En un tiempo borrado por la memoria de los años, cuando la tierra se confundía con el cielo y el agua con las estrellas, comenzó la historia de una criatura nacida de los elementos mismos de la creación. Cuando el río Yutuk desbordó de sus márgenes, dejando tras de sí un espejo de aguas inquietas que danzaban con la luz de un extraño lucero, apareció una niña en el cauce tempestuoso. Era una pequeña ajena a este mundo, cuya llegada parecía haber sido tejida por el destino sobre la hebra irisada del arcoíris.
Una pareja que vio el milagro la recogió en sus brazos. Su crianza fue un acto de bondad desinteresada, y por eso, el pueblo la aceptó como una hija más de la comunidad. Sin embargo, esta criatura guardaba secretos en su sangre, y deseos tan antiguos como la tierra misma. Así, durante una fiesta importante, cuando todos, incluso la pareja, se habían ido a la iglesia dejando a la niña sin compañía y sin vestido apropiado, un anhelo ardiente surgió de su interior. Se envolvió en un pañolón viejo y, con paso apresurado, siguió el rastro de las almas congregadas.
En el camino hacia la iglesia, cuando sus pies tocaron la quebrada Yutuk, la niña se transformó. No fue solo un cambio de forma, sino una revelación de su verdadera naturaleza. Su cuerpo se alargó, alargándose hasta tocar las nubes, convirtiéndose en una majestuosa serpiente, tan larga como el arcoíris. En sus oídos brotaron dos orejas como las de un burro, y sus escamas brillaban bajo el sol con un fulgor místico.
La serpiente, conducida por un propósito desconocido incluso para ella, alcanzó el templo. Con un movimiento majestuoso, rodeó la iglesia, atrapándola en un abrazo de anillos iridiscentes, y sus mandíbulas se abrieron para engullir a todos los congregados. Solo la pareja que había cuidado de ella fue testigo de este horror sin sufrir daños, pues sus voces, quebradas por el miedo, lograron apaciguar, aunque fuese efímeramente, la furia de aquel ser abismal.
Tras la orgía de destrucción, el cuerpo de la serpiente ascendió hasta el cielo, llevando consigo una ambición desafiante: devorar a la Virgen que reinaba entre los astros. Empero, la naturaleza se rebeló contra este intento de usurpar a los dioses, y dos águilas, descendiendo de lo alto, rasgaron sus flancos hasta casi partirla en dos, precipitando aquel cuerpo celestial al suelo. La serpiente murió allí, pero su esencia no se esfumó.
Mientras sus restos se descomponían, esparciéndose por cada rincón, se multiplicaron en infinitas culebras que infestaron los valles y montañas. En un lugar llamado Ulnengá, una de estas bestias nació y acechaba desde su guarida maloliente, devorando a quienes laboraban en los campos con un hambre inextinguible. Un inglés, empuñando una espada hecha de sueños y acero, dio fin a esta criatura, separando su azulada cabeza y su rabo del cuerpo. La cabeza, ligera como el aire, voló y cayó de nuevo en Ulnengá, mientras el rabo encontró su destino en un lugar conocido como Loto.
De las crónicas arcanas de este acontecimiento surge también una figura distinta, pero no menos extraordinaria: Juan Tama, cuyo nacimiento coincidió con ese momento de caos. Un niño mitad serpiente, hijo de aquel mismo lucero que surcaba los cielos, flotaba en el río espumoso hasta que los pueblos indígenas lo rescataron. La fuerza de su nacimiento atrajo a las mujeres, que peleaban por amamantarlo, pero su apetito monstruoso requirió alimento de muchas madres y de vacas generosas.
Con el tiempo, Juan Tama creció, abandonando la leche por papas asadas, carne y tortas de maíz, y así halló su hogar en las montañas de Vitoncó, donde erigió su residencia y fundó el pueblo de Lame. Se unió en matrimonio con Mandiguagua, una joven cacica, y su gobierno fue justo y pacífico, ganándose el respeto de los indígenas paeces que habitaban los dominios de Toribio, Jambaló, Paniquitá y más allá.
Los años pasaron, y cuando Juan Tama sintió sus fuerzas menguar, dejó su residencia bajo un cielo estrellado y ascendió hacia la cumbre de la cordillera. Allí, en la laguna de Pataló, su cuerpo fue envuelto por una luz resplandeciente que lo elevó de nuevo a los cielos, regresando así al hogar celestial de su madre lucero. Desde entonces, su leyenda permanece en la memoria de la tierra y en el brillo de las estrellas, uniendo su destino con aquel de la serpiente, de cuyo relato y realidad brotan las raíces de los mitos que todavía susurran entre las sombras y la luz.
Historia
Por ahora no tenemos tan clara la historia de este mito, pero a medida que recopilemos más información les estaremos actualizando.
Versiones
Las dos versiones del mito presentan narrativas muy distintas, tanto en el origen como en el desenlace de sus protagonistas. En la primera versión, la figura central es una niña que es criada por un matrimonio después de ser encontrada en una creciente de agua. La narrativa se centra en una transformación repentina y destructiva en la que la niña se convierte en una serpiente enorme después de ser dejada atrás al ir a misa. Esta serpiente devora a las personas en la iglesia y amenaza incluso a la Virgen, hasta ser derrotada por dos águilas. El mito termina con una conexión a eventos posteriores donde aparece otra serpiente, enfrentando a un inglés que la destruye, dejando una sensación de peligro continuo dispersado en la región como culebras.
En contraste, la segunda versión introduce a Juan Tama, un niño mitad serpiente nacido de un lucero, quien es encontrado y adoptado por los indígenas, motivando su transición de una criatura extraordinaria a un líder justo y sabio. La narración se concentra en el crecimiento, poder y gobierno pacífico de Juan Tama sobre un vasto territorio indígena. A diferencia de la destrucción personificada por la serpiente en la primera versión, Juan Tama simboliza orden y prosperidad. Al final de su vida, retorna de manera mística al firmamento, reforzando un ciclo armonioso con lo celestial, como un heredero del lucero. Las dos narrativas ofrecen un choque claro: una representación de la transformación oscura y caótica versus una evolución hacia la paz y la justicia, reflejando diferentes enfoques hacia el mito de la serpiente en contextos culturales y sociales variados.
Lección
La transformación puede llevar tanto a la destrucción como al crecimiento y liderazgo.
Similitudes
Se asemeja al mito griego de Medusa, donde una transformación lleva a la destrucción, y al mito chino del Dragón, que simboliza poder y liderazgo.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



