En la alborada de los tiempos, cuando las nubes eran sutiles voces que murmuraban en los oídos de los ancianos y los climas obedecían a antigos caprichos, el Trueno residía en Sukafi, un lugar conocido solo por aquellos que comprendían el puro lenguaje de la tierra. Los Pijaos, pueblo vasto y numeroso, poblaban estas regiones; susurros antiguos contaban que sus risas y danzas barnizaban todo el paisaje, dándole vida y canción.
El Trueno, figura de oscuro misterio, solía pararse en una enorme piedra que miraba a su vasta comarca e ideó un plan para restituir el silencio en la tierra. Con su boleadora, un arma de vientos y rayos, barrió la vida desde Sukafi hasta el lejano Kuetando. Los médicos, sabios herederos de conocimientos profundos, podían alterar montañas, pero solo en aquellos tiempos donde Truenos y remedios eran hermanos, donde la vida se sostenía con la magia de las palabras sinceras.
Al caer el sol, cuando el misterio se deslizaba por las sombras, los más viejos del cabildo caminaban con cautela hacia la laguna de Vichaguau. Allí, en sus quietas aguas, habita el secreto de dialogar con el Trueno, y los médicos depositaban las varas de mando, ansiando el auxilio del espíritu, pues se decía que así permanecía la vida en el equilibrio del mundo.
Cuenta otra historia, multiplicada con los ecos del tiempo, que las lagunas embrujaban a las gentes, robando sus almas. Pero era el Trueno, quien disfrazado de un anciano con un sombrero de ramas, macizo y de ojo profundo, deambulaba por los campos. En el Pueblito, un hombre de buen corazón lo encontró, entre su cosecha de papas, entre montaña y zanja de tierra. El viejo solicitó arrendamiento para compartir el trabajo, pero el dueño conocía los peligrosos caprichos del desconocido y se negó, observando en silencio su andar sobre un árbol caído.
La negativa despertó la ira silenciada del Trueno. Una nube negra se alzó en el horizonte y despachó al cielo un diluvio que parecía partir las entrañas de la tierra. Sin esfuerzo y ajeno al aguacero que empapaba la carne de los cosechadores, el viejo fue el amo del temporal. Las gentes, presas del agua y del miedo, huyeron; las mujeres desaparecieron al compás de un relámpago, llevadas al mundo oculto del Trueno. Los médicos, esos intérpretes del viento y el agua, reconocieron tras su partida el vestigio del divino anciano, y donde él se había sentado quedó solo un gran barrial.
Una variante resonaba entre la memoria de los pueblos, la historia de un hombre ya anciano que observaba la tierra en su irrefrenable locura: una gran labranza se extendía a lo lejos, ancha y abundante en papas, como cuna generosa de la madre tierra. Una recia tormenta, cual oscura devoción del cielo, cubrió la cosecha al tiempo que un viejo se apareció, repitiendo su sombrero y su porte, como en otras historias. Con desdén por la furia del agua que le lamía las rodillas, quedó sentado junto a una anciana. Una niña vio aquella extraña compañía desde la altura, desde un lugar donde el temor no alcanzaba. Ella escapó, y bajo sus pies la vasta labranza poco a poco se fue haciendo agua, hasta ser laguna y historia.
Otra narración, tejida con las mismas hebras de temor y misterio, habla de una vieja en un papal con su familia, punto donde la tormenta se convirtió en tragedia. La llegada del Trueno, vestido con capa y sombrero de rama, anunció la transformación. Entre la lluvia que insistía en desnudar el suelo, una niña alcanzó la altura justa para observar cómo su mundo se convertía en laguna. Y decía el murmullo del viento desde las cañas, que los que conocieron aquella laguna nunca cesaron de vivir, bajo la protección y el deseo del Trueno.
Así, en la interconexión de relatos que el tiempo esculpió en la roca de la memoria, cohabitan las múltiples caras del Trueno, ser etéreo que, entre deslumbres y oscuridades, camina por las sendas del olvido, reviviendo en la voz de los ancianos y en el susurro de los árboles que han sido testigos de su presencia.
Historia
El mito del Trueno parece originarse de varias historias transmitidas por generaciones, donde el Trueno es una figura poderosa y temida, asociada con eventos naturales extremos como lluvias torrenciales y la transformación de tierras en lagunas. En la primera versión, el Trueno está relacionado con la muerte de los Pijaos, considerados animales por él, y su conexión con chamanes o médicos que intentaban comunicarse con él por protección. Las otras versiones mencionan eventos donde un viejo misterioso, identificado como el Trueno, induce tempestades en áreas de cultivo y se lleva a las personas, especialmente mujeres y familias, convirtiendo las tierras en lagunas. Estos relatos sugieren que el mito puede haber surgido como una explicación metafórica o alegórica para fenómenos naturales poderosos e inexplicables en su momento, personificados en la figura del Trueno.
Versiones
Las cuatro versiones de este mito describen el papel del Trueno y su interacción con los seres humanos, pero se diferencian notablemente en sus narrativas y simbolismos. La primera versión presenta al Trueno como una fuerza destructiva que elimina a los Pijaos debido a su gran número. Aquí, el Trueno actúa como un poder supremo, incuestionable y temido, pero también benévolo en su colaboración con los médicos antiguos, quienes sabían cómo comunicarse con él para obtener remedios. En contraste, las narraciones posteriores giran en torno a la interacción directa del Trueno, personificado como un misterioso viejo con sombrero de ramo, con individuos específicos en un contexto agrícola, buscando más bien reflejar un fenómeno de desaparecimiento o secuestro asociado a la lluvia y las lagunas que se forman.
Las otras tres versiones enfatizan la figura del viejo como una manifestación del Trueno durante situaciones relacionadas con la cosecha y las lagunas. En ellas, el viejo es una figura casi mística que parece pedir compañía o aceptación en el mundo humano, pero su presencia termina desencadenando eventos sobrenaturales inevitables. Los relatos sugieren que las personas son absorbidas por las lagunas, simbolizando quizás un ingreso a otro mundo o un cambio irreversible provocado por el Trueno. La interacción con una niña que escapa al peligro también es un elemento constante, sugiriendo un remanente de esperanza o supervivencia en medio del caos natural. En resumen, mientras que la primera versión resalta el poder omnipotente del Trueno en saquear a una población entera, las narraciones posteriores humanizan su figura, generando un conflicto más personal e íntimo con los humanos dentro de un escenario cíclico asociado a la naturaleza.
Lección
El poder de la naturaleza es incuestionable y debe ser respetado.
Similitudes
Se asemeja a mitos como el de Zeus en la mitología griega, quien también controla el trueno y el clima.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



