Aquí, en el Valle de Atriz, uno aprende a caminar despacio porque el cerro escucha. Nosotros no le decimos cerro por decir: a ese abuelo se le dice Taita, y cuando se pone serio, se le dice Urcunina, Montaña de Fuego. Dicen los mayores que, antes de que Pasto se acomodara en su valle, el Taita ya estaba sentado, con su ruana de neblina y su sombrero de ceniza. No era un volcán, no señor: era un guardián. En su pecho guardaba cuatro ojos de agua, cuatro espejos que no reflejaban la cara sino la intención. Uno era Telpis, el ojo que mira a los caminantes; otro era la Negra, que mira los secretos; otro la Verde, que mira la esperanza; y otro, Mejía, que mira el regreso.
Una vez, cuando la gente se olvidó de pedir permiso, llegó un tiempo de manos rápidas. Bajaron por los senderos como si la montaña fuera mercado: arrancaban frailejones, espantaban venados, dejaban basura donde nace el agua. Y el Taita, que es paciente pero no bobo, se quedó callado. Ese silencio fue peor que un trueno.
Esa noche, la ciudad soñó lo mismo: un tambor sonando dentro de la tierra, como corazón golpeando costillas. Al amanecer, el humo se levantó derecho, como dedo de maestro. Y en el corregimiento, un viejo intérprete del monte dijo: 'El Taita está llamando a cuentas'.
Subieron entonces los que todavía sabían escuchar: una abuela con su bastón, un muchacho que hacía máscaras para las fiestas, y una mujer recolectora de colores, de esos que luego se vuelven barniz fino en manos de artesano. No subieron a la cima, porque la cima no se visita como se visita una plaza: la cima se respeta. Se quedaron donde el páramo se vuelve oración.
Allí, en el borde del frío, el Taita les habló sin palabras. Les mostró, en el espejo de Telpis, a un niño bebiendo agua clara; y en el espejo Negro, a otro niño tosiendo polvo. Les mostró, en el espejo Verde, los pajonales peinados por el viento; y en el espejo Mejía, los senderos cerrándose como cicatriz.
El muchacho de las máscaras entendió primero. Sacó su pintura y se pintó la cara mitad negra, mitad blanca, como en los días grandes, y dijo: 'Si el juego nos iguala, también el cuidado nos iguala'. La recolectora de colores, con manos de paciencia, prometió que cada lámina de resina y cada corte de color llevaría un recuerdo del agua: no para vender el Taita, sino para honrarlo. Y la abuela, que no negocia con nadie, clavó su bastón en la tierra y dejó una advertencia: 'El que suba sin permiso, se pierde en su propia soberbia'.
Desde entonces, cuando alguien entra al páramo con respeto, el Taita le presta su ruana de neblina para que no se crea dueño del paisaje. Pero al que entra con ruido y codicia, el Taita le cambia los caminos: lo hace caminar en círculos, hasta que aprende a pedir perdón al agua.
Y por eso, mijo, cuando usted vea al Galeras quieto, no crea que está dormido: está escuchando. Y cuando lo vea humeando, no diga 'qué miedo', diga 'qué aviso'. Porque el Taita no amenaza por gusto: corrige para que el agua siga bajando a la casa de todos.
Historia
El mito se inspira en la relación histórica y simbólica entre San Juan de Pasto y el volcán Galeras, conocido también como Urcunina, nombre asociado a los quillacingas y traducido como 'montaña de fuego'. El relato se ubica en el entorno del Santuario de Flora y Fauna Galeras, donde se protegen ecosistemas de páramo, bosque andino y altoandino, y donde el agua es un eje vital para municipios del área de influencia.
Se incorporan referencias culturales regionales: la idea del Galeras como emblema identitario (presente incluso en el himno departamental 'Desde el mar hasta el Galeras'), y el gesto simbólico de igualdad del Carnaval de Negros y Blancos (pintarse de negro y de blanco) como metáfora de corresponsabilidad comunitaria. También se alude al oficio del Barniz de Pasto Mopa-Mopa como 'recolección de colores' y transmisión intergeneracional de saberes, conectando artesanía, territorio y memoria.
Finalmente, el mito dialoga con prácticas contemporáneas de espiritualidad andina y de cuidado del territorio (invocaciones a la Madre Tierra y autoridad de las abuelas), integrándolas como mecanismos narrativos para explicar por qué el Taita 'habla' mediante neblina, humo y cambios de camino.
Versiones
1) Versión de Obonuco: el Taita no habla con humo sino con 'diablos danzantes' que bajan del Urkunina en fila durante la Fiesta de la Cosecha; si la comunidad está en falta, el baile se corta y el viento apaga las flautas.
2) Versión de Yacuanquer-Telpis: el espejo principal es la laguna de Telpis; quien se asoma con mala intención ve su rostro envejecido de golpe y regresa con fiebre de páramo, hasta que devuelve lo que se llevó.
3) Versión de Pasto urbano: el Taita se manifiesta en enero, cuando la ciudad se pinta de negro y de blanco; si el respeto se pierde, la ceniza cae como talco oscuro sobre los techos para recordar que la igualdad también es deber.
4) Versión de artesanos: el Taita 'presta' colores al Barniz de Pasto, pero exige que cada pieza lleve un símbolo de agua (onda, gota o laguna) como pago ritual; si no, la resina se cuartea sola.
5) Versión de guardaparques y caminantes: el Taita confunde a quien entra por rutas no autorizadas; la neblina se vuelve ruana pesada y el camino se repite hasta que el visitante aprende a pedir permiso y a caminar en silencio.
Lección
El Taita Galeras enseña que el territorio no es un objeto de consumo sino una relación: el agua, los páramos y los senderos existen porque hay respeto, límites y cuidado colectivo. La igualdad celebrada en la fiesta se vuelve responsabilidad en la vida diaria: nadie está por encima del páramo, y quien entra sin permiso termina perdido en su propia soberbia.
Similitudes
Se parece a relatos andinos donde montañas y volcanes son seres tutelares (taitas) que protegen agua y fertilidad, y castigan la falta de respeto con extravío, neblina o enfermedad. También dialoga con mitos colombianos de guardianes del monte (como figuras tipo Madremonte) en la idea de confundir caminos a quienes dañan la naturaleza, pero aquí el énfasis está en el volcán como abuelo y en el agua como pacto comunitario.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



