En las tierras donde el sol nace antes que los sueños de los hombres, habitaba un ser llamado Chautéh, cuyos pasos eran tan devastadores como una tormenta que despoja a los árboles de sus hojas. Las ancianas del pueblo, con sus susurros cargados de historias antiguas, contaban que Chautéh había modelado todos los animales del bosque a partir de las almas errantes de los hombres, transformándolos en criaturas con peculiaridades que reflejaban sus vidas pasadas. El chiguaco, hablador de noche, había sido un sacristán capaz de convertir las sombras en plegarias; el chicao, experto en silbidos melódicos, cargaba el alma de un eximio flautista; y el guacharaca, eternamente charlatán, llevaba consigo el don de los narradores de plazas.
Pero el conejo, era un ser diferente, fruto de un hombre cuya lengua entretejía mentiras tan ágiles como sus saltos; él, al igual que Chautéh, sabía dar vueltas y más vueltas, escabulléndose siempre del destino que intentaba atraparlo. Sin embargo, estos dones e invenciones del creador generaban caos entre los seres humanos, que temían el poder desbordante de Chautéh.
Una vez, en un alborozo de astucia y tal vez de miedo, un carpintero del pueblo decidió poner fin a las travesuras de aquel que había hecho del engaño su arte. Este carpintero era un hombre de manos recias y mirada tranquila, capaz de convertir la madera en refugio y de construir baúles tan grandes que su interior parecía abarcar otras dimensiones. Con engañosa generosidad, prometió a Chautéh construir un cajón para él, un regalo que desbordaba inteligencia y sinceridad.
Chautéh, curioso y confiado como es solo una fuerza creadora puede ser, aceptó la promesa y una mañana, cuando la niebla aún se aferraba a la tierra, se adentró en el baúl recién terminado. Sin embargo, tan pronto como su esencia lo llenó, el baúl se cerró con un eco seco, resonando en el vacío del alba. Fuera del alcance de sus manos, los clavos del carpintero transformaron el cajón en una prisión inquebrantable.
"Liberadme, por favor", suplicó Chautéh, con una voz que se hizo viento entre las hojas. Pero el carpintero, con una firmeza inquebrantable y una tristeza que solo conocen aquellos que traicionan por amor, se negó. Chautéh, luchando por una visión del mundo que había creado, pidió entonces dos diminutos orificios por los cuales ver. Con precisión y compasión, el carpintero procedió a perforar la madera, pero en un descuido cargado de destino, confundió la herramienta y uno de los agujeros costó a Chautéh un ojo.
"Ahora soy tuerto", se lamentó Chautéh, sintiendo que su vasta creación se reducía al susurro de los árboles y al tacto del viento. Pero en aquella limitación, encontró su propósito. "Mientras yo esté aquí", proclamó con la majestad de un solitario monarca, "miraré a la tierra, a los palos que hablan y se abren a la vida".
El carpintero, habiendo cumplido su misión, sintió el murmullo de una transformación inevitable recorrer sus venas. El eco de su corazón se alineó con el canto de un pajarillo, y en un abrir y cerrar de ojos, se convirtió en un pájaro carpintero. Desde entonces, con el ritmo de sus picos, abre huecos en los árboles, teje nidos y engendra vida, recordando en cada golpe, en cada eco, las sombras de una antigua astucia y las historias de un mundo metamorfoseado.
Mientras Chautéh observa desde su cárcel de madera, el paisaje de su mundo, el carpintero transforma árboles en hogares, y así, en el rincón de una tierra donde el mito se funde con la luz, el ciclo de la creación y la transformación continúa con la misma danza interminable del tiempo.
Historia
El mito descrito tiene su origen en una narrativa en la que Chautéh es una figura que causaba muchos daños y fue llevado lejos hacia donde sale el sol. Está relacionado con la creación de los animales a partir de antiguos humanos, cada uno con características específicas que reflejan su vida pasada. Un carpintero, que sabía hacer baúles grandes, engañó a Chautéh al prometerle uno como regalo. Cuando Chautéh se metió dentro del baúl para medírselo, el carpintero lo cerró para siempre para que no volviera a causar daño. Chautéh pidió que abrieran dos huecos para ver, pero en el proceso uno de sus ojos fue dañado. Finalmente, el carpintero se convirtió en un pájaro carpintero, que simboliza su habilidad para abrir huecos, hacer nidos y criar en troncos.
Este relato sugiere un mito de transformación y creación, donde un ser perjudicial es confinado y aquellos que lo detuvieron se transforman en seres de la naturaleza con tareas específicas, reflejando las habilidades atribuídas en la historia.
Versiones
En la versión del mito presentada, la figura de Chautéh es central tanto por su rol de creador de animales a partir de humanos como por su engaño al final de la historia. Una diferencia destacable entre esta versión y otras posibles está en el papel del carpintero, quien inicialmente aparece como un simple fabricante de baúles, pero que adquiere un protagonismo que podría no estar presente en otras narraciones. En algunas versiones, es probable que Chautéh sea punido por una figura divina o heroica en lugar de un personaje con habilidades prácticas y humanas como un carpintero. Esta elección narrativa resalta una interacción más mundana y humana que podría representar la habilidad y astucia humanas contra fuerzas causantes de caos.
Además, la transformación del carpintero en un pájaro carpintero encierra un simbolismo que podría variar entre versiones. Aquí, el carpintero asume una nueva existencia como un pájaro cuyo comportamiento está intrínsecamente conectado a su oficio original, reforzando la idea de continuidad y el poder transformador propio de los mitos. Esta transformación ligada a la naturaleza es muy característica de las narraciones mitológicas, pero en otras versiones, el castigo de Chautéh podría culminar de manera distinta, sin la necesidad de la metamorfosis del carpintero, enfocándose más en el castigo divino o cósmico de Chautéh. La oportunidad de ver y hacer, impedida por un ojo faltante de Chautéh, también puede ser un elemento incorporado para enfatizar una lección moral específica en torno a la vigilancia y consecuencias de los actos, elementos posiblemente modificados o ausentes en otras versiones.
Lección
La astucia y el ingenio pueden superar fuerzas poderosas.
Similitudes
Este mito se asemeja al mito griego de Prometeo, donde un ser es castigado por su interacción con la humanidad, y al mito nórdico de Loki, donde el engaño y la transformación son temas centrales.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



