Tradición oral
La tradición oral colombiana es un vasto océano de mitos que reflejan la cosmovisión de sus pueblos, donde cada relato es un hilo que teje la memoria colectiva. Desde las leyendas de los morrocoyos en el Caribe, que...
La tradición oral colombiana es un vasto océano de mitos que reflejan la cosmovisión de sus pueblos, donde cada relato es un hilo que teje la memoria colectiva. Desde las leyendas de los morrocoyos en el Caribe, que exploran la transformación y el castigo, hasta los relatos andinos de guardianes como el Taita Galeras, cada historia es un eco de la naturaleza y la espiritualidad. En el Pacífico, mitos como el del Riviel del Rosario nos advierten sobre el respeto hacia lo sagrado, mientras que en el Valle del Cauca, el Hada de los Cañaverales se convierte en un símbolo del cuidado del agua y la tierra. Estos relatos, transmitidos de generación en generación, nos invitan a reflexionar sobre nuestras raíces y el delicado equilibrio entre el ser humano y su entorno.
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El llamado de Inti
En el Resguardo Refugio del Sol, cuentan los mayores que el mundo era neblina hasta que el Churo encontró su centro y oyó el llamado de Inti. El sol nació de palabra y aprendió a regresar al mirarse en la Mama Cocha, dejando una ley: iluminar sin humillar y cuidar el agua para que no vuelva la confusión.

Guagaja
En el Katsa Su, una mujer Awá escucha el llamado del agua y se encuentra con Guagaja, la culebra gigante que guarda los nacimientos. Desde entonces, el río castiga el abuso y premia el respeto, recordando que el territorio está vivo.

Kijimba de las Ánimas
En Quibdó dicen que las ánimas no son humo: caminan, oyen y ponen reglas. Una noche de lluvia, una cantadora convoca la Kijimba de las Ánimas para abrirles camino con agua del Atrato y canto responsorial, y el barrio aprende que la fiesta también puede ser tránsito y respeto.

La Barca de Dos Tintas
En la cuenca del San Juan, un aprendiz Wounaan quiso ser jaibaná sin aprender a temer. Su maestro le pintó con dos tintas, colgó una barca de balso en el techo y lo envió a soñar con los jais. Allí entendió que las fuerzas obedecen al canto verdadero y que el poder rápido rompe la armonía.

La Casa de la Tradición
En San Antonio, Cali, una casona de patio y zaguán no asusta por crueldad: se manifiesta con pasos, voces y olor a naranja quemada para recordar que la tradición se cuida, no se burla.

La Noche Más Larga
Antes de la luz hubo una noche espesa y silenciosa. Bajo esa oscuridad, el agua soñaba enroscada y la tierra esperaba caminos. La Babilla Antigua abrió zanjas y levantó lomos; la Ceiba Primera unió los tres mundos. La vida llegó como un tejido de brillos pequeños.

La Pirámide del Chontaduro
En las montañas de Palmira se levanta una pirámide que huele a chontaduro con miel y sal. Dicen que nació de un sueño y que no concede tesoros: devuelve claridad o confusión, según la intención con que uno suba.

La Sal del Weguer
En el Bajo San Juan, cuentan que Ewandam y Dosat disputaron el destino del pueblo. Dosat quiso salar el mar y enseñar un trabajo sin permiso; Ewandam respondió con límites, y de una palma espinosa nació el weguer, fibra sagrada que se pide antes de tejer.

La Sierpe de Beté
En Beté, cuando llegan las patronales y el Atrato respira crecido, los viejos recuerdan a la Sierpe de tres cabezas: una canta, otra se ríe y la última mira. No muerde: castiga el irrespeto y la mentira, y obliga al pueblo a pedir permiso al río.

La Totuma de la Cocha
Dicen los mayores que la neblina de La Cocha no es neblina: es guardiana. Y que una totuma antigua, si se riega con mentira, puede volver agua el aire y hundir un valle entero.

Las Manos de Barro
Dicen los viejos Wounaan que Êwandam, solo en las playas del Baudó, probó hacer gente de chonta y de balso. Solo cuando metió las manos en el barro encontró el equilibrio: ni dureza sin escucha, ni fragilidad sin sostén.

Mexión y Manexca
Dicen los mayores que al principio todo era oscuridad y frío. Solo caminaban Mexión y Manexca. Ella trenzó el mundo como caña flecha; él abrió canales para domar el agua. Del maíz nacieron los primeros zenúes, hijos del barro tibio y del nombre del territorio.