño es la que se duerme en casa de Noifereiraï y a la que la boa alcanza; después es ella la que carga al niño y la que el tigre se come, y Rikoño es la que se venga y la que vuelve convertida en lora. En Preuss es exactamente al revés: la que duerme y es violada por la boa es Rikoño, la que muere devorada es ella, y la que sobrevive, mata a la suegra y al tigre y regresa donde su padre es Joyareño. Los dos textos cuentan casi los mismos episodios en el mismo orden y reparten los papeles al contrario. No hay forma de fundirlos.

  3. Hay además un nombre que cambia de dueño, y eso corrige una lectura. En lo dictado en 1979 el tío verdadero de las muchachas es Neimuada, el mico volador, y quien las saca de la casa es otro que ha tomado su apariencia, aunque unas líneas más abajo el texto diga que ellas copularon con Neimuada. En Preuss no hay confusión posible: el tío verdadero pasa después por la casa y pregunta por ellas, y el que se las llevó es el que allí lleva ese nombre, glosado en nota como el dueño de las hormigas y cuya luz, dicen los traductores, es la luciérnaga; la casa a la que las conduce es la de la Gente Murciélago, lo que explica por qué no enciende antorcha y por qué huye de la luz del día. Leído así, ese nombre no es el del tío suplantado sino el del suplantador.

  4. Las dos recolecciones tampoco empiezan igual. La de 1979 abre con los patos, el tapaje de Jitoma y el caimán, que en Preuss no aparecen: allí el capítulo arranca directamente con el padre mandando a sus hijas a cazar hormigas con su tío, y en lugar de un solo matrimonio Kanimani toma a las dos por esposas. Y difieren en el final: en Preuss la que regresa se pinta con achiote, se cuelga al cuello un hueso de su hermana y se convierte en loro, mientras su cuerpo cae al bañadero convertido en nutria, y los traductores anotan que es la primera mujer que usa el achiote para pintarse.

  5. Sobre las grafías: el compendio de Urbina imprime Kugï, Nokuerai —una vez Nokuere—, Joyareño, Rikoño, Kanimani y Moifenirai, también llamado Komisudarama. La edición de Preuss escribe varios de esos nombres con la sexta vocal del uitoto, pero su copia digital no permite fijarlos, porque el reconocimiento óptico de esos escaneos borró esa vocal. Las formas en lengua de ese tomo sólo se pueden citar desde la página impresa.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Huitoto / Murui-Muina · Caquetá y Putumayo · Amazonas
Referencias
8
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Las palabras del origen: breve compendio de la mitología de los uitotos

    babel.banrepcultural.org

    Publica dieciséis relatos con introitos, créditos de narración o traducción y notas comparativas. Es la fuente directa de Nofïdeño, Uuikï, los ciclos de Jitoma, Dïïjoma, Nofïzazima, Buinaima, Yiida Buinama, Yarokamena, Juma, Kanifaido, Kugï y Nokuerai, Guyataiba y Konago.

  2. Religión y mitología de los uitotos, primera parte

    repositorio.unal.edu.co

    Aporta contexto histórico sobre religión, fiestas, palabra, territorio y organización narrativa uitoto.

  3. Religión y mitología de los uitotos, segunda parte

    repositorio.unal.edu.co

    Ofrece textos en lengua uitoto con traducción y un repertorio léxico para comparar nombres sin tratar grafías distintas como personajes nuevos.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Muina Murui

    onic.org.co

    Sitúa las variedades mika, minika, búe y nipode, la dispersión causada por la Casa Arana y la recuperación territorial y cultural.

  2. Mito y ética: una lectura del pensamiento mítico de los Uitoto y Muinane

    dialnet.unirioja.es

    Explica cómo relatos amazónicos relacionan perspectiva, dueños de animales, cuidado y consecuencias sin reducirlos a moralejas universales.

  3. 25. Joyareño igai — La odisea de las dos hermanas (capítulo 25 de Religión y mitología de los uitotos, II parte)

    bffrepositorio.unal.edu.co

    Es una versión de hacia 1914 de la segunda línea de esta ficha, la del extravío de las muchachas, y contiene casi todos sus eslabones: dos hermanas que salen de casa y siguen a un falso tío, las mariposas que las engañan sobre el camino, Kanimani que las esconde y las toma por esposas, el insulto de la cuñada sobre el trasero del hijo, el pariente jaguar que devora a la hermana equivocada, el hacha convertida en perseguidor, los animales pequeños que demoran al perseguidor y, al final, el cuerpo de la sobreviviente que «se convirtió en loro» y se posa en la punta del guamo imitando su voz. Confirma que la transformación en lora no es un remate de la edición sino parte antigua del relato.

  4. Capítulo III: Análisis de los mitos (Religión y mitología de los uitotos, I parte)

    bffrepositorio.unal.edu.co

    Trae la sinopsis seguida de «La odisea de las dos hermanas (25)», que es la forma más rápida de comparar esta versión con la publicada. Traduce los nombres —Rükoño, 'devoradora'; Uziyaikono, 'la que arde'— y, sobre todo, identifica a Kanimani como «el río de la palma pindó, el Putumayo», lo que respalda y precisa la frase de la ficha según la cual Kanimani es «personificación de un río»: no un río cualquiera, sino uno con nombre. Detalla además los tramos que la ficha comprime: la gente murciélago, la serpiente que sale de la olla, la miel del lago Iyorade y la treta del ano con la estaca.

  5. Anexo: Diccionario uitoto-español (Religión y mitología de los uitotos, II parte)

    bffrepositorio.unal.edu.co

    Registra como entradas propias a Kanimani, Rükoño y Joyareño con remisión a los pasajes del mito 25, de modo que se puede rastrear cada aparición sin leer el capítulo entero. Documenta también el vocabulario ornitológico que la ficha necesita para la primera línea del relato: noko es el pato (Cairina moschata) y nibodo el pato agujo (Anhinga anhinga), lo que permite tratar a los patos del título como especie nombrada y no como decorado.

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«Kugï y Nokuerai: patos y muchachas perdidas» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Kugï y Nokuerai: patos y muchachas perdidas» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Kugï y Nokuerai: patos y muchachas perdidas» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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