
Andina · Mestizo
El Carriazo de vereda San Isidro
Tres cargas de oro esperan bajo un roble, pero para obtenerlas hay que vencer al Carriazo, una cascabel y un toro en luna llena.
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El relato
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El Carriazo fue primero un punto del paisaje. Al oriente de Piedecuesta, en la vereda San Isidro, pasaba un camino real que la comunicaba con otros ramales, y los colonos se orientaban por ese sitio. Era tierra fértil, a orillas del río Manco, con palmas de cera tan altas que parecían rozar las nubes.
Con el tiempo el nombre pasó a un hombre. Se hablaba de un conde rico, el Conde del Carriazo, que llegó a la vereda en el siglo XVII. Era usurero, y antes de morir, en lugar de repartir su fortuna entre los necesitados, enterró tres cargas de oro bajo un roble frondoso. Desde entonces el Carriazo guarda ese entierro. Unos lo han visto con figura de demonio; otros, de chivo.
Sacar el oro no era cosa de azadón. Quien lo quisiera debía pasar tres pruebas, siempre en noches de luna llena. La primera, pelear con el Carriazo y vencerlo. La segunda, enfrentar en campo abierto a una culebra cascabel. La tercera, luchar contra un toro gigante de cuernos afilados.
Silvio, pariente de uno de los que después contaron la historia, fue de los primeros en intentarlo. Llegó hasta el roble y allí sintió la embestida del espanto. Una fuerza le impedía siquiera darse vuelta y lo zarandeaba como si fuera barro. No pudo acercarse al tesoro y regresó vencido.
Reyes Suárez, un campesino arrojado, llegó más lejos. Desafió al Carriazo dos veces y las dos salió con vida. En las cantinas contaba, con palabras sencillas, cómo se sentían los golpes del espanto: al principio suaves, como de lana, y después duros como piedras. No alcanzó a cumplir la tercera prueba. Lo mataron a la entrada del pueblo, y el oro siguió bajo el roble.
El que lo logró fue Carmelo, un muchacho de temple firme. Encontró en los cambios de la luna llena el modo de abrir el secreto, preparó ceremonias y ritos, y con ellos venció al Carriazo en todas sus formas. Pasó las tres pruebas y sacó el tesoro de la tierra.
La historia corrió por San Isidro y llegó hasta La Vega y La Chíngara. En la región no hay niño que no la sepa.

La enseñanza
“Lo que la avaricia enterró sólo lo recupera quien se prepara para enfrentar a su guardián.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 6.85275° · -73.06667°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
- Referencias
- 6
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Tres leyendas ganadoras y algo más… (fragmento publicado por el autor: portadilla, solapa y prólogo «Los senderos de Germán»)
drive.google.com
Es la única prueba impresa de que el relato existe: el prólogo de Niño Orozco enumera las piezas del libro y la primera es «El Carriazo de San Isidro». La solapa sitúa su origen en la correría a pie del autor por las 57 veredas de Piedecuesta, recogiendo lo que contaban los campesinos.
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 19: Juan de Dios Arias, «Folclor santandereano» (1954), «Lo que enseñan las cuevas», el Biato de la loma de Buena Vista, folio 141
flacso.edu.ec
Registra en Santander el guardián de tesoro que se vence a golpes: el Biato sale de una cueva cerca de la loma de Buena Vista y ataca al viandante solitario; si éste lo azota, el Biato lo lleva a la cueva y bajo el sombrero aparece un baúl lleno de oro. Es el paralelo documentado más cercano a la pelea con el Carriazo.
- El pueblo boyacense y su folclor, cap. 8 «Mitos, leyendas y creencias populares en Boyacá», p. 129
babel.banrepcultural.org
Recoge la creencia campesina sobre los entierros: las almas que escondieron joyas y dinero aparecen como luces verdosas para revelar el lugar y no descansan hasta que se descubren, y el aire que escapa de los cofres mata («lo flechó la plata»). Da el marco del tesoro que su dueño muerto no suelta.
Contraste y contexto · 3 referencias
- Mitos, espantos y leyendas de Caldas (edición digital ampliada)
ellibrototal.com
En su presentación enumera, entre los espantos de los caminos de la colonización, el del rico fallecido que recorre el camino secreto hasta su entierro para vigilarlo de la codicia de los buscadores de tesoros: la misma figura del dueño avaro que guarda su oro después de muerto, como el Conde del Carriazo.
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 20: Misael Devia Morales, «Folclor tolimense» (1962), «El Tunjo», folio 158
flacso.edu.ec
Describe la búsqueda ritual de tesoros: don Venancio sale el Viernes Santo a los lugares más apartados, «equipado con todos los conjuros y aprontes necesarios», a «puestiar» guacas y entierros, y descarta el pacto con el diablo. Es el paralelo de las ceremonias y ritos con que Carmelo vence al Carriazo.
- Sobre el autor (sitio de Germán Valenzuela Sánchez, «PicaPica»)
germanvalenzuelasanchez.wordpress.com
Identifica al recopilador del libro donde figura el Carriazo: piedecuestano, bibliotecario municipal y difusor del folclor local «basado en el rescate oral». Ayuda a fechar y situar la circulación escrita del relato en Piedecuesta.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«El Carriazo de vereda San Isidro» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El Carriazo de vereda San Isidro» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El Carriazo de vereda San Isidro» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








