Los gigantes que nombraron los ríos

Amazonas · Andoque (Gente del Hacha)

Los gigantes que nombraron los ríos

Un recorrido de gigantes nombra ríos y deja dibujos en piedra que guardan una geografía difícil de leer desde el presente.

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Los gigantes que nombraron los ríos: la entrada del relato

El relato

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Después del diluvio, cuando la humanidad primera había perdido su forma, vino gente que podía atravesar la piedra y la madera con las manos desnudas. Se los llama los Perforadores, que quiere decir el tiempo de perforar. Vivían en la franja que bordea el Caquetá. Tierra adentro, alrededor de Sitio-de-llanto, vivían otros, las Sombras, y entre los dos pueblos se repartieron el territorio: las Sombras nombraron las quebradas pequeñas y los sitios de adentro; los Perforadores, las corrientes que desaguan en el Caquetá y los lugares de sus orillas.

Los Perforadores fueron los primeros que hablaron. Conocieron el fuego, conocieron el tiesto de tostar y los palos con que se levanta una casa, empezaron a ponerle nombre a las cosas y empezaron a construir; antes de ellos las casas eran montones de hojas y espinas. Encontraron los depósitos de hachas de piedra enterrados en el territorio. Sanaron la tierra quitándoles sus fuerzas primordiales a los seres que la hacían invivible, y a la gente de su tiempo, que hacía mal todo lo que intentaba hacer bien, la convirtieron en animales, en puercos de monte y cerrillos, en venados y dantas, para que sirviera de algo.

Lo que hicieron fue caminar y nombrar. Uno arrancó desde un tronco de árbol madi y desde el cerro de la palma de milpeso, y fue bajando y mirando lo que había en cada lugar. Cerca de una bocana oyó un trueno, y ese río quedó llamándose el río de Trueno. Donde vio cananguchos, el nombre le vino de esa palma. Así fueron quedando el río de Dedo, el río Azul, el río de Lobo y los demás. En la bocana de uno mataron una anaconda que estaba bien pintada, y por eso ese quedó siendo el río del Dibujo. En la bocana de otro vieron un pájaro en la punta de un árbol alto y preguntaron qué era; era una guacamaya roja, y ese quedó siendo el río de la Guacamaya. Fueron poniéndole nombre a todas las quebradas que hay entre el uno y el otro.

Y donde nombraban dejaban la marca. Grababan en la piedra de la orilla lo que acababan de hacer y lo que acababan de vencer, y esos grabados son la memoria de sus hazañas: enseñan hasta dónde llegaba su fuerza, que era atravesar lo duro con la mano.

Hablaban la lengua de ahora, pero la pronunciaban mal, y por eso se acabaron. Los más se volvieron puercos de monte, que andan en manada y pelean como gente. Las Sombras se volvieron chuchas y grillos. De los Perforadores quedó la lengua, quedaron las hachas y quedaron los dibujos en las piedras del río.

Los gigantes que nombraron los ríos: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que quedó grabado en la piedra no fue el tamaño de nadie sino la fuerza de atravesarla.”

Territorio

Amazonas · Andoque (Gente del Hacha)

Amazonas · Andoque (Gente del Hacha)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Andoque (Gente del Hacha)
Referencia
-0.65° · -72.08°

Ficha del relato

Contexto histórico

En castellano se les dice los Gigantes, pero las historias que se cuentan de ellos no hablan de su tamaño sino de su capacidad de atravesar rocas y árboles. Su nombre andoque, Yɒ'nnkń, significa literalmente «el tiempo de perforar», y el castellano lo cambió por una talla que el relato nunca menciona. De ahí sale el título heredado de esta página.

Que las piedras del río guardan su trabajo no es una conjetura de esta ficha. La introducción con que Jon Landaburu y Roberto Pineda Camacho abren su transcripción de 1981 registra que las riberas del Caquetá, abajo de donde desemboca el Caguán, están inundadas de petroglifos y de sitios arqueológicos, que en las playas del verano aparecen artefactos de piedra y cerámica sin identificar, y que la gente andoque cuenta que ese territorio lo habitaron antes unos gigantes, antecesores de los indios actuales y hacedores de aquellos testimonios. La etnografía posterior lo repite: los andoque y sus vecinos asocian los petroglifos de la angostura de Araracuara a gigantes ligados al pasado mítico andoque.

Lo que hay en esas piedras se ha medido. Entre La Pedrera y Araracuara, en cuatrocientos kilómetros de río, el levantamiento de 1975 registró unos dos mil quinientos grabados repartidos en catorce sitios. En 1978, entrando por Puerto Arturo al cañón de Araracuara y siguiendo hasta los roquedos del raudal de Guaimaraya, Fernando Urbina encontró mil quinientos de los que no se tenía noticia, y en 1980 y 1981 alrededor de mil más, en ocho localidades que van del internado de Araracuara a la boca del quebradón de Amefa. Casi todos pasan el año bajo el agua y sólo asoman entre diciembre y marzo; algunos, unos pocos días y sólo en las bajantes excepcionales. La cota más grabada es la intermedia, aunque al lado hay rocas apropiadas que nunca se inundan y que nadie usó. En Puerto Santander, sobre bloques de arenisca, la arqueología reciente ha registrado junto a los grabados los negativos característicos de un taller donde se fabricaban y afilaban hachas de piedra. Y los andoque de hoy siguen visitando los huecos de excavación del sitio que llaman Hacha, donde se sacaban esas piedras: uno de ellos, sentado al borde de uno, dijo que eso era una mina y que la historia del hallazgo ya anunciaba que el territorio lo tiene todo.

Resonancias con otros mitos

El paralelo mejor sostenido lo propone la propia fuente de los petroglifos. Urbina, discutiendo cómo se ha leído el arte rupestre del país, observa que las interpretaciones que los muiscas dieron a pinturas anteriores a ellos las pudieron fraguar sobre la base de sus propias realizaciones culturales, sin relación de sentido con lo que quisieron decir quienes las hicieron, y añade que todo pueblo lo hace. La explicación andoque de las piedras del Caquetá y la explicación muisca de las rocas del altiplano son el mismo procedimiento aplicado a herencias distintas: una obra sin dueño encontrada en el camino se vuelve relato de antepasados.

El segundo paralelo está a pocos kilómetros. Los vecinos uitoto y muinane miran los mismos grabados y los explican con mitos propios, recogidos y transcritos en los años ochenta, donde no aparece ningún pueblo que vaya nombrando ríos. Y la etnografía de los años noventa encontró que los andoque y sus vecinos coincidían, en cambio, en atribuir los petroglifos de la angostura a gigantes del pasado mítico andoque. Sobre una misma pared de piedra hay tantas historias como pueblos han pasado por la orilla, y a veces una se presta a los de al lado.

El tercer paralelo es material y está en el suelo. En Puerto Santander, los bloques de arenisca que llevan grabados llevan también las huellas de un taller de pulimento de hachas líticas. Los andoque se llaman gente del Hacha, tenían en su territorio los depósitos de esas hachas y se las cambiaban a los mirañas por coca y ambil. La roca que en el relato sirve para escribir es la misma en la que, sobre el terreno, se fabricaba la herramienta que le dio nombre al pueblo.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Los que nombraron el territorio fueron dos pueblos y no uno, y el reparto sigue vivo en la manera de decir de quién se desciende. Las Sombras vivían tierra adentro, alrededor de Sitio-de-llanto, y de ellas se reclama descendiente el clan del Águila y los demás clanes que sobrevivieron; los Perforadores vivían en la orilla del Caquetá, y de ellos se reclama descendiente el clan del Sol. Se habla más de los Perforadores que de las Sombras, entre otras cosas porque la gente de hoy vive donde ellos vivieron y ve lo que ellos dejaron. Las Sombras no dejaron marcas visibles en el paisaje y sus historias ni siquiera se cuentan como serias: se llaman chistes, y no son ni graves como las historias de capitanía ni peligrosas como las de animales. En una de ellas las Sombras intentan agarrar la luna porque confunden su reflejo en el agua con el astro. No modificaban las cosas: actuaban sobre sus imágenes, igual que una sombra depende de un cuerpo sin cambiarlo.

  2. De las aventuras de los Perforadores hay más de una salida. En la versión que una mujer andoque narró en julio de 2019, los tres que sobrevivieron —dos hermanos y una hermana— remontan el río nombrando quebradas hasta que la hermana, con vergüenza de estar menstruando, sigue cocinándoles en vez de apartarse; los hermanos comen, se meten al agua a pelear con los monstruos, y un pez tijera los parte por la mitad río arriba. La narradora cerró marcando la diferencia: otros dicen que siguen viviendo de otra forma, dentro del agua, pero ella sabe que se acabaron así, porque así se lo contó Yiñejoke.

  3. De las mismas piedras hay además lecturas que no son andoque. Urbina, que levantó los petroglifos del cañón, advierte que las oleadas sucesivas de pobladores se fueron topando con las obras de pueblos más antiguos, que a veces rehicieron los glifos o superpusieron los suyos, y que cada conglomerado humano interpretó lo que iba encontrando y dejó esas opiniones en su mitología. Los mitos con que él explica las figuras del Caquetá son uitotos y muinanes, no andoque.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Andoque (Gente del Hacha) · Amazonas
Referencias
9
Última revisión
18 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. From the Cannibal Eagle to the Trading Egret (and Back Again)

    theses.fr

    Etnografía andoque a partir de trabajo de campo entre 2018 y 2021 con Fisi Andoque Andoque, hijo del capitán Yiñeko. Su apéndice reúne veintitrés relatos con narrador y fecha, y el cuerpo cita el corpus de 1984 página por página: de ahí salen la toponimia andoque del Caquetá, los Perforadores y las Sombras, la brujería y los dos reagrupamientos con sus capitanes.

  2. Cuentos del diluvio de fuego

    dialnet.unirioja.es

    Transcribe, numerado párrafo a párrafo, el primer ciclo de fundación del mundo andoque —la guerra del palo hablador, las aventuras de Huevo-de-chupaflor, los huerfanitos y el águila caníbal—, recogido en la comunidad del Aduche y narrado por el capitán Yiñeko, del linaje de las Águilas, y por Yiñefoque. Detrás vienen un índice temático y ciento treinta y una notas con la ortografía andoque y las variantes de los otros narradores.

  3. Mitos y petroglifos en el río Caquetá

    publicaciones.banrepcultural.org

    Cataloga unos dos mil quinientos grabados en ocho localidades entre el internado de Araracuara y el quebradón de Amefa, casi todos cubiertos por el río salvo de diciembre a marzo, y muestra que cada pueblo que llegó al Caquetá rehízo o reinterpretó los glifos anteriores y dejó esa lectura consignada en su mitología.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Levantamiento de los petroglifos del río Caquetá entre La Pedrera y Araracuara

    revistas.icanh.gov.co

    El registro sistemático de los petroglifos del medio Caquetá: unos dos mil quinientos grabados repartidos en catorce sitios a lo largo de cuatrocientos kilómetros de río, el tramo donde vive la gente andoque.

  2. Entre La Pedrera y Araracuara: la arqueología del medio río Caquetá

    publicaciones.fcnym.unlp.edu.ar

    Síntesis del poblamiento del medio Caquetá con las dataciones disponibles. Documenta en Puerto Santander, junto a Araracuara, un taller lítico donde se fabricaban y afilaban hachas de piedra.

  3. La miel y el aguijón: taxonomía zoológica y etnobiología entre los andoke

    persee.fr

    Etnoentomología andoque recogida en Aduche con Hernando Fixioi Andoque, capitán en 1992, que enumeró treinta y cinco grupos de filiación patrilineal. Registra que los andoke y sus vecinos atribuyen los petroglifos de la angostura de Araracuara a gigantes ligados al pasado mítico andoque, y que el nombre «gente del hacha» viene del lugar que ocupaban sus hachas de piedra en el comercio regional.

  4. La historia del mar de Danta, el Caquetá

    persee.fr

    Recoge de Luis Miraña, mayor del grupo de los Achiotes, la cartografía mítica del Caquetá desde Tefé hasta Araracuara, y documenta que los andoque eran los dueños del hacha de piedra y que los miraña se la cambiaban por coca y ambil.

  5. Tradiciones de la gente del hacha: mitología de los indios andoques del Amazonas

    biblioteca.icanh.gov.co

    El corpus mayor de la mitología andoque, publicado por el Instituto Caro y Cuervo y la Unesco. Reúne los relatos contados en andoque por el capitán Yiñeko, Plumón-de-Fiebre, y su hermano Yiñejoke, Plumón-de-Gavilán, traducidos con Fisi, el hijo del capitán, y los ordena no por tiempo sino por el eje del río: Cabecera al occidente, Centro, Bocana al oriente, más cenit y nadir.

  6. Pueblo Andoke

    puebloandoke.org

    Sitio de la comunidad andoke del Aduche. Presenta su territorio, su gobierno propio y sus proyectos, y recoge su autodenominación, Poosíoho, y los linajes familiares que hoy la componen.

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«Los gigantes que nombraron los ríos» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los gigantes que nombraron los ríos» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los gigantes que nombraron los ríos» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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