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Chiles y Cumbal

Dicen los mayores que Chiles es fuego que despierta y Cumbal es agua que cría. Cuando se abrazaron por dentro, nacieron termales, lagunas y el primer mandato: vivir en reciprocidad para que el páramo siga dando vida.

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Ilustración de Chiles y Cumbal

Cuando yo era guambra, mi abuelo decía que en el Nudo de los Pastos no se camina sobre tierra, sino sobre palabra antigua. Y la palabra más antigua, la que no se deja escribir del todo, es la de los dos cerros grandes: Chiles y Cumbal. Antes de que hubiera apellidos, antes de que hubiera cabildos y linderos, el mundo era puro silencio de páramo. El silencio era tan frío que hasta el agua dudaba en nacer. Entonces, desde la frontera donde el viento no sabe si es de Colombia o de Ecuador, se levantó Chiles: macho de fuego, duro como piedra negra, con corazón caliente y resuello de azufre. No venía a quemar por capricho; venía a encender el pensamiento, a despertar el paso y la valentía.

Pero el fuego solo, ya sabe, se vuelve rabia. Por eso, del lado donde el hielo guarda su último brillo, se levantó Cumbal: mama de agua, hembra de laguna y neblina. Ella no hablaba con gritos; hablaba con goteo, con manantial, con la paciencia de la lluvia. Y donde ella posaba la mirada, el páramo se volvía cuna.

Chiles miró a Cumbal y la quiso cerca, pero no a la fuerza: a la manera de los Andes, por reciprocidad. Cumbal lo miró y entendió que el fuego también es medicina cuando se sabe medir. Entonces se acercaron sin moverse, porque los cerros no caminan como nosotros: se acercan por dentro, por las venas de la montaña.

Esa noche, cuentan, el cielo se rajó en dos colores: rojo por un lado, azul por el otro. Chiles sopló su aliento caliente y abrió caminos bajo la tierra; Cumbal dejó caer su leche fría y llenó las honduras. Donde el aliento tocaba el agua, nacían fuentes tibias, termales que curan el cansancio. Donde el agua tocaba el fuego, nacían semillas que no se asustan del frío.

Y así, en ese abrazo de contrarios, Cumbal parió la primera laguna como si fuera un ojo del mundo, y Chiles parió el primer trueno como si fuera un tambor. Con ese tambor y ese ojo, despertaron los primeros Pastos: gente de páramo, de trabajo y palabra, hechos para sostener el equilibrio.

Pero el origen no es una fiesta sin prueba. Los dos padres dejaron un mandato: cada vez que el pueblo olvidara la reciprocidad, Chiles movería su pecho con sismos para recordar que la tierra está viva; y Cumbal escondería el agua en lo profundo para enseñar que el agua no es cosa de desperdicio. Por eso, cuando tiembla, no es solo susto: es llamado. Y cuando la neblina baja, no es solo clima: es consejo.

Y así seguimos, mijo: caminando entre el fuego que da fuerza y el agua que da vida, cuidando que ninguno se vuelva dueño del otro. Porque Pasto no nació de un solo cerro, sino de dos voluntades que aprendieron a juntarse sin destruirse.

Historia

Este relato nuevo se inspira en una versión étnica contemporánea, presente en discursos y memorias comunitarias del sur de Nariño, donde los volcanes se entienden como seres tutelares y parentescos espirituales. En registros de comunicación indígena se describe a Cumbal como mama o volcán hembra de agua y a Chiles como volcán macho de fuego, dentro de una lectura de dualidad y complementariedad.

El marco territorial corresponde al municipio de Cumbal (Nariño), con resguardos indígenas como Gran Cumbal, Panan, Chiles y Mayasquer, donde los volcanes son reconocidos como montañas sagradas y guardianes del agua.

La base geográfica y volcánica se sustenta en información técnica: el volcán Chiles se ubica en frontera Colombia-Ecuador y hace parte del Complejo Volcánico Chiles-Cerro Negro; el volcán Cumbal se localiza al occidente de la población de Cumbal y es uno de los principales referentes del Nudo de los Pastos.

El mito incorpora, como eco simbólico, la idea de fuerzas opuestas que ordenan el cosmos, presente en narrativas pastas como la de Chispas y Guangas (dos poderes que se enfrentan y luego se alternan o se equilibran).

Versiones

1) Versión del fogón (dualidad agua/fuego): Chiles es padre de fuego que despierta el pensamiento y Cumbal es madre de agua que da cuna; el pueblo nace del equilibrio.

2) Versión de los tres volcanes (familia ampliada): además de Chiles y Cumbal, aparece Cerro Negro como hijo o viento, que lleva mensajes entre ambos y entre comunidades.

3) Versión del agua escondida: cuando la comunidad rompe la reciprocidad, Cumbal retira el agua a lo profundo y solo vuelve con ritual de agradecimiento; Chiles acompaña con temblores como aviso.

4) Versión del territorio-resguardo: el origen se cuenta desde los resguardos (Chiles, Gran Cumbal, Panan, Mayasquer), donde cada uno guarda una parte del mandato: agua, fuego, viento y camino.

Lección

La vida en el páramo se sostiene por reciprocidad: el fuego sin medida se vuelve destrucción y el agua sin cuidado se vuelve ausencia. El pueblo Pasto, en esta narración, nace para mantener el equilibrio entre fuerzas complementarias y para respetar el territorio como ser vivo.

También enseña que los signos de la montaña (neblina, termales, sismos) pueden leerse como recordatorios comunitarios: no todo es castigo; a veces es llamado a corregir el rumbo.

Similitudes

Comparte motivos con:

- Mitos andinos de dualidad y complementariedad (pares que ordenan el mundo), como se observa en narrativas pastas de fuerzas enfrentadas que terminan alternándose o equilibrándose.

- Relatos de montañas tutelares y nacimientos de agua ligados a volcanes y lagunas (páramo como matriz), presentes en descripciones culturales de Cumbal y su laguna La Bolsa.

- Tradiciones colombianas donde cerros y volcanes son personas antiguas (caciques, brujos, guardianes) convertidos en paisaje, como en versiones regionales sobre cerros encantados.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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