Ritual
La categoría de mitos rituales en la mitología colombiana nos invita a sumergirnos en un mundo donde lo sagrado y lo cotidiano se entrelazan de manera profunda. A través de relatos como la creación del mundo por Chim...
La categoría de mitos rituales en la mitología colombiana nos invita a sumergirnos en un mundo donde lo sagrado y lo cotidiano se entrelazan de manera profunda. A través de relatos como la creación del mundo por Chiminigagua, la leyenda del armadillo de mina y la conexión entre la lechuza y el Cuichi de Cuchicuelan, se revela la riqueza cultural de las comunidades indígenas y mestizas, quienes veneran la naturaleza y sus ciclos. Estos mitos no solo narran el origen de la vida y la transformación de los seres, sino que también enseñan sobre el respeto y la reverencia hacia los elementos, convirtiendo cada historia en un ritual que nos recuerda la importancia de la armonía entre el ser humano y el entorno. En cada relato resuena la voz de nuestros ancestros, invitándonos a reflexionar sobre nuestro lugar en el cosmos.
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Cobaima
Cobaima, creado por Karagabí, bajó por los ríos del Chocó para aprender la palabra de las plantas y hablar con los jai. Separó a los animales dañinos del camino humano, nombró ríos sin nombre y desató trampas invisibles. Así ordenó el territorio para que la vida no se devorara a sí misma.

Creación
La creación del mundo por Chiminigagua y el liderazgo de los caciques reflejan una rica cosmogonía llena de simbolismo y transformación.

El armadillo de mina
En el pueblo, el armadillo de mina es un símbolo de riqueza transformativa, asociado a rituales específicos para su captura.

Kijimba de las Ánimas
En Quibdó dicen que las ánimas no son humo: caminan, oyen y ponen reglas. Una noche de lluvia, una cantadora convoca la Kijimba de las Ánimas para abrirles camino con agua del Atrato y canto responsorial, y el barrio aprende que la fiesta también puede ser tránsito y respeto.

La Barca de Dos Tintas
En la cuenca del San Juan, un aprendiz Wounaan quiso ser jaibaná sin aprender a temer. Su maestro le pintó con dos tintas, colgó una barca de balso en el techo y lo envió a soñar con los jais. Allí entendió que las fuerzas obedecen al canto verdadero y que el poder rápido rompe la armonía.

La Lechuza y el Cuichi de Cuchicuelan.
Explora la conexión entre naturaleza y explotación social en Panán y el poder del Cueche.

La Pirámide del Chontaduro
En las montañas de Palmira se levanta una pirámide que huele a chontaduro con miel y sal. Dicen que nació de un sueño y que no concede tesoros: devuelve claridad o confusión, según la intención con que uno suba.

La Sal del Weguer
En el Bajo San Juan, cuentan que Ewandam y Dosat disputaron el destino del pueblo. Dosat quiso salar el mar y enseñar un trabajo sin permiso; Ewandam respondió con límites, y de una palma espinosa nació el weguer, fibra sagrada que se pide antes de tejer.

La Sierpe de Beté
En Beté, cuando llegan las patronales y el Atrato respira crecido, los viejos recuerdan a la Sierpe de tres cabezas: una canta, otra se ríe y la última mira. No muerde: castiga el irrespeto y la mentira, y obliga al pueblo a pedir permiso al río.

La Totuma de la Cocha
Dicen los mayores que la neblina de La Cocha no es neblina: es guardiana. Y que una totuma antigua, si se riega con mentira, puede volver agua el aire y hundir un valle entero.

Taita Galeras
Dicen los mayores que el Taita Galeras guarda cuatro ojos de agua. Al que sube con respeto le presta su ruana de neblina; al que sube con codicia le cambia los caminos hasta que aprende a pedir perdón al agua.