En el corazón del tiempo, donde las sombras del pasado se entrelazan con la luz del presente, yace una historia que discurre a lo largo del río Duche, un río que no es simple agua ni corriente; es un cauce donde los ecos antiguos resuenan todavía bajo sus ondulantes reflejos.
Era un tiempo en que la tierra lloraba y reía al mismo compás, donde en el Sitio-de-llanto, bajo la húmeda vestidura de la selva, había una casa que no era solo de madera y paja, sino de sueños y materializaciones. Allí vivía el capitán Gavilán-de-piriri, el padre de toda la gente, el forjador del latido mismo de la humanidad. Sus manos, firmes y vastas como el cielo, hicieron brotar a los hombres y mujeres desde el vientre generoso de la tierra. Él era el artífice, el viento que soplaba vida en los émbolos del universo.
Debajo de Sitio-de-llanto se tejían historias y se urdían destinos. Los jóvenes, sus huérfanos y trabajadores, se convirtieron en gente a la luz del capitán. Las multitudes comenzaron su viaje desde río abajo, donde florecían las gentes de Hormiga arriera, ese enjambre laborioso que trazaba caminos invisibles entre la hojarasca; luego estaban los misteriosos Fantasmas, quienes danzaban entre las sombras del crepúsculo, y los estridentes Guacamayos rojos, cuya algarabía coloreaba el aire como pinceladas de fuego y sol. Más abajo, los Borugos, fuertes y silenciosos, también se unían al flujo viviente del Duche.
A medida que la tierra se elevaba sobre las colinas y el sol dorado se desvanecía en sus cumbres, vivían las gentes del finado Bifaz, ancestros del Guacamayo rojo. Más allá moraban los de Guara, mientras que las esencias de Oruga, Boa y Rana se extendían aún más arriba, tocando los umbrales de la eternidad. La tierra vibraba con una multiplicidad de almas, cada una cantando su propia canción al unísono de las aguas.
Las aguas del Duche fluían impregnadas de historias susurrantes, la tierra donde nacieron los linajes era una tierra que nunca pudo ser olvidada, pues en cada partícula de polvo y semilla dormía un antiguo cuento. Ahí estaban también los Mochileros, de quienes se decía que sus corazones ardían con la llama viva de la tierra firme.
La tierra era una espiral de tiempo, y a medida que el Duche avanzaba, el río también contaba de otras tierras y otras gentes, como los de Borugo y Mochilero, de Hormiga arriera dulce, que poblaba sus riberas con la dulzura de sus zumbidos. Allí donde el río Yakapache esperaba, tejían historias invisibles de Venado pardo y Chontaduro, de verdeando matices que nunca se desvanecerían.
Aquellos fueron los tiempos de los Mirañas, quienes se desplazaban por estas extensiones con el señorial paso de quienes siempre pertenecieron. Los ancestros Andokes habían sido dueños de estas historias, dueños de las hachas cuyos ecos cruzaban los tiempos. El capitán, llamado a veces Banco-de-piedra o Cheko, había sido uno de aquellos que marcaban los caminos con paso firme y mirada fija.
Con cada latido del río, nuevos capitanes surgían y caían como hojas al viento: Fantasma-enemigo, Carguero-de-guacamayo, Yulo el Borugo y Murciélago de los Palos, Encargo y Derrumbe, alas en las bocanas donde el Duche se encontraba con el efímero azul del horizonte.
Vivían junto a los mirañas, capitanes de poderosos nombres y resonantes historias, Chontaduro maduro, Vega, y Hoja-fría; capitanes cuya existencia tatuada en la piedra y el aire hablaba de tiempos solares. Finalmente, estaban los de Sol, cuya llameante existencia destellaba como Reflejo-rojizo, Sardina, y Laguna-de-sol, iluminando la espesura desde el corazón hasta los confines de su albor.
Los cuentos recorrían entonces las veredas del recuerdo, donde los Mochileros de tierra firme, también ellos capitanes de índigo pasado y de nombre indomable, Flor-de-colibrí y Higuerón, Cría-de-animal y Dibujo-en-piedra arenisca; en sus espíritus tintineaba la esencia del Pedido, mientras resonaban con los nombres que surcaban los aires: Cuerpo rojo y Atravesado, Petso, nombres que atesoraban el poder de la palabra nunca extinguida.
Así el río, así la gente, extensa como un manto bordado por la paciencia del cosmos, del padre Gavilán-de-piriri quien en su rutinaria vuelta hacia el ocaso contaba estas historias una y otra vez. En el fluir del Duche todos los rostros y nombres resplandecían aún en las corrientes del tiempo, y el eco de sus vidas persistía en un mundo donde la verdad se confundía dulcemente con el milagro.
Historia
El mito relata el origen de diferentes grupos de personas en una región bajo la figura de un capitán, el padre del narrador, quien es identificado como Gavilán-de-piriri. Este capitán es descrito como el creador de toda la gente, quien hizo surgir a cada grupo desde un lugar conocido como "Sitio-de-llanto", ubicado debajo de donde antes habían surgido las cosas. Cada grupo o comunidad, identificada por nombres relacionados con animales o características naturales como Hormiga arriera, Guacamayo rojo y Borugo, vivía a lo largo del río Duche y sus alrededores.
Cada comunidad tenía sus propios capitanes, quienes gobernaban y lideraban a su gente. Estos capitanes son mencionados con nombres y títulos que reflejan su origen y conexión con la tierra y la naturaleza, como Capitán de las Hormigas arrieras, Capitán de los Fantasmas, y otros. Además, las personas de esta tierra se consideran dueñas de sus dominios, habiendo surgido desde el mismo sitio original.
En resumen, el origen del mito gira en torno a la figura de un gran creador o líder, Gavilán-de-piriri, quien organiza y da vida a varias comunidades. Cada una de estas comunidades surge de un lugar único, vivía bajo el liderazgo de capitanes con nombres distintivos, y están conectadas entre sí por el río Duche, considerado el hogar ancestral de todos.
Versiones
El mito que se presenta describe el origen y la distribución de diversos grupos de personas en torno a un río, particularmente en el área conocida como Duche, y destaca a distintas tribus y sus líderes. En todas las versiones, se destaca al padre del narrador como una figura creadora que da origen a la gente, a menudo identificada por sus vínculos con animales totémicos (como Gavilán, Hormiga arriera, Guacamayo rojo, y Borugo). Sin embargo, varía la manera en que se describen los asentamientos y las jerarquías sociales. Algunas versiones enfatizan la cercanía y la conexión de los grupos como parte de una misma comunidad, reflejando una visión más unificada de sus identidades, mientras que otras destacan las divisiones y las diferentes zonas habitadas por cada grupo, sugiriendo una organización más compleja y fragmentada.
Otra diferencia clave entre las versiones es la mención y el rol de diferentes "capitanes" o líderes de cada grupo. Mientras que algunas versiones mencionan detalladamente a estos individuos y sus títulos, enfatizando una estructura social clara y jerárquica, otras omiten estos detalles, posiblemente para centrarse más en el acto colectivo de creación y cohesión de los grupos. Por ejemplo, se menciona al "capitán Gavilán-de-piriri" como una figura central en algunas versiones, marcando una línea de liderazgo que conecta directamente con el acto de creación inicial. Estos cambios en la narrativa pueden reflejar distintas perspectivas históricas o culturales sobre los temas de liderazgo, identidad grupal y organización social, afectando cómo se perciben estos relatos dentro de su contexto cultural.
Lección
La creación y organización social son guiadas por líderes conectados a la naturaleza.
Similitudes
Se asemeja a mitos de creación como el de Prometeo en la mitología griega o Pangu en la mitología china.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



