Cerros-Estantillos y Cera de Abejas

Amazonas · Barasana

Cerros-Estantillos y Cera de Abejas

Los cerros son estantillos de una gran maloca territorial: guardan memoria, cera y relaciones para cuidar la vida en cada época.

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Cerros-Estantillos y Cera de Abejas: la entrada del relato

El relato

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Los Estantillos de Yuruparí son los cerros que contienen el poder del Gran Yuruparí y de los cuencos sagrados de cera de abejas. Por esos cerros pasaron las Anacondas durante el recorrido del surgimiento de la humanidad, y allí recibieron los poderes para el manejo del territorio. Los cerros le transfieren al sabedor esos poderes cuando hace prevención del mundo; por eso el sabedor los recorre en forma de espíritu. De allí toma la fuerza para rechazar los efectos de la maldad que aparecen en el cielo en forma de largas nubes, y para calmar los relámpagos que producen enfermedades.

Los mismos cerros tienen tres nombres, y los tres dicen lo mismo de otra manera: cerros de cera de abejas donde surgió la gente, grandes cúmulos de cera de abejas del origen de la gente, antiguas murallas de cera de abejas del cuenco sagrado donde emergió la gente. Si se reza la comida, se reza a través de ellos, y se convierten en estantillos de vida para que no alcancen los venenos de los peces de Yuruparí, del bejuco de yagé, de las bancas, de la mata de tabaco y del río.

Los cerros se nombran uno por uno. El Cerro Campana, en Chiribiquete, es donde los hijos de la Anaconda Celeste reciben el conocimiento curativo para que prospere la yuca, y también el rezo para la mujer y la chagra; de ahí se pasa al cerro del padre de Yeba, que es el poste al otro lado de la puerta del territorio. En otro lugar, sobre el gran río, la Anaconda Yuruparí emerge vomitando los Yuruparís de los clanes de Yeba, y ese sitio se conoce como la maloca donde surgieron los Yuruparís. El Cerro de la Leche Pura está relacionado con la vida de todos los grupos del territorio y pertenece por igual al hijo de la Anaconda Celeste, al de la Remedio y al de la Yeba: allí se origina la cera que se usa en todas las prevenciones.

Siguen el Cerro Estantillo Trueno, que es del Yuruparí Viejo, y el Hueco de Guacamaya en Araracuara, que le corresponde a la Gente Tigre y marca el límite occidental del territorio de la Gente de Yeba. Hacia el oriente está el Estantillo de Guacamayo, de los hijos de la Anaconda Celeste y de la Gente del Cielo. Hacia el occidente, el Cerro-estantillo del Águila-Tigre, donde surgió la fuerza del tigre y el poder del trueno de la guerra. Y está el Cerro Viento del Tucán, que recuerda la tristeza de la mujer primordial que se apoderó de las flautas de curación.

Vistos juntos, los cerros sostienen el cielo, el territorio y la memoria como los postes sostienen una casa. No todos pertenecen a la misma gente ni cumplen la misma función: el mapa diferencia pueblos, ancestros y responsabilidades.

Esta versión editorial parafrasea únicamente acciones publicadas y conserva los nombres que permiten rastrearlas. No añade diálogos, vestuario, fórmulas de curación, ubicaciones precisas ni explicaciones espirituales ausentes. Cuando la fuente identifica una interpretación del investigador, la ficha no la presenta como doctrina total del pueblo Barasana.

Cerros-Estantillos y Cera de Abejas: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Cuidar un territorio exige entender las relaciones que lo sostienen, no sólo ocupar su superficie.”

Territorio

Amazonas · Barasana

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Barasana
Referencia
-0.65° · -70.55°

Ficha del relato

Contexto histórico

Narra el Hee Gu Reynel Ortega, barasano de la comunidad de Puerto Ortega, y traduce Daniel León, de etnia tatuyo. El capítulo se titula «Los Cerros-Estantillos de Yuruparí y Cera de Abejas donde surgió la Gente» y está en Hee Yaia Godo ~Bakari, publicado en 2015 por la Asociación de Capitanes y Autoridades Tradicionales Indígenas del Río Pirá Paraná con la Fundación Gaia Amazonas, un libro hecho por investigadores indígenas del propio río en el que el conocimiento se declara bien colectivo y cada capítulo acredita narrador, traductor, etnia y comunidad.

Hay que decir qué clase de texto es, porque no es un cuento. Reynel Ortega habla en primera persona del plural de los sabedores —«si rezamos la comida, lo hacemos a través de estos cerros»— y lo que entrega es a la vez una explicación de para qué sirven los cerros y una lista georreferenciada. Cada entrada de la lista lleva el nombre del cerro en lengua, su nombre corriente en castellano, a veces su ubicación actual —Chiribiquete, Araracuara, Manaos— y un código de dos o tres caracteres que remite a una lámina cartográfica impresa en otra página del libro.

Esa mezcla de prosa, enumeración y mapa es deliberada y tiene un uso: el mismo volumen incluye después un apartado sobre los poderes de los antiguos cerros de Yuruparí y de cera de abejas, y más adelante láminas con la corona de cerros que contienen los poderes para el manejo del mundo en la parte alta del río. Esta página conserva la forma explicativa de la fuente y no reproduce ni los códigos ni las coordenadas.

Resonancias con otros mitos

El paralelo interno más claro es el capítulo macuna donde los Ayawa colocan los estantillos del cosmos para que la tierra deje de moverse. Comparte la imagen —cerros que hacen de postes de una casa que es el mundo— y cambia el punto de vista: uno cuenta cómo se pusieron, el otro cómo se usan. Es la misma arquitectura explicada desde el origen y desde el oficio.

Dentro del propio libro, el capítulo de Kahe Sawari y Kata Yai recorre estos mismos cerros como escenario de acción. El Cerro Estantillo de Leche Pura, el Estantillo de Loro Blanco y el Hueco de Guacamaya aparecen allí como lugares por donde alguien sube, se esconde o es rescatado. Aquí, en cambio, no pasa nada en ellos: son la condición de que algo pueda pasar.

Lo que ata esta versión a un narrador y no a una idea general de montañas sagradas son las combinaciones concretas: la cera de abejas como materia del origen y a la vez como remedio de la maloca, las nubes largas leídas como capas de maldad, el rezo de la comida hecho a través de una lista de cerros con dueño, y el hecho de que el límite occidental del territorio de un pueblo sea el hueco de un nido de guacamaya en Araracuara.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La lista no es de un solo pueblo. El propio capítulo asigna el Cerro Campana a los hijos de la Anaconda Celeste, el Estantillo de Guacamayo a la Gente del Cielo, el Hueco de Guacamaya a la Gente Tigre, y deja el Cerro de la Leche Pura como propiedad compartida de tres descendencias. Un texto narrado por un sabedor barasano describe, por tanto, una geografía en la que buena parte de los soportes pertenece a otros. Esta página lo conserva así y no convierte el mapa en un patrimonio exclusivo.

  2. El libro cuenta además el origen de esos cerros en otro capítulo y con otra voz. Allí, narrado por un sabedor macuna, son los Ayawa quienes colocan los Cerros-Estantillos del Cosmos con la ayuda de la Anaconda de Yuca, porque la tierra todavía se movía con facilidad; en esa versión los estantillos son postes del Yuruparí y se nombran uno de cera de abejas del cosmos y otro de frutos silvestres. El capítulo de Reynel Ortega no cuenta ese origen: parte de que los cerros ya están puestos y explica qué se hace con ellos.

  3. La identificación con lugares del mapa actual varía dentro del mismo volumen. El Cerro de la Leche Pura aparece aquí como Manaos y en el capítulo de Kahe Sawari como el Pan de Azúcar de Río de Janeiro. Se registran las dos y no se elige una.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Barasana · Vaupés · Amazonas
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Hee Yaia Godo ~Bakari. El territorio de los Jaguares de Yuruparí. Conocimiento tradicional de las etnias del río Pirá Paraná para el cuidado del medio ambiente

    gaiaamazonas.org

    La obra de cabecera: la firman los propios pueblos del Pirá Paraná y acredita capítulo por capítulo al narrador, al traductor, a su etnia y a su comunidad —Hee Gu Reynel Ortega, ~Kubu Ricardo Marín, ~Kubu Uriel Betancour y el baya Jaime Giraldo entre ellos—. De aquí salen el surgimiento barasano, la Cuerda de Leche, los cerros-estantillos y los frutales silvestres.

  2. Pienso, luego creo. La teoría makuna del mundo

    publicaciones.icanh.gov.co

    La etnografía makuna del Pirá Paraná, publicada por el ICANH con PDF gratuito. Sirve para contrastar la Anaconda Yeba, los ~Hadera/hanerã y la identificación de los ancestros que hace el libro de la ACAIPI.

  3. Hee yaia keti oka, conocimiento tradicional de los Jaguares de Yuruparí

    patrimonio.mincultura.gov.co

    Sitúa el sistema de conocimiento vivo de los pueblos del Pirá Paraná, el barasano entre ellos, y su relación con territorio, plantas, animales y seres visibles e invisibles.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. As Plêiades e Escorpião na Cosmologia Barasana

    periodicos.ufpe.br

    Relaciona constelaciones, estaciones, ríos, lluvias, peces y ritualidad en la cosmología barasana, y revisa el artículo original de 1982 del propio autor.

  2. Barasana (Povos Indígenas no Brasil, versión en inglés)

    pib.socioambiental.org

    Hugh-Jones explica que para los pueblos del Vaupés la maloca es el mundo: el techo es el cielo, los postes que lo sostienen son montañas y las paredes las cadenas de cerros del horizonte; añade que cerros, ríos, rocas y raudales llevan nombres que evocan los actos de creación de los ancestros, y que la cera de abejas figura entre las sustancias sagradas del grupo. Es la misma arquitectura de cerros-postes que sostiene la ficha.

  3. Por el camino de la anaconda ancestral. Sobre organización social entre los Taiwano del Vaupés

    revistas.icanh.gov.co

    Correa recoge de los taiwano (eduria) del Caño Piedra, afluente del Pirá Paraná, que la Anaconda Remedio llegó desde el Tiquié al Pirá y que en el Cerro de la Abeja-de-Día, al celebrar el primer yuruparí, surgieron los fundadores de los sibs y bailaron en fila reproduciendo el cuerpo de la Anaconda; luego ella remonta el río y emerge en cada lugar asignando a cada sib su sitio de nacimiento. Menciona además la cadena de cerros de «La Trampa» como límite con los Kabiyari. Es un testimonio independiente, de 1980, del cerro de abejas como lugar de surgimiento de la gente y de la Anaconda Remedio como una de las descendencias con cerro propio.

  4. Nomination file No. 00574: Traditional knowledge of the jaguar shamans of Yuruparí (Hee Yaia Keti Oka)

    ich.unesco.org

    En voz de los pueblos del Pirá Paraná, el expediente dice que la sabiduría para manejar el territorio está concentrada en los sitios sagrados, que sólo el pensamiento del chamán los visita para curar el mundo y conectarse con los ancestros, y que cada lugar tiene dos polaridades que deben manejarse o la vida se acaba; lista a los eduria como descendientes de la Anaconda Remedio y a los ~Heda de la Anaconda Celeste, y prohíbe publicar cartografía de los sitios sagrados sin consulta previa a ACAIPI. Respalda el oficio del sabedor que recorre en espíritu los cerros y la decisión de la ficha de no reproducir códigos ni coordenadas.

  5. Plan Especial de Salvaguardia de la manifestación Hee Yaia Keti Oka, el Conocimiento Tradicional (Jaguares de Yuruparí) para el Manejo del Mundo de los grupos indígenas del río Pirá Paraná

    patrimonio.mincultura.gov.co

    Nombra los Hee Botari, «Cerros de Yuruparí» o de las Trompetas Sagradas, fundamentales para los maestros oradores y danzadores y lugar donde se hallaron en el principio los elementos de danza; dice que el papel central del Baya en el ritual es narrar los nombres de esos cerros y que los lugares recorridos se volvieron canciones. Clasifica los lugares sagrados con sus políticas de manejo, entre ellos los Herika Botari, «soportes/estantillos» de las malocas espirituales de origen de los frutales, y menciona los «Estantillos de Cera de Abejas». Es la misma noción de cerro-estantillo, con cera y con lista de nombres, en un documento de gobierno propio.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«Cerros-Estantillos y Cera de Abejas» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Cerros-Estantillos y Cera de Abejas» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Cerros-Estantillos y Cera de Abejas» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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