Llíban y Juan Chiracol

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Llíban y Juan Chiracol

Dos caciques defienden Calderas, conversan tras la victoria y parten hacia lagunas distintas dejando un mismo cuidado territorial.

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Llíban y Juan Chiracol: la entrada del relato

El relato

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Calderas tenía dos lados, y un sat para cada lado. En la parte occidental mandaba Llíban. La primera casa de la bajada de Puelchí llevó su nombre tanto tiempo que el nombre se le quedó al lugar, y hoy a ese punto se le dice Eshufi Ik. En la parte oriental mandaba Juan Chiracol, que también era sat y también tenía su gente.

Mientras los pijaos anduvieron por esas laderas, cada uno se sostuvo donde pudo. Juan Chiracol se escondió en El Caspe, una laguna muy grande, allá por los linderos de Belalcázar, donde la neblina baja temprano y el agua se queda quieta y oscura. Llíban se hizo hacia el otro extremo, hacia los linderos de Chinas, por encima de las quebradas que bajan cargadas cuando llueve tres días seguidos.

Después los vencieron. Se notó primero en los caminos de herradura, que volvieron a andarse sin sobresalto. La gente bajó otra vez a las rozas, hundió el bastón, echó el maíz y lo tapó con el pie. En las tardes el humo de los fogones salía por la paja de los techos y se quedaba pegado a la ladera, y nadie se levantaba a mirar de dónde venía un ruido.

Entonces los dos sat se encontraron. Venían de mitades opuestas de la misma parcialidad. Conversaron largo rato, y en esa conversación quedó dicho que ninguno de los dos se iba a quedar.

Llíban aconsejó buen manejo. Que gobernaran con cuidado lo que les quedaba, que no se descuidaran ahora que podían.

—Quedan libres de pijaos —les dijo.

Y advirtió que, si algún día volvían, no lo buscaran por los caminos ni por las orillas: que lo llamaran por medio de los médicos.

Después se despidieron y desaparecieron, cada cual siguiendo su propio destino, por los lados que ya tenían hechos. Juan Chiracol hacia El Caspe. Llíban hacia los linderos de Chinas. No se pelearon por el terreno que quedaba libre, no lo repartieron delante de nadie y no quedaron de volver a verse.

De Llíban nadie supo nunca cómo había aparecido. No conoció el bautismo. Y aun así, quien lo trataba decía que parecía cristiano.

Llíban y Juan Chiracol: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Dos poderes que no se disputan el mismo suelo pueden despedirse sin que ninguno quede vencido.”

Territorio

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Nasa - Paeces
Referencia
2.63901° · -76.019°

Ficha del relato

Contexto histórico

Esta página se sostiene en un solo texto publicado: el artículo que Segundo Bernal Villa dio a conocer en 1953 en la Revista Colombiana de Antropología, «Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro», hecho desde el Instituto Etnológico Nacional. Bernal llevaba más de un año de trabajo de campo, con muchas interrupciones, y advierte que los cuentos le costaron paciencia y espera: a la pregunta directa, dice, la respuesta más frecuente era himeto, no sé. Anota también cómo se contaban, alrededor del fogón, con hombres, mujeres y niños presentes que corregían, añadían o ratificaban, y que los narradores a veces soltaban una risa burlona como restándole valor a lo que acababan de decir.

El cuento de los dos caciques se lo dio Agustín Muse, el mismo hombre que le narró la entrada dedicada a Juan Chiracol, y pasó al castellano por boca de Marco Antonio Penkue, intérprete mestizo de San Andrés, de unos treinta y cinco años, que dominaba el páez y el castellano. Nada de lo que se lee aquí está en nasa yuwe: es una traducción de 1953, con las palabras que escogió el intérprete y las que escribió el etnógrafo. La compilación de Eugenia Villa Posse de 1993 reproduce ese texto y acredita su procedencia, pero no es un testimonio independiente. Elías Sevilla Casas reconstruyó en 2007 cómo se hizo ese trabajo de campo en Calderas y mostró que los mismos cuentos circularon después en cartillas del CRIC y en la obra de Reichel-Dolmatoff, de modo que este material ya pasó por otras manos con otros fines.

La palabra sat es la que el texto usa para cacique, y los médicos que podrían llamar de vuelta a Llíban son los mismos de los que Bernal escribe en 1954, en «Medicina y magia entre los paeces»: allí describe al Trueno como cacique en tiempo de los pijaos que mandó lavar las varas de mando en las lagunas, y anota que los médicos de entonces ya no podían hablar con él. En «Economía de los Páez», del mismo año, documenta que las tierras de resguardo son inalienables y que en Calderas la defensa se pensaba en términos parecidos a los del cuento. Álvaro Chaves Mendoza recordó en 1981, citando a Bernal, que Llíban pasaba por el mejor curandero de Tierradentro. Jorge Orozco Meneses afirmó en 1996 que los dos caciques nacieron en la quebrada de Calderas y se retiraron a la laguna de Caspe.

Queda una mezcla que no conviene resolver. En el mismo párrafo hay un sat que no conoció el bautismo y que, aun así, parecía cristiano. Bernal recogió esa frase sin depurarla, en una parcialidad donde los misioneros lazaristas trabajaban desde 1905, y así se conserva aquí. El Plan de Vida de la Asociación Nasa Çxhãçxha, en Tierradentro, y el Consejo Regional Indígena del Cauca sitúan hoy ese territorio como ancestral y en disputa, pero hablan desde el presente y no completan los silencios de 1953.

Resonancias con otros mitos

Dentro del corpus de Calderas, el paralelo más cercano es “Juan Chiracol”: el mismo personaje, narrado por el mismo hombre y con el mismo intérprete, pero allí con su nacimiento de una mujer y un tigre, sus consejos de no vender la tierra y su retiro a El Caspe, desde donde regaña cuando se cae un árbol o se desliza una peña. En la entrada conjunta no hay nacimiento ni tigre: hay dos autoridades que reconocen cada una su lado y se van. La diferencia importa, porque esta página no es un resumen de aquella.

El segundo paralelo es “Llíban, el hijo del Trueno”. Allí Llíban se cría con dificultad, pelea solo y se marcha solo; aquí comparte la escena con otro sat, y la despedida no es una hazaña sino una conversación. Elías Sevilla Casas describió en 2007 el trío de Trueno, aguas y serpiente como el material con que se forman los caciques nuevos, y señaló a Juan Tama como el paradigma de esa figura: “Juan Tama de la Estrella” y “El Trueno” pertenecen a esa misma red y conviene leerlos al lado, sin volverlos un solo ser.

Hay un tercer eco, más discreto, con “El Trueno”. La promesa de volver si lo llaman por medio de los médicos supone unos médicos capaces de hacerlo, y Bernal documentó un año después, en «Medicina y magia entre los paeces», que los de su tiempo ya no se atrevían a esa conversación. El consejo del cuento describe entonces una vía que, cuando se publicó, ya se daba por interrumpida.

La página anterior comparaba a los dos caciques con las parejas de héroes del Popol Vuh. Esa comparación se retira: el expediente no aporta ninguna fuente que la sostenga, y sin ella el parecido se reduce a que en ambos casos actúan dos. La red interna del corpus alcanza para situar esta entrada sin salir de Tierradentro.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La cadena documental es una sola: Agustín Muse contó, Marco Antonio Penkue tradujo, Bernal Villa publicó en 1953 y Eugenia Villa Posse reeditó en 1993. No hay un segundo testimonio recogido aparte, y una reedición no lo es.

  2. Lo que sí cambia es lo que dicen las otras entradas del mismo artículo. En “Llíban, el hijo del Trueno”, Celia Urriaga cuenta que unos médicos lo sacaron de una creciente y que mató a los pijaos con una boleadora que era una culebra verde. La Versión I, de Felisa Nunda, pone en su lugar a una cacica que ordena la reunión de médicos, y traslada a Llíban a Eshufi Ik, la laguna del oso, desde donde aconseja hacer respetar a los mayores y velar por que las tierras no caigan en manos de extranjeros. La Versión II, de Victoriano Piñakué, hace de Llíban un muchacho hijo de gente que recibe la boleadora de un viejo con ese nombre. En el cuento conjunto no hay boleadora, ni creciente, ni cacica: Llíban ya es sat y ya venció.

  3. Dos topónimos se mueven entre entradas del mismo artículo, y conviene no arreglarlo. Eshufi Ik es aquí el nombre actual de la primera casa de la bajada de Puelchí, mientras que en la Versión I de Felisa Nunda es la laguna a la que Llíban se traslada. El Caspe queda aquí por los linderos de Belalcázar, mientras que en “Juan Chiracol”, narrado por el mismo Agustín Muse, queda lejos, en los linderos de Atá.

  4. Bernal escribió en su introducción que Llíban se considera hijo del Trueno pero que todos sostienen que es el Trueno mismo. Elías Sevilla Casas señaló en 2007 que la historia de Juan Chiracol, en cambio, no menciona al Trueno y termina diciendo que no dejó descendencia. Jorge Orozco Meneses, en 1996, hace nacer a los dos en la misma quebrada y retirarse a la misma laguna, lo que contradice el reparto de destinos que fija esta entrada.

  5. El Relato sigue únicamente el cuento de Muse: sin el tigre de “Juan Chiracol” y sin la culebra de “Llíban, el hijo del Trueno”, que tienen sus propias páginas y sus propios narradores.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Nasa - Paeces · Cauca · Pacífico
Referencias
13
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro

    revistas.icanh.gov.co

    Publica veintiséis relatos recogidos en Calderas con nombres de informantes, intérpretes y variantes diferenciadas.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    flacso.edu.ec

    Reproduce el corpus de Bernal, acredita su procedencia y advierte que contiene varias versiones y modalidades de una misma narración.

  3. Lenguas nasa yuwe y namtrik

    mng.mincultura.gov.co

    Describe lengua, territorio, organización, héroes, trabajo de la tierra y cosmogonía desde bibliografía y procesos educativos contemporáneos.

Contraste y contexto · 10 referencias
  1. Somos el pueblo nasa de la Çxhab Wala Kiwe

    nasaacin.org

    Perfil del pueblo nasa escrito por su propia organización: ley de origen, territorio, lengua nasa yuwe, cabildos y los tejidos de educación, salud, justicia y comunicación, con los hitos del proceso organizativo.

  2. Plan de Vida de la Asociación de Autoridades Ancestrales Indígenas Nasa Çxhãçxha

    tierradentro.co

    Voz organizativa de los diecisiete resguardos nasa del municipio de Páez, en Tierradentro, que define su plan de vida como un proceso colectivo de reflexión y acción fundado en el pensamiento propio.

  3. Territorio ancestral del pueblo Nasa entre el riesgo y la resistencia

    cric-colombia.org

    Sitúa Tierradentro como territorio ancestral Nasa y vincula memoria, autonomía, Juan Tama y defensa comunitaria.

  4. Nidos de lengua y revitalización del nasa yuwe

    scielo.org.co

    Explica la relación entre lengua, territorio, señales, sueños, naturaleza y los tres espacios del mundo Nasa en procesos educativos actuales.

  5. «Los animales mágicos de Tierradentro», ¿magia de quién?

    repository.icesi.edu.co

    Revisa los relatos de Calderas y resume que Juan Chiracol nace de una mujer embarazada por un tigre, que su historia no menciona al Trueno y que termina diciendo que no dejó descendencia; además sitúa a Trueno, aguas y serpiente como el trío que forma a los nuevos caciques cuyo paradigma es Juan Tama.

  6. Los animales mágicos en las urnas de Tierradentro

    revistas.ucm.es

    Citando a Bernal, describe al Trueno como espíritu inmortal y defensor frente a los pijaos, que llevaba cuero de culebra en la espalda, y a su hijo Llíban como el mejor curandero de Tierradentro, que rodeado por los pijaos se defendió con una boleadora que era una culebra.

  7. Mitos y leyendas: testimonios orales de la cultura páez

    ruc.udc.es

    Afirma que Llíban y Juan Chiracol nacieron en la quebrada de Calderas y que al morir se retiraron a la laguna de Caspe, con lo que fija la geografía que la versión conjunta deja implícita.

  8. Medicina y magia entre los paeces

    revistas.icanh.gov.co

    Describe al Trueno como cacique en tiempo de los pijaos que defendió a la gente y mandó lavar las varas de mando en las lagunas, anota que los médicos de ahora ya no pueden hablar con él y cuenta su presencia en Calderas junto a una cacica: el contexto de la promesa de volver si lo llaman.

  9. Economía de los Páez

    revistas.icanh.gov.co

    Registra en Calderas la idea defensiva de que si los pijaos reaparecieran el perro los detendría, anota que en las leyendas es frecuente esa clase de pensamiento defensivo, y documenta que las tierras de resguardo son inalienables: el marco material del consejo de no vender la tierra.

  10. Intelectuales públicos e intelligentsia local: una mirada a la antropología de Tierradentro, Cauca

    revistas.icanh.gov.co

    Reconstruye el trabajo de campo en Calderas en los años cincuenta, señala a Victoriano Piñacué como informante principal de Bernal y de Nachtigall, y muestra cómo esos cuentos fueron reutilizados después en cartillas del CRIC y por Reichel-Dolmatoff.

Voces de la comunidad

Conversación

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«Llíban y Juan Chiracol» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Llíban y Juan Chiracol» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Llíban y Juan Chiracol» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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