El Diluvio (Guinadoma)

Amazonas · Mixto

El Diluvio (Guinadoma)

Durante un diluvio, la gente y los animales esperan en Anequi; Fusiñamuy hace bajar el agua y un tambor sigue sonando bajo el lodo.

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El relato

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Venía el agua: así decía el aviso. Había que retirarse a tierra alta, al cerro Anequi, allá donde cavó Jitoma, y correr todos hacia allá sin que nadie se quedara abajo.

Un hombre no lo creyó. Se llamaba Guinadoma y estaba seguro de que el agua no vendría. Aun así hizo una especie de horno, lo embarró por todos lados, lo cerró bien y metió adentro toda clase de comida para no pasar hambre.

Entonces vino el diluvio. El agua fue creciendo y hundiendo la tierra, creciendo y hundiendo, hasta que en el mundo no quedó montaña: todo estaba parejo. Sólo el cerro sobresalía.

Arriba se juntó mucha gente y con ella toda clase de animales. Estaba la culebra, estaba la araña, estaba el ciempiés, pero ninguno picaba ni mordía. Ya no eran enemigos. Se habían vuelto amigos.

La gente sufría. Tenía frío y tenía hambre, porque allá arriba no había nada que comer. Chupaban ambil y preguntaban, una vez y otra: ¿cuándo va a bajar? Nadie sabía decirlo.

Uno de ellos, con el ambil en la boca, le dijo a un padre que matara a su hijito y lo echara al agua, que así la creciente iba a mermar. El hombre lo hizo. Era mentira. El agua siguió igual, y ya no había a quién pedir auxilio.

De un momento a otro apareció un viejito. Era Fusiñamuy. La gente lo llamó abuelito y le contó su pena: estaban sufriendo en el agua, querían bajar y no había por dónde.

—¿Qué están haciendo ustedes? ¿No saben icarare? Yo sí sé.

Tomó su bastón y le prendió la punta. Con el palito encendido tocó la mitad del río. El agua empezó a mermar con un siseo largo, fue bajando hasta secarse del todo, y la gente descendió despacio hasta pisar tierra.

Pero la tierra estaba blanda, tan blanda que no aguantaba un pie. Hubo que sufrir un tiempo más, esperando a que endureciera. Después volvió el monte. Crecieron los árboles, se cerró la selva, y ya no se podía mirar lejos como se miraba cuando todo era agua.

Guinadoma había quedado abajo, hundido bajo la tierra. Tenía un tambor y lo tocaba. Arriba lo oyeron: tam bum bu, tam bum bu.

—Aquí está ese hombre —dijeron—. Vamos a cavar para sacarlo.

Cavaron. Pero al retirarse el agua la tierra se había juntado encima, y era demasiada. Además el tambor engañaba: sonaba allá, luego sonaba acá, y nadie sabía en qué punto estaba. No lo sacaron. Ahí abajo se murió.

El Diluvio (Guinadoma): lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien se encierra para salvarse solo puede quedar donde ni sus propias señales permiten encontrarlo.”

Territorio

Amazonas · Mixto

Amazonas · Mixto

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Mixto
Referencia
-1.2° · -71.8°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este diluvio fue grabado en Leticia por María Luisa Rodríguez de Montes y aparece como relato número 15, «Guinadoma o el diluvio», en las páginas 122 a 124 de su Muestra de literatura oral en Leticia, Amazonas, publicada por el Instituto Caro y Cuervo en 1981. La transcripción cierra con una firma: hermanos Soto Flórez. El musicólogo Carlos Miñana Blasco, en un balance de 2009 sobre la investigación de músicas indígenas, los identifica como Lorenzo y José Soto Flórez, hijos de curaca, nacidos en La Chorrera en 1920 y 1924 y residentes en Leticia desde los años cuarenta, y sitúa las grabaciones entre 1975 y 1977. Añade que eran los únicos narradores de la colección que, en ciertos momentos, pasaban del castellano a cantar en uitoto.

La editora conservó el castellano amazónico de los narradores tal como sonó: «ayá», «embarrao», «pa’ que», «tamos». También dejó sus propias aclaraciones entre corchetes, que son las que dan el nombre del cerro, Ánequi, y el del hombre incrédulo, Guinadoma. La voz del texto va y viene entre la escena y el comentario: el narrador compara el cerro lleno de animales con lo que se cuenta de Noé y, al ver aparecer al anciano, exclama que ese viejo es dios.

Esas dos frases muestran a unos narradores bilingües que cuentan en castellano una historia uitoto y la miden, sobre la marcha, con la Biblia que conocían. No convierten el relato en otro. Fusiñamuy conserva su nombre, que corresponde al Juzíñamui que otros narradores uitotos nombran como padre y creador, y su gesto con el bastón encendido y la palabra icarare no tienen equivalente en el Génesis.

El relato pertenece, pues, a un pueblo identificado: es uitoto, o murui-muina, contado por gente de La Chorrera que lo llevó consigo al trasladarse a Leticia.

Resonancias con otros mitos

El Génesis, capítulos 6 a 9, trae el aviso previo, el refugio y la convivencia pacífica de animales que en otro tiempo serían peligrosos; los propios narradores lo notaron. Pero allí el que construye su refugio sellado es el justo que se salva, y aquí es el incrédulo que muere enterrado en él: el arca y el horno de barro cumplen papeles opuestos.

En el libro I de las Metamorfosis de Ovidio, Deucalión y Pirra sobreviven sobre el Parnaso, la única cumbre que el agua no cubre, y al bajar encuentran la tierra embarrada y desierta. La espera en la cima y el suelo que hay que dejar endurecer tienen su eco en Anequi.

Sin salir del pueblo uitoto hay un eco todavía más próximo: la loma de Adokï del relato de Jitoma Zafiama, donde dos hermanos esperan a que Jitoma seque la inundación con arena. Allí, como aquí, se salva quien sube, y la tierra vuelve a poblarse de selva poco a poco.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El mismo libro trae el relato dos veces. En la página 66, al presentar su colección, la editora lo resume con palabras propias: Guinadoma se fabrica «una especie de cueva bien sellada», el anciano hace bajar las aguas «con oraciones y una vara milagrosa», y el tambor sirve para llamar a sus amigos. En la transcripción de las páginas 122 a 124 no hay oraciones sino icarare, la vara es un bastón encendido que toca el río y quienes cavan no son amigos sino la gente del cerro.

  2. Fuera de ese libro, ningún otro diluvio uitoto publicado tiene a alguien que se encierre como Guinadoma.

  3. Konrad Theodor Preuss, que trabajó en el Caraparaná en 1914, publicó al menos tres inundaciones distintas. En una, el agua se desata como consecuencia de la mutilación de un loro coronado que dos hermanos se disputan; en otra, el diluvio de los peces, la catástrofe sigue a la historia de una muchacha que rechaza a todos sus pretendientes y es llevada al fondo del río; una tercera aparece ligada al origen de la yuca. En ninguna hay cerro de refugio con animales pacificados, ni anciano que seca el agua con un bastón.

  4. En Las palabras del origen, Fernando Urbina publica el capítulo «El diluvio y el origen de los bailes», contado por el abuelo Jitoma Zafiama en La Samaritana, Puerto Leguízamo. Allí el agua brota hirviendo de los huesos de un paujil que el travieso Fïzido cocina, y quien la retira es Jitoma, que inventa la arena para secarla. Los dos hermanos se salvan en la loma de Adokï, en la serranía de La Chorrera, la única que quedó libre. Después Buinaima busca a los sobrevivientes y el narrador dice que su pueblo cree en Juzíñamui.

  5. El registro de los Soto Flórez comparte con el de Zafiama la loma que sobresale, el nombre de Jitoma asociado al lugar alto y la figura de Juzíñamui o Fusiñamuy. Difiere en quién salva: aquí no es un héroe solar sino un viejo que aparece de pronto. Y añade dos episodios que no están en las otras: el padre engañado que sacrifica a su hijo en vano y el incrédulo que se entierra con su comida y su tambor.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto · Amazonas
Referencias
9
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Guinadoma o el diluvio (relato 15 de Muestra de literatura oral en Leticia, Amazonas, pp. 122-124)

    floodstories.wordpress.com

    Es el texto completo del relato en el castellano amazónico de los narradores: el aviso de subir al cerro Ánequi donde cavó Jitoma, el horno embarrado y lleno de comida de Guinadoma, los animales que ya no pican en el cerro, el padre engañado que echa a su hijo al agua, la aparición de Fusiñamuy con su bastón encendido y la pregunta por el icarare, la tierra blanda y la selva que vuelve, y el tambor bajo tierra que suena aquí y allá hasta que el hombre muere. Firma: «Hermanos Soto Flórez».

  2. El diluvio (resumen del relato 15 en Muestra de literatura oral en Leticia, Amazonas, p. 66)

    floodstories.wordpress.com

    Resume el mismo relato con palabras de la editora y permite ver cómo lo leyó: Guinadoma se fabrica «una especie de cueva bien sellada», el anciano hace bajar las aguas «con oraciones y una vara milagrosa», y el tambor sirve para llamar a sus amigos antes de morir sepultado bajo el lodo. Es de donde salía la palabra «amigos» de la ficha anterior.

  3. Investigación sobre músicas indígenas en Colombia: campos disciplinares, institucionalización e investigación aplicada

    musigrafia.org

    Es la única fuente que dice quiénes eran los narradores de este diluvio: Lorenzo y José Soto Flórez, hijos de curaca, nacidos en La Chorrera en 1920 y 1924 y habitantes de Leticia desde los años cuarenta. Fecha las grabaciones de Rodríguez de Montes entre 1975 y 1977, dice que se hicieron en cinta y en castellano y que sólo los Soto Flórez cantaban pasajes en uitoto dentro de sus relatos.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Las palabras del origen: breve compendio de la mitología de los uitotos, cap. 7 «El diluvio y el origen de los bailes»

    babel.banrepcultural.org

    Trae otro diluvio uitoto con el que éste se puede comparar: el agua sale hirviendo de los huesos de un paujil cocinado por Fïzido, Jitoma la seca inventando la arena, dos hermanos se salvan en la loma de Adokï, en La Chorrera, la única que quedó libre, y después Buinaima busca a los sobrevivientes. Nombra a Juzíñamui, la misma figura que los Soto Flórez llaman Fusiñamuy.

  2. Religión y mitología de los uitotos, segunda parte (caps. 2-4: el origen de la yuca y el diluvio; el diluvio como consecuencia de la mutilación de un loro coronado; el diluvio de los peces)

    repositorio.unal.edu.co

    Contiene los tres diluvios uitoto más antiguos que se conocen, dictados en 1914 en el Igaraparaná: uno desatado por la disputa de dos hermanos por un loro coronado, otro, el de los peces, que sigue a la historia de una muchacha que rechaza a sus pretendientes y es llevada al fondo del río, y un tercero ligado al origen de la yuca. Ninguno tiene cerro de refugio con animales pacificados ni anciano que seca el agua: sirven para mostrar lo propio del relato de Leticia.

  3. Mitología y cultura huitoto, «I. Origen del árbol de las frutas y de las aguas»

    acervo.socioambiental.org

    En las pp. 206-207 publica otro origen de las aguas: un árbol de todas las frutas, lleno de agua, que al ser tumbado forma el río principal con su tronco y las quebradas con sus ramas, mientras Jusiñamuy manda animales del cielo a la gente. Documenta la forma Jusiñamuy, intermedia entre el Fusiñamuy de los Soto Flórez y el Juzíñamui de Urbina.

  4. Animalidad y otredad en una muestra de literatura oral de Leticia, Amazonas

    repositorio.uniandes.edu.co

    Estudia la misma colección de 1981 y confirma a José Soto Flórez como informante de Leticia (lo cita a propósito del bufeo). Describe la heterogeneidad de la muestra, con relatos tikuna, uitoto y de población no indígena, y la lectura estructural de la editora, lo que sitúa el diluvio de Guinadoma dentro del libro.

  5. Génesis 6-9 (Reina-Valera 1960)

    biblegateway.com

    Es el relato que los propios narradores tenían en mente al decir que en el cerro «estaba como cuenta en Noé»: aviso previo, refugio cerrado y animales que conviven sin dañarse. Permite marcar la inversión: allí el refugio sellado salva al justo; aquí sepulta al incrédulo.

  6. Metamorphoses, libro I (Deucalión y Pirra)

    perseus.tufts.edu

    Deucalión y Pirra se salvan en la única cumbre que el agua no cubre, el Parnaso, y bajan a una tierra devastada que debe renovarse. Comparte con Anequi la cima como único refugio y la espera hasta que el suelo vuelve a ser habitable.

Voces de la comunidad

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¿Así te la contaron?

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«El Diluvio (Guinadoma)» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El Diluvio (Guinadoma)» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El Diluvio (Guinadoma)» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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