El Diablo Chivo de Rumichaca

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El Diablo Chivo de Rumichaca

Dios y el Diablo compiten por construir dos puentes sobre el Güaitara; otra versión sitúa un chivo junto a las termales.

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Hubo un tiempo en que ningún puente cruzaba el cañón del río Güaitara. El agua corría más de ochenta metros abajo, entre paredes de roca, y los indígenas de la frontera no tenían por dónde pasar de un lado al otro.

Una noche el Diablo le propuso a Dios un desafío: cada uno levantaría un puente sobre el cañón, y así se vería quién sabía más de construir. Dios cayó en la tentación de derrotarlo y aceptó. La contienda empezó en la oscuridad, y ganaría el que acabara primero y con más destreza. Mientras trabajaban, Dios animaba a los suyos con una orden que se oyó toda la noche: arrume piedra, arrume piedra.

Entrada la madrugada, hacia las cinco, cantó un gallo, y con su canto el trabajo se detuvo. Al Diablo le faltó poner una piedra. Todavía se ve allí, grande, colgando de una peña en el centro de una cueva sobre el río, donde la dejó.

Al día siguiente los indígenas se levantaron y encontraron, asombrados, dos puentes sobre el abismo. El de la izquierda, el del Diablo, era agreste y estrecho, enmarañado de matas espinosas que no dejaban pasar. El de la derecha era amplio y despejado, y hasta tenía escaleras para bajar con comodidad a la orilla. Cuando miraron la obra de los dos, vieron que había triunfado el bien: el puente de Dios era el más hermoso y el más firme. Y de aquella orden de amontonar piedra le quedó al lugar su nombre, Rumichaca.

Abajo, en el fondo del cañón, justo entre los dos puentes, brotan aguas calientes que curan. Quienes se bañan en ellas dicen que salen como nuevos, con menos dolor en los huesos. Pero en la pared de enfrente las rocas dibujan figuras diabólicas, porque el Diablo nunca se fue del todo. Desde esas aguas puede subir en sus muchas formas a llevarse a los suyos. Aguas arriba, entre los recodos y las cuevas, vive el chivo de Rumichaca, que es él mismo con otra cara, y todavía espera a los humanos para cambalachar riquezas por almas.

Por eso hay quienes llegan a pedir posada en la casa del predio y, a las doce de la noche, bajan hasta los baños a hacerse lamer del chivo, para volverse millonarios. Una madrugada, la dueña de una casa vieja vio salir de la gruta, por las gradas, un cerdo seguido de dos o tres lechones que echaban fuego y se iban hacia el norte. Y hay quien jura que por ese lado del río todavía se pasea una serpiente enorme.

El Diablo Chivo de Rumichaca: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que se construye de noche y a la carrera siempre deja una piedra sin poner.”

Territorio

Pacífico · Mixto

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Mixto
Referencia
0.811° · -77.66°

Ficha del relato

Contexto histórico

Rumichaca es el puente natural de piedra —eso quiere decir el nombre en quichua— sobre el río que los colombianos llaman Güaitara y los ecuatorianos Carchi, entre Ipiales y Tulcán. Junto a él se levantaron las casas de aduana y el puente internacional, y debajo quedan unos baños de agua termal. De ese paisaje salen dos relatos que la gente del lugar cuenta juntos.

El de los dos puentes lo publicó el diario La Hora, en su sección de Imbabura y Carchi, el 14 de agosto de 2006, con el título «Mitos: El Diablo desafió a Dios en Rumichaca». La nota dice que lo contaba Miche Higuera, una de las primeras pobladoras del sector, muerta hacía más de un siglo; que sus hijos lo pasaron a Marciza Guadalupe, encargada en comodato de los baños, y que ella se lo dio al periódico. La misma nota recoge el informe de un geólogo alemán que atribuye los puentes a derrumbes por temblores, y la opinión de un sacerdote de que la historia nació en la Conquista como lección de doctrina.

En noviembre de 2016 el medio tulcaneño Carchi al Día publicó la versión de Dimas Alfredo Tenganán, bañista de 75 años, que la había oído de su abuelo: la carrera nocturna, el «arrume piedra», el gallo de las cinco y la piedra que el Diablo no alcanzó a poner.

El chivo aparece en Rituales y sincretismos en el Resguardo de Ipiales, de Edmundo Osejo Coral y Álvaro Flores Rosero, publicado en Quito por Abya-Yala, dentro de un recorrido por el río y sus seres. La tesis de maestría de Stalin Andrés Lima Armas en la Universidad Técnica del Norte (2017), sobre el Qhapaq Ñan en la parroquia Urbina, recoge el testimonio de José Arellano, dueño del predio de los baños, sobre quienes bajan a medianoche a buscar al chivo.

Resonancias con otros mitos

La obra que el diablo levanta en una noche y deja sin terminar por una piedra es la misma de Cantuña, la leyenda más conocida de Quito. En ella el indígena Cantuña pacta con el diablo para que el atrio de San Francisco quede hecho antes del amanecer a cambio de su alma, y los diablillos trabajan toda la noche; pero una piedra queda sin poner, el pacto no se cumple y Cantuña salva el alma. La iglesia, como la peña de Rumichaca, conserva el hueco.

El diablo que cambia riquezas por almas y al que se vence con astucia es también el del «Relato del diablo» que Osejo Coral y Flores Rosero recogieron en Guachucal en 1991 de boca de Roberto González: un hombre pobre que cuida el maizal de un señor tiene que adivinarle la edad o irse con él, y su mujer, cubierta de miel, plumas y musgo y caminando en cuatro patas, asusta al dueño, que resulta ser el diablo y confiesa sus trescientos años.

Y el diablo que vive en las aguas bajas de un río y sube a llevarse a sus escogidos tiene vecino en el mismo Güaitara: los mismos autores ponen junto al de Rumichaca al diablo de la Humeadora, y aguas abajo la chorrera de la Descomulgada, donde se dice que está el demonio.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Las dos versiones de la apuesta no cuentan la misma carrera. En la de La Hora, que viene de Miche Higuera, Dios y el Diablo compiten por quién sabe más de arquitectura y la prueba es la calidad: un puente agreste y espinoso a la izquierda, otro amplio y con escaleras a la derecha, y los indígenas que al amanecer encuentran los dos. En la de Tenganán compiten por velocidad: Dios arenga a sus ayudantes con el «arrume piedra», el gallo canta a las cinco, el trabajo se detiene y queda colgando la piedra que el Diablo no puso. La tesis de Lima Armas copia casi palabra por palabra la versión de La Hora y le añade el desenlace: Dios ganó con la obra más hermosa y resistente.

  2. El nombre también se explica de dos maneras. Carchi al Día llama «versión colombiana» a la que lo saca del grito de Dios, arrume piedra; El Telégrafo y el glosario de Osejo y Flores lo traducen del quichua como puente de piedra.

  3. El Diablo que se queda en el cañón tiene varias caras. Para Osejo y Flores es un chivo que espera entre recodos y cuevas para cambiar riquezas por almas. En el relato de José Arellano la gente baja a medianoche a que el chivo la lama y la haga millonaria. En la crónica de Carlos Jiménez para El Telégrafo (2015) no hay chivo: un hombre de Córdoba, en Colombia, dijo hace un siglo que el diablo vivía en el fondo de la gruta, y una dueña de casa vio salir un cerdo con lechones de fuego. Tenganán habla de una serpiente, y Lima Armas de un duende elegante que se aparece en las aguas termales y al que alguien bajó a pedirle riqueza y vida eterna.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto · Nariño · Pacífico
Referencias
6
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos: El Diablo desafió a Dios en Rumichaca

    lahora.com.ec

    La apuesta de los puentes tal como la transmitió Miche Higuera a través de sus hijos y de Marciza Guadalupe: el cañón del Güaitara sin paso, el puente espinoso del Diablo a la izquierda y el de Dios con escaleras a la derecha, las aguas curativas entre ambos y las figuras diabólicas de la roca.

  2. Rumichaca, más que un punto en el límite cero

    carchialdia.wordpress.com

    La versión de Dimas Alfredo Tenganán, de 75 años, oída a su abuelo: carrera de noche, el «arrume piedra», el gallo de las cinco, la piedra que el Diablo no alcanzó a poner y la serpiente del río; da el «arrume piedra» como origen colombiano del nombre.

  3. Rituales y sincretismos en el Resguardo de Ipiales

    museoelchalguar.com

    P. 22: el chivo de Rumichaca que espera entre recodos y cuevas para cambalachar riquezas por almas, y el diablo que sube de las aguas bajas del Güaitara, junto al de la Humeadora. Pp. 197-198: el «Relato del diablo» de Guachucal (1991), paralelo de Similitudes.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. Alternativa para la puesta en valor del sistema vial andino Qhapaq Ñan, para generar desarrollo ecoturístico en la parroquia Urbina, cantón Tulcán

    repositorio.utn.edu.ec

    P. 48: el «Puente del diablo» y la victoria de Dios con la obra más hermosa y resistente, más el duende de las aguas termales. P. 62: José Arellano cuenta que hay quien pide posada y baja a medianoche a hacerse lamer del chivo para volverse millonario.

  2. El balneario de Rumichaca, en el olvido

    eltelegrafo.com.ec

    El rumor de hace un siglo de que el diablo vivía en el fondo de la gruta, y la mujer que vio salir por las gradas un cerdo con lechones de fuego; traduce Rumichaca como puente de piedra y fecha los baños en 1939.

  3. El atrio de Cantuña

    es.wikipedia.org

    Paralelo de Similitudes: el pacto de Cantuña con el diablo para acabar la iglesia de San Francisco de Quito antes del amanecer y la última piedra escondida que anula el trato.

Voces de la comunidad

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«El Diablo Chivo de Rumichaca» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El Diablo Chivo de Rumichaca» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El Diablo Chivo de Rumichaca» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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