La Yesca

Pacífico · Mestizo

La Yesca

Una descripción chocoana presenta La Yesca como daño asociado con brujo o chinango y con bejucos o ramas que abrazan y ahogan.

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La Yesca no es mujer, ni animal, ni espíritu con rostro. Es un daño. En el Chocó se dice que la pone un brujo, al que también llaman chinango, y que la pone sobre una persona. Quién de los dos lleva la maldad, si el que la pone o el que la recibe, no queda claro: lo único seguro es que la Yesca cae sobre alguien.

En algunas partes la ven. Entonces toma la forma de bejucos y de ramas. Rodean a la víctima, la abrazan y aprietan, y siguen apretando hasta que le quitan el aire y la ahogan. No hay otra cosa que contar de ella: no camina, no habla, no persigue. Abraza, y ese abrazo es el daño.

La Yesca: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un daño puesto por otro puede tomar la forma de lo que sostiene la vida y volverla contra alguien.”

Territorio

Pacífico · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Mestizo
Referencia
5.6947° · -76.6611°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este relato no tiene un registro publicado que se pueda consultar. Su única forma escrita son dos líneas de la guía turística del Chocó que publicó el portal Colombia.com, en la sección de mitos del departamento: la Yesca es el imaginario de un brujo o chinango que se pone a una persona malévola, y en algunas partes la representan con bejucos y ramas que abrazan a la víctima y la ahogan. Esas líneas no nombran río, pueblo ni narrador, y los portales de turismo que las repiten las copian. Se buscó la Yesca con bejucos, brujo o chinango en obras sobre el Pacífico y el nombre no apareció en ninguna.

Lo que sí está documentado es la idea del daño puesto por un enemigo. El antropólogo chocoano Rogerio Velásquez, en «La medicina popular en la costa colombiana del Pacífico» (Revista Colombiana de Antropología, 1957), escribe que en los pueblos del Alto y del Bajo Chocó es común oír que una enfermedad proviene de las influencias de un enemigo. Cuando los remedios no sirven, la familia busca al hombre que es a la vez curandero y brujo; si el mal no es de Dios, será obra del diablo. Velásquez describe también cómo se pone la enfermedad al envidiado: se hace un muñeco de balso que lo representa, se lo entierra en una zanja en el bosque y se le reza una novena durante nueve noches para que el señalado muera despacio. La única salida es que el brujo acepte curar al que padece.

El Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia, que estudiaron Alejandro Munévar Salazar, Laura Andrea Chaparro Rojas y Julio Alexander Bernal Chávez en la revista LiminaR (2022), recoge en el Chocó las expresiones «hacer maldad» y «hacer brujería» para el daño de las brujas y el testimonio de Aquilina Córdoba, de Coredó, grabado en 1975, sobre las brujas que se oyen volar. El daño que se pone y la víctima que no puede escapar son, en esa región, parte de la vida diaria.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en el mismo Chocó y lo registra Rogerio Velásquez en 1957: la enfermedad que un brujo pone al envidiado mediante un muñeco de balso enterrado en el bosque. Como la Yesca, es un daño dirigido contra una persona concreta y encargado a quien sabe hacerlo; la diferencia es que el muñeco actúa a distancia y la Yesca, en su forma vegetal, llega hasta el cuerpo de la víctima.

El segundo paralelo es la Madremonte de la región cafetera, que también se viste de plantas. Esmeralda Van Vliet la describe con cabellos de helechos y lianas y brazos de bejucos, y el inventario de tradición oral de Viterbo (Caldas) la muestra vestida de bejucos o convertida en una zarza tupida que se mueve y mira con rabia a quienes pasan. Pero la Madremonte es dueña del monte y castiga por su cuenta; la Yesca no tiene voluntad propia, la pone un brujo.

La comparación con el Tolima de Misael Devia muestra el revés del motivo: allí el campesino se defiende de la Madremonte llevando amarrado a la cintura un bejuco de adorote. En el Tolima el bejuco protege; en la Yesca, el bejuco es el arma.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De la Yesca no se conocen variantes. Sólo se sabe que la guía que la nombra distingue dos maneras de contarla: en general es un daño puesto por un brujo o chinango, y en algunas partes se la representa con bejucos y ramas que abrazan y ahogan. La primera forma es invisible; la segunda le da cuerpo vegetal.

  2. Esa misma oscilación entre lo invisible y lo visible aparece en lo documentado sobre el daño en el Chocó. En Velásquez, la enfermedad puesta por un enemigo no se ve: se reconoce por el color de la orina, por la mejoría o el agravamiento después del agua bendita y el sahumerio de ruda y altamisa, y su instrumento es un muñeco de balso escondido en el bosque. El daño trabaja lejos de la víctima, que se consume también, dice, por la angustia de sus propios temores.

  3. En los etnotextos del Atlas Lingüístico-Etnográfico que analizan Munévar, Chaparro y Bernal, el embrujo sí transforma el espacio. Los campesinos cuentan que la bruja hace sentir un encierro, la sensación de estar en un lugar sin salida, o hace perder el rumbo. Allí el daño no ahoga, pero atrapa.

  4. Entre el muñeco enterrado de Velásquez y el encierro del Atlas, la Yesca de los bejucos queda en el extremo más físico: el daño deja de ser una influencia y se convierte en un abrazo que corta el aire.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Chocó · Pacífico
Referencias
6
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. La medicina popular en la costa colombiana del Pacífico

    revistas.icanh.gov.co

    En «Prácticas mágico-religiosas» (pp. 213-214): en el Alto y Bajo Chocó las enfermedades se atribuyen a las influencias de un enemigo; el curandero-brujo, la novena con el muñeco de balso enterrado en el bosque para matar despacio al envidiado, y el ruego al brujo para que cure.

  2. Cuando las brujas vuelan y hacen daño. Esquemas culturales sobre la brujería del campesinado en Colombia

    scielo.org.mx

    Sobre el Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia: registra en el Chocó «hacer maldad» y «hacer brujería (maleficio)», el testimonio de Aquilina Córdoba en Coredó (1975) y el embrujo como encierro o pérdida del rumbo.

  3. Chocó (guía turística, sección de mitos y leyendas)

    cdn.colombia.com

    Única forma escrita del nombre: «La Yesca: imaginario de un brujo o chinango que se pone a una persona malévola», representada en algunas partes con bejucos y ramas que abrazan a la víctima y la ahogan.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. Folclor tolimense

    repositorio.unibague.edu.co

    «La Madremonte» (p. 64): el campesino anda por el monte fumando tabaco o con un bejuco de adorote o carare amarrado a la cintura para librarse de ella; el paralelo del bejuco que protege.

  2. Colombia, Many Countries in One (incluye «Niños de las regiones de Colombia», de Esmeralda Van Vliet, ICAN)

    files.eric.ed.gov

    La Madremonte de la región cafetera con cabellos de helechos y lianas y brazos de bejucos, guardiana que desata tempestades cuando talan un árbol.

  3. Inventario turístico de Viterbo (Caldas): mitos, leyendas y tradición oral

    repositoriocdim.esap.edu.co

    §1.4.1: la Madremonte vestida de chamizos, hojas y bejucos, o convertida en los rastrojos en una zarza tupida en movimiento que mira con rabia a quienes pasan.

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«La Yesca» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La Yesca» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La Yesca» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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