Llíban, el hijo del Trueno

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Llíban, el hijo del Trueno

Llíban nace de una creciente, empuña una culebra-rayo y deja consejos para proteger mayores, comunidad y territorio.

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Llíban, el hijo del Trueno: la entrada del relato

El relato

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Fue cuando el oro todavía existía entre los indios. Unos médicos se reunieron alrededor de un fogón. El primero de ellos llevaba un sombrero de oro, y fue él quien los convocó para hacer un medicamento.

Hicieron crecer una quebrada. El agua subió revuelta, del color del barro, arrastrando palos y piedra, sonando contra las paredes del cañón, y en esa creciente venía el hijo del Trueno. Allí lo cogieron.

Lo criaron con el pecho de muchachas de trece y catorce años. Ninguna resistía más de tres o cuatro meses: se morían, y había que buscar otra, y otra. Así fue hasta que al fin pudo comer alimentos especiales. Se crió, y le pusieron el nombre de Llíban.

Resultó ser el mejor médico de Tierradentro. La gente lo buscaba por los caminos de herradura.

Una tribu Pijao venía a matar al hijo del Trueno. Lo rodearon por el Alto de Belén, por la Muralla, por la quebrada Kukiyú, por todos los lados. Estaba bloqueado. Desde donde él miraba se veían los filos ocupados y, entre la neblina que subía del cañón, el movimiento de la gente que se acercaba; no quedaba salida por ninguna parte.

Entonces el cacique resolvió mandar a traer el arma precisa: la boleadora. Como estaba pendiente del enemigo y no podía moverse de allí, envió a un criado por ella y le dijo que estaba dentro de una olla.

El criado fue. Destapó la olla y adentro había una culebra verde muy grande, enrollada en el fondo. Tuvo miedo. Volvió donde el cacique con las manos vacías a decir lo que había visto.

El cacique fue en persona, y no tuvo miedo. Metió la mano y sacó la culebra. Afuera el enemigo se acercaba por todos los lados, cerrando el círculo, tan cerca ya que se oían las voces. Boleó la culebra. Murieron todos los Pijaos hasta Togoima.

Después quedó el campo quieto y el cañón abierto hasta donde alcanzaba la vista. Él quedó vivo. Y como era hijo del Trueno, se fue donde su padre. Esto lo hizo para demostrar que sí era hijo del Trueno.

Llíban, el hijo del Trueno: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El arma sólo sirve en manos de quien no le teme a lo que está adentro.”

Territorio

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Nasa - Paeces
Referencia
2.63901° · -76.019°

Ficha del relato

Contexto histórico

Segundo Bernal Villa publicó estas narraciones en 1953, en «Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro», dentro de la primera entrega de la Revista Colombiana de Antropología, como parte del trabajo que adelantaba para el Instituto Etnológico Nacional. La entrada es de las más cuidadas del artículo en cuanto a procedencia: la narración principal es de Celia Urriaga, de sesenta y cinco años, que no habla castellano, con Marco Antonio Penkue como intérprete; la primera modalidad es de Felisa Ñunda, de setenta años, que tampoco sabe castellano, con el mismo intérprete; la segunda es de Victoriano Piñakué, de dieciocho años, que según la anotación habla bastante bien el castellano y para quien no se consigna intérprete. Esa diferencia no es un detalle burocrático: dos de las tres formas llegaron traducidas del nasa yuwe por un tercero, y la tercera pasó directamente por el castellano de un muchacho. La reedición de Eugenia Villa Posse (1993) reproduce el conjunto y acredita su procedencia, pero depende del artículo de 1953.

En su introducción, Bernal anota que Llíban es considerado hijo del Trueno aunque todos sostienen que es el Trueno mismo, que era cacique, y que los calderunos afirmaban que muchos de sus caciques fueron recogidos en las ondas tumultuosas de los ríos. Joanne Rappaport (1981) es quien más ha trabajado el personaje: sostiene que en todas las variantes recibe del Trueno una boleadora con poderes que al usarse se transforma en culebra verde, que con ella vence a los pijaos hasta un lindero que sigue vigente, que se dice que todavía vive en la laguna, y recoge su aviso de proteger las tierras frente a los extranjeros. Conviene leerla sabiendo que trabaja sobre el corpus de 1953 y su propia tesis más que con informantes propios, y que funde a los dos héroes de Calderas en un solo complejo mesiánico.

El oro del comienzo tiene respaldo en el propio Bernal Villa, que en «Medicina y magia entre los paeces» (1954) describe al Trueno como cacique en tiempo de los pijaos, defensor de la gente y dador de buenos consejos, guardián del oro, que mandó lavar las varas de mando en las lagunas y consagra a los médicos a la orilla del agua. Josef Drexler (2007), con gente de Calderas, documenta que las corrientes de agua son culebras verdes y madres del agua, y que el trueno avisa con un estruendo prolongado de combates inminentes.

El enemigo pide cautela. Elías Sevilla Casas (2007) observa que casi toda esta colección versa sobre el origen mítico de los caciques, con trueno, aguas y serpiente ligados desde el comienzo, y advierte que el complejo del enemigo pijao parece una incrustación sincrética posterior a la conquista. Y el consejo sobre las tierras, que el Consejo Regional Indígena del Cauca (2010) vincula a la memoria y la autonomía de Tierradentro, resuena hoy en las luchas por el territorio sin que la página de 1953 sea por eso un programa político.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más próximo está en “El Trueno”, la primera entrada del mismo corpus: el Trueno vivía en Sukafi, se paró en una alta piedra, boleó la boleadora y mató a los pijaos hasta Kuetando, y después se fue a la laguna de Vichaguau, adonde los cabildos de antes marchaban de noche a hablar con él. Es casi el mismo episodio con otro protagonista, y esa cercanía es justamente lo que Bernal señala al escribir que Llíban es tenido por hijo del Trueno aunque todos sostienen que es el Trueno mismo. La diferencia es concreta: allí no hay culebra en la olla, ni criado que se asuste, ni demostración de parentesco.

El segundo paralelo es “Juan Chiracol”. También nace de una unión que no es entre iguales —su madre se hizo embarazar de un tigre—, también combate a los pijaos hasta exterminarlos, también previene que no vendan las tierras porque son solamente de ellos, y también se retira a una laguna, la de El Caspe, desde donde sigue viendo a los suyos. Las dos figuras comparten oficio y despedida, y “Llíban y Juan Chiracol” las reúne para repartir Calderas entre un sat occidental y otro oriental sin volverlas la misma persona. “Juan Tama de la Estrella” añade, desde fuentes propias que no son las de Bernal, el mismo nacimiento en el agua, las nodrizas que mueren y el regreso final a la laguna.

Joanne Rappaport (1981) documenta que en todas las variantes la boleadora recibida del Trueno se vuelve culebra verde al usarse y que el lindero ganado a los pijaos seguía vigente; Josef Drexler (2007) recoge en Calderas que las corrientes de agua son culebras verdes. La resonancia entre arma, rayo y serpiente está documentada; lo que no está documentado es que un ciclo derive de otro, y esta edición no lo afirma.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El artículo imprime tres formas distintas y las mantiene separadas; esta ficha hace lo mismo. El Relato sigue la principal, la de Celia Urriaga: los médicos reunidos, el sombrero de oro, la creciente provocada, la crianza con el pecho de muchachas que morían, la boleadora guardada en la olla, el criado que se asusta ante la culebra verde, el cacique que la saca sin miedo, los Pijaos muertos hasta Togoima y la partida hacia el padre. Dentro de esa misma entrada Bernal agrega, atribuyéndolo a otro informante que no nombra, que la culebra era el rayo, y que por eso a veces truena muy fuerte.

  2. La modalidad de Felisa Ñunda cambia el origen y el final. Allí la reunión de médicos la ordena la voluntad de una cacica; el hijo del Trueno viene en las ondas de una creciente soberbia y se lo llevan a ella; lo mantienen con sangre de muchachas impúberes escogidas, que empiezan a escasear porque se mueren pronto; no logran domesticarlo, no se amaña a vivir en casa y se traslada a Eshufi Ik, la laguna del oso. Su guerra es otra: siembra en Calderas una huerta de papas, maíz, alverjas y repollo, espera a que los pijaos entren a quitársela, se hace en Kuetaguata, la piedra de la silla, y mata a muchos de un azotón; a los que quedan vivos los mata en la primera subida. Antes de irse aconseja a las cacicas hacer respetar a los mayores, velar por que las tierras no caigan en manos de extranjeros y llamarlo por medio de los médicos si los pijaos regresan. Un día dice que se va, y se va a pesar de las súplicas. No hay aquí boleadora ni culebra en la olla.

  3. La modalidad de Victoriano Piñakué cambia incluso quién es Llíban. Un muchacho sube a ver por qué está sucia el agua y se encuentra con un viejo llamado Llíban, que le entrega una cosita —isot, la boleadora— y le dice que con ella puede pelear con los Pijaos. El muchacho la guarda en una olla; cuando llegan los enemigos manda por ella a un criado, seguramente un pariente, que vuelve diciendo que sólo hay una culebra y que no la trajo por miedo. El muchacho va en persona, bolea, aquello suena como un trueno y mata a los Pijaos hasta Kuetando. Ese muchacho también se llamaba Llíban, pero era hijo de gente; anuncia que se irá a vivir a una laguna y que no morirá jamás.

  4. Hijo del Trueno recogido del agua, criatura alimentada con sangre por orden de una cacica, o muchacho humano que recibe el arma de un viejo: las tres no se pueden fundir sin destruirlas. Difieren el origen, la crianza, la procedencia del arma, el lindero de la matanza —Togoima o Kuetando— y el destino final. Rappaport (1981) las armoniza en un solo complejo mesiánico; esa es una operación de lectura, no lo que Bernal imprimió. Tampoco debe confundirse esta entrada con “El Trueno”, donde el propio Trueno bolea desde una alta piedra y mata pijaos hasta Kuetando antes de irse a la laguna de Vichaguau, ni con “Llíban y Juan Chiracol”, que reparte Calderas entre dos sat, el occidental y el oriental.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Nasa - Paeces · Cauca · Pacífico
Referencias
12
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro

    revistas.icanh.gov.co

    Publica veintiséis relatos recogidos en Calderas con nombres de informantes, intérpretes y variantes diferenciadas.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    flacso.edu.ec

    Reproduce el corpus de Bernal, acredita su procedencia y advierte que contiene varias versiones y modalidades de una misma narración.

  3. Lenguas nasa yuwe y namtrik

    mng.mincultura.gov.co

    Describe lengua, territorio, organización, héroes, trabajo de la tierra y cosmogonía desde bibliografía y procesos educativos contemporáneos.

Contraste y contexto · 9 referencias
  1. Somos el pueblo nasa de la Çxhab Wala Kiwe

    nasaacin.org

    Perfil del pueblo nasa escrito por su propia organización: ley de origen, territorio, lengua nasa yuwe, cabildos y los tejidos de educación, salud, justicia y comunicación, con los hitos del proceso organizativo.

  2. Plan de Vida de la Asociación de Autoridades Ancestrales Indígenas Nasa Çxhãçxha

    tierradentro.co

    Voz organizativa de los diecisiete resguardos nasa del municipio de Páez, en Tierradentro, que define su plan de vida como un proceso colectivo de reflexión y acción fundado en el pensamiento propio.

  3. Territorio ancestral del pueblo Nasa entre el riesgo y la resistencia

    cric-colombia.org

    Sitúa Tierradentro como territorio ancestral Nasa y vincula memoria, autonomía, Juan Tama y defensa comunitaria.

  4. Nidos de lengua y revitalización del nasa yuwe

    scielo.org.co

    Explica la relación entre lengua, territorio, señales, sueños, naturaleza y los tres espacios del mundo Nasa en procesos educativos actuales.

  5. Mesianismo y las transformaciones de símbolos mesiánicos en Tierradentro

    revistas.icanh.gov.co

    Es el análisis más detallado del personaje: en todas las variantes recibe del Trueno una boleadora con poderes que al usarse se transforma en culebra verde, con ella vence a los pijaos hasta un lindero que sigue vigente, se dice que todavía vive en la laguna, y se recoge su aviso de proteger las tierras frente a los extranjeros.

  6. Medicina y magia entre los paeces

    revistas.icanh.gov.co

    Describe al Trueno con los mismos rasgos que el relato atribuye al hijo: cacique en tiempo de los pijaos que defendió a la gente y dio buenos consejos, mandó lavar las varas de mando en las lagunas, es guardián del oro y consagra a los médicos a la orilla del agua.

  7. Mitos y leyendas: testimonios orales de la cultura páez

    ruc.udc.es

    Con testimonios de mayores, entre ellos de Calderas, afirma que los caciques salieron de las aguas y son hijos del trueno, nacidos en la quebrada de Calderas, y que a su muerte se refugiaron en la laguna de Caspe prometiendo volver si se les necesita.

  8. «Los animales mágicos de Tierradentro», ¿magia de quién?

    socioeconomia.univalle.edu.co

    Señala que la colección de relatos de la tesis de Bernal versa casi toda sobre el origen mítico de los caciques y que desde entonces el trueno, las aguas y la serpiente aparecen ligados en su formación, y advierte que el complejo del enemigo pijao parece una incrustación sincrética posterior a la conquista.

  9. Nuestro territorio frío: el concepto indoamericano de higiene territorial en el manejo de la crisis de recursos entre los nasa de Tierradentro

    journals.iai.spk-berlin.de

    Con informantes de Calderas documenta que las fuentes de agua son culebras verdes y madres del agua, y que el trueno avisa con un estruendo prolongado de combates inminentes en el territorio: la culebra verde y el trueno que anuncia guerra.

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Conversación

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«Llíban, el hijo del Trueno» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Llíban, el hijo del Trueno» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Llíban, el hijo del Trueno» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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