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La visita del joven desconocido

El mito de Calderas revela una historia de amor sobrenatural y sacrificio, donde lo humano y lo místico se entrelazan en un desenlace inesperado.

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Ilustración de La visita del joven desconocido

En el remoto pueblo de Calderas, donde el tiempo parecía plegarse sobre sí mismo, los ancianos solían contar historias que bailaban entre lo real y lo mágico, como el bostezo de un día que nunca termina. Una de esas historias hablaba de un forastero que llegó sin anuncio, un joven de cabellos oscuros y mirada profunda, asentándose en el filo de la Parcialidad, un lugar donde el sol lanzaba sombras alargadas y el viento susurraba secretos en lenguas antiguas.

El joven, cuya naturaleza era más enigma que carne, fue pronto descubierto por los ojos curiosos de una muchacha del pueblo. Ella, como si respondiera a un llamado imperceptible, se aventuraba a menudo hacia el filo, custodiado por árboles cuyos brazos abrazaban el cielo. Su madre, en susurros de advertencia, la reprendía por esas visitas, pero la muchacha, con la sinceridad de quien guarda un secreto divino, sostenía que una culebra le lanzaba torcazas muertas desde las ramas, ofrenda que no debía despreciarse.

Con el pasar de las estaciones, la muchacha comenzó a mostrar signos de una promesa que crecía dentro de ella. Su vientre, como un oráculo silencioso, revelaba la inminencia de una nueva vida. Pero el niño que finalmente nació no era un regalo sencillo. Su piel era un pergamino de misterios de donde surgían gusanos que danzaban sobre su carne. La madre, sabia en su amor, advertía que esos gusanos eran el hilo mismo de la vida del niño, instando a cuidarlos con el fervor del que cultiva la esperanza entre los escombros.

Un día, la joven madre salió hacia la labranza, donde los campos murmuraban antiguas canciones de crecimiento y marchitamiento. Su ausencia fue un vacío que la abuela, llena de curiosidad ciega, decidió llenar. Se acercó a la hamaca donde el niño dormía, y en un gesto de ignorante compasión, retiró los gusanos que custodiaban su aliento. En ese instante, el niño exhaló su última respiración, como si la gravedad hubiera aplacado un susurro en mitad de un grito.

El regreso de la madre fue un crescendo de lamentos que resonaron entre los cerros y más allá. Su dolor, profundo como las raíces de un árbol viejo, la arrastró hacia la laguna cercana. Sin vacilar, se lanzó a sus aguas, buscando el consuelo de la inmersión. Pero el abrazo del agua no fue su fin. En lugar de ahogarla, la laguna la transformó, y junto a su amante desconocido, se desvaneció en la neblina nacarada que caía sobre Calderas.

Los médicos, guardianes de los misterios del cuerpo, especularon que la muchacha y su amante vivían ahora en las entrañas de la laguna. Sin embargo, la abuela, ávida de explicación y redención, decidió convocar los poderes más oscuros de la tierra. Se celebró una reunión de brujos, que entre cantos y danzas al atardecer, pidieron un sapallo quiteño y los trapos de una mujer en su tiempo lunar. Estos objetos, impregnados de magia mundana, fueron lanzados como señuelos a la laguna que se alzó con un languidecer de siglos.

La laguna, en respuesta al conjuro, comenzó a evaporarse, su agua se disipó en el cielo como humo al viento, dejando a su paso los barriales que ahora salpicaban los potreros de Calderas. Se dijo que la pareja, conscientes del inminente descubrimiento, se trasladaron a la laguna de Santa Rosa, un refugio envuelto en susurros y leyendas.

Y así, cada tarde a las cuatro, cuando una nube negra cubría el cielo, los campesinos y pastores sabían que el amante y su compañera cruzaban las dimensiones hacia su refugio. En el aire quedaban residuos de esa historia, flotando como hebras de una tela tejida por los mismos dioses que, con un toque de realismo mágico, habían decidido que en Calderas, no todo lo que moría se debía llorar ni todo lo que vivía era solo un mito.

Historia

El mito de los primeros vivientes de Calderas relata la historia de un joven desconocido que llegó a vivir en un lugar particular llamado "el filo de la Parcialidad". Una muchacha lo visitaba con frecuencia a pesar del regaño de su madre, excusándose de que una culebra le lanzaba pájaros muertos que ella iba a recoger. Eventualmente, la muchacha quedó embarazada y dio a luz a un niño extraño con gusanos en su cuerpo. La madre del niño advirtió que no debían quitarle los gusanos ya que eran parte vital del niño. Sin embargo, la abuela desobedeció y le extrajo los gusanos, resultando en la muerte del niño. La madre, en su dolor, se arrojó a una laguna cercana y desapareció, como el joven desconocido. Se rumoreaba que ambos vivían juntos en la laguna, y para intentar recuperar a la mujer, se realizó un ritual con un zapallo quiteño y trapos de una mujer menstruante, arrojándolos a la laguna. Como consecuencia, el joven y la muchacha se trasladaron a la laguna de Santa Rosa, y la laguna original de Calderas se secó, quedando sus barriales como vestigio. Además, se creía que la pareja aparecía a las cuatro de la tarde en medio de una nube negra, lo que señalaba su paradero.

Versiones

En el mito que se nos presenta, la historia gira en torno a una joven que es visitada por un extraño joven y cuya relación termina en un nacimiento inusual y la posterior muerte del bebé. Al compararlo con otras versiones posibles de mitos sobre relaciones entre humanos y seres sobrenaturales, uno nota que esta versión se centra en temas de malentendidos humanos con lo sobrenatural, sobre todo el fatal error de la abuela al retirar los gusanos, que son vitales para la sobrevivencia del niño—aquí simbolizan el hilo que conecta lo sobrenatural con lo humano. Este motivo del ave como intermediario del mundo oculto, quien en este caso provee a la muchacha con regalos, difiere de otras versiones donde la transformación o el engaño explícito suelen ocupar un papel central.

Asimismo, el desenlace de este relato ofrece un giro singular con respecto a otras narrativas mitológicas análogas. La secuencia donde los médicos utilizan un sapallo quiteño y trapos de mujer menstruante para realizar un ritual evoca prácticas chamánicas o rituales de purificación, contrastando con versiones que generalmente utilizan enfrentamientos directos o transformaciones físicas del protagonista. El carácter más místico y menos violento del final, donde la pareja se traslada a una nueva laguna en lugar de ser castigada o destruida, sugiere una convivencia entre el mundo oculto y el humano, dejando vestigios físicos (como los barriales) que afirman la persistencia del mito en el paisaje. Esta peculiar resolución refleja una comprensión más ambigua y menos condenatoria de la interacción entre lo humano y lo sobrenatural.

Lección

El desconocimiento y la desobediencia pueden traer consecuencias fatales.

Similitudes

Se asemeja a mitos griegos como el de Orfeo y Eurídice, donde la interacción con el mundo de los muertos tiene consecuencias trágicas.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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