
Pacífico · Afrocolombianos
Kijimba y el baile de las ánimas
Kijimba sigue una tambora hasta una casa llena de figuras blancas; allí descubre demasiado tarde quiénes celebran.
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Kijimba era una señora muy alegre a la que le gustaba ir a todo baile. Se divertía a la hora que fuera y el día que fuera, y el sitio geográfico no le impedía nada: si había baile en Tanguí, se iba; si lo había en Guayabal, en Tutunendo, en Condoto, en Tanando o en Quito, también. Por eso era muy conocida en distintos sitios del Chocó.
Un día estaba acostada y escuchó el sonido de una tambora. Era un baile y sonaba buenísimo.
Entonces dijo: ay, suena un baile, voy para allá.
Sus familiares le advirtieron que no se levantara, que ya era muy tarde, que ya estaba descansando. No valieron las advertencias. Se arregló, agarró su palanca y su canalete, achicó el agua de su champa y se fue para el baile.
A medida que subía el río, el baile se escuchaba más cerca. No se perdía con la distancia ni cambiaba de dirección: la tambora marcaba el rumbo y ella lo siguió con la palanca y el canalete, como había seguido tantos otros.
Llegó a una casa donde había mucha gente. Gritaban, bailaban, cantaban. Todos los asistentes vestían de blanco, sin una sola excepción, y ninguno pareció extrañarse de verla llegar a esa hora.
Al verla llegar, la recibieron gritando su nombre: llegó Kijimba, llegó Kijimba. La estaban esperando y no lo disimularon.
Le sirvieron el trago. Kijimba lo miró y vio que era hiel, bilis pura, y dijo que no quería. Pero la casa entera le respondió en coro, y no era una invitación: que se lo tomara, Kijimba, que se lo tomara, que a todo baile no se va.
Se lo hicieron tomar a la fuerza. El baile siguió alrededor de ella con la misma música y la misma gente de blanco.
Al otro día, Kijimba falleció.
Sólo entonces quedó claro a qué clase de baile había subido por el río. Era una fiesta de las ánimas, y por eso todos los que se encontraban en ese sitio vestían de blanco.

La enseñanza
“Toda invitación tiene anfitrión, y hay bailes cuyo anfitrión no está entre los vivos.”
Territorio
Pacífico · Afrocolombianos
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Pacífico
- Comunidad
- Afrocolombianos
- Referencia
- 5.6947° · -76.661°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Afrocolombianos · Chocó · Pacífico
- Referencias
- 8
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente
Base documental · 3 referencias
- La escuela en la tradición oral
books.google.com.co
Es la fuente del relato completo. En las páginas 44 y 45, bajo el título «KIJIMBA» y la línea «Narración de la señora Rosalba Cossio García», está todo lo que la ficha cuenta: los bailes de Tanguí, Guayabal, Tutunendo, Condoto, Tanando y Quito; la tambora escuchada desde la cama; las advertencias de los familiares; la palanca, el canalete y la champa achicada; la casa río arriba con todos vestidos de blanco; el grito «llegó Kijimba»; el trago que era hiel; el coro que ordena tomárselo porque a todo baile no se va; y la muerte al día siguiente en una fiesta de las ánimas. La página 45 trae además «La viudita», narrada por María de Jesús Ampudia Perea, nacida en Tadó en 1924, que la ficha usa como paralelo.
- Cantando el sufrimiento del río. Memoria, poética y acción política de las cantadoras del Medio Atrato chocoano
redalyc.org
Da el marco en el que las ánimas del Medio Atrato son agentes y no decorado: documenta que la fuerza para invocar alabaos viene de personas de entendimiento fuerte con conexión especial con las ánimas, y que la alabaora mayor Petrona aportó tres alabaos que, según ella, se los enseñaron en sueños las ánimas. Sitúa además el eje geográfico del relato y distingue alabaos de gualís, que se cantan en el duelo por niños.
- Ombligados de Ananse: hilos ancestrales y modernos en el Pacífico colombiano
babel.banrepcultural.org
Aporta el tercer eco de las similitudes: el 25 de octubre de 1995, en el velorio de doña Genara Bonilla, en el río Pepé del bajo Baudó, don Juan Arce narró historias de guacas en las que el minero que se guarda la riqueza para sí desaparece de la tierra, y otros pepeseños siguieron contando en la misma ceremonia. Muestra que el velorio chocoano es el lugar donde se narra y que el desenlace fatal se dispara por desoír a la familia.
Contraste y contexto · 5 referencias
- Alabaos y gualíes del Chocó: patrimonio oral y prácticas mortuorias
repository.unad.edu.co
Sirve para separar géneros: documenta los alabaos y gualíes como prácticas de duelo vivas en Quibdó y su transmisión a los estudiantes, lo que permite decir en versiones que son el ritual con el que se acompaña al muerto y no variantes del baile de Kijimba.
- Entre la muerte y los matachines: sentidos de comunidad guapireños
repositorio.unicauca.edu.co
Aporta contexto comparativo sobre cómo una comunidad negra del Pacífico organiza la relación entre muerte, fiesta y sentido de comunidad, es decir el terreno en el que una fiesta puede ser de los muertos sin dejar de ser fiesta.
- El Chocó y las mitologías de oro
redalyc.org
Muestra cómo la narración oral chocoana llega a la letra impresa y quién la ha mediado, incluidas las transcripciones que Alfredo Vanín hizo de narradores mayores como Manuel María Moreno, de Opogodó; ayuda a leer «La escuela en la tradición oral» como un eslabón más de esa cadena de mediaciones.
- Guía turística del Chocó: mitos y leyendas
cdn.colombia.com
Permite situar a Kijimba frente al repertorio chocoano que sí está inventariado institucionalmente —la Yesca, el Indio de Agua, la Sierpe de Beté, el Duende, el Rivial, la Bruja, la Sirena— y comprobar que el baile de las ánimas no figura en esas listas.
- Ritos de la muerte en el Alto y Bajo Chocó
asociacionlatinoamericanadeantropologia.net
Es la descripción chocoana de primera mano de cómo se trata a las ánimas, dedicada a informantes del Atrato, Buenaventura y el Patía. Registra que las ánimas que no han llegado a puerto seguro se aparecen en sueños, como estrellas errantes o ramas que tiemblan en la corriente, y exigen oraciones; que las ánimas condenadas causan tormentas, dañan siembras y «asisten a sitios en que no se les llama»; que los muertos se muestran de frente, con vestido talar y la cara borrosa, sobre todo en Semana Santa; que durante la gravedad de un enfermo se cambian los vestidos de color por pálidos o blancos y hacer bailes crea enemistades; que el luto se cierra con un baile en que se come y se bebe para olvidar; y transcribe los cantos del velorio, prohibidos en gualíes y velatorios de niños.
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¿Así te la contaron?
«Kijimba y el baile de las ánimas» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «Kijimba y el baile de las ánimas» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «Kijimba y el baile de las ánimas» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








