
Andina · Katíos
Cobaima, primer jaibaná
Cobaima, primer jaibaná, recorre el Alto Andágueda y ordena relaciones entre seres, aguas, animales y lugares.
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El relato
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Caragabí no sólo creó el mundo. También creó a Cobaima, el primer jaibaná de los emberá katío. Cobaima era un sabedor indígena del Chocó, y es el primero del que se tiene noticia.
Caragabí le enseñó a cultivar plantas medicinales y a curar enfermedades con ellas, a distinguir los animales malos de los buenos y a comunicarse con los jais. Le contó también quiénes había en el Chocó: los emberá, los wounaan y los dule. Todos habían llegado primero a Quibdó y después se dividieron. Unos cogieron el río Andágueda hacia arriba para llegar a Antioquia, otros se fueron al San Juan, otros emigraron para Lloró y otros cogieron hacia el Bajo Baudó, a Pizarro.
Cobaima estuvo en una cárcel en Quibdó, pero se voló de ese lugar hacia la cabecera del río Andágueda, a ordenar el territorio, a organizar dónde quedaban los resguardos y a declarar qué se podía comer. Nombró los lugares donde vive la gente y los lugares donde viven los animales. Así comenzó su travesía.
En la cabecera de Bagadó, río arriba, se encontró con los animales malos: tigres, caballos, burros, tatabros. En ese tiempo los animales malos tomaban el espíritu de los humanos para comérselo, y si uno de ellos veía a una persona, esa persona moría sin salvación posible. Al terminar el encuentro, un tigre le preguntó qué iba a pasar con ellos ahora. Cobaima prefirió salvar la vida de los humanos y decretó que los animales malos sólo vivirían en las zonas profundas de los ríos. Desde entonces se alimentan de otros animales y no de gente.
Cobaima no se quedaba en el mismo sitio. En su recorrido fue encontrando ríos y lugares sin nombre y se dedicó a nombrarlos. En la primera parada vio un río con dos entradas, y después de mirarlo mucho tiempo se dio cuenta de que allí había una malla que no dejaba subir a los peces hasta la orilla. Retiró la malla, los liberó y llamó a ese río Odo, porque esa palabra significa atrapado. Siguió río abajo y en la segunda parada descubrió un río que tenía sal natural adentro, y resolvió llamarlo Comunidad Aguasal. Más abajo, en la tercera parada, vio un arcoíris grande donde vivían humanos, animales y plantas juntos, que no podían salir de allí sin exponer a la muerte a sus seres queridos y sin afectar el río y el bosque. Para evitar esos desastres los dejó encerrados en el arcoíris, y los llamó Comunidad Embibicuras, que es arcoíris.
Mucho después se encontró con una piedra gigante, bonita, parecida a un barco y apartada de los demás lugares. Se quedó pensando y supo, de la nada, que en ese pueblo había habido una inundación: todo quedó destruido menos esa piedra, que antes fue una casa. Se acercó y vio espíritus de mujeres trabajando con piedras, harina, hachas y barro, y vio también espíritus de otros jaibanás que habían muerto ahí. Por eso todo el que quisiera acercarse podía ser tragado por la piedra, enfermar o morir. Cobaima liberó ese lugar.
Terminado su trabajo con las comunidades del Chocó llegó a la cordillera, ya en Antioquia, a una mina donde el oro se comía a la gente y a los animales, y después de comérselos su popó se volvía oro. Cobaima hizo que el oro dejara de comerse a los seres vivos, para que la gente pudiera trabajar tranquila.
Fue el primer guardián de los seres vivos, y sabía dónde viven los humanos y dónde viven los animales.

La enseñanza
“Ordenar un territorio es decidir dónde cabe cada forma de vida sin que acabe con las demás.”
Territorio
Andina · Katíos
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Katíos
- Referencia
- 5.411° · -76.415°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Katíos · Chocó · Andina
- Referencias
- 7
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente
Base documental · 3 referencias
- Cobaima
micrositios.centrodememoriahistorica.gov.co
Narra desde el Alto Andágueda la labor de Cobaima, primer jaibaná, en el ordenamiento de seres y lugares del territorio.
- Dachi Chiuu: nuestra memoria
micrositios.centrodememoriahistorica.gov.co
Presenta una memoria contemporánea construida con grupos del Alto Andágueda, con audio en emberá y español.
- Diagnóstico unificado de los pueblos Emberá Chamí, Katío, Dóbida y Eperara Siapidara
mininterior.gov.co
Documenta diferenciación interna, territorios, memoria y riesgos contemporáneos desde espacios participativos Emberá.
Contraste y contexto · 4 referencias
- Jaibanás. Los verdaderos hombres
luguiva.net
Es la única obra extensa que trata el jaibanismo nombrando expresamente a los katíos del Alto Andágueda, el territorio de Cobaima: registra que «para los katíos del Andágueda el trueno es el hijo de un jaibaná», y recoge del padre Pinto que Ocotuma es un charco del Alto Andágueda donde vive un ser que hay que tratar con cuidado. Da además el marco de oficio que la ficha describe sin fuente: cómo se forma un jaibaná, qué es un jai, por qué el jaibaná «encierra» y «destapa» animales y lugares en vez de eliminarlos, y por qué los primeros jaibanás son los más poderosos.
- El oro y la plata entre los embera y waunaan
publicaciones.banrepcultural.org
Es lo más cercano que hay al episodio del oro que se come a la gente en el recorrido de Cobaima. Describe la extracción de oro de veta y de aluvión en el Alto Andágueda y en el río Ichó con datos de campo propios, y expone la figura de Porré —«a la vez árbol y animal», la Madre de Oro que vive en las cabeceras de los ríos, que come maíz y se cría, y que al ser derribada deja el oro— y su equivalente Costé, el dueño del oro con barberas y dientes de oro que arrastra y devora a los indios. El oro, en estas versiones, no es materia inerte: tiene madre, come y mata, exactamente el problema que Cobaima va a contener.
- «Todos en el mismo pensamiento»: las relaciones del pueblo embera con los sitios sagrados de los resguardos de Polines y Yaberaradó en Chigorodó (Antioquia)
revistatabularasa.org
Documenta, con jaibanás vivos como coautores, el motivo exacto del recorrido de Cobaima: «los relatos fundacionales de los actuales resguardos […] condicionan la suerte del poblamiento indígena al «encierro de fieras» en los bosques prístinos. Entre el agua vivían ba, sokerrá, dojemiá, nuci purrú, coré y coré purru prestas a devorar a los recién llegados. El «encierro» lo hacían los «primeros jaibanás» cuando esos territorios aún eran selva». Y añade que «una de las primeras acciones de cualquier jaibaná para abrir un nuevo territorio es hacer un encierro espiritual», citando a un jaibaná de Chigorodó que lo hizo «para que no se acabara con la generación». Muestra que ordenar animales peligrosos confinándolos al fondo de los ríos no es un rasgo de un personaje único sino el procedimiento con que un pueblo emberá katío funda un territorio.
- Mina de Oro (Dachi Chiuu, Nuestra Lucha. La historia de la comunidad embera katío en Bogotá)
micrositios.centrodememoriahistorica.gov.co
Es la pieza que el mismo micrositio pone al lado del relato de Cobaima y la que explica por qué el último episodio del recorrido —la mina donde el oro se comía a la gente y a los animales— pesa tanto para quienes lo cuentan. Abre con la frase «La mina no solo era la vida de la tierra, sino que también representa la sangre en la tierra» y narra, con testimonios de participantes de la iniciativa (entrevista a Felipe Campo, 4 de noviembre de 2020), la historia del oro en el territorio que Caragabí entregó a los emberá katío: la mina El Morrón, el hallazgo de La Bruja en 1975 por Aníbal Murillo, el pleito con la familia Escobar, el asesinato de Luis Enrique Arce y otros líderes, la llegada del M-19 y la base militar montada en la Misión de Aguasal —el mismo Aguasal que Cobaima nombra en su segunda parada—, y el desplazamiento de 2008 hacia Bogotá. Sitúa en el tiempo y en el mapa lo que el relato dice en clave mítica: un oro que devora a los vivos.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«Cobaima, primer jaibaná» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «Cobaima, primer jaibaná» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «Cobaima, primer jaibaná» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








