La Gente de los Frutales Silvestres

Amazonas · Barasana

La Gente de los Frutales Silvestres

En Badi Serero, Kata Bahi y sus compañeros atan, distribuyen y ordenan los frutos que alimentarán a las generaciones.

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La Gente de los Frutales Silvestres: la entrada del relato

El relato

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«No hay frutales silvestres, queremos comer frutales silvestres», dijeron los Jaguares de Yuruparí, y miraron hacia Badi Serero. Allí quedó el Estantillo de Origen y la Casa de Origen de los Frutales Silvestres, y la palma de almidón de achiote quedó como cuna de esa gente. A la pava Kata Bahi le entregaron un territorio, tabaco, el cuenco de coca y los bastones ceremoniales, y le dijeron que sería la curadora de los frutales. La adornaron con pendientes brillantes, la pintaron con tintura de wee y le pusieron corona de plumas.

Crearon después al Torcedor de Cumare, para que los frutos tuvieran siempre de dónde colgarse, y con él llegó el Diablo de Breo. Fue el último en entrar a la maloca: saludó pidiendo tabaco puro y coca pura, le hicieron oler tabaco, le ofrecieron coca y le dieron chicha, y cuando se paró en la mitad y se frotó la cabeza, el resplandor del breo alumbró todo el recinto. Entonces el Torcedor clavó un gran manojo de cumare, todos se pusieron a torcer las fibras, las tiñeron con almidón de achiote y salieron a amarrar frutos.

El trabajo fue largo y ninguno de los que salieron era curador: el principal, la pava Kata Rihaborea, estaba encerrado bajo un balay de cernir hoja de yarumo. Mientras amarraban la ibacaba y las castañas, los Jaguares dijeron que esas semillas serían sus dientes. Ante la siringa decidieron que crecería sólo hasta la mitad de la altura de los árboles grandes. Ante el inmenso wahi dijeron que ninguno sería más alto y que ese produciría las enfermedades de los frutales. Los dos árboles empezaron a sonar «tibu, tibu, tibu», y con ese sonido todos los frutales se llenaron de enfermedad y nacieron al tiempo los animales que comen fruta.

Luego repartieron las especies. Lanzaron la palma de ibacaba con su racimo hacia el oriente. El asaí quedó en las sabanas y en las orillas de los ríos de Yuruparí. El caraná fue a las sabanas dispersas y el mojojoy recibió su color. El chontaduro quedó para la época de los frutales. Llegaron las avispas, las abejas y las culebras a comerse la fruta, los frutos maduraron y con ellos aparecieron los dolores de cuerpo, los mareos, el vómito y el dolor de muelas. Pasada la medianoche, la mujer del curador encerrado le reclamó que quería comer, y él levantó el balay, voló hasta el Estantillo de las Mujeres y después hasta la viga central, y con el batir de sus alas arrojó los bichos venenosos contra las paredes; de ahí brotaron las palmas de mirití. El último en llegar fue la danta, que traía el escudo protector de breo y con la que se originó la danza de danta.

Esta versión editorial parafrasea únicamente acciones publicadas y conserva los nombres que permiten rastrearlas. No añade diálogos, vestuario, fórmulas de curación, ubicaciones precisas ni explicaciones espirituales ausentes. Cuando la fuente identifica una interpretación del investigador, la ficha no la presenta como doctrina total del pueblo Barasana.

La Gente de los Frutales Silvestres: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La abundancia se sostiene cuando quien reparte el alimento reparte también el cuidado que exige.”

Territorio

Amazonas · Barasana

Amazonas · Barasana

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Barasana
Referencia
-0.65° · -70.55°

Ficha del relato

Contexto histórico

Quien narra es Baya Jaime Giraldo, barasano de la comunidad de San Miguel. Baya no es un nombre sino un cargo: en este mismo libro otro sabedor cuenta que antes fue Baya, danzador, y que después entregó ese conocimiento a un alumno. Giraldo empieza anunciando que va a contar el origen de los frutales silvestres y que es una historia que viene contándose desde los antiguos. La traducción la firman cuatro personas: Tarcisio Vanegas, de etnia itano, y Roberto Marín, Elmer Giraldo y Rubén Darío Ramírez, los tres barasanos.

El capítulo está en Hee Yaia Godo ~Bakari, el libro que la Asociación de Capitanes y Autoridades Tradicionales Indígenas del Río Pirá Paraná publicó en 2015 con la Fundación Gaia Amazonas. No es una recopilación hecha desde afuera: los investigadores son del propio río, el conocimiento se declara bien colectivo de esos pueblos y cada capítulo lleva encabezado con narrador, traductor, etnia y comunidad. Este cierra la sección del calendario ecológico dedicada a la época de frutas silvestres, Herika Oká Rodó, y viene después de dos capítulos que no son narraciones: uno sobre enfriar el tiempo de los frutales y otro sobre las relaciones entre frutales y animales.

En la página impresa el relato corre en columna y los comentarios del sabedor sobre el presente van en recuadros aparte: que por eso la siringa tiene la mitad de la altura de los árboles grandes, que el mojojoy del caraná produce males de manteca si se come sin curación, que los antiguos recogían las primeras cosechas para prevenir las enfermedades que traen los frutos. Esta página conserva esa separación y deja los recuadros como lo que son, comentario del narrador y no instrucción.

Resonancias con otros mitos

Dentro del mismo libro hay un paralelo de forma. Cada época del calendario ecológico tiene su capítulo de surgimiento, y los de la Gente Oruga o los cultivos también arrancan con una decisión de los Jaguares de Yuruparí y terminan en una lista de males que hay que prevenir. Lo que cambia es quién narra y por cuál etnia responde: unos son macuna, otros tatuyo, otros eduria.

El parentesco más cercano está en otro capítulo barasano del mismo volumen. Los cerros de cera de abejas que narra Reynel Ortega sirven justamente para rezar la comida y apartar los venenos de los peces y de las frutas. Los dos textos sostienen que el alimento trae dentro su propia enfermedad y que comerlo exige un trabajo previo; uno lo sitúa en una faena de origen y el otro en una geografía de cerros.

La combinación que identifica a esta versión no se repite en los demás capítulos: Badi Serero como casa de origen, una pava investida con corona de plumas y cuenco de coca, un torcedor de fibras de cumare, un diablo que alumbra la maloca frotándose la cabeza con breo, y una repartición de palmas que sigue la misma cuenta con la que se organizan la quema, la pesca y la siembra del año.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El propio capítulo nombra dos pavas y no las distingue del todo. Kata Bahi recibe el territorio, los ornamentos y el título de curadora de los frutales; más adelante aparece Kata Rihaborea como el curador principal encerrado bajo el balay, con el género alternando entre una frase y la siguiente, y al final es su mujer quien le reclama que salga a recoger los primeros frutos. Las dos figuras quedan aquí tal como están en la fuente, sin fundirse en una sola.

  2. El orden en que se reparten los árboles tampoco es un inventario cerrado. La lista pasa de la ibacaba y la castaña a la siringa, el wahi, el asaí, el caraná, el corombolo, el cumare duro, el chontaduro y el mirití, y varias de esas paradas quedan amarradas a puntos numerados de un mapa impreso en el libro, con el primer mirití brotando en Pozo Blando, entre las cabeceras del Pirá Paraná y el caño Tatú. Esta página narra las que la prosa desarrolla y no reproduce las referencias cartográficas.

  3. El resto del volumen tiene capítulos de origen para las otras épocas del calendario —la Gente Oruga, los cultivos, el Yuruparí—, narrados por sabedores macuna, tatuyo y eduria. Comparten la forma y no el contenido. Aquí se sigue únicamente el capítulo acreditado a un narrador barasano, sin añadirle episodios de los demás.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Barasana · Vaupés · Amazonas
Referencias
6
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Hee Yaia Godo ~Bakari. El territorio de los Jaguares de Yuruparí. Conocimiento tradicional de las etnias del río Pirá Paraná para el cuidado del medio ambiente

    gaiaamazonas.org

    La obra de cabecera: la firman los propios pueblos del Pirá Paraná y acredita capítulo por capítulo al narrador, al traductor, a su etnia y a su comunidad —Hee Gu Reynel Ortega, ~Kubu Ricardo Marín, ~Kubu Uriel Betancour y el baya Jaime Giraldo entre ellos—. De aquí salen el surgimiento barasano, la Cuerda de Leche, los cerros-estantillos y los frutales silvestres.

  2. Folclor indígena de Colombia 1. «Texto barasano del sur: la historia de Rĩjocamacʉ»

    archive.org

    La muestra de folclor barasano recogida por el ILV en 1974, con Antonio Barasana como narrador acreditado: el ciclo de Rĩjocamacʉ, el episodio de Mení y sus hijas que se bañan, y las pocas páginas de texto barasano que existen fuera del libro del Pirá Paraná.

  3. As Plêiades e Escorpião na Cosmologia Barasana

    periodicos.ufpe.br

    Relaciona constelaciones, estaciones, ríos, lluvias, peces y ritualidad en la cosmología barasana, y revisa el artículo original de 1982 del propio autor.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. Hee yaia keti oka, conocimiento tradicional de los Jaguares de Yuruparí

    patrimonio.mincultura.gov.co

    Sitúa el sistema de conocimiento vivo de los pueblos del Pirá Paraná, el barasano entre ellos, y su relación con territorio, plantas, animales y seres visibles e invisibles.

  2. Plan Especial de Salvaguardia de la manifestación Hee Yaia Keti Oka, el Conocimiento Tradicional (Jaguares de Yuruparí) para el Manejo del Mundo de los grupos indígenas del río Pira Paraná

    patrimonio.mincultura.gov.co

    Documento de 90 páginas firmado por la ACAIPI en julio de 2010. Define la época de Frutales Silvestres (Herika Oka Rodo, junio a agosto) y su ritual «para propiciar la vida de los frutos del bosque, los peces, la gente»; describe a los ~kubua que «endulzan» los frutales silvestres para hacerlos aptos para el consumo y hablan de «llenar la Cuya de Coca de Frutales Silvestres». En el capítulo de sitios sagrados lista los Herika Bikia Wii —«lugares sagrados donde los dioses crearon en el Principio las diferentes especies de frutales silvestres»— y entre los del Alto Pirá nombra Badi Serero, la casa de origen que la ficha pone al centro del relato; añade los Herika Botari, estantillos de las malocas espirituales de origen de los frutales.

  3. Body Tubes and Synaesthesia

    revistas.unal.edu.co

    Mundo Amazónico 8(1): 27-78. Opone dos dueños del alimento en el mito del alto río Negro: el Dueño de las Plantas Cultivadas y «Yuruparí, the Owner of Forest Fruit», que impone un ayuno riguroso. Explica que los actos de creación que involucran frutos del bosque ocurren en los rituales de Yuruparí, entre hombres del mismo clan, y describe a los danzantes cargando racimos de frutos de palma. Es el marco en que la ficha pone a los Jaguares de Yuruparí decidiendo el origen de los frutales y convierte el comer fruta en un trabajo de curación previo.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«La Gente de los Frutales Silvestres» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La Gente de los Frutales Silvestres» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La Gente de los Frutales Silvestres» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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