Caragabí y Tutruicá crean a la gente

Andina · Katíos

Caragabí y Tutruicá crean a la gente

Caragabí fracasa al crear con piedra y aprende de Tutruicá a dar vida al barro, aunque su gente será mortal.

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El relato

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De la saliva de Tatzitzetze, que no tuvo principio y se hizo a sí mismo, brotó Caragabí. Aprendió mucho en pocos años, se alzó contra quien lo había hecho porque todo lo daba demasiado barato, lo venció y quedó dueño de este mundo. Debajo había otro, Armucurá, y lo gobernaba Tutruicá, que no nació de nadie. Los dos vivieron mucho tiempo sin conocerse.

Un día el dios de arriba divisó abajo algo como un globo envuelto en sombras y bajó a ver qué era. Así se encontraron y se contaron su origen, y de esa conversación salieron todos sus pleitos: el de abajo no se creía inferior, porque el otro procedía de alguien y él era eterno.

Enfurecido por el desprecio, Caragabí cogió un lazo corredizo y desde su mundo enlazó a Tutruicá, con ánimo de ahorcarlo y quedarse dueño de los dos mundos. El enlazado le contestó con altanería que podía intentarlo, pero que acabaría con todo. Caragabí empezó a correr el lazo y el otro opuso tanta resistencia que las fuerzas se neutralizaron. Aseguran que, si aquella vez hubiera vencido Tutruicá, los habitantes de este mundo gozaríamos de inmortalidad.

Probaron después el fuego. Construyeron un horno enorme y le tocó en suerte entrar primero a Caragabí. Tutruicá reunió a su gente y cortó leña seis días; al séptimo la metió toda, encendió y cerraron el horno herméticamente hasta la puesta del sol. Cuando lo abrieron, allí estaba Caragabí, hermoso, vestido el cuerpo de chaquiras de oro y con la cabellera cayéndole sobre los hombros. Le tocó el turno al otro y salió el mismo prodigio: los dos quedaron hermosos y rejuvenecidos.

Faltaba la prueba del agua. Cada uno tumbó un árbol corpulento, labró una canoa y salió a pescar, y el rival removió con una palanca la peña junto a la que estaba y lo arrastró al fondo con canoa y todo. Caragabí tomó forma de culebra, de lombriz, de hormiga, y no le sirvió de nada; se hizo agua y salió a flote. Otro tanto le pasó a Tutruicá. Con eso quedaron plenamente convencidos de que sus poderes eran iguales.

Entonces Caragabí formó al primer hombre y a la primera mujer de una piedra fina, mompahuará. Les sopló por las extremidades de los pies y de las manos y por la cabeza, y quedaron animados, pero no hablaban: tan sólo se reían. Tutruicá hizo otro tanto con barro, y sus muñecos, además de reír, se movían y andaban.

Caragabí tuvo que humillarse a suplicarle que le enseñara. Tutruicá lo trató de imbécil y volvió a motejarlo de dios creado, y él pensó en ahorcarlo si no le descubría el secreto. Al fin el de abajo se compadeció y le mandó una carta: que hiciera al hombre no de piedra, sino de barro. Caragabí obedeció, formó de barro la primera pareja, se quitó un pedacito de costilla, hizo con él una bolita y la introdujo en las dos imágenes. A su contacto resollaron, pero aún no se tenían de pies. Sopló sobre ellas y andaban y hablaban con toda perfección. Por virtud de la costilla se les quitó la pesadez que la tierra deja en lo que sale de ella.

Tutruicá no dejó pasar la ocasión de zaherirlo: al fin y al cabo, aquel hombre era mortal. Caragabí le repuso que no importaba, que después de la muerte él recogería las almas y se las llevaría al cielo.

Caragabí y Tutruicá crean a la gente: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien crea solo fracasa y quien pide prestado el material acaba haciendo gente que muere.”

Territorio

Andina · Katíos

Andina · Katíos

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Katíos
Referencia
6.75611° · -76.18528°

Ficha del relato

Contexto histórico

El episodio está en el Libro Primero de fray Severino de Santa Teresa, «Creencias, ritos, usos y costumbres de los indios catíos de la Prefectura Apostólica de Urabá», impreso en Bogotá en 1924 para el Año Santo y la Exposición Misional Vaticana de 1925. Esa primera edición no es consultable en línea: lo que se lee es la segunda, incorporada como Libro Primero a «Los indios catíos, los indios cunas» (Medellín, Imprenta Departamental de Antioquia, 1959) y digitalizada por Internet Archive sobre el ejemplar del Princeton Theological Seminary. El propio Severino dice en la razón de esa segunda edición que la sacó corregida y aumentada, y no marca dónde: cualquier frase de aquí es de 1924/1959, nunca de 1924 a secas. El encuentro de los dos dioses y las pruebas están en su capítulo primero; la creación del hombre, en el tercero.

Severino no nombra a nadie para este capítulo. En otros sí: Tohuratzabidá Domicó le contó el origen de catíos y cunas y Dobiarisá Domicó la tentación del paraíso. Aquí el relato llega ya refundido en tercera persona, sin narrador, sin lugar y sin fecha, y con el marco del misionero encima: escribe como Prefecto Apostólico evaluando una religión rival, intercala «risum teneatis» ante las luchas de los dioses y lee a Caragabí como figura crística y a Tutruicá como demonio. Esas equivalencias son suyas.

Las notas publicadas en 1929 en el «Journal de la Société des Américanistes» (tomo 21, pp. 71-105) traen el mismo diálogo casi palabra por palabra y parecen una confirmación. No lo son: la nota inicial firmada por Paul Rivet aclara que el material lo recogieron las Hermanas misioneras de la Inmaculada Concepción y Santa Catalina de Sena, de Santa Rosa de Osos, que Rochereau sólo lo remitió, y que esas notas ya se habían usado en parte para el libro de 1924. Son dos salidas del mismo fondo. De ese artículo, además, no puede copiarse ninguna palabra: el ejemplar digitalizado se reconoció ópticamente con modelo de francés y no sobrevive una sola vocal acentuada.

Pardo Rojas (1986) da el andamiaje que el relato presupone y lo atribuye: según Severino habría cuatro mundos encima y cuatro debajo, aunque sólo se da razón de tres, y debajo está /armukurá/, dominado por Tutruiká. Vasco Uribe (1985) reconstruye el ciclo entero, pero desde Pinto (1978), María de Betania (1964) y Santa Teresa, no desde una narración katía suya, y concluye que los emberá son «productos de la unidad entre Tutruicá y Carabí». Cardona y Guerra (2013) trabajaron en el golfo de Tribugá y advierten que allí Karagabí y Tutruika «tienen poco peso» y que «algunos llegan a afirmar que Karagabí es un dios de los katíos». Rosique-Gracia y otros (2020), con jaibanás y sabias de Chigorodó como coautores, no transcriben la creación: empiezan cuando ya terminó. Restrepo Campo y Turbay (2024) recogen en Jaikerazabi, Mutatá, un relato distinto sobre el reparto desigual de bienes. Y Chaves (1945) publica un origen katío por diluvio narrado por Rafael Bailarín, que no es este.

Sobre el nombre: la compilación de CLACSO muestra que la categoría regional catío la consolidó en parte el proyecto misionero, y la nomenclatura que fija el plan de salvaguarda es embera eyabida.

Resonancias con otros mitos

En la comunidad emberá dóbida de Yucal, a orillas del río Panguí, Graciliano narró en 2022 un comienzo comparable: «Ankore cuando creó al embera creó solamente a un hombre y un perro. Entonces el embera se sentía muy solito», y después creó a la mujer y ensayó una gestación sin relación sexual que luego hubo que cambiar. La forma es la misma —el creador que ensaya, falla y corrige—, pero ahí no hay dos dioses ni apuesta: el ensayo fallido no es de materia sino de modo de engendrar, y el creador se llama Ankore.

Entre los emberá del golfo de Tribugá, Cardona y Guerra recogieron en 2012 una explicación distinta de la mortalidad: Ankoré tallaba un muñeco en palo de oquendo para que el hombre durara siempre, la madera dura hizo resbalar la hoja, se hirió un dedo y dejó la obra inconclusa, «es por esto que el hombre no es completo ni tampoco inmortal»; sólo entonces su mujer le sugirió un material más blando y lo hizo de tierra mezclada con agua. La mortalidad no viene ahí de haber pedido barro a un rival, sino de un corte en el dedo del creador, y quien aconseja cambiar de materia no es el adversario sino la esposa del dios.

Entre los emberá chamí de la vereda de Corozal, en Río Frío, Reichel-Dolmatoff transcribió en 1945 una primera humanidad fallida sin ninguna disputa: Karagabí hizo cortes en una palma barrigona, los tapó con hojas, y días después salió por los huecos mucha gente «como un chorro», pero «no eran gente que duraba», se morían de la picadura de una hormiga y sus mujeres criaban a los hijos en la pantorrilla, de modo que «Karagabí tuvo que hacer nueva gente». La segunda humanidad se explica ahí por el fracaso de la primera y no por el préstamo de una materia ajena.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Severino cuenta el mismo episodio dos veces y no dice cuál prefiere. En la primera, la de arriba, Caragabí forma de una vez al hombre y a la mujer de piedra mompahuará, Tutruicá hace otro tanto con barro, y el secreto se pide y se concede por carta: una sola bolita de costilla anima a las dos figuras. En la segunda, que él presenta como modificada «según las tribus», el dios de abajo aparece llamado Yábea, contemporáneo, y vive no dentro de la tierra sino en el mundo próximo al nuestro; hay un diálogo de presentación, un año de trabajo, tres mensajeros sucesivos, y el barro que se concede es un pedacito del tamaño de la lengua de una paloma, que crece en las manos de Caragabí. Ahí el hombre se hace primero y se arrodilla a recibir la bendición, y diez años después Caragabí pide más barro con el pretexto de que se le perdió el primero y forma a la mujer con la primera costilla del lado derecho del hombre. Esta segunda es la que reproducen, casi idéntica, las notas de 1929.

  2. El mismo Severino guarda un tercer origen, que no es de barro ni de piedra: Tohuratzabidá Domicó le contó que Caragabí produjo de la nada una gota de agua, la tapó con una totuma y al día siguiente era un indio catío; de otra gota salió la mujer; y cuando ella quiso repetirlo esparció la materia en forma de llovizna y de ahí salieron los cunas, que a los ocho días flecharon a su dios.

  3. Cambian también los nombres y las grafías. Caragabí, Karagabí y Carabí; Tutruicá, Tutruiká, Trituku, Trutruicá y Tutruika; Tatzitzetze, Dachizese y /gayhizeze/; Armucurá, /armukurá/, aramúko y aremuko. En el ejemplar digitalizado de 1929 el nombre del dios de abajo aparece veintitrés veces en cinco grafías y ninguna es correcta, de modo que esas formas no sirven para fijar nada.

  4. Vasco recoge además una variante del ciclo, tomada de María de Betania, en la que quien entra a la olla hirviente es un tigre y no un dios, y de ese fracaso queda que el barro sea frágil, cuando antes era duro como el metal; Severino cuenta lo mismo atribuyéndolo a Antomiá-Torro.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Katíos · Andina
Referencias
12
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Creencias, ritos, usos y costumbres de los indios Catíos de la Prefectura Apostólica de Urabá

    archive.org

    Reúne el corpus histórico más amplio consultado sobre Caragabí, Genené, Antomiá, Séver, los Domicó, la escalera, Herupotoarra, Baha, Aribamia y Dabeiba. La primera edición de 1924 no está en acceso abierto; el Libro Primero de «Los indios catíos, los indios cunas» (Medellín, 1959) es esa obra, según declara el propio autor en su razón de la segunda edición.

  2. Nociones sobre creencias, usos y costumbres de los Catíos del occidente de Antioquia

    persee.fr

    Publica notas reunidas por religiosas entre grupos del occidente antioqueño y conserva variantes de Caragabí, Genené, Antomiá, Costé, Séver, Herupotoarra, la escalera, Aribamia y el cerro Musinga. La nota inicial de Rivet aclara quién recogió el material: Rochereau lo remitió, no lo recogió.

  3. Mitos y leyendas de Colombia, volumen III

    flacso.edu.ec

    Facilita una transcripción consultable de capítulos de Severino 1924 y distingue el relato Chamí de Surranabe del conjunto atribuido a los antiguos Catíos de Urabá.

Contraste y contexto · 9 referencias
  1. Misiones, región y clasificación indígena en Urabá

    biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar

    Explica que la categoría regional Catío fue parcialmente consolidada por el proyecto misionero en el occidente de Antioquia, Urabá y Chocó.

  2. Embera Katío

    onic.org.co

    Ofrece contexto contemporáneo sobre pueblos, territorios y diversidad Emberá sin reducirlos a una sola tradición.

  3. Jaibanás. Los verdaderos hombres

    luguiva.net

    Analiza el ciclo completo de enfrentamientos entre Tutruicá y Carabí/Karagabí (pruebas del lazo, del fuego, del hijo, del agua y de la canoa) y reconstruye la creación del hombre exactamente como la cuenta la ficha: Carabí hace muñecos de piedra que se mueven pero no hablan, Tutruicá los hace de barro y hablan, Carabí debe humillarse a pedir un pedacito de barro y sopla a través de una costilla para quitarle al hombre la pesadez de la tierra. Vasco concluye que los emberá son 'producto de la unidad entre Tutruicá y Carabí' y que en el ciclo de pruebas ambos salen airosos —cita a Santa Teresa 1924:135, 'quedaron los dos convencidos de la igualdad de sus poderes'—, lo que desarma la lectura cristiana de Tutruicá como adversario diabólico. La página del libro trae el PDF completo descargable.

  4. Mitología Embera. Principales mitos, características y funciones

    bioetnia.iiap.org.co

    Da una cosmogonía emberá completa en la que Ankoré genera a Karagabí, Tutruika y Pakoré wera; Tutruika crea 'el mundo de los inmortales, los sin culo, llamado Armukurá' —el mismo Armucurá de esta ficha— y la humanidad se hace por ensayos sucesivos: un muñeco de palo de oquendo que falla y deja al hombre incompleto y mortal, y luego barro mezclado con agua. Aporta además dos cosas que la ficha necesita: una nota al pie que dice que 'en la mitología del Sinú, Tutruika no es hermano de Karagabi, Tutruika es un dios que se hace solo y disputa con él... Nadie vence a nadie y hacen pacto de no agresión e intercambian sabidurías' —que es la estructura katía—, y el testimonio de que en las comunidades del Pacífico chocoano Karagabí y Tutruika 'tienen poco peso' y que 'algunos llegan a afirmar que Karagabí es un dios de los katíos'.

  5. «Todos en el mismo pensamiento»: las relaciones del pueblo embera con los sitios sagrados de los resguardos de Polines y Yaberaradó en Chigorodó (Antioquia)

    revistatabularasa.org

    Trabajo de campo con emberá eyábida (katío) de Chigorodó, en el Urabá antioqueño —la misma región de los 'Catíos de Urabá' del libro de 1924— hecho con jaibanás y sabias de la comunidad como coautores. Dice qué queda hoy del desenlace de la creación: 'luego de la intensa actividad cumplida en la generación de su pueblo y en la ordenación del paisaje a partir de la caída en tierra del árbol jenené, Karagabí se fue al mundo de arriba y se alejó definitivamente de los humanos. Trutruicá, el segundo personaje, se fue al inframundo', a quien se atribuye el origen del saber jaibanístico y de serpientes, murciélagos, tatabros, chontaduro, maíz y plátano. Explica también qué se espera de los seres de cada nivel, y recuerda que a estos dioses 'no se les debe reverencia ni se les pide favores' (deus otiosus).

  6. La pérdida de la riqueza: un mito embera sobre el origen de las razas y la desigualdad social

    revistas.uniandes.edu.co

    Recoge y analiza un mito vivo de Karagabí narrado hoy en la comunidad de Jaikerazabi (Mutatá, Antioquia), emberá eyábida desplazados en 1997. Karagabí reparte pruebas y bienes entre los pueblos —alfabetización, corrales de ganado, un río en el que hay que sumergirse— y del reparto salen blancos ricos, paisas intermedios, indígenas pobres y afrodescendientes al final. Sirve a esta ficha para mostrar que la creación de la gente por Karagabí no terminó en 1924: sigue produciendo relatos nuevos sobre por qué unas gentes salieron de un modo y otras de otro, y que la narración explica hoy jerarquías sociales, no sólo el origen del cuerpo humano.

  7. Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí

    publicaciones.icanh.gov.co

    Cinco de los nueve relatos del artículo fueron narrados por Rafael Bailarín, jaibaná katío que aprendió los cuentos de su abuela y tradujo del katío: es material primario katío acreditado a una persona con nombre, algo que el archivo misionero de 1924 y 1929 casi nunca ofrece. 'La mujer de Karagabí' cierra con un episodio de origen de la gente actual: Karagabí convierte en animales al capitán Imaná y a los indios pícaros, deja sólo a los buenos, y después 'a todos éstos los mató la lluvia (kuetá bea sía). Sólo dejó en una canoa a un indio y a una india y de allí nacieron todos'. Chaves añade una nota comparativa que reproduce la versión de Santa Teresa según la transcripción de Wassén. El PDF completo del número está en el fondo editorial del ICANH.

  8. Jinu Potó, ¿mito o historia? Desplazamientos del saber y cuestionamientos epistémicos en la narración oral del pueblo Embera Dóbida

    editorial.ucatolica.edu.co

    Transcribe íntegras dos narraciones orales grabadas en 2022. La de Graciliano (comunidad de Yucal) abre con una creación distinta y comparable: 'Ankore cuando creó al embera creó solamente a un hombre y un perro. Entonces el embera se sentía muy solito... Entonces creó a una mujer', y ensaya primero una gestación sin relación sexual que la gente estropea. El mismo narrador describe los mundos de abajo escalonados, con 'los que no comían, que solamente olían la comida', que es el pueblo inmortal y sin ano del mundo de Tutruicá. Útil para ver el mismo esquema —el creador que ensaya, falla y corrige— narrado hoy y por una persona con nombre.

  9. La escalera de cristal: términos y conceptos cosmológicos de los indígenas Emberá

    revistas.unal.edu.co

    Reconstruye la arquitectura del cosmos que esta ficha presupone y la atribuye con precisión: según Severino de Santa Teresa, 'Dios, /dayhizeze/ sacó el mundo del pensamiento y creó a Karagabí a su vez creador de los hombres. Habría cuatro mundos sobre este y cuatro debajo, pero advierte Severino que los indígenas sólo saben dar razón de tres de ellos'; debajo está '/armukurá/ dominado por Tutruiká, ser que se creó a sí mismo y competidor de Karagabí'. Es el dato que permite decir de dónde sale la cuenta de ocho o nueve mundos y por qué no coincide con lo que la gente sostiene. Pardo identifica además /atau aramora/, el mundo de la gente sin ano del alto Baudó, con el /armacurá/ de Severino, siguiendo a Pinto.

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¿Así te la contaron?

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«Caragabí y Tutruicá crean a la gente» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Caragabí y Tutruicá crean a la gente» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Caragabí y Tutruicá crean a la gente» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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