Trueno-de-piedra y el guayuco de transformación

Amazonas · Andoque (Gente del Hacha)

Trueno-de-piedra y el guayuco de transformación

Trueno-de-piedra enfrenta a un rival transformado, toma su guayuco y negocia la devolución por un conocimiento peligroso.

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El relato

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A Trueno-de-piedra le salió al camino un sabedor huitoto que también cambiaba de cuerpo. No llegó como hombre a saludar: llegó hecho tigre y se le puso atrás. Lo siguió por el monte sin apurarse, como sigue el tigre, dejándose oír para que el otro supiera que iba ahí.

Trueno-de-piedra no era hombre a quien se le hiciera eso. Él también sabía cambiar. Se volvió tigre para que el otro no fuera el único tigre; se volvió boa; se volvió danta; y por el monte fueron los dos pasando de un cuerpo al otro, cada uno tratando de dejar al otro sin dónde ponerse. Ninguno alcanzaba a rematar al otro, porque el que iba perdiendo se volvía otra cosa y empezaba de nuevo. Así estuvieron, y así se habrían quedado.

No se mataron. Lo que pasó fue que en una de esas Trueno-de-piedra le quitó el guayuco. La prenda no era adorno. Era del huitoto, y sin ella el huitoto no podía volver a lo que era ni pasar a lo que quería ser. Ahí se acabó la pelea. El que había llegado persiguiendo quedó del lado del que pide.

Y vino a pedir. Dijo que le devolviera lo suyo. Trueno-de-piedra no se lo devolvió por nada. El otro ofreció lo que tenía: una hierba, y el modo de usarla. Con esa hierba, dijo, se le daba a alguien una enfermedad que le cambiaba la cabeza por un tiempo; el enfermo no se moría, pero mientras le durara no era el mismo y no hacía lo que siempre había hecho.

Trueno-de-piedra le hizo decir lo demás, porque media enseñanza no sirve: le hizo decir también cómo se quita. El huitoto enseñó las dos mitades, la de causar y la de curar, y con eso recuperó su guayuco y se fue por donde había venido.

Así terminó aquello. Empezó como una pelea entre dos que podían ser tigre, y acabó en un trato: una prenda devuelta, y a cambio un saber que sirve para enfermar a alguien y para levantarlo. El que se quedó con el saber se quedó también con lo que ese saber puede hacer.

Trueno-de-piedra y el guayuco de transformación: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una pelea entre iguales termina cuando uno pierde la prenda y el otro hereda su peligro.”

Territorio

Amazonas · Andoque (Gente del Hacha)

Amazonas · Andoque (Gente del Hacha)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Andoque (Gente del Hacha)
Referencia
-0.65° · -72.08°

Ficha del relato

Contexto histórico

Físi, el hijo del capitán Yiñeko que tradujo el corpus en 1970 —el que puso en castellano lo que su padre, Plumón-de-Fiebre, y su tío Yiñejoke, Plumón-de-Gavilán, contaban en andoque—, siguió después siendo el intérprete de su propia tradición: entre 2018 y 2021 trabajó con el etnógrafo Eliran Arazi, y varios relatos andoque pueden leerse hoy con narrador y fecha porque los contó él.

Lo que esa etnografía aclara es de qué habla un título como éste. La brujería andoque se hace de dos maneras. Una consiste en infligirle a alguien el daño que ya ocurrió en un relato, nombrándolo dentro de esa historia, y puede ir metida en una sustancia que se le entrega a la víctima: mambe, ambil, agua. La otra, la que llaman propiamente brujería, no necesita sustancia; consiste en enlistar seres no humanos para que hagan la hostilidad, y uno de sus modos corrientes es mandar animales grandes a rondar el asentamiento de la víctima y dejar dolores y enfermedades en los caminos por donde la gente pasa. Un anciano contaba que en los años setenta le quedaron dolores de talón por haber caminado sobre huellas de puercos de monte mandadas por un brujo murui. Eso es, literalmente, la brujería de un animal.

Del protagonista hay más de lo que parece. Los andoque nombran a un brujo llamado Fisidú'dɨ, Trueno de Piedra, y le atribuyen dos cosas: haber adquirido la capacidad de transformarse él mismo en predadores, y haber traído a los andoque las hierbas de la brujería. Las trajo de Tatoañei, una formación rocosa en las cabeceras del río Guacamayo, cerca del Sitio-de-llanto, que es el lugar de origen de la brujería y de las hierbas que la hacen posible, y adonde va el alma del brujo cuando muere. El relato heredado cuenta esa misma adquisición por otra vía: no traída de un cerro, sino ganada en un pulso a un rival que tuvo que pagar el rescate de su prenda. El rival, por lo demás, está donde le corresponde: los linajes huitoto fueron siempre los vecinos occidentales, y en la memoria reciente el brujo murui es el adversario típico.

Resonancias con otros mitos

El monte donde se persiguen los dos tiene dueño, y no es ninguno de ellos. El índice temático de 1981 explica que iño, la palabra que se traduce «tigre», significa más exactamente «predador terrestre» y engloba perros, zorros, nutrias, ocelotes y jaguares; el tigre por excelencia es el jaguar, «tigre-de-pluma-blanca», hermano mayor del hombre e hijo de la madre creadora, dueño del monte así como el hombre es dueño del anti-monte, la chagra y la maloca. Dos hombres que se vuelven tigre para pelear se van a pelear al terreno de un tercero, y por eso la cosa no se resuelve allá sino de vuelta, en un trato.

Sobre si una prenda basta para cambiar de cuerpo, el corpus se contradice de un modo instructivo. En el relato de la danta que contó Físi, el talego, la corona y el guayuco son literalmente lo que le hace al suegro la trompa, la giba y los testículos: sin las prendas no hay danta. En cambio, al describir los bailes, Sánchez Botero insiste en que lo que permite hacerse realmente boa o danta no está en la perfección del vestido y los adornos sino en el corazón, y que sin eso el vestido es «un mero disfraz» y el hombre «un mero comediante». Entre esas dos cosas queda el guayuco de esta historia: quitárselo a alguien no es desnudarlo, es dejarlo sin el cuerpo que sabía ponerse.

Los vecinos cuentan un pulso parecido por el otro lado. En el relato mirana de Guyot, quien manda en el hueco de donde salen las hachas de piedra es un anciano andoque, y los que llegan a pedirle pedazos tienen que ofrecerle coca y ambil; de uno que se portó mal se dice que le quedaron dientes como de tigre. También allí, el que rompe un trato queda marcado con la forma del predador.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La danta le da nombre al río. En andoque el Caquetá se llama Ḭtɵse, «río de la Danta», y marca el borde norte del territorio ancestral; el Quinché es el «río del Dibujo» y el Cahuinarí el «río Verde». Río abajo, los vecinos dicen algo parecido en su propia lengua: el relato mirana que recogió Guyot en 1979 —y que Pineda cita en 1988 atribuyéndolo a los bora— llama al Caquetá «mar de danta» y lo remonta nombrando al dueño de cada sitio hasta llegar al «hueco de guacamayo» de Araracuara, «pieza de brujería». Ese último es nombre de los vecinos, no de los andoque.

  2. Hay además un relato andoque en el que la danta se hace con prendas, y se puede leer entero con narrador y fecha: lo contó Físi el 8 de diciembre de 2018. Un suegro le dañaba de noche la chagra a su nuera, pisándole las piñas y mordiendo las frutas, y ella se enfermaba con dolores cada vez que se comía una de las frutas mordidas. El marido le puso una trampa siguiendo el consejo del propio suegro, y a la mañana siguiente lo encontró adentro, en cuatro patas. El viejo le mandó traer de su hamaca el talego de coca, el guayuco y la corona: el talego, al llevárselo a la boca, se le volvió trompa de danta; la corona se le volvió la giba del lomo; y el guayuco, al ponérselo, se le volvió los testículos inflados de la danta. De ahí, dicen, vienen los daños que las dantas hacen a las mujeres.

  3. Y la danta es también nombre del que llega. En «La llegada de las boas y las dantas», que Sánchez Botero imprime desde el libro de 1984, entraron las boas y las dantas y trajeron con ellas el hacha de metal; los hombres-danta son, en ese mismo texto, los que hay que separar porque pisan sembrados.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Andoque (Gente del Hacha) · Amazonas
Referencias
8
Última revisión
18 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Tradiciones de la gente del hacha: mitología de los indios andoques del Amazonas

    biblioteca.icanh.gov.co

    El corpus mayor de la mitología andoque, publicado por el Instituto Caro y Cuervo y la Unesco. Reúne los relatos contados en andoque por el capitán Yiñeko, Plumón-de-Fiebre, y su hermano Yiñejoke, Plumón-de-Gavilán, traducidos con Fisi, el hijo del capitán, y los ordena no por tiempo sino por el eje del río: Cabecera al occidente, Centro, Bocana al oriente, más cenit y nadir.

  2. From the Cannibal Eagle to the Trading Egret (and Back Again)

    theses.fr

    Etnografía andoque a partir de trabajo de campo entre 2018 y 2021 con Fisi Andoque Andoque, hijo del capitán Yiñeko. Su apéndice reúne veintitrés relatos con narrador y fecha, y el cuerpo cita el corpus de 1984 página por página: de ahí salen la toponimia andoque del Caquetá, los Perforadores y las Sombras, la brujería y los dos reagrupamientos con sus capitanes.

  3. Cuentos del diluvio de fuego

    dialnet.unirioja.es

    Transcribe, numerado párrafo a párrafo, el primer ciclo de fundación del mundo andoque —la guerra del palo hablador, las aventuras de Huevo-de-chupaflor, los huerfanitos y el águila caníbal—, recogido en la comunidad del Aduche y narrado por el capitán Yiñeko, del linaje de las Águilas, y por Yiñefoque. Detrás vienen un índice temático y ciento treinta y una notas con la ortografía andoque y las variantes de los otros narradores.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Mitología de los indios andoques del Amazonas

    publicaciones.banrepcultural.org

    Reseña del corpus de 1984 que nombra a sus narradores y traduce sus nombres —el capitán Yiñeko, Plumón-de-Fiebre, y su hermano Yiñejoke, Plumón-de-Gavilán, ninguno hablante de castellano, con la traducción hecha con Físi, el hijo del capitán—, explica el principio espacial que ordena el libro y reproduce cuatro pasajes de los relatos.

  2. La gente del hacha. Breve historia de la tecnología según una tribu amazónica

    revistas.icanh.gov.co

    Recoge cuatro textos narrados por el capitán Jiñeke, del clan Gavilán, entre ellos «El nacimiento de las mercancías» y «Los presentes de la Garza de la Cabecera». Su introducción documenta el territorio tradicional andoque, los dos reagrupamientos de la comunidad —el de Trueno de Piedra en el río Meta y el del propio Jiñeke en el Aduche— y la deportación a Iquitos anterior al conflicto de 1932.

  3. Mission linguistique auprès des indiens andoke du Rio Caquetá

    persee.fr

    Primer informe de campo de Landaburu entre los andoke. Los sitúa en ambas orillas del Aduche, unos diez kilómetros abajo del raudal de Araracuara, y deja escrito que todos los andoke son supervivientes o hijos de supervivientes del genocidio cometido entre 1900 y 1930 por los hombres de la Casa Arana.

  4. Principios y procedimientos de los indígenas andoque de Colombia para vivir y crecer después del horror de la muerte

    repositoriocdim.esap.edu.co

    Reproduce en extenso relatos de «Tradiciones de la gente del hacha» —la guerra del palo hablador, la llegada de las boas y las dantas, la llegada de las mercancías— y los imprime como los dice el potsoa, el hombre del banquito, con la maloca repitiendo la última estrofa.

  5. La historia del mar de Danta, el Caquetá

    persee.fr

    Recoge de Luis Miraña, mayor del grupo de los Achiotes, la cartografía mítica del Caquetá desde Tefé hasta Araracuara, y documenta que los andoque eran los dueños del hacha de piedra y que los miraña se la cambiaban por coca y ambil.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«Trueno-de-piedra y el guayuco de transformación» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Trueno-de-piedra y el guayuco de transformación» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Trueno-de-piedra y el guayuco de transformación» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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