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Todos los mitos, organizados por territorio y tema.
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Mostrando 11 de 11 mitos

Ancastor
Explora el relato catío de Ancastor, un mediador entre mundos, y su simbolismo cultural en la continuidad de la vida.

El Bastón de Sueño
En una noche de río crecido, un joven Wounaan sueña con un jai que le entrega un bastón para sostener la palabra. Cuando una niña enferma por un daño invisible, el aprendiz enfrenta la tentación del poder rápido y aprende que curar es equilibrar, escuchar y pedir ayuda a tiempo.

El trueno
Exploramos cómo el Trueno, figura poderosa, transforma tierras en lagunas, creando un conflicto entre humanos y naturaleza.

Guagua Rayo
En las noches de tormenta, cuando el llanto parece correr por la cuneta, aparece el Guagua Rayo: un bebé de relámpago que prueba a los caminantes y cobra cuentas a quien llega chumado o con la mano pesada en la casa.

La Totuma de la Cocha
Dicen los mayores que la neblina de La Cocha no es neblina: es guardiana. Y que una totuma antigua, si se riega con mentira, puede volver agua el aire y hundir un valle entero.

La Yesca
En el Atrato dicen que La Yesca no es animal ni mujer, sino un daño ‘puesto’ por un brujo: bejucos y ramas que abrazan y ahogan, robando el aliento y el rumbo a quien camina con soberbia por la selva.

La abadesa arrodillada
Sor Ana del Perpetuo Socorro, una abadesa en Cartagena, se convirtió en símbolo de devoción y resistencia tras su sacrificio durante la invasión española.

La mala mujer
El mito narra la historia de un hombre transformado tras su muerte, guiando a sus hijos a cumplir un destino dictado por la selva.

La rodillona
Explora cómo un vendaval insólito en el Valle del Magdalena dio origen a la figura espeluznante de la Rodillona, impactando las creencias locales.

La sombra
El mito de la Sombra Gris narra la transformación de Ximena al encontrar un tesoro oculto y un destino inesperado en Cartagena.

Las Manos de Barro
Dicen los viejos Wounaan que Êwandam, solo en las playas del Baudó, probó hacer gente de chonta y de balso. Solo cuando metió las manos en el barro encontró el equilibrio: ni dureza sin escucha, ni fragilidad sin sostén.