
Andina · Muiscas
Bochica, el viajero que enseñaba
Un viajero llegó del oriente a enseñar a hilar algodón y tejer mantas. Después desapareció, pero dejó caminos, telares y nombres.
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El relato
Vino del oriente, por los llanos donde nace la luz, y entró al reino por Pasca. Nadie lo conocía. Era un hombre mayor, de barba larga que le caía hasta la cintura y cabellos sujetos con una cinta, como se los sujetarían después quienes lo vieron. Andaba descalzo, con una manta atada por sus dos puntas sobre el hombro derecho y una túnica sin cuello.
No traía casa ni anunciaba ejércitos. Hablaba la lengua de cada pueblo, y en Bosa la gente tardó en decidir qué nombre darle: unos lo llamaron Chimizapagua, mensajero del dios supremo; otros, Nemterequeteba; otros, Xué. El que caminaba respondía a todos los nombres y seguía caminando.
Antes de su llegada, la gente se cubría del frío con planchas de algodón en rama, atadas unas con otras con cordeles de fique: un abrigo mal unido que el trabajo deshacía. El viajero tomó el algodón, mostró cómo hilarlo y enseñó a tejer mantas. Cuando salía de un pueblo dejaba la figura de un telar pintada sobre una piedra lisa y bruñida, para que el olvido no pudiera con lo aprendido.
Recorrió Fontibón, Funza, Zipacón y giró hacia el norte por las faldas de la sierra, abriendo caminos donde antes solo había monte. En Cota se juntó tanta gente de los pueblos vecinos para oírlo que le hicieron un foso de más de dos mil pasos alrededor del sitio alto desde donde predicaba, para que la multitud no lo atropellara. Por la noche se recogía a una cueva en la falda de la sierra, y al amanecer seguía.
De ahí entró a la provincia de Guane, donde lo retrataron en las piedras, a lo tosco, para que quedara memoria. Volvió hacia el oriente, pasó por la provincia de Tunja y llegó al valle de Sogamoso. Allí habló de la vida común: que las almas no se acaban con el cuerpo y que el trato entre gentes debe ser justo. Al cacique del valle le mostró la forma de gobernar con suavidad.
Una mañana, en Sogamoso, ya no estaba.
Buscaron y no hallaron rastro que seguir: la tierra conservó su huella en una piedra de Iza, el pie estampado como señal de su paso, y el resto fue silencio. Unos dijeron que había subido al cielo; otros, que el camino ancho que abrió desde los llanos se lo llevó de vuelta a la luz.
Quedaron las mantas tejidas, los telares pintados en las piedras, el camino que cruza el reino y el gesto de anudar la manta sobre el hombro, que siguen usando los que andan descalzos.


La enseñanza
“Todo maestro termina por desaparecer, pero la huella de lo aprendido sigue abriendo camino.”
Territorio
Andina · Muiscas
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Muiscas
- Referencia
- 4.5981° · -74.2159°
Contexto histórico
Simón, en sus Noticias historiales (1627), conserva el retrato más detallado del viajero: hombre mayor, barba hasta la cintura, cabello recogido con una cinta, descalzo, manta anudada sobre el hombro derecho, que entra por Pasca y se desaparece en el valle de Sogamoso. Antes de él, Juan de Castellanos, en sus Elegías, le daba tres nombres —Bochica, Nemterequeteba y Xué— y recogía la duda de si fueron uno o tres. Piedrahíta (1688) acepta como "lo más común y recibido" que fue uno solo con varios epítetos y cierra el ciclo con la muerte y el traslado al cielo. Zamora (1701) sigue a Simón con ligeros cambios de nombre.
El problema documental es que cada cronista distribuye esos nombres de manera distinta: Bochica, Nemterequeteba, Chimizapagua, Xué, Sadigua, Sugamónxe, Sugansua. Villa Posse los lee como títulos honoríficos —"mensajero del dios supremo", "el sol", "nuestro pariente y padre", "el que se hace invisible", "el que desaparece"— y concluye que Bochica, Nemterequeteba y Sadigua no fueron el mismo personaje. Ninguna fuente resuelve la cuestión, y esta ficha no la resuelve: trata los nombres como variantes de una memoria, no como biografía verificable.
La cautela es doble. Primero, evangelizadora: Simón sospecha que el viajero fue un cristiano antiguo y le atribuye cruces y sermones; Piedrahíta llega a identificarlo con el apóstol San Bartolomé, y el camello muerto en Bosa pertenece a ese mismo vocabulario. Segundo, historiográfica: la lectura antropológica, con Correa y la propia Villa Posse, reconoce en él un héroe civilizador del tipo continental y advierte que enseñar un oficio no implica haber creado una sociedad desde cero: la arqueología documenta textilería, cultivos y cacicazgos anteriores a la conquista.
En este corpus, el episodio del Tequendama pertenece al mismo nombre pero a otro registro: allí Bochica no camina ni enseña, sino que aparece en el arco del cielo y rompe las peñas con su vara de oro o su bordón. Las dos tradiciones conviven bajo un solo nombre sin fundirse, y el lector las encuentra separadas.
Otras versiones y matices
Variaciones, precisiones y límites documentales para quien quiera profundizar.
- 01
Castellanos afirma que los nombres Bochica, Nemterequeteba y Xué pudieron designar a un solo hombre o a tres predicadores de tiempos distintos. Piedrahíta prefiere lo primero —uno solo con tres epítetos— y añade que unos pueblos usaban Nemqueteba, otros Bochica y otros Zuhé. Simón reparte la nomenclatura por regiones: en el valle de Bogotá, Chimizapagua, Nemterequeteba y Xué; en la provincia de Tunja y Sogamoso, Sadigua, Sugamónxe y Sugansua, con cronologías incompatibles (veinte edades de setenta años frente a cuatro períodos de setenta). Villa Posse ordena estos nombres como títulos honoríficos —"mensajero del dios supremo", "el sol", "nuestro pariente y padre", "el que se hace invisible", "el que desaparece"— y concluye que Bochica, Nemterequeteba y Sadigua no fueron el mismo personaje.
- 02
Los recorridos tampoco coinciden. Para Simón, la ruta entra por Pasca, sigue por Bosa, Fontibón, Bogotá, Funza (Serrezuela) y Zipacón, da la vuelta al norte por la falda de la sierra, llega a Cota —donde le abren un foso de más de dos mil pasos y duerme en una cueva—, pasa por Guane, Tunja y el valle de Sogamoso, donde se desaparece. En la tradición de Tunja, el predicador enseña a tejer y desaparece en Iza, dejando el pie estampado en una piedra. Triana, vía Villa Posse, lo hace venir desde el páramo de Chingazá y pasar por Muequetá (Funza) y Cota.
- 03
Sobre el final hay dos desenlaces: Castellanos y Piedrahíta dicen que murió en Sogamoso y fue trasladado al cielo tras dejar al cacique de la provincia como heredero de su santidad; Simón dice que simplemente se desapareció. La huella del pie en Iza pertenece a esta última línea.
Procedencia
Recopilado de la tradición oral de Muiscas, Andina · Andina > Varios > Muiscas.
Cómo documentamos cada relatoFuentes y revisión editorial
Esta ficha cuenta con referencias de contraste publicadas. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
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