Dïïjoma, hombre-serpiente y águila

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Dïïjoma, hombre-serpiente y águila

Dïïjoma cría a la boa nacida de un aprendizaje inconcluso, entra en su cuerpo y después adopta la mirada del águila.

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El relato

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Dïïjoma hizo remedio de boa, pero no guardó la dieta y fracasó sin completar el estudio. El espíritu de ese remedio se apartó de él y quedó colgando de la punta de una hoja, en la orilla del río. Al ir a bañarse lo vio. La mano lo dejó escurrir, la hoja doblada tenía un roto, el cernidor tenía el tramado abierto; al fin trajo una ollita y ahí sí cayó la boita, y la llevó a criar a la maloca.

En la ollita se formó agua, y cuando ya no cabía la pasó a una lagunita. Encontró con qué alimentarla: almidón. Mandó traer yuca, rallar y colar, y de ahí se aprendió a sacarlo. Ecofaiyaño, su hija, fue a darle de comer y no le recibió; fue Nibagïeño y a ella sí, y quedó encargada.

La boa creció y la laguna se ensanchó. Se llamó «Comedor de almidón», porque solo comía eso; «Acuoso», porque cada día aumentaba el agua; «Perforador», porque hacía túneles a otros ríos; «Boa del frío», porque a veces llegaba en forma de fríaje. Cada vez que le daban de comer, mordisqueaba el brazo de la muchacha más arriba.

Como la cría había crecido tanto, Dïïjoma invitó a toda la gente a un baile para mostrarla. Vistió a la hija, le puso chaquira y pulsera y le entregó una gran bola de almidón. Delante de todas las tribus ella golpeó el agua con la palma de la mano. Vino la boa, recibió la bola y se la tragó con todo, y se fue para el río. La laguna quedó seca.

Dïïjoma se emborrachó con tabaco y supo que la boa era su propio espíritu. Se puso a llorar, y los bailarines se fueron. Dijo que tenía que ensartar las cuentas del collar de su hija. Se colgó el ambil, se puso una olla de barro en la cabeza, llevó un hilo de cumare y una bola de almidón, golpeó el agua, y la boa se lo tragó.

Adentro se aposentó en la misma tripa donde había sido tragada la hija. Rasgó las costillas y ensartó las cuentas desperdigadas en la barriga. La boa bebió de todos los ríos para ahogarlo y nada podía contra él, porque era su mismo espíritu. Él cortaba y cortaba, matando su propio espíritu, y sufría por eso. Donde se magulló quedó el nombre Jibegïi; donde se le reventó la hiel, Erïñoi. Al llegar al bañadero, el espíritu le avisó que rompiera el cuero: él salió y ella murió.

Volvió débil y con frío, con la yuca dulce que recogió adentro. Ecofaiyaño no lo reconoció de puro demacrado; le pidió candela y ella le fue poniendo palitos debajo hasta que se alivió. Clavó el palo de yuca en el patio y puso su espíritu, en forma de huevo, en el cogollo. La muchacha se lo comió creyendo que era huevo de pájaro.

Su mujer se había juntado con un hombre de su propia gente. Él mandó traer hoja y raíz de yarumo, volvió la hoja ala y las raíces garras, se pintó los ojos con carbón y quedó hecho una formidable águila. Cantó desde la cumbrera, fififi, hizo nido en un palo alto y repuso el huevo. Al pollo le traía pericos, culebras y pájaros, y después gente: primero el hombre que se juntó con su mujer, luego los de su tribu, luego los de todas partes.

Cuando cayeron en la cuenta, el jefe buscó la causa en el ensueño del tabaco. Cerraron la maloca sin dejar un agujero, dejaron abierta solo la puerta y armaron allí una trampa con la cría al otro lado. Dïïjoma entró a recogerla y cayó, porque terminó en su propio invento, que es la venganza. Lo pusieron en una pasera y lo desgarraron; las plumas de algodón se siguen pegando en las pantorrillas con caucho en el Baile de Okima. Dïïjoma fue comido por Juzíñamui.

Dïïjoma, hombre-serpiente y águila: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un poder criado a medias crece hasta tragarse aquello que su dueño más quería proteger.”

Territorio

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Huitoto / Murui-Muina
Referencia
-1.24° · -72.82°

Ficha del relato

Contexto histórico

Lo narró el Abuelo Moisés Tejada en El Encanto, río Caraparaná, en 1979, y lo tradujeron los Abuelos Eudocio Becerra y Jitoma Zafiama. Salió como capítulo quinto de Las palabras del origen, la antología de Fernando Urbina Rangel publicada por el Ministerio de Cultura en 2010, con el título Dïïjoma. El hombre que se volvió Anaconda y Águila. Urbina precisa en el introito que esta versión se obtuvo en 1979 en el río Uyukoe, es decir en el mismo Caraparaná.

El introito trae además tres datos que la ficha usa. El primero: se han recogido hasta entonces siete variantes que complementan las ya publicadas, y la proliferación probablemente se debe a que el mito sirve como codificador de territorio, porque todas las versiones nombran una serie de ríos según el estado de sus aguas cuando la anaconda bebe de ellas. El segundo: las listas de ríos y lugares cambian según el narrador, y cada quien destaca los que importan dentro del territorio de su clan. El tercero: el relato comporta una condena expresa al canibalismo. La comparación con Tiamat de los sumerios, con los descendientes actuales de los mayas y con Bachué es de Urbina, no del narrador.

Lo mismo vale para el remate. La nota que identifica a Juzíñamui con el sol rojo del crepúsculo, lo llama Padre de la violencia y explica que los misioneros preguntaban a los indígenas a cuál de sus divinidades se parecía el dios que predicaban, de donde vino la identificación del dios cristiano con él, es de Urbina. Lo que el relato dice, y aquí se conserva, es solo que Dïïjoma fue comido por Juzíñamui.

Trece años después, en El hombre sentado, Urbina resume para qué sirve este relato dentro del sistema: Dïïjoma es el personaje que da origen a la Boa-de-los-nombres, el ser al que se le ofrenda masa de yuca, el que lleva en el vientre esquejes y almidón y termina identificado con el tronco de la yuca, simbolizado en el palo de Yadiko. No narra el mito: lo cita en dos párrafos para fechar unos petroglifos en un horizonte hortícola.

Sergio Andrés Sandoval publicó en 2010 la única lectura crítica del libro de Urbina sobre este relato y lo sitúa en su género: Dïïjoma es un bakaki, la narración de un error, de un mal engendrado que afecta al individuo y a la comunidad, una historia negativa y prohibida. Todo lo que dice pasa por la edición de 2004 del Convenio Andrés Bello, que no está en línea, y no menciona a Moisés Tejada ni a Nibagïeño.

De la versión de Moisés Tejada no hay publicación en lengua: circula solo el español fijado por sus traductores.

Resonancias con otros mitos

La serpiente que reparte pueblos no es solo de este corpus, y el contraste vale porque el papel es el mismo y el sentido es contrario. En un relato de los sirianos del Vaupés que narró Paulino Siriano, tradujo Pedro Restrepo y compiló Ibáñez, Guamʉ pone a la gente en una barca en forma de güío y la sube por los ríos; la serpiente va creando el río por detrás de ella y bajo el agua, y en cada parada los que vienen adentro resucitan como gente, cada tribu con su jefe: barasana, desana, karapana, yurutí. Allí la serpiente es el vehículo que trae vivos a los pueblos y los entrega. Aquí es el poder fallido de un hombre, que devora en vez de transportar, y solo el cuerpo despedazado alcanza a repartir nombres.

El segundo paralelo no es un relato sino una piedra. El 13 de febrero de 1978, Urbina localizó un grabado en la margen izquierda de la raudalera de Guaimaraya, en el río Caquetá, y los acompañantes indígenas de la expedición lo identificaron, cada uno por aparte, con alguna de las variantes del mito del Hombre-boa. Entre ellos iba don José García, el mismo que le había narrado la versión de 1976, y esa noche, en el mambeadero, se profundizó en la tradición. Urbina pensó al comienzo que el grabado representaba la salida de Dïïjoma por el costado del monstruo; el examen de los trazos inferiores, donde la línea serpentiforme se bifurca en dos figuras con rasgos androides, lo llevó a leerlo más bien como la segmentación de la culebra que da origen a las tribus. La diferencia entre los dos episodios es exactamente la que separa las dos versiones largas del relato.

El tercer término de comparación está en el propio libro, y conviene marcarlo como lo que es. Al presentar el mito, Urbina llama a la anaconda «madre del agua» y la pone al lado de la Tihamat de los sumerios, del No Chi Chan de los descendientes actuales de los mayas y de la Bachué de los muiscas. Son comparaciones suyas, y nombran un papel -la serpiente como agua primordial, destructora y vivificante- no una trama compartida.

Y el objeto ritual en que desemboca la versión más larga tiene, entre la misma gente, otro origen que no pasa por este relato. En un artículo de 1987, Urbina registra en boca del relator murui Juvenal, del Caraparaná, en diciembre de 1979, que Buinaigïema engendraba culebra y no gente, y que al ver que su criatura era serpiente la convirtió en Yadiko. Allí el palo cimbrador nace de un nacimiento fallido y no de un cuerpo repartido tras una venganza.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Hay por lo menos dos versiones largas y no se deben fundir. Esta ficha sigue la de Moisés Tejada. La otra la recogió Urbina en 1976 cerca de Leticia, en bue, de don José García, abuelo muinane, que la tradujo con su hijo José Octavio, y la resumió en un artículo de 1991. Allí Dïïjoma es un gran cacique que quiere seguir el camino de la anaconda para saber qué hay en el mundo acuático, e infringe la dieta sexual: lo serpentino ya formado en él le cae de la frente durante el baño, y son sus hijas quienes encuentran la culebrita. Esa boa no llega hasta unos nombres de río sino hasta el mar, y regresa agonizante del mar del oriente. Y el final es otro: la hija que sobrevive convence al padre de repartir segmentos del ofidio, y las gentes, al recibirlos, obtienen sus nombres como naciones -mirañas, boras, uitotos, los grupos muinanes, brasileños, peruanos, colombianos, gringos, enanos-. El águila la consigue con ayuda de la paloma, que lo instruye en el vuelo, y empolla un huevo hecho con el almidón que la anaconda llevaba en el vientre; cuando lo vencen, con sus miembros se fabrican los instrumentos del yáadiko, el palo ahuecado del Baile de la Serpiente. Urbina enumera allí las variantes que conocía: Preuss, una del Instituto Lingüístico de Verano de 1974 y la de Girard de 1958.

  2. Hay una tercera, breve y con términos en lengua, en un capítulo de Pedro Tulio Marín Silva y Eudocio Becerra Bigïdïma sobre oralidad y territorio. Ahí Diíjoma prepara unturas de plantas acuáticas para tener suerte en la pesca, falla la dieta, y la boa se forma de la escama desprendida de su cara; las dos hijas son Hibagíeño y Ekofaiyaño. La boa recorre los ríos de la debilidad, los del ardor del cuerpo, los de aguas calientes, rojizas, azules y turbias, y los pozos de la costilla. El desenlace es el más distinto: atrapado en la trampa irebai, el espíritu de Dïïjoma sube hecho águila hasta el umbral de la casa del padre, y de noche se oye su grito, fififi, como señal de la muerte de un chamán. El capítulo no dice quién narró esa versión ni cuándo.

  3. En la recopilación de Preuss el punto de partida es otro. La boa no es el poder mal criado de Dïïjoma sino su propio hermano: Buineizeni, a quien Jitoma dejó tullido y a quien la cuñada regañaba, se embriaga, se transforma en el fondo del río y aparece en el bañadero como un animalito bonito que sus dos sobrinas atrapan con un colador. Lo crían con almidón, crece, devora pueblos enteros y se traga a una de ellas. El que se deja tragar y corta el vientre con una concha es el padre de ellas, y solo dentro de la boa lo llaman Deeijoma. Hecho águila, les entrega cabezas de gente y ellas se niegan a comerlas; cuando se comen sus huevos y él quiere devorarlas, ponen una trampa en la puerta y su espíritu se va volando como gavilán.

  4. Las grafías cambian con la edición: Dïïjoma en 2010, Diijoma en el artículo de 1991, Díijoma en el capítulo bilingüe, Deeijoma en Preuss; Nibagïeño y Hibagíeño, Ecofaiyaño y Ekofaiyaño. La ficha conserva la del texto que sigue.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Huitoto / Murui-Muina · Caquetá y Putumayo · Amazonas
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Las palabras del origen: breve compendio de la mitología de los uitotos

    babel.banrepcultural.org

    Publica dieciséis relatos con introitos, créditos de narración o traducción y notas comparativas. Es la fuente directa de Nofïdeño, Uuikï, los ciclos de Jitoma, Dïïjoma, Nofïzazima, Buinaima, Yiida Buinama, Yarokamena, Juma, Kanifaido, Kugï y Nokuerai, Guyataiba y Konago.

  2. Religión y mitología de los uitotos, primera parte

    repositorio.unal.edu.co

    Aporta contexto histórico sobre religión, fiestas, palabra, territorio y organización narrativa uitoto.

  3. Religión y mitología de los uitotos, segunda parte

    repositorio.unal.edu.co

    Ofrece textos en lengua uitoto con traducción y un repertorio léxico para comparar nombres sin tratar grafías distintas como personajes nuevos.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Muina Murui

    onic.org.co

    Sitúa las variedades mika, minika, búe y nipode, la dispersión causada por la Casa Arana y la recuperación territorial y cultural.

  2. Mito y ética: una lectura del pensamiento mítico de los Uitoto y Muinane

    dialnet.unirioja.es

    Explica cómo relatos amazónicos relacionan perspectiva, dueños de animales, cuidado y consecuencias sin reducirlos a moralejas universales.

  3. Mitos y petroglifos en el río Caquetá

    publicaciones.banrepcultural.org

    El apartado 5.1, «Mito de Diijoma o la metamorfosis del hombre-serpiente-águila», da una versión completa y anterior a la de Moisés Tejada: la que Urbina recogió en 1976 cerca de Leticia de don José García, en bue, traducida por el narrador con su hijo José Octavio. Difiere de la de la ficha en piezas mayores: aquí lo serpentino cae de la frente de Dïïjoma durante el baño por haber roto la dieta sexual, la boa llega hasta el mar, el reparto del cuerpo de la serpiente da nombre a las naciones -mirañas, boras, uitotos, muinanes, brasileños, peruanos, colombianos, gringos- y con los miembros del águila se fabrican los instrumentos del yáadiko. El apartado 10 añade algo que ninguna otra fuente da: un petroglifo localizado el 13 de febrero de 1978 en la raudalera de Guaimaraya que los acompañantes indígenas identificaron con este mito, discutido a fondo con el propio José García. Urbina enumera además las variantes conocidas: Preuss 1921: 219 ss., ILV 1974 y Girard 1958.

  4. El hombre sentado: mitos, ritos y petroglifos en el río Caquetá

    publicaciones.banrepcultural.org

    Condensa, trece años después, para qué sirve este mito dentro del sistema: Dïïjoma es «el personaje que da origen a la Boa-de-los-nombres», el ser al que se le ofrenda masa de yuca, que lleva en el vientre esquejes y almidón y que termina identificándose con el tronco de la yuca, simbolizado en el Palo de Yadiko, ícono del Baile-de-la-serpiente. Es la clave que explica por qué la ficha puede decir que Dïïjoma «enfrenta a su propio espíritu-serpiente»: el almidón con que la hija alimenta a la boa y con que el padre se deja tragar no es un detalle, es lo que vuelve horticultor al relato y lo enlaza con el reparto de los nombres de los pueblos.

  5. Capítulo 5. Oralidad y territorio en la cultura uitoto. El origen de los ríos: relatos sobre los orígenes de los ríos Igará Paraná -Kotue- y Caraparaná -Uyokue-

    repositorio.unal.edu.co

    Trae una «Historia de Díijoma» breve con los términos en lengua, y es la que más se acerca a la secuencia de la ficha: Diíjoma prepara unturas de plantas acuáticas (buinaiki) para tener suerte en la pesca, falla la dieta (fïmairite), de la escama desprendida del rostro (uiekoikogi) se forma la boa, y las dos hijas -Hibagíeño/Nibagíeño y Ekofaiyaño- la crían hasta que el recipiente se llena de agua solo. Al recorrer los ríos con el hombre adentro, la boa va nombrando aguas por lo que siente: los ríos de la debilidad (nobiraji), los de ardor del cuerpo, los de aguas calientes, rojizas, azules, turbias, y los pozos de la costilla (kororaji). El cierre es distinto y vale la pena: atrapado en la trampa irebai, el espíritu de Dïïjoma sube transformado en águila hasta el umbral de la casa del padre, y de noche se oye su grito ¡fififi! como señal de la muerte de un chamán.

  6. Fernando Urbina: el arte de la sabiduría indígena

    revistas.javeriana.edu.co

    Es la única lectura crítica publicada del libro de Urbina sobre este mito, y sitúa el relato en su género: Dïïjoma es un bakaki, «la narración de un error, de un mal engendrado que afecta al individuo y a la comunidad, de una historia negativa y prohibida». Desarrolla el punto que la ficha resume en una línea -que ninguna de las dos perspectivas garantiza un uso justo del poder- como una regla de la tradición: hay que ser responsables «no dejando cabos sueltos», y Dïïjoma convoca fuerzas que no puede cerrar. Describe además cómo Urbina compone el libro (el poema «Anaconda ancestral», las palabras dispuestas formando el cuerpo ondulado de la serpiente, las fotografías de petroglifos) y cómo allí se narra el principio del baile y del palo de yadiko.

  7. Notas sobre un relato de curanderismo de la gente de Murui

    revistas.udea.edu.co

    Registra, en boca del relator murui Juvenal (río Caraparaná, diciembre de 1979), un origen del Yadiko que compite con el de Dïïjoma: Buinaigïema engendraba culebra y no gente cada vez, y al ver que su criatura era serpiente la convirtió en Yadiko, «o sea que en la tradición de nosotros lo pintan en forma de boa»; el baile de Yadiko es un arrullar al hijo, y los bailarines hacen cimbrar el tronco hueco. Urbina anota además que el Yadiko «es un ícono ritual que simboliza la Serpiente del Origen» y da nombre al baile más pesado, la ceremonia donde se renueva el establecimiento de los grupos salidos de los segmentos de la serpiente. Sirve para no dar por única la cadena Dïïjoma-águila-yáadiko.

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«Dïïjoma, hombre-serpiente y águila» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Dïïjoma, hombre-serpiente y águila» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Dïïjoma, hombre-serpiente y águila» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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