Juan Chiracol

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Juan Chiracol

Hijo de una mujer sobreviviente y un tigre, Juan Chiracol defiende la tierra y vigila desde la laguna de El Caspe.

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Juan Chiracol: la entrada del relato

El relato

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Dos muchachas bajaron del filo de Zenzepechi huyendo de los Pijaos. Traían papas y otras cosas de la tierra para comer. Se quedaron en una ladera apartada del camino y allí empezaron otra vez desde el principio.

Tumbar la montaña les costó mucho trabajo. Con herramientas de piedra fueron abriendo el monte, quemaron lo caído y sembraron entre los troncos. Comían lo que salía de esa tierra y dormían en un rancho de paja que ellas mismas levantaron. De noche se oía el monte alrededor, cerrado.

Un día entraron los Pijaos. Se comieron a una de las dos.

La otra quedó sola en la ladera abierta, con la roza sembrada y nadie con quien hablar. De un tigre quedó embarazada, y de esa unión nació Juan Chiracol.

El tigre no se fue. Cuidaba al niño mientras la madre trabajaba y bajaba del monte con carne al hombro. Ella se enseñó a esa compañía, y el hijo creció sabiendo quién estaba afuera cuando todo se quedaba callado.

Era muy inteligente. Supo desde temprano lo que su madre había pasado, quién se había llevado a la otra, por qué vivían las dos solas en ese filo. Cuando tuvo fuerza para hacerlo peleó contra los Pijaos, y peleó hasta acabar con ellos.

Cuando el muchacho estuvo grande, el tigre se metió al monte y no volvió.

Madre e hijo se trasladaron entonces al lugar que hoy ocupa el panteón y empezaron a construir la iglesia. Iban llegando otros y el trabajo siguió.

Chiracol dio muchos consejos. El principal fue sobre la tierra: que no la vendieran, que era de ellos y de nadie más, que por ella había peleado contra los Pijaos. Después dijo que se iba y que no volvería más, pero que estaría viéndolos desde la laguna de El Caspe.

El Caspe queda muy lejos, por los linderos de Atá, y tiene fama de ser muy brava. Cuando se cae un árbol en el monte o se desliza una peña sobre el camino, dicen que es Juan Chiracol que viene a regañarlos. Cuando se enoja se le oye: uuuuh.

No quiso mujer y no dejó descendencia. Lo que dejó fueron los consejos y una laguna desde la cual mira.

Juan Chiracol: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien no deja descendencia puede dejar advertencias, y una tierra también se hereda de ese modo.”

Territorio

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Nasa - Paeces
Referencia
2.63901° · -76.019°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este cuento lo publicó Segundo Bernal Villa en 1953, en el primer número de la Revista Colombiana de Antropología, dentro de «Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro», mientras trabajaba para el Instituto Etnológico Nacional. Lo narró Agustín Muse, de ochenta años, que no sabía castellano, con Marco Antonio Penkue de intérprete: un mestizo de San Andrés de unos treinta y cinco años, con dominio del páez y del castellano, a quien Bernal describe como buen conocedor de las costumbres calderunas y atinado en sus preguntas. Todo lo que hoy se lee pasó por esa cadena: nasa yuwe de un hombre de ochenta años, castellano de un traductor, edición de un antropólogo joven. La compilación de Eugenia Villa Posse de 1993 reproduce el texto con su procedencia, pero no es un testimonio independiente.

Juan Chiracol no era entonces una figura del pasado. En la introducción del mismo artículo, Bernal cita a un informante de veintitrés años: «El avisa si llega la chusma, él no más avisa, pues». La palabra chusma nombraba a los grupos armados de la Violencia, de modo que el personaje funcionaba como aviso dentro de un presente peligroso y no como recuerdo.

Las fuentes posteriores lo tratan desde ángulos distintos y ninguna lo agota. Joanne Rappaport, en 1981, se detiene en la noticia de que Calderas tenía dos caciques con territorios divididos entre oriente y occidente y propone verla como un posible caso páez de la «segunda persona», el vocero del cacique principal en los modelos duales de autoridad andina; le dedica un solo párrafo, lamenta la falta de datos y no discute a la madre, al tigre ni a la laguna. Elías Sevilla Casas, en 2007, resume el cuento para discutir con quienes lo leyeron como prueba de un complejo chamánico del jaguar, y subraya que aquí no aparece el Trueno y que el texto termina diciendo que no dejó descendencia. Jorge Orozco Meneses, en 1996, sitúa a Juan Chiracol junto a Llíban en la quebrada de Calderas y anota que su morada, después de desaparecer, es la laguna de Caspe: es la confirmación de ese vínculo por fuera del corpus de 1953.

Dos cautelas. «Tigre» es la palabra del texto y se conserva como tal, sin decidir una especie ni convertirla en símbolo chamánico, que es justamente lo que Sevilla objeta. Y los Pijaos del cuento son la memoria calderuna de una guerra: el propio Bernal advierte que en esa memoria aparecen como seres de fuerzas descomunales, y esa imagen no se traslada aquí a un pueblo histórico. El panteón y la iglesia del final, junto a un héroe nacido de un tigre, pertenecen a la misma mezcla que el artículo registra sin resolver; los misioneros lazaristas llevaban entonces casi medio siglo trabajando en Tierradentro.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más estrecho dentro del corpus es “Llíban, el hijo del Trueno”. Los dos héroes crecen fuera de lo ordinario, pelean contra los Pijaos hasta acabar con ellos, dejan dicho que no se permita que las tierras caigan en manos extrañas y terminan en una laguna desde la cual vigilan o pueden ser llamados. La diferencia está en el punto de partida y en la despedida: a Llíban lo sacan los médicos de una creciente y es hijo del Trueno, o el Trueno mismo, y al irse promete volver si lo llaman; Juan Chiracol nace de una mujer sobreviviente y de un tigre, en su cuento el Trueno no aparece ni una vez, como subraya Sevilla Casas, y dice expresamente que no volverá.

El segundo paralelo es “El hombre tigre”, la otra pieza del corpus donde un tigre y un hombre se confunden. Allí la condición es humana y transitoria: los ladrones se vuelven tigres para traer ganado de lejos y regresan a su casa convertidos otra vez en hombres. Aquí el tigre es un padre que cuida, trae carne y se marcha cuando el hijo puede valerse solo. Una misma figura sostiene un cuento de robo y un cuento de linaje.

Un tercer eco está en “Juan Tama de la Estrella”, autoridad de nacimiento extraordinario que manda no vender la tierra y vuelve al agua. Bernal observó que muchos de los cuentos que recogió en Calderas se parecen al de Juan Tama, y esa observación conviene tomarla como lo que es: un parecido de forma señalado por quien los reunió, no una prueba de que sean la misma historia.

Ninguna comparación fuera del área nasa se sostiene con este expediente, y la remisión a las Metamorfosis de Ovidio que traía la ficha anterior se retira por falta de respaldo.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Bernal publica dos entradas en que aparece el personaje, y el Relato sigue la que lleva su nombre porque es la única que cuenta un origen: las dos muchachas de Zenzepechi, el tigre, la madre, el panteón y la iglesia, los consejos y El Caspe. La narró Agustín Muse y no tiene variantes numeradas.

  2. La otra entrada, “Llíban y Juan Chiracol”, es del mismo narrador y cuenta algo distinto. Allí Juan Chiracol es un sat, un cacique, de la parte oriental de Calderas, y Llíban lo es de la occidental, donde la primera casa de la bajada de Puelchí llevaba su nombre y hoy se llama Eshufi Ik. Después de vencer a los Pijaos los dos conversaron y desaparecieron, cada cual hacia su lado: Juan Chiracol se escondió en El Caspe y Llíban se hizo hacia los linderos de Chinas. De Juan Chiracol se dice allí que no se sabe cómo apareció y que no conoció el bautismo pero parecía cristiano. No hay madre ni tigre. Las dos entradas no se funden, porque cada una explica de otro modo de dónde salió el mismo personaje.

  3. Hay además una discrepancia geográfica dentro del propio artículo: el cuento individual sitúa El Caspe «en los linderos de Atá» y la entrada conjunta «por los linderos de Belalcázar». Por eso la laguna no se geocodifica aquí. Los nombres siguen la grafía del cuento, que escribe Zenzepechi donde ediciones posteriores traen Zenzepachi.

  4. Por fuera de 1953, Orozco Meneses recoge en 1996 el mismo emparejamiento con Llíban y la misma laguna de Caspe como morada, con testimonios de varias parcialidades; es la única confirmación independiente disponible, y en lo demás la cadena documental sigue siendo una sola, porque Villa Posse reproduce a Bernal. Rappaport lee la dualidad de caciques como hipótesis de organización política, no como variante narrativa, y Sevilla Casas no aporta relato nuevo: usa el texto de Bernal para discutir su interpretación.

  5. Conviene distinguir esta página de “Llíban, el hijo del Trueno”, donde los médicos sacan al héroe de una creciente y su boleadora resulta ser una culebra verde, y de “El hombre tigre”, donde los hombres tigres son ladrones que se transforman y no padres de nadie.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Nasa - Paeces · Cauca · Pacífico
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro

    revistas.icanh.gov.co

    Publica veintiséis relatos recogidos en Calderas con nombres de informantes, intérpretes y variantes diferenciadas.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    flacso.edu.ec

    Reproduce el corpus de Bernal, acredita su procedencia y advierte que contiene varias versiones y modalidades de una misma narración.

  3. Lenguas nasa yuwe y namtrik

    mng.mincultura.gov.co

    Describe lengua, territorio, organización, héroes, trabajo de la tierra y cosmogonía desde bibliografía y procesos educativos contemporáneos.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Somos el pueblo nasa de la Çxhab Wala Kiwe

    nasaacin.org

    Perfil del pueblo nasa escrito por su propia organización: ley de origen, territorio, lengua nasa yuwe, cabildos y los tejidos de educación, salud, justicia y comunicación, con los hitos del proceso organizativo.

  2. Plan de Vida de la Asociación de Autoridades Ancestrales Indígenas Nasa Çxhãçxha

    tierradentro.co

    Voz organizativa de los diecisiete resguardos nasa del municipio de Páez, en Tierradentro, que define su plan de vida como un proceso colectivo de reflexión y acción fundado en el pensamiento propio.

  3. Territorio ancestral del pueblo Nasa entre el riesgo y la resistencia

    cric-colombia.org

    Sitúa Tierradentro como territorio ancestral Nasa y vincula memoria, autonomía, Juan Tama y defensa comunitaria.

  4. Nidos de lengua y revitalización del nasa yuwe

    scielo.org.co

    Explica la relación entre lengua, territorio, señales, sueños, naturaleza y los tres espacios del mundo Nasa en procesos educativos actuales.

  5. Mesianismo y las transformaciones de símbolos mesiánicos en Tierradentro

    revistas.icanh.gov.co

    Lee la noticia de que Calderas tenía dos caciques con reinos divididos geográficamente como posible ejemplo páez de la segunda persona o vocero del cacique principal, un modelo dual de autoridad andina.

  6. Mitos y leyendas: testimonios orales de la cultura páez

    ruc.udc.es

    Sitúa a Juan Chiracol junto a Llíban en la quebrada de Calderas y registra que su morada tras desaparecer es la laguna de Caspe, con lo que confirma fuera del corpus de 1953 el vínculo del cacique con esa laguna.

  7. «Los animales mágicos de Tierradentro», ¿magia de quién?

    repository.icesi.edu.co

    Resume que Juan Chiracol nace de una mujer embarazada por un tigre, que su historia no menciona al Trueno y que termina diciendo que no dejó descendencia, y discute la lectura chamánica que otros hicieron de estos relatos.

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Conversación

¿Así te la contaron?

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«Juan Chiracol» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Juan Chiracol» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Juan Chiracol» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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