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Creación

Descubre cómo el Sol y Yebá Beló crearon el universo y la humanidad según el mito de los Desána.

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Ilustración de Creación

En el vasto horizonte del Tiempo Ancestral, cuando el color primigenio del universo era una cálida oscuridad, existía solo la abuela del cosmos, Yebá Beló. Suspendida en el vacío, elaboraba en su mente el entramado del porvenir mientras mascaba ipadu mágico y fumaba tabaco sagrado. En aquel entonces, su morada—aquella esfera luminosa hecha de cuarzo blanco—emergía de sus pensamientos como un refugio suspendido entre lo tangible y lo etéreo.

Fue en este espacio de reflexión absoluta que Yebá Beló concibió a Emekho Sulã Panlãmin, también conocido como Yebá Ngoamãn, un joven creador destinado a ejecutar las grandes tareas que el cosmos requería. Con un bastón mágico adornado por plumas sagradas, el joven emprendió su misión: alzó el bastón al infinito y colocó al Sol, el Padre Sol, en la cúspide del universo. Desde allí, el Sol con su luz amarilla infundió vida y estructura, destinando el poder dorado de su luz a crearlo todo, desde la creciente vegetación hasta el sutil murmullo de aguas inexploradas. Así la tierra se cubrió con el reflejo de su hoguera divina, una obra perfecta nacida de su intención amarilla.

Mientras tanto, en la capa más inferior del universo, Yebá Beló preparó el terreno para la existencia humana. De su seno izquierdo extrajo semillas de tabaco que esparció sobre la tierra, y del derecho derramó leche que fertilizó esas semillas, instaurando el soplo vital sobre el mundo recién formado. Así, la creación de la humanidad quedaba destinada a desarrollarse bajo su mirada protectora y el brillo del Sol.

En este cosmogónico despliegue de vida, Yebá Beló creó a los hombres-trueno, cinco seres robustos que habitaron en los confines cardinales de la gran maloca cósmica. Cada hombre-trueno tomó su lugar, vinculando cielo y tierra, siendo custodios de las riquezas mágicas y de aquellos objetos ceremoniales esenciales para el florecimiento de la humanidad.

Pero no solo en las alturas se encontraba el designio divino; en las profundidades de la tierra, ocultas entre sus ríos y selvas, la gente aguardaba en el vientre de la Canoa-serpiente. Esta antigua embarcación, un ser transformador recorría el mundo subacuático, llevando en su roja faz a los representantes de cada tribu. Cuando finalmente arribaron a la "casa de salida”, las parejas humanas emergieron por un agujero en el lecho del río, un paso ritual hacia la superficie del mundo visible.

El ceremonial inicio de la humanidad fue guiado por el tercer hombre-trueno, quien del firmamento descendió con una red mágica tejida con protección y poder. Al vomitar sobre esta, emergieron adornos sagrados—plumas de colores, collares de cuarzo—cada uno representando a los primeros hombres y mujeres aún en potencia. Bajo las instrucciones sabias y las nostálgicas notas de los cantos rituálicos, Panlãmin y Boléka llevaron a cabo el ritual necesario para infundir vida en aquellos elementos. De sus entrañas surgieron dos mujeres, las primeras humanas del mundo visible, aunque todavía les faltaba el don de la procreación que los dioses y hombres construirían para ellas.

Y así, se inició el ciclo de vida en que los adornos sagrados, al tocar el suelo, se transformaban en humanos plenos, conservando intrínsecamente la esencia de sus adornos originarios. Entretanto, Yebá Beló continuaba extendiendo sus redes invisibles de conocimiento, postulando las normas y los colores de las redes pari, fortaleciendo los lazos que vibraban en el cosmos. En sus ciclos de pensamiento, vómito y parto, la verdadera esencia del orden cósmico se manifestó: hombres y mujeres compartiendo responsabilidades en el continuo universal, completando el ciclo vital con una sabiduría profunda.

A través del viaje de la Canoa-serpiente, se dibujó el mapa eterno de las rutas humanas, y la creación se perpetuó bajo las estrellas del firmamento. Gahpí Mahsãn, nacido en los cantos y rituales, trajo consigo la multiplicidad de lenguas, en un gesto de integración para la humanidad, mientras los intercambios entre grupos humanos fueron sellados por normativas de parentesco que aseguraron la continuidad armoniosa en la tierra.

Allá, en los albores del nuevo día, la Hija del Sol descendió a la tierra, enseñando a la humanidad a cocinar, a trabajar el barro, y a encender el fuego con solo frotar maderas sagradas. Ella fue el vínculo que unió las enseñanzas divinas con la realidad terrenal, guiando a los humanos, descendidos de las estrellas, a vivir en armonía con la creación cósmica de su Padre Sol, siempre bajo su luz resplandeciente e infinita.

Y así, esta tierra quedó consignada, formada por la voluntad del Sol y sus vástagos celestes. Un cosmos donde las voces del trueno, el murmullo de los riachos y el fulgente brillo de los amaneceres convergieron en un solo canto, conteniendo en su armonía las plegarias, las historias y todos los misterios que alguna vez fueron, son y serán. Del ombligo del Sol, del pensamiento creador de Yebá Beló, del viaje incansable de la Canoa-serpiente, toda existencia se irradió, convertida en un vasto y perdurable eco sobre el disco sagrado de la vida.

Historia

El mito de origen de los Desána, según las versiones proporcionadas, presenta un relato intrincado sobre la creación del universo y la humanidad. Este mito mezcla elementos de creación cósmica y social, en el que entidades divinas participan en el establecimiento del orden en el cosmos y la vida en la Tierra.

En una de las versiones, al principio de todo, el Sol, conocido como Padre Sol (Page Abé), es el creador del universo mediante su luz amarilla. Desde su morada, infundió estabilidad y vida, creando la Tierra, sus selvas, ríos, animales y plantas. El Sol creó el universo para que se mantuviera en armonía.

Por otro lado, otra versión describe a Yebá Beló, la abuela del universo, como quien originalmente ocupaba el vacío cósmico. A través de su pensamiento creador, mientras mascaba ipadu mágico y fumaba tabaco sagrado, fue capaz de concebir al Creador de la Tierra, Emekho Sulã Panlãmin (Yebá Ngoamãn), quien llevaría a cabo la tarea de crear el Sol y la humanidad. Yebá Beló entregó a Panlãmin un bastón mágico con el cual colocó el Sol en lo alto del universo. Desde allí, el mundo se organizó en varias capas, incluyendo el cuarto de Yebá Beló y la superficie de la Tierra donde habitarían los seres vivos.

Además, los hombres-trueno fueron creados para poblar el universo y establecer los sectores del cosmos, sirviendo como guardianes de riquezas mágicas necesarias para la futura creación humana. Existen relatos de rituales y celebraciones, como las fiestas solemniales por la crianza de la humanidad y otros intentos fallidos de creación.

También se narra el viaje de la canoa-serpiente trasformadora llevando a la humanidad potencial a emergir a la tierra por un agujero en el río, a través de transformadoras casas donde los humanos maduraban. Este viaje trajo consigo la creación de diversas formas de vida y el establecimiento de normas sociales y culturales para los pueblos Desána.

En las versiones, también se detalla cómo el Sol creó personajes para que cuidaran y protegieran su creación, estableciendo normas día a día a través de los intermediarios.

Finalmente, aparte de la creación, se narran elementos como el incesto entre el Sol y su hija, la creación de reglas sociales, el establecimiento de tradiciones y rituales, y la creación de animales y escenarios naturales. En este extenso tejido de mitología, las fuerzas masculinas y femeninas del cosmos, representadas por el Sol y Yebá Beló, respectivamente, influyen sobre la creación, la procreación y la armonía universal, conectando el mito con la idea de balance y la integridad del universo y la humanidad.

En general, estas versiones proporcionan un panorama detallado de cómo el mundo y el orden social de los Desána fueron establecidos, cubriendo desde la creación cósmica hasta las normas que regulan las vidas de sus habitantes, ilustrando un mito que explica tanto la génesis del universo como del ser humano bajo la tutela del Sol y de fuerzas ancestrales.

Versiones

Las versiones del mito analizado presentan dos narrativas principales sobre la creación del universo, si bien contienen elementos comunes. En la primera versión, la creación es dual, protagonizada simultáneamente por el Sol (Page Abé) y Yebá Beló. En esta variante, ambas entidades tienen roles definidos: Page Abé usa su luz amarilla para engendrar el cosmos, mientras Yebá Beló, surgida del vacío, estructura el universo desde una perspectiva más espiritual. La narrativa resalta la formación de elementos naturales y las primeras estructuras sociales a través de los hombres-trueno, quienes representan conceptos espaciales y cósmicos.

En contraste, la segunda versión se centra más en mitos diversos de los Desána, donde el Sol es el gran creador del cosmos y la humanidad. Aquí, las historias detallan cómo diversos elementos, como los espíritus, animales y humanos, se integran en el tejido del universo, y se ponen particular énfasis en tradiciones y mitos morales, como el incesto entre el Sol y su hija y la consiguiente instauración de costumbres.

Además, las especificidades de la creación y organización del mundo difieren. La primera versión otorga a Yebá Beló el rol iniciador y madre del universo, destacando un proceso de creación que tiene en cuenta diferentes capas del cosmos y rituales que involucran tabaco y ipadu. Esta narrativa tiene un enfoque más estructural y mitológico del cosmos, con Panlãmin como creador delegado. Por el contrario, la segunda versión enriquece la cosmogonía con episodios concretos y detallados que versan sobre la complicidad entre los personajes divinos y las enseñanzas que estos ofrecen a la humanidad. Aquí, los relatos son más antropocéntricos, vinculados con las tradiciones orales, como la creación de la noche a través de las hormigas o las diversas gestas de Pamurí-maxsé como intermediario del Sol para poblar el mundo.

En esencia, mientras la primera versión persigue una narrativa estructural del universo, la segunda entrelaza mitos multifacéticos, mirando tanto lo divino como lo humano para explicar la existencia y las normas de la vida desána.

Lección

La creación y el orden del universo dependen de la armonía entre fuerzas cósmicas.

Similitudes

Se asemeja a mitos de creación como el de Gaia en la mitología griega y el mito de Pangu en la mitología china.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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