La sombra

Caribe · Mestizo

La sombra

Ximena sigue una sombra gris que conduce a un tesoro; el hallazgo modifica su destino y desplaza la pregunta desde la aparición hacia el uso de la riqueza.

Leer el relato
La sombra: la entrada del relato

El relato

Escuchar el relato · 4 min

Huyó de su pueblo antes que casarse con el hombre que le había buscado su madrastra. No lo conocía. Sabía lo que contaban: cara picada de viruelas, una giba, esclavos castigados por cualquier falta y dos esclavas muertas por sus propias manos.

Con los pocos centavos que tenía se coló en un grupo de mujeres que iban en romería a la Popa, y siguió de largo hasta la ciudad. Una anciana del camino la llevó al barrio de San Diego y la recomendó con una vecina, que tenía desocupada una casa en la calle de la Bomba. Le entregó las llaves y una cama de viento. Le interesaba que alguien la ocupara y no dijo por qué.

Unos muchachos le preguntaron desde la calle si de verdad se atrevía a entrar ahí, y detrás de ellos llegaron dos comadres del vecindario.

—Señorita, no entre. ¿No le han dicho que esa casa es espantosa?

—¿Sale algún muerto?

—Sale una sombra gris que se pasea por todo el patio. Dicen que es uno de los propietarios que vivió aquí y que enterró su tesoro.

Esa tarde trancó el portón por dentro y caminó sobre la alfombra de hojas del tamarindo. Se le vino encima una calma que no sentía hacía meses.

—Gracias, Dios mío. ¡Ay, si fuera cierto lo del tesoro! Si me saliera esa sombra a decirme dónde está, sería capaz de enfrentármela.

De madrugada saltó de la cama como si la hubieran llamado. Se asomó a la ventana y la vio: perfilada bajo el tamarindo, vaga, con una luz alrededor. Se tapó la boca para no gritar, y en voz baja preguntó si no podría decirle dónde estaba el entierro.

La Sombra le hizo seña de que saliera. La tomó de una mano y tiró de ella. La muchacha sudaba y temblaba a la vez, y aun así seguía andando detrás.

—¿Hacia dónde me llevas?

—Parte del tesoro es para ti. Pero promete que irás donde el Gobernador y pagarás el rescate del prisionero número veintiocho, y que te casarás con él. Es el heredero de esta casa y sabe dónde está el resto.

—Prometo casarme con él. ¿Quién eres?

—La doncella de esta casa, que le sirve a las monjas y es la única que sabe el secreto. Tu compañera de viaje.

—¡Señora Rosa!

Despertó al pie de la tapia que colinda con las Monjas, con cinco taleguitos en la falda y dos jarrones de plata alrededor. Abrió uno. Oro, monedas de oro puro. Levantó tres ladrillos del comedor y lo escondió todo debajo.

Compró telas, muebles, una esclava, y compró la casa a un precio irrisorio, sin que la dueña llegara a saber nunca lo que había bajo el comedor. A los ocho días, engalanada y con la esclava por delante, se presentó ante el Gobernador, que la trató de doña.

—¿Y qué parentesco tenéis con el cautivo, señora?

—Nada menos que mi prometido.

—Llevad a don Juan Ignacio del Río a mis habitaciones.

Ella oyó el nombre y se desmayó. Era el monstruo del que venía huyendo.

Cuando volvió en sí preguntó, sin mirar a nadie, si estaba muy envejecido. Las damas de palacio se rieron: alto, galante, con unos ojos verdes, y tenía en revolución todas las faldas de la casa. Ella salió al salón para salir de dudas, y un caballero rubio se volvió al oír sus pasos.

—¿Por qué me engañaron?

—Nadie te engañó. Creíste en calumnias de mis enemigos. Tu madrastra supo a tiempo de tu fuga, y quiso la casualidad que estuviera allá la vieja Rosa, que se vino a cuidarte.

—¿También casualidad la Sombra?

—No. Esa la inventamos Rosa y yo, para que la casa, a falta de inquilinos y compradores, volviera a nuestro poder y pudiéramos sacar el entierro que escondió mi abuelo cuando la amenaza de Vernon. ¿Te casas conmigo?

—Sí —dijo ella bajito, y no preguntó más.

La sombra: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Casi siempre el espanto que vacía una casa le conviene a alguien que sigue vivo.”

Territorio

Caribe · Mestizo

Caribe · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
10.39972° · -75.51444°

Ficha del relato

Contexto histórico

El relato ocupa los folios 368 a 373 del segundo tomo de «Mitos y leyendas de Colombia», la antología que Eugenia Villa Posse compiló para el IADAP y que se publicó en Quito en 1993. Va en la sección veintiocho, la segunda que el volumen dedica a Cartagena, y que reproduce «Al filo de la leyenda», de Judith Porto de González. Conviene no confundir dos fechas de ese libro. Se publicó en 1962, en los Talleres El Marinero, y tuvo después dos reediciones, Colgráficas en 1979 y Plaza & Janés en 1989; la que la antología manejó, y la que fija las páginas que aquí se citan, es la reimpresión cartagenera de 1982, la de la Imprenta Departamental. El folio 359 remite a las páginas 29 a 199 de aquella edición.

Antes de los relatos, en ese mismo folio, la compiladora describe el conjunto de dos maneras. Dice que reúne leyendas de la tradición oral de la población negra de Cartagena. Y dice que están escritas: lo que se lee es una redacción literaria del lenguaje popular, no la palabra de un informante puesta por escrito. Lo segundo se nota en cada página; lo primero hay que tomarlo de quien lo afirma, porque en esta pieza la única persona que sirve en la casa vecina de las monjas es la vieja Rosa, y el cuento la usa para el engaño sin decir nada más de ella.

De lo que la obra trae sobre esta historia en concreto, lo más útil es el dato que la ata a un tiempo: el entierro lo escondió el abuelo del protagonista «cuando la amenaza del saqueo de Vernon». Es la única fecha implícita del texto y remite a mediados del siglo XVIII. Por lo demás la autora no da año, no nombra al gobernador, no dice de qué pueblo viene la muchacha ni de dónde sacó la historia. El barrio sí lo precisa: San Diego, calle de la Bomba, con la tapia del fondo pegada a un convento.

Resonancias con otros mitos

El primer parentesco es con la familia más poblada del folclor hispanoamericano de tesoros: los relatos del entierro guardado por un ánima que no puede descansar hasta que alguien lo saque. En esa tradición el aparecido no regala nada, negocia: señala el sitio a cambio de misas, de responsos, de una promesa o de que se cumpla un encargo pendiente, y quien acepta queda obligado. El cuento respeta el esquema entero y sólo cambia el precio, porque aquí lo que se exige no son oraciones sino un rescate y una boda.

El segundo es con el fantasma fingido para vaciar una propiedad, que es un motivo viejo y muy práctico: la casa que nadie quiere alquilar ni comprar se compra barata. La literatura de misterio racionalizado vive de esa vuelta de tuerca, y en el mismo conjunto de leyendas cartageneras la autora la repite dos veces más con otros instrumentos: un brazo dormido en un caso, una rama de guayabo y un candil en otro.

El tercero es de estructura amorosa y viene del cuento maravilloso. El pretendiente al que la muchacha huye está descrito por terceros como un monstruo —viruelas, giba, crueldad— y resulta ser un caballero al que las damas del palacio celebran. Es el mecanismo de los relatos del novio bestial, de la familia de Cupido y Psique y de sus descendientes modernos, donde la fealdad atribuida se desvanece en el encuentro. Con una diferencia que el relato no disimula: aquí la que corrige la versión es la parte interesada, y el desmentido del monstruo y el desmentido del fantasma vienen de la misma boca.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La pieza se distingue de casi todas sus vecinas en una cosa: se desmiente a sí misma. Dentro de la misma sección hay aparecidos que el texto deja en pie —la sombra que recorre los corredores al final de «La casa de don Benito» no se explica nunca— y aparecidos que el texto desmonta antes del punto final, como el de «Doce en punto de la noche» o las dos luces de «Un quejido… una luz». Ésta pertenece al segundo grupo, y conviene no alinearla con el primero, porque la frase que da sentido al título es justamente la confesión del fraude.

  2. Conviene además reparar en quién dice cada cosa. Que la casa está espantada lo dicen los muchachos de la calle y dos comadres del barrio. Que la sombra es un antiguo propietario con un tesoro enterrado lo dice la mayor de ellas, en forma de rumor: «dicen que». Que nunca hubo aparecido lo dice, al final, el propio hombre que se benefició del montaje, y nadie lo corrobora: el cuento cierra sobre su palabra y sobre un «sí» dicho bajito.

  3. Hay también dos homonimias dentro del mismo conjunto de leyendas que pueden inducir a error a quien lo lea seguido. El Juan Ignacio de esta pieza no es el Juan Ignacio de «Un anónimo», que es marido conspirador y no heredero arruinado. Y la novia cristiana quemada por la Inquisición que aparece en «La casa de don Benito» no tiene relación con la protagonista de aquí. La autora no las cruza en ningún momento.

  4. Queda una advertencia de soporte. Lo que hoy puede leerse no es el libro impreso sino la parte que la antología reprodujo once años después de la tirada de 1982, y ninguna de las impresiones del original está digitalizada.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Bolívar · Caribe
Referencias
8
Última revisión
21 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Al filo de la leyenda (Cartagena, Talleres El Marinero, 1962; impresión de la Imprenta Departamental, 1982, pp. 29-199), reproducida en la sección 28 del tomo II de «Mitos y leyendas de Colombia»

    flacso.edu.ec

    Va del folio 368 al 373 y es la única fuente del relato, incluida la frase que da sentido al título y que el resumen heredado había perdido: al final, el propio beneficiario confiesa que nunca hubo aparecido, y la Sombra queda declarada invención de dos personas vivas con un fin patrimonial. Sólo aquí constan también la condición que la Sombra impone —rescatar al preso y casarse con él, sin lo cual no hay reconocimiento final—, el barrio de San Diego y la calle de la Bomba, la tapia del fondo pegada a un convento, la vieja Rosa como instrumento del engaño, y el único anclaje temporal del texto: que el abuelo escondió el entierro «cuando la amenaza del saqueo de Vernon».

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II: «Leyendas y cuentos del folclor»

    flacso.edu.ec

    Permite clasificar la pieza sin inventarle un género, y clasificarla importa aquí más que en otras. La nota del folio 359 presenta la sección como leyendas de tradición oral con «una redacción literaria del lenguaje popular», y eso explica por qué un relato de aparecidos está construido como novela corta y se permite desmontarse a sí mismo en la última página. La antología es además el soporte en que hoy se lee el texto —páginas 29 a 199 del libro de 1982, reproducidas en la sección veintiocho— y la que deshace la atribución heredada a Martínez Fajardo, cuyo libro ocupa la sección dieciocho del mismo tomo.

  3. Escritura, creatividad e historia de Cartagena: vida cotidiana y popular a través de la obra de Judith Porto de González

    iniciacioncientifica.com

    Desmonta la idea de que el libro tenga una sola edición, y eso importa en una pieza que sólo puede leerse a través de copias. La investigación del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena fecha «Al filo de la leyenda» en 1962, impreso en los Talleres El Marinero, y registra dos reediciones posteriores: Colgráficas en 1979 y Plaza & Janés en 1989. La edición de la Imprenta Departamental de 1982 que Villa Posse declara como fuente no es, por tanto, ni la primera ni la única, y el texto que hoy se lee ha pasado por al menos cuatro imprentas antes de llegar a la antología. Quien quiera cotejar la confesión final —la frase que declara que la Sombra fue un montaje— tiene cuatro impresiones posibles y ninguna digitalizada.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Las fortalezas de San Lázaro (Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 4, n.º 11, pp. 1100-1104)

    publicaciones.banrepcultural.org

    Sostiene la única fecha que el relato deja caer. El ensayo reconstruye la historia del cerro de San Lázaro y del castillo de San Felipe de Barajas, transcribe la lápida de mármol que fecha su fábrica en 1657 y narra la resistencia de la plaza al ataque del almirante Vernon en 1741, además de las obras complementarias de 1762 a 1769 y las baterías que rodeaban el conjunto. Cuando el cuento dice que el abuelo escondió el entierro «cuando la amenaza del saqueo de Vernon» está fechando la fortuna enterrada en un momento concreto y comprobable, y no en un pasado vago de piratas.

  2. Ghosts: Folktales of Aarne-Thompson-Uther Types 1676 and 1676B («Real Ghosts and Fake Ghosts»)

    sites.pitt.edu

    Da catálogo y compañía al procedimiento que el relato revela en su última página. La antología reúne y comenta relatos tradicionales agrupados bajo los tipos 1676 y 1676B, donde lo que está en juego es exactamente la frontera entre el aparecido verdadero y el fingido: alguien se envuelve en una sábana para asustar a otro, o se burla de los muertos y recibe respuesta. Que un fantasma resulte ser una puesta en escena de personas vivas no es una ocurrencia de esta autora ni una modernización del género: es una de sus ramas antiguas, y el remate cartagenero la usa con un fin patrimonial muy concreto.

  3. Cuentos de hadas campesinos de Colombia: topologías literarias de Cupido y Psique (Estudios de Literatura Colombiana)

    revistas.udea.edu.co

    Pone nombre y catálogo al parentesco que «similitudes» describe en tercer lugar. El artículo estudia las topologías literarias de Cupido y Psique en el cuento de hadas campesino colombiano, es decir la familia de relatos en que la pareja se forma a pesar de una fealdad o una monstruosidad atribuida al pretendiente, y muestra que esos esquemas europeos circulan reelaborados en la narrativa oral del país. Aquí el pretendiente al que la muchacha huye está descrito por terceros como viruelento, giboso y cruel y resulta ser un caballero al que las damas del palacio celebran: el desmentido del monstruo funciona con el mismo mecanismo que el del fantasma.

  4. Lo «afro» en el discurso turístico de Cartagena: subexposición y sobreexposición, en «Circulaciones culturales. Lo afrocaribeño entre Cartagena, Veracruz y La Habana»

    books.openedition.org

    Permite decir con precisión qué papel tiene en el relato la única persona negra que aparece: la esclava que la protagonista compra cuando ya es rica, y que no habla. El capítulo describe el doble régimen con que la ciudad representa a su población afrodescendiente —sobreexpuesta como figura pintoresca y consumible, subexpuesta en su vida real, su lengua y su tradición oral— y permite leer esa compra muda como lo que es: presencia sin voz en un conjunto que la antología declara recogido de la tradición oral de la población negra de Cartagena.

  5. Los estudios sobre la esclavitud en el Caribe colombiano (Historia Caribe, vol. 20, n.º 47, pp. 197-222)

    revistas.uniatlantico.edu.co

    Ofrece el estado del campo para tratar con cuidado el detalle que más incomoda en el relato: que la protagonista, una vez rica, compra una esclava. El balance recorre lo que la historiografía ha hecho con la esclavitud en el Caribe colombiano, sus giros de enfoque y sus vacíos, y deja ver que la compra doméstica de personas era en la Cartagena colonial una operación corriente de casa acomodada y no un rasgo de maldad de un personaje. Sirve para contar la escena sin suavizarla y sin convertirla en excepción.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«La sombra» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La sombra» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La sombra» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

Deja tu versión

Desde 10 caracteres. Sin enlaces: los descartamos.

No se publica. Sólo lo usamos si necesitamos preguntarte algo.

Cada versión la lee una persona antes de publicarse. Verás la tuya aquí mismo mientras esperas.