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Todos los mitos, organizados por territorio y tema.
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Mostrando 24 de 63 mitos

Aribamias
Explora la transformación post-mortem y figuras mitológicas en el mito del Aribamia.

Barbachas del Árbol Grande
Dicen los mayores que antes de los caminos todo era humedad, y en la piel del Árbol Grande se abrazaron dos barbachas, una blanca y una negra. Cuando tocaron la tierra, se volvieron paso y luego gente. Por eso, cuidar el agua y la montaña no es costumbre: es origen.

Bochica
Bochica, el anciano sabio, enseñó a los chibchas a cultivar y tejer, transformando su cultura y salvando su tierra de inundaciones.

Chimbilaco
En el Chocó, dicen los viejos que el Chimbilaco no nació murciélago sino aviso: una sombra con alas que prueba el corazón del caminante. Si vas por codicia, te pierde; si vas por necesidad, te guía por la trocha bajo la lluvia.

Cobaima
Cobaima, creado por Karagabí, bajó por los ríos del Chocó para aprender la palabra de las plantas y hablar con los jai. Separó a los animales dañinos del camino humano, nombró ríos sin nombre y desató trampas invisibles. Así ordenó el territorio para que la vida no se devorara a sí misma.

Creación
Descubre cómo el Sol y Yebá Beló crearon el universo y la humanidad según el mito de los Desána.

Creación
Descubre la cohesión y balance del mundo intermedio en la creación.

Creación
Explora la cosmogonía de los catíos y el papel crucial de Caragabí en la creación y organización del mundo.

Creación
La cosmogonía Wayúu describe la creación del mundo a través de deidades como Maleiwa, Kaí, Kashi y Juya, reflejando una rica visión animista.

Creación
Explora la historia de Karagabí, el dios que transformó paisajes y creó ríos con su magia divina.

De como se crió Yarocomena
El mito de Jitobeo y Yarocamena explora la transformación física y la vanidad humana en un contexto de magia y advertencias ancestrales.

Dïïjoma
Las versiones del mito de Dïïjoma exploran la creación de ríos y la transformación del protagonista en un ciclo de vida y regeneración.

El Caballo del Morro
En noches de neblina, el Morro de Tulcán respira como si guardara un caballo vivo bajo el pedestal. Dicen que no es una montura cualquiera: es el juez silencioso de la memoria de Popayán.

El Caimán de Oro
En Córdoba, dicen los mayores, el territorio tiene forma de caimán acostado. El Caimán de Oro no guarda tesoros para el ambicioso: guarda el orden del agua. Quien persigue el brillo sin respeto termina perdido, caminando en círculo hasta aprender a pedir permiso al humedal.

El Carriazo de vereda San Isidro
El Carriazo es un relato de desafíos sobrenaturales y tesoros ocultos en la vereda San Isidro, con personajes valientes que enfrentan pruebas míticas.

El Cucho de Cuaichala y la bajada del palo santo.
Explora el sincretismo cultural en el Cucho de Cuaichala, donde la música y la danza reflejan la evolución espiritual del pueblo de Panán.

El Diablo Chivo de Rumichaca
Dicen los abuelos que bajo Rumichaca, donde el agua sale tibia, vive el Diablo Chivo: un guardián que compra promesas y cobra sombras. Quien busca atajos en la frontera puede cruzar, pero luego no logra regresar del todo.

El Diluvio (Guinadoma)
El relato destaca la convivencia inusual de animales en el cerro durante el cataclismo del diluvio.

El Duende Peluquero
En el valle entre Cali y Yotoco, una joven de trenza larga es perseguida por el Duende Peluquero, obsesionado con su cabello. La acorrala cerca del río Cauca, hasta que ella rompe el hechizo al cortarse el pelo.

El Hada de los Cañaverales
En los cañaduzales del Valle del Cauca, una mujer de luz y hojas camina sin pisar el rastrojo. Dicen que guía al trabajador respetuoso y pierde al soberbio que quema, contamina o se burla del agua. La llaman el Hada de los Cañaverales.

El Ojo de la Canoa
En la ciénaga de La Sierpe aparece una canoa con un ojo en la proa y un limón de acero que nadie debe tocar. Quien lo mueve despierta a la Torcorá, serpiente-bruja guardiana del tesoro y de la memoria del agua.

El Silbo de Quinunchú
En el Occidente antioqueño dicen que Quinunchú no se fue del todo: quedó hecho silbo. Si un caminante entra al monte con codicia, el aire le responde con una flauta invisible y lo hace dar vueltas hasta que aprenda a pedir permiso.

El Tesoro del Pipintá
En el filo del cañón, una luz quieta señaló una piedra como puerta. El viejo arriero entendió que el tesoro del Pipintá no se saca: se escucha. Y que el monte premia la memoria, no la codicia.

El Totumo de Oro
En los valles del Sinú y el San Jorge se dice que aparece un Totumo de Oro: un fruto imposible de tomar sin perderse en la manigua. Quien lo busca por codicia olvida el camino; quien lo respeta entiende el pacto del agua.