Cuando el mundo era aún un lugar de penumbras, antes de que las estrellas pudieran soplar su luz sobre la tierra, Chiminigagua era una vasta ánfora donde la esencia luminosa del cosmos se guardaba en secreto. En el inicio de los días, Chiminigagua decidió abrir sus confines, permitiendo que la primera flor de luz pudiera escapar y comenzar a crear. De su aliento, surgieron pájaros negros como la noche, encargados de llevar, en sus picos, el aire resplandeciente que despejaría las sombras. Así, el mundo se transformó en un brillante tapiz de claridad.
En medio de esta emergente claridad, el ser divino comenzó a dibujar las formas del mundo como si se tratase de un pintor con un lienzo virgen. Los valles, los ríos, las montañas y los mares surgieron de su voluntad. Y entre tales obras de grandiosidad, destacaba el sol, tan asombroso en su belleza que parecía necesitar una eterna compañera.
Mientras las tierras danzaban en su nueva luz, de las aguas de Iguaque apareció Bachué. Ella emergió con un niño de tres años de mano, un niño que traía consigo las promesas de futuro. Atravesaron las sierras hasta el llano del pueblo de Iguaque. Allí, Bachué y el niño construyeron una casa, y cuando el niño creció, él se convirtió en su esposo. Juntos, poblaron la tierra con su descendencia, engendrando entre cuatro y seis hijos cada vez, llenando los campos y llanuras de vida.
Con el paso de los años, los hijos de Bachué cubrieron la tierra como un manto. Una vez colmada de humanidad y ambos ancianos, Bachué y su esposo regresaron a Iguaque. Allí, frente a la multitud congregada, Bachué habló sobre la importancia de vivir en paz y reverenciar a los dioses. Y al concluir, bajo el llanto y los cánticos de despedida, se transformaron en dos inmensas culebras que se desvanecieron en la laguna, dejando su legado de amor y luz.
No lejos de estas tierras, en el altiplano donde las palabras de los vientos portan historias antiguas, reinaban los caciques de Sogamoso y Ramiriquí. Antes de las luces y sombras, estos caciques tomaron tierra amarilla y yerba alta y convirtieron estos elementos en hombres y mujeres. Sin embargo, hallándose aún en un mundo de sombras, Sogamoso elevó a Ramiriquí hasta el cielo para convertirse en el sol. Y más tarde, él mismo se elevó para crear la luna, iluminando así el hábitat nocturno del hombre.
Años más tarde, en el reino de los Muiscas, una agitación reverente recorría Bacatá, pues una ceremonia en la laguna de Guatavita aguardaba al nuevo Zipa, el joven gobernante llamado a suceder a sus ancestros. El verde de los cerros rodeaba la laguna como una esmeralda palpando el cuadro del cielo. Allí, los tambores y flautas alzaban sus voces en un canto místico.
El peregrinar hasta la laguna se llevaba a cabo acompañando al heredero, un proceso que era sostenido por nobles ataviados de dorados reflejos y plumas que transportaban el polvo de antiguas ofrendas sotto. Al llegar, el sacerdote, con su andar silente y piel cobriza, silenció a los presentes y condujo al futuro Zipa al borde de la laguna. Con trementina cubriendo su piel, el oro en polvo fue prolijamente aplicado sobre su cuerpo, haciendo de él un reluciente emblema de poder y divinidad.
La balsa de oro que lo aguardaba sobre las aguas lo llevó al centro de la laguna, donde, en un silencio casi palpable, el joven se sumergió en el seno de la diosa Badini. Al retornar a la superficie, no solo emergió con vida, sino que renació ungido y consagrado por las aguas. Todo el pueblo celebró su ascensión, y en una ofrenda común, derramaron sobre la laguna sus tesoros: piezas de oro, esmeraldas, y guardados secretos en vasijas que relucían bajo el nuevo astro rey.
La ceremonia de El Dorado había concluido, fijando al nuevo Zipa en el linaje de la sabiduría y el poder. Los hombres y mujeres retornaron a sus vidas, al trabajo de la tierra, al tejido fino, a cuidar del legado que Chiminigagua, Bachué y los ancestrales caciques de Sogamoso habían asegurado con sus actos, sus mitos y los eternos pactos de luz que aún ahora, como en las primeras emanaciones del cosmos, danzan en las aguas y los cielos de una tierra viva.
Historia
Por ahora no tenemos tan clara la historia de este mito, pero a medida que recopilemos más información les estaremos actualizando.
Versiones
Las dos versiones del mito presentan diferencias significativas en términos de cosmogonía, personajes principales y enfoque cultural. La primera versión describe el origen del mundo a través del dios Chiminigagua, quien libera la luz y crea inicialmente aves negras que esparcen luz por el mundo, seguido de la creación de seres humanos por Bachué en un contexto acuático. Este relato enfoca la creación en seres divinos que facilitan la vida mediante acciones específicas para iluminar el mundo y poblarlo, destacando una simbiosis entre las deidades y la naturaleza. La narrativa se centra en la dualidad de transformación y retorno al origen, simbolizada por la metamorfosis final de Bachué y su esposo en serpientes. El énfasis está en la armonía entre humanidad, leyes divinas y la naturaleza, representada por la paz comunitaria y las leyes sagradas dadas por Bachué.
La segunda versión se centra en un contexto de liderazgo humano y cosmogonía a partir de soberanos terrenales, específicamente los caciques de Sogamoso y Ramiriquí, quienes son responsables tanto de la creación de la humanidad como de los cuerpos celestes. El énfasis en la creación está más en la ritualización y la celebración de eventos políticos y sagrados, como la coronación del nuevo Zipa, en lugar de la interacción de fuerzas divinas y naturales. Este relato incorpora elementos ceremoniales y festivos que celebran el liderazgo humano, destacando tradiciones como la ceremonia de El Dorado en la laguna de Guatavita, que simbólicamente involucra al pueblo en un acto de unidad y devoción a través de ofrendas y rituales. La transición del foco narrativo desde seres divinos hacia figuras humanas y sus ceremonias refleja el rol central de la estructura social y política en el mito.
Lección
La armonía entre humanidad, naturaleza y divinidad es esencial para la paz.
Similitudes
Se asemeja al mito griego de Prometeo por la entrega de la luz a la humanidad y al mito japonés de Amaterasu por la creación de luz y orden.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



