De cómo se crió Yarocomena

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

De cómo se crió Yarocomena

Kïtobeni busca belleza, rompe una restricción y muere lejos; de su corazón nace la fuerza que continuará como Yarokamena.

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El relato

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Kïtobeni, hijo de Kïtobeo, de la gente kïtobeizaï, perdió la vida por causa de sus amoríos. El padre le ordenó conseguir mujer y lo mandó donde Tikone, una joven bonita y vanidosa. Kïtobeni fue a pedir su mano al jefe Kanikone. La muchacha quiso verlo primero y, al hallarlo feo, con traza de huérfano, lo insultó: no parecía hijo de jefe, y ella no viviría con un hombre así. De esa época viene la costumbre de no dejar que los hijos se casen con un cualquiera, y la maña de insultar al pretendiente que no gusta.

Kïtobeni volvió donde su padre y le reclamó que el desplante había sido por culpa suya. El viejo le dijo que allá abajo vivía la gente de Buina Urukï, parientes de ellos, que tenían los remedios que dan belleza, recibidos del poderoso Juzíñamui, y les mandó ambil pidiéndoles que lo prepararan y lo devolvieran hermoso.

Los tíos lo recibieron con una advertencia: de nada sirve saber secretos si se pierde la vida, y si algo le pasaba no debía echarles la culpa. Los jirue, los renacuajos, le lamieron la cara y quedó muy bello, todo despercudido. Le mandaron dieta y encierro en un aposento donde nadie pudiera verlo, y que solo el padre lo alimentara, con casabe delgadito y caldo de yuca dulce. Le recomendaron orinar siempre en el mismo punto, que de ese charco nacería un pececito y que no lo tocara. Y le pronosticaron que su hermana le vería la cara, y que por eso perdería la vida.

El padre lo encerró y lo alimentaba. Al cabo de varios días la hermana sintió lástima de verlo aguantar hambre, agarró el pececito, lo cocinó y se lo dio a escondidas. Con eso el poder que el muchacho guardaba se le salió y se devolvió a la casa de los tíos. Cuando ellos lo supieron se burlaron y maldijeron: de ahí en adelante las mujeres perderían a los hombres con su belleza, los atisbarían por las rendijas durante las dietas y los sacarían del encierro.

La maldición se cumplió. Llegó una mujer a la maloca preguntando por el hijo. El viejo lo negó, pero ella buscó por toda la casa y en un descuido abrió la puerta y se sentó junto a él. Kïtobeni, que ya no guardaba poder, la vio hermosa y se dejó abrazar. Estuvieron juntos una semana, y después él anunció que se iba donde los suegros. Al despedirse le dijo que iba al lugar en que perdería la vida y que lo sabría porque llovería con sol y el arco iris se vería rojo.

Cerca del final del camino la mujer lo llevó para arriba. Sonaba el maguaré y la gente bailaba Uuikï y gritaba que ahí venía Kïtobeni, que había que abrazarlo. Ella le advirtió que fuera detrás sin detenerse. Él se paró en la puerta con ánimo de saludar, y los hermanos de la mujer lo acariciaron: una cortadera le arrancó un pedazo de carne, un espino le sajó las piernas, y así, uno a uno, se lo comieron vivo. Ella alcanzó a suplicar que al menos no se comieran el corazón ni el sexo.

Llovió con sol y el arco iris se empañó. El viejo entendió, se emborrachó y buscó a su hijo por este mundo, por debajo del agua y al fin en lo alto, gritándolo. El espíritu del muchacho le respondió que no lo buscara, que por su culpa había perdido la vida y que algún día tomaría venganza. Kïtobeo halló el esqueleto con el corazón y el sexo colgando, lo recogió y escapó de los cuñados. Desde entonces se sabe que la causa de una muerte se averigua con la coca, el tabaco o el yagé. En la maloca el hijo lo aconsejó: enterrarlo al pie de un totumo, abajo del bañadero de Kanikone, y sembrar otro totumo encima. De ahí saldría el árbol.

De cómo se crió Yarocomena: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una preparación interrumpida deja suelta una fuerza que después ya nadie alcanza a gobernar.”

Territorio

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Huitoto / Murui-Muina
Referencia
-1.24° · -72.82°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este es el primer tramo del capítulo que Eudocio Becerra (Bigïdïma) le narró a Fernando Urbina Rangel en La Samaritana, Puerto Leguízamo, Putumayo. Becerra dio el texto en lengua y lo tradujo él mismo junto con Octavio García. Es nieto del Abuelo Belisario Hichamón, nucleador de la comunidad de El Encanto en el Caraparaná, y nieto también de Pablo Bigïdïma; habla búe y mika y enseña uitoto en la Universidad Nacional.

La fecha que trae la ficha, 1971, hay que corregirla a junio de 1972. La primera publicación del capítulo es el artículo de Maguaré «Un mito de la gente de Murui: de cómo se crió Yarocamena» (1986, pp. 47-65), cuyo encabezado dice «La Samaritana, Puerto Leguízamo, Junio de 1972» y cuya nota 7 repite que el contacto con Becerra se hizo en 1972. Las palabras del origen (2010) recoge el mismo dictado veinticuatro años después, encabeza con 1971 y no nombra traductores; el 1971 parece ser el año del primer encuentro, que las dos publicaciones mencionan, y no el de esta grabación. La nota 1 del artículo precisa que el texto formaba parte de un informe entregado en 1981 a la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la República.

Precisamente este tramo es el que hace del capítulo uno de los relatos más peligrosos. El Abuelo Belisario Hichamón lo clasificaba como ïïgaï, historia de castigo, entre las bakakï o historias de antigua, y prohibió contarlo dentro de la comunidad que orientaba: el peligro, dice, está en el mal ejemplo para la juventud, que podría encontrar aquí un estímulo para recurrir a la brujería amatoria. La Abuela Filomena Tejada pronunció la endecha ritual en sus funerales el 11 de septiembre de 1981. La prohibición explica por qué Urbina dice haber obtenido en esa época solo retazos de las etapas míticas que el Abuelo consideraba selladas.

El artículo de 1986 acompaña el texto con veintitrés notas del compilador que comentan el encierro y el ayuno como muerte simulada, la condición de huérfano como la de quien no es dueño de tradiciones, y el peligro de los procesos incompletos. La edición de 2010 reordena y reduce ese aparato en notas al pie. Uno y otro son comentario de Urbina, no del narrador.

Lo que estas fuentes no alcanzan a dar: no hay publicación bilingüe de esta versión, de modo que las formas en lengua solo se conocen a través de dos transcripciones castellanas que no coinciden entre sí. Ni Pineda ni Kuiru tocan este tramo: sus trabajos son sobre la rebelión de 1917 que tomó el nombre del árbol.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más ajustado está en la misma voz. Eudocio Becerra narró en La Samaritana, en 1979, el relato de Kanifaido, que Urbina publica como «Los peligros de la infidelidad» y presenta también como ïïgaï, de los más prohibidos por los ancianos sabedores, con la sexualidad negativa en primer plano y los secretos de brujería amatoria entre sus temas. La diferencia es el mecanismo: allí lo que mata es una trampa y una infidelidad, mientras que aquí lo que pierde al muchacho es una preparación ritual que su propia hermana interrumpe por lástima.

El segundo paralelo viene de otro narrador del mismo pueblo. En el ciclo de la Mujer-Jaguar que José Octavio García le contó a Urbina en 1971, el brujo Dïïjoma busca la planta que lo volverá Anaconda y no lleva a término la transformación; la escamita que ya tenía en la frente se le cae a la quebrada, crece como serpiente y termina tragándose a su hija y a él mismo. El episodio cierra con la ley de los ancianos: lo que se empieza hay que llevarlo a término, porque las cosas incompletas son causa de muchos males. Es la misma advertencia sobre el proceso trunco, pero allí el daño se queda en la casa del que falló, mientras que aquí arma una venganza que sale a buscar a gente que no tuvo parte.

Fuera del Caraparaná hay una tercera forma. Roberto Pineda registra en 1989 una variante extendida entre witoto, muinane, andoque y bora en la que el árbol vengador no nace de un corazón enterrado bajo un totumo, sino del hueso del brazo derecho de Yarokanime, sacrificado después de que dos mujeres le robaran la piedra de cuarzo a Juragi-roke. El agravio que pone en marcha la venganza es un robo de poder, no un desprecio amoroso, y no hay allí ni dieta rota ni hermana culpable.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Hay un solo dictado detrás de las dos publicaciones, pero no se leen igual, y en este tramo la diferencia toca los nombres de los dos personajes principales. La edición de 2010 llama Kïtobeni al hijo y Kïtobeo al padre; el artículo de 1986 llama Jitobeo al hijo y Jitobene al padre, de manera que no solo cambia la consonante inicial sino que los sufijos cambian de dueño. Y una nota de ese mismo artículo escribe todavía «Quitobeo». Igual ocurre con la muchacha que lo desprecia, Tikone y Ticone, con su padre, Kanikone y Canicone o Kanijone, y con los renacuajos que le arreglan la cara, los jirue de 2010 y los Jirurue de 1986. Ninguna de esas formas puede darse por buena sin cotejar la página impresa: el escaneo del artículo de 1986 está reconocido ópticamente y deforma justamente la sexta vocal del uitoto.

  2. Hay un punto que no es de grafía sino de lectura. La ficha publicada presenta a «Kirurue» como dueño de una capacidad relacionada con la belleza, a quien el joven acude. Eso no está en ninguna de las dos publicaciones: quien tiene los remedios de la belleza es la gente de Buina Urukï, los niños del agua, y los jirue o Jirurue son los renacuajos que le lamen la cara. No es un personaje, es un colectivo animal, y no se le pide nada: el padre les manda ambil.

  3. Otra diferencia de contenido: la edición de 2010 explica que los hermanos de la mujer son plantas agresivas —cortadera, espino— y añade una nota sobre el antagonismo entre cuñados en el sistema de alianzas; el artículo de 1986 narra la escena sin esa aclaración.

  4. El capítulo no termina aquí. Después del corazón sembrado vienen el árbol Yarokamena, el gusano Yarokaigïro y la intervención de los dos Jitoma, que se cuentan aparte. Y en el corpus que Preuss recogió en 1914 el mismo argumento aparece sin esta primera mitad: en el mito noveno el árbol poderoso ya está ahí, sin crianza previa ni brujería amatoria.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Huitoto / Murui-Muina · Caquetá y Putumayo · Amazonas
Referencias
8
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Las palabras del origen: breve compendio de la mitología de los uitotos

    babel.banrepcultural.org

    Publica dieciséis relatos con introitos, créditos de narración o traducción y notas comparativas. Es la fuente directa de Nofïdeño, Uuikï, los ciclos de Jitoma, Dïïjoma, Nofïzazima, Buinaima, Yiida Buinama, Yarokamena, Juma, Kanifaido, Kugï y Nokuerai, Guyataiba y Konago.

  2. Religión y mitología de los uitotos, primera parte

    repositorio.unal.edu.co

    Aporta contexto histórico sobre religión, fiestas, palabra, territorio y organización narrativa uitoto.

  3. Religión y mitología de los uitotos, segunda parte

    repositorio.unal.edu.co

    Ofrece textos en lengua uitoto con traducción y un repertorio léxico para comparar nombres sin tratar grafías distintas como personajes nuevos.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Muina Murui

    onic.org.co

    Sitúa las variedades mika, minika, búe y nipode, la dispersión causada por la Casa Arana y la recuperación territorial y cultural.

  2. Mito y ética: una lectura del pensamiento mítico de los Uitoto y Muinane

    dialnet.unirioja.es

    Explica cómo relatos amazónicos relacionan perspectiva, dueños de animales, cuidado y consecuencias sin reducirlos a moralejas universales.

  3. Un mito de la gente Murui: de cómo se crió Yarocamena

    revistas.unal.edu.co

    El título del artículo es exactamente el de esta ficha, y su primera mitad es la fuente directa de lo que aquí se resume: la petición de mano a Ticone, el desprecio por feo y por parecer «huérfano», el viaje donde la gente de Buina-Urukï —dueños de los remedios de la belleza recibidos de Jutsiñamuy—, y la advertencia del tío antes de entregárselos: «de nada sirve el hacer brujería y el saber secretos si se pierde la vida». Urbina explica además en nota por qué en este relato el fracaso convive con un triunfador, y por qué el episodio inicial es el más peligroso del ciclo.

  4. Historia oral de una maloca sitiada en el Amazonas: aspectos de la rebelión de Yarocamena contra la Casa Arana, en 1917

    revistas.unal.edu.co

    Documenta qué ocurrió cuando alguien retomó el nombre que nace al final de esta ficha. Sirve para explicar al lector por qué la muerte de Kïtobeni y el corazón sembrado no son un episodio cerrado: la fuerza que allí empieza tuvo, siglos después, un portador con nombre, fecha y maloca sitiada.

  5. La fuerza de la manicuera. Resistencia de las mujeres uitoto en la época del caucho

    mincultura.gov.co

    Aporta la voz uitoto contemporánea sobre lo que carga el nombre Yarokamena: clan Bofaizaɨ, uso de brujería para secar el río, exterminio del clan, y el hecho de que los abuelos sigan discutiendo hoy en el mambeadero si esa vía era la correcta. Permite que la ficha del origen de esa fuerza no quede como curiosidad etnográfica sino como una decisión que el pueblo sigue evaluando.

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«De cómo se crió Yarocomena» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «De cómo se crió Yarocomena» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «De cómo se crió Yarocomena» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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