La llamada «mala mujer»

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

La llamada «mala mujer»

Un anciano muere después de ser obligado a trabajar y ordena a sus hijos matar a su madre; la ficha conserva el relato sin justificar la violencia.

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El relato

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Un hombre tenía su mujer y dos hijos. Cuando ya estaba muy viejo y enfermo, los hijos se fueron al monte para cazar danta y dejaron al padre en la casa.

Entonces dijo la mujer: «Véte a trabajar!». «No puedo trabajar porque estoy ya muy viejo y enfermo!», dijo el hombre. «Tienes que trabajar!», dijo la mujer.

Así el padre se fue y empezó a trabajar en la roza. Pero el sol estaba muy bravo y el viejo se cansó mucho. Se sentó bajo un árbol y pronto se murió.

Los hijos no sabían nada de eso. Iban por el monte buscando danta. Entonces encontraron un deshecho muy bonito y planito, sin ninguna hierba ni maleza. En medio del plano estaba parado un hombre.

Entonces dijo uno de los hijos: «Quién es este hombre? Lo conozco!». Entonces dijo el otro hijo: «Yo también lo conozco; será nuestro padre!».

Cuando se acercaban, veían que el padre tenía la cara y todo el cuerpo pintados de achiote. Tenía muchos hilos enrollados en los tobillos y en las rodillas, también en los brazos. Tenía falda nueva y cinta sobre el pecho, y en la cabeza tenía una corona de plumas amarillas y rojas. En la espalda le colgaba la cola de una guacamaya. En los brazos tenía además pegadas muchas plumas pequeñas. Así estaba el hombre, parado como para ir a fiesta, con arco y flechas y macana.

Entonces los hijos preguntaron: «Te vas a fiesta, padre?».

Pero hubo un gran viento y no veían más al padre.

Después de un rato lo vieron otra vez y preguntaron de nuevo: «Padre, te vas a fiesta?».

Entonces dijo el padre: «Me voy a fiesta. Ustedes váyanse a la casa. Tomen mi macana y en la casa busquen a mi mujer que es madre de ustedes. Dénle dos golpes de macana en la cabeza!».

Entonces hubo un gran viento y los hijos no vieron más al padre.

Tomaron la macana y se fueron a la casa y dijeron: «Nuestro padre ha muerto».

Cuando llegaron buscaron a la mujer, y cuando la encontraron, la mataron con macana.

Era una mala mujer.

La llamada «mala mujer»: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien cuenta el final también reparte la culpa y esa repartición viaja con el relato.”

Territorio

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Ette Ennaka (Chimila)
Referencia
10.0356° · -74.2147°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este es el duodécimo de los veintiún relatos que el cacique Tangrutaya Mutsu, anciano septuagenario, le contó a Gerardo Reichel-Dolmatoff y que se publicaron en 1945. Es el que más depende de sus condiciones de registro. El recopilador anota que el cacique narraba de noche, recostado en su hamaca, en voz baja y lenta y en un castellano a veces confuso. Anota también que varios de los cuentos eran familiares a las mujeres, pero que el cacique insistía en contarlos sólo ante hombres e interrumpía el relato cuantas veces una mujer entraba a la casa. Y que estos cuentos no se relatan a los niños en ningún caso. La única versión que existe de un relato que termina con el asesinato de una madre fue dicha ante un auditorio del que las mujeres estaban excluidas, a un hombre de fuera y en una lengua que no era la del narrador. No sabemos cómo lo contaban ellas, ni si lo contaban.

En la «Etnografía chimila» de 1946, salida del mismo trabajo de campo, Reichel-Dolmatoff nombra este cuento y dice que es «de tanta importancia» porque da la descripción detallada de un hombre adornado para una fiesta. Y ahí documenta, pieza por pieza, el atavío por el que los hijos reconocen al padre: las plumas pequeñas que los hombres se pegan al antebrazo con cera para ciertas ceremonias; la corona, insignia del cacique, una diadema de madera flexible con tubitos de caña, hilo de algodón de colores y largas plumas de guacamaya; las ligaduras apretadas bajo la rodilla y sobre el tobillo, que veía sobre todo entre los ancianos; y el achiote, usado sólo en ceremonias y en grandes manchas. Precisa algo que el relato no dice: los adornos de plumas se llevan sólo en ceremonias de la vida mágica y por hombres iniciados.

El mismo volumen describe qué se hace con los muertos: el cuerpo se pinta de rojo con achiote, se pone en cuclillas y se envuelve en su hamaca; se entierran con él sus objetos personales, entre ellos las armas; y el difunto vaga cuatro días buscando el camino hacia otro mundo, ruta que va hacia el Sur, sobre el río Magdalena, hasta un país «donde le va muy bien». El recopilador no enlaza esa creencia con este cuento, pero es lo único escrito que explica qué hace un hombre recién muerto, vestido de fiesta, parado en mitad del monte.

Las demás fuentes tocan los bordes. El registro de las visitas de 1915 y 1920 publicado en 1987 confirma desde afuera esos rasgos: los chimila se ataban brazos y piernas con hilo, se pintaban con achiote y antes usaban coronas de plumas. La etnografía de los campos ette de 2020 da el trasfondo de la orden que abre el cuento: el mundo se ordena en anillos, con las casas y los huertos de las mujeres en el centro y los campos de los hombres más afuera, y abrir la roza es oficio masculino, penoso y expuesto. El estudio de 2016 sobre la casa ette explica que la vivienda se abandona cuando muere uno de sus dueños: una sola palabra nombra la muerte de la persona y la de la casa. La antología de Miguel Rocha Vivas lo reedita como literatura ette y el reportaje del Ministerio de las Culturas de 2024, con voces de Luis Eduardo Granados y César Rozo, usa el nombre Ette Ennaka.

Ninguna de ellas comenta el desenlace. Quien escribió páginas sobre las plumas no escribió una línea sobre las dos muertes.

Resonancias con otros mitos

Tres relatos del mismo corpus alumbran este, y los tres marcan una diferencia.

El primero es el que viene inmediatamente después, «Los muertos en el monte». Allí los muertos se van al monte, encuentran un deshecho y dicen «Aquí está bien. Vamos a hacer casa!»; un hombre perdido llega a preguntar por el camino y ellos lo miran y le contestan, pero él no entiende nada porque hablan otra lengua, la lengua de los muertos, y se va corriendo. El lugar es el mismo, un deshecho en mitad del monte, que en la etnografía de 1946 es el nombre del claro circular donde se siembra. El encuentro, en cambio, es el opuesto: allí el muerto resulta ininteligible y el vivo huye, y aquí el padre habla claro, da una instrucción y los hijos la cumplen.

El segundo es «El diluvio». Una mujer encerrada con su familia en la casa de piedra dice que hace años no ve el sol, saca una piedra del techo para ver un poco de luz y entra un chorro de agua que casi los ahoga; el hombre le grita «Maldita mujer! Así uno se muere por tu culpa!» y le ordena volverse lechuza cuando termine la lluvia. Los dos relatos culpan a una mujer de una muerte y los dos terminan con su castigo, pero allí la condena la pronuncia el marido vivo y ella sobrevive convertida en pájaro que quiere ver el sol y nunca puede, mientras que aquí la orden la da el marido muerto y la ejecutan los hijos con la macana del padre.

El tercero desactiva la lectura más fácil. «El hombre que soñó con danta» cuenta que un hombre soñó que un árbol caído había matado una danta, salió a buscarla, le cayó un árbol encima y murió; los compañeros hallaron el cuerpo, buscaron la danta y la mataron con tres flechas. Ese cuento cierra con una frase: «Era una danta mala». Es la misma fórmula con que cierra este, cambiando sólo quién la recibe. En este corpus el remate declara malo a quien quedó del lado de una muerte, sea una mujer o un animal, y eso se parece más a un hábito de cierre que a una tesis sobre las mujeres.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De este relato existe una sola versión documentada, la de 1945, y la antología de Miguel Rocha Vivas la reproduce sin añadir un testimonio nuevo. Con un solo registro no hay manera de saber si el desenlace era fijo, si en otras casas se contaba sin la orden final, ni qué versión tenían las mujeres que, según el propio recopilador, conocían varios de estos cuentos. La condición del registro forma parte del testimonio: lo contó un hombre que se callaba cuando entraba una mujer.

  2. Entre el texto de 1945 y la glosa que el mismo autor publicó un año después hay diferencias de detalle que conviene no borrar. El relato dice corona de plumas amarillas y rojas; la etnografía describe la diadema del cacique con largas plumas de guacamaya. El relato dice muchas plumas pequeñas pegadas en los brazos; la etnografía precisa que son plumas rojas y verdes de varias clases de Psittacus y que se pegan al antebrazo con cera. El relato dice que el hombre tenía arco, flechas y macana; la etnografía atribuye al arco del cacique un penacho de plumas que el relato no menciona. Y la etnografía identifica la corona como insignia del cacique y reserva los adornos de plumas a los hombres iniciados, mientras que el texto de 1945 no llama cacique al muerto ni lo distingue de ningún otro hombre. Quien quiera leer al padre como un cacique estará apoyándose en el segundo libro, no en el primero.

  3. El juicio del título tampoco es un añadido editorial. «La mala mujer» encabeza el número 12 en la edición de 1945, y la sentencia está además dentro del texto narrado, en su última frase. Esta ficha conserva las dos cosas y entrecomilla el título para dejar claro de quién es la frase.

  4. Frente al texto heredado, esta revisión repone lo que se había comprimido y retira lo que sobraba. Vuelven la segunda pregunta de los hijos y el segundo viento, que antes se habían fundido en una sola aparición. Vuelve la orden literal de dar dos golpes de macana en la cabeza, que se había vuelto un genérico «golpearan a su madre». Vuelve el anuncio de los hijos al llegar a la casa. Sale del Relato, en cambio, el párrafo que hablaba del propio relato: que la página no convierte el desenlace en justicia, que la violencia no se celebra ni se representa, que el título nuevo pone distancia. Eso es criterio editorial y va aquí, no adentro de la historia.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Ette Ennaka (Chimila) · Magdalena · Caribe
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y cuentos de los indios Chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica los veintiún relatos del corpus histórico y atribuye su narración al cacique Tangrutaya Mutsu, registrada en castellano durante trabajo etnográfico.

  2. El sol babea jugo de piña: antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Reedita y contextualiza literatura Ette dentro de una antología nacional, identifica las traducciones y remite a las fuentes etnográficas usadas.

  3. Los Ette Ennaka, un pueblo que resiste y conserva sus tradiciones a pesar de siglos de violencia

    mincultura.gov.co

    Recoge voces de Luis Eduardo Granados y César Rozo, emplea el nombre Ette Ennaka y documenta el relato de Yaau, Numirinta y las dos mazorcas de maíz cariaco.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Etnografía chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Es la glosa que el propio recopilador escribió sobre este cuento: dice que es de tanta importancia porque da la descripción detallada de un hombre adornado para una fiesta, y documenta cada pieza, las plumas pegadas al antebrazo con cera, la diadema del cacique, la pintura de achiote, el penacho del arco y la macana, además del entierro y de la creencia de que el difunto vaga cuatro días buscando el camino al otro mundo.

  2. Los últimos indígenas chimilas

    publicaciones.banrepcultural.org

    Confirma desde 1915 los rasgos con que los hijos reconocen al padre: los chimila se atan fuertemente brazos y piernas con hilo para conservar la fuerza, los hombres se pintan el cuerpo con achiote y en el pasado usaban coronas de plumas.

  3. La anatomía de la casa: humanización y ciclo vital de la vivienda ette (chimila)

    revistas.uniandes.edu.co

    Explica qué ocurre con la casa cuando muere quien la habita: el fallecimiento de uno de sus dueños va seguido de su abandono, hasta el punto de que una sola palabra nombra la muerte de la persona y la de la vivienda.

  4. La división cósmica de las labores terrenales: interacción entre humanos y no humanos en los campos de cultivo ette

    revistatabularasa.org

    Da el trasfondo del conflicto que abre el cuento: el mundo ette se ordena en anillos donde el centro son las casas y los huertos de las mujeres, el anillo intermedio los campos de los hombres y la periferia la selva de las divinidades, y abrir la roza es oficio masculino, penoso y expuesto.

  5. La lengua chimila

    persee.fr

    Es el vocabulario levantado en el mismo trabajo de campo de 1944, y nombra en ette taara el atavío con que los hijos reconocen al padre muerto. En la lista de casa, utensilios y armas (pp. 31-32) registra el arco, la flecha, la macana, el penacho de plumas, el collar, el vestido de hombre y la faja de los guerreros, junto al achiotero; en la fauna, la guacamaya (p. 35); y el verbo «morir», yút:ka- («está muerto», p. 46). Anota además que «cacique», ta-ngrúta-ya, es una de las pocas palabras que marcan género posponiendo «hombre» o «mujer» (p. 16): existe la forma femenina, «cacica», que la Etnografía de 1946 no menciona al reservar la corona al cacique.

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«La llamada «mala mujer»» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La llamada «mala mujer»» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La llamada «mala mujer»» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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