Ancestralidad
Explora la colección completa de mitos relacionados con ancestralidad.
Los mitos de la categoría ancestralidad forman parte del rico patrimonio cultural de Colombia, transmitidos de generación en generación por comunidades que preservan sus tradiciones orales.
En esta categoría se agrupan relatos provenientes de distintas regiones, pueblos y épocas, lo que permite ver patrones y variaciones en una misma temática. El mismo motivo mítico puede aparecer en la Amazonía, los Andes o el Caribe, cambiando según el paisaje y la cosmovisión de cada comunidad.
Actualmente reunimos 10 mitos bajo esta etiqueta. Explorar esta colección ayuda a comparar versiones, reconocer símbolos compartidos y descubrir cómo una idea atraviesa todo el territorio colombiano.
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Mostrando 10 de 10 mitos

Barbachas del Árbol Grande
Dicen los mayores que antes de los caminos todo era humedad, y en la piel del Árbol Grande se abrazaron dos barbachas, una blanca y una negra. Cuando tocaron la tierra, se volvieron paso y luego gente. Por eso, cuidar el agua y la montaña no es costumbre: es origen.

Chiles y Cumbal
Dicen los mayores que Chiles es fuego que despierta y Cumbal es agua que cría. Cuando se abrazaron por dentro, nacieron termales, lagunas y el primer mandato: vivir en reciprocidad para que el páramo siga dando vida.

Cobaima
Cobaima, creado por Karagabí, bajó por los ríos del Chocó para aprender la palabra de las plantas y hablar con los jai. Separó a los animales dañinos del camino humano, nombró ríos sin nombre y desató trampas invisibles. Así ordenó el territorio para que la vida no se devorara a sí misma.

Kijimba de las Ánimas
En Quibdó dicen que las ánimas no son humo: caminan, oyen y ponen reglas. Una noche de lluvia, una cantadora convoca la Kijimba de las Ánimas para abrirles camino con agua del Atrato y canto responsorial, y el barrio aprende que la fiesta también puede ser tránsito y respeto.

La Barca de Dos Tintas
En la cuenca del San Juan, un aprendiz Wounaan quiso ser jaibaná sin aprender a temer. Su maestro le pintó con dos tintas, colgó una barca de balso en el techo y lo envió a soñar con los jais. Allí entendió que las fuerzas obedecen al canto verdadero y que el poder rápido rompe la armonía.

La Noche Más Larga
Antes de la luz hubo una noche espesa y silenciosa. Bajo esa oscuridad, el agua soñaba enroscada y la tierra esperaba caminos. La Babilla Antigua abrió zanjas y levantó lomos; la Ceiba Primera unió los tres mundos. La vida llegó como un tejido de brillos pequeños.

La tuta
La Tuta es el origen de los comuneros de Panán, donde la dualidad entre luz y sombra forja una estirpe inmortal.

Las Manos de Barro
Dicen los viejos Wounaan que Êwandam, solo en las playas del Baudó, probó hacer gente de chonta y de balso. Solo cuando metió las manos en el barro encontró el equilibrio: ni dureza sin escucha, ni fragilidad sin sostén.

Mexión y Manexca
Dicen los mayores que al principio todo era oscuridad y frío. Solo caminaban Mexión y Manexca. Ella trenzó el mundo como caña flecha; él abrió canales para domar el agua. Del maíz nacieron los primeros zenúes, hijos del barro tibio y del nombre del territorio.

Tachi Akhore y la Palabra de Mangle
En un estero de mangle del Pacífico nariñense, un joven ambicioso aprende que la palabra es como el agua: si se ensucia, enferma a todos. Tachi Akhore y Tachi Nawe enseñan que la grandeza verdadera es sostener el equilibrio y compartir la vida.