Kahe Sawari y Kata Yai

Amazonas · Barasana

Kahe Sawari y Kata Yai

Kahe Sawari atraviesa mundos y Kata Yai completa su recorrido hasta el surgimiento, el territorio y la lengua de los Barasano.

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Kahe Sawari y Kata Yai: la entrada del relato

El relato

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En el origen navegaba una canoa con forma de anaconda. La conducía el Sol y en ella iban los primeros seres, que venían buscando una tierra donde sembrar; la que tenían quedaba lejos y no servía para cultivar cera de abejas, tabaco ni coca. Del Gran Chamán Anaconda nacieron Kahe Sawari y Sawa Sawa. El recorrido terminó en el Cerro-Estantillo de Leche Pura, y allí el padre les dijo a sus hijos que en ese lugar debía surgir su descendencia. El Sol se quedó con el tiempo y la luz; los dos hermanos menores se dedicaron a organizar los lugares de origen, el paso de las épocas y las normas de los rituales.

La rivalidad empezó cuando la mujer de Kahe Sawari se enamoró de Sawa Sawa. El menor invitó al mayor a cavar una trampa para danta y lo hizo bajar prendido de una palma de asaí; cuando iba por la mitad del hueco, soltó la palma. Kahe Sawari atravesó el manto de la tierra y salió al mundo de abajo. No murió: en ese tiempo no había muerte. Convertido en copo de algodón flotó hasta las ramas de unos guamos a la orilla del río Umarí. Vio pasar varias canoas y por fin una que parecía arder; en ella venía el Sol. Para saber si eran parientes hicieron una prueba: el Sol sopló fuego contra la nave y Kahe Sawari se volvió araña y se escondió bajo el casco. Aguantó cinco veces, y el Sol lo reconoció.

De vuelta en la tierra, Sawa Sawa volvió a tenderle una trampa, esta vez en un hueco de nido de guacamayas. Desde allí Kahe Sawari alcanzó a ver los Cerros-Estantillos, y la Anaconda Celeste amarró su cola y estiró el cuerpo hasta sacarlo. Después de nuevos engaños encendió una gran quema. Sawa Sawa y la mujer huyeron convertidos en guacamayas. Kahe Sawari tampoco alcanzó a rehacer su cuerpo: sus huesos se volvieron Yuruparí, su cráneo se volvió el Cuenco de Cera de la Tierra y su hígado, cera.

Mientras eso ocurría, Kata Yai, hijo de Kahe Sawari, recorría los Cerros-Estantillos y vivía en el caño Cuduyari, en territorio cubeo, cuando todas las etnias tenían aún una sola lengua. Antes de volver hizo sus curaciones y llevó consigo cera de abejas coloradas y cera de abejas pardas. Al llegar a la maloca encontró los Yuruparís puestos sobre el trípode de exprimir casabe y, en el cuartito, el cráneo de su padre. Lloró, juró terminar el ordenamiento que había quedado abierto y se convirtió en el primer curador. Sentado, reunió a los grupos, levantó los estantillos que su padre no pudo levantar y recorrió el territorio repartiendo lo que faltaba. Llegando a Yebai Bota transformó en personas los espíritus de los ~Hadera. Allí aparecieron los barasanos como gente y recibieron su Yuruparí, su plumaje, su cera de abejas y su bejuco de yagé. No hay otra historia diferente a esta.

Esta versión editorial parafrasea únicamente acciones publicadas y conserva los nombres que permiten rastrearlas. No añade diálogos, vestuario, fórmulas de curación, ubicaciones precisas ni explicaciones espirituales ausentes. Cuando la fuente identifica una interpretación del investigador, la ficha no la presenta como doctrina total del pueblo Barasana.

Kahe Sawari y Kata Yai: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien hereda una historia hereda también el trabajo que la generación anterior dejó sin terminar.”

Territorio

Amazonas · Barasana

Amazonas · Barasana

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Barasana
Referencia
-0.65° · -70.55°

Ficha del relato

Contexto histórico

Narra el ~kubu Ricardo Marín, barasano de la comunidad de San Miguel, y empieza dejando claro por qué le corresponde a él: «soy quien la puede contar porque soy un ~Kubu de este linaje». Habla a los que están reunidos con él, a sus hermanos, sobrinos y nietos, y antes de entrar en la historia hace una comparación: el no indígena también cuenta su origen y dice que venimos de un solo ancestro y que el primer hombre fue un mico; nosotros tenemos otro conocimiento, y cuando pensamos en las historias de origen parecen muchas pero en realidad son una sola. Traducen Tarsicio Vanegas, de etnia itano, y Roberto Marín, barasano.

El capítulo se titula «Cuenco Sagrado de Cera de Abejas de la Tierra» y está en Hee Yaia Godo ~Bakari, publicado en 2015 por la Asociación de Capitanes y Autoridades Tradicionales Indígenas del Río Pirá Paraná junto con la Fundación Gaia Amazonas. El conocimiento se declara allí bien colectivo de los pueblos del río y cada capítulo acredita narrador, traductor, etnia y comunidad; los investigadores y traductores son indígenas del propio Pirá Paraná.

El texto no corre seguido: está partido en bloques con título propio —los primeros seres buscan la tierra para poblarla, Kahe Sawari reconoce a su hermano el Sol, la protección de la gente, el hijo de Kahe Sawari ordena el territorio de su padre— y avanza, vuelve atrás y pasa por muchos lugares. La edición no lo endereza en una cronología.

El cierre es del narrador y conviene citarlo entero porque marca un límite: «Eso es todo. Esta es la historia. No hay otra historia diferente a esta».

Resonancias con otros mitos

El viaje de una anaconda-canoa y el surgimiento de la gente en las cabeceras son comunes a los pueblos del Pirá Paraná, y el propio libro lo muestra: capítulos vecinos cuentan el mismo recorrido con narradores macuna, tatuyo y eduria, y cada uno lo termina en su territorio y con sus elementos. La forma se comparte; el desenlace no.

Dos episodios de este capítulo enlazan con otro texto barasano del mismo volumen. La Anaconda Celeste saca a Kahe Sawari del hueco de guacamayas estirando el cuerpo por encima de los Cerros-Estantillos, y esos mismos cerros son el asunto del capítulo que narra Reynel Ortega, donde el Hueco de Guacamaya de Araracuara aparece como límite occidental del territorio de la Gente de Yeba. Lo que en uno es un rescate, en el otro es una frontera.

La prueba del fuego entre el Sol y Kahe Sawari funciona como reconocimiento de parentesco y no como combate: los dos se queman por turnos hasta que el Sol admite que el otro tiene poder, y sólo después lo recibe en la nave. Ese uso del duelo para verificar quiénes son parientes, y no para vencer, es lo que distingue la secuencia dentro del volumen.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El mismo capítulo explica dos veces por qué Kahe Sawari no volvió a tener cuerpo, y las dos explicaciones no se contradicen sino que se apoyan: ni él, ni Sawa Sawa, ni sus hijos comieron las curaciones de la Mujer Chamán, y por eso tuvieron que dejar el espíritu en los elementos rituales; al descomponerse quedaron los huesos, que se volvieron Yuruparí, el cráneo, que se volvió el Cuenco de Cera, y el hígado, que se volvió cera.

  2. El nombre del pueblo cambia dentro del propio libro. En este capítulo, Kata Yai transforma en personas a los espíritus de los ~Hadera y el narrador dice enseguida «nosotros, los Barasano, aparecimos como personas». En otro capítulo, Uriel Betancourt es acreditado como de etnia ~Hadera, y en los demás como barasano. Aquí se conserva esa doble denominación sin corregir ninguna de las dos.

  3. El cierre territorial tampoco reparte todo a un solo grupo. El capítulo cuenta que la Anaconda Yuruparí hizo surgir al grupo Koa~Boda para entregarle los Yuruparís y cuencos que sobraban, nombra los lugares donde los dejaron y admite que dentro del territorio recibido ya vivían los ~Kobe ~Basa, llamados hermanos mayores, con los que hubo que hacer un acuerdo para compartirlo. La página conserva ese final, que reconoce una ocupación anterior, en lugar de terminar en un surgimiento limpio.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Barasana · Vaupés · Amazonas
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Hee Yaia Godo ~Bakari. El territorio de los Jaguares de Yuruparí. Conocimiento tradicional de las etnias del río Pirá Paraná para el cuidado del medio ambiente

    gaiaamazonas.org

    La obra de cabecera: la firman los propios pueblos del Pirá Paraná y acredita capítulo por capítulo al narrador, al traductor, a su etnia y a su comunidad —Hee Gu Reynel Ortega, ~Kubu Ricardo Marín, ~Kubu Uriel Betancour y el baya Jaime Giraldo entre ellos—. De aquí salen el surgimiento barasano, la Cuerda de Leche, los cerros-estantillos y los frutales silvestres.

  2. Pienso, luego creo. La teoría makuna del mundo

    publicaciones.icanh.gov.co

    La etnografía makuna del Pirá Paraná, publicada por el ICANH con PDF gratuito. Sirve para contrastar la Anaconda Yeba, los ~Hadera/hanerã y la identificación de los ancestros que hace el libro de la ACAIPI.

  3. The Palm and the Pleiades: Initiation and Cosmology in Northwest Amazonia

    ehrafworldcultures.yale.edu

    Etnografía barasana del Pirá Paraná hecha con trabajo de campo entre septiembre de 1968 y diciembre de 1970. Cierra con una selección de textos míticos, entre ellos el ciclo de Sol y Luna y el de Warimi, que es de donde la ficha heredada tomó su atribución.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Hee yaia keti oka, conocimiento tradicional de los Jaguares de Yuruparí

    patrimonio.mincultura.gov.co

    Sitúa el sistema de conocimiento vivo de los pueblos del Pirá Paraná, el barasano entre ellos, y su relación con territorio, plantas, animales y seres visibles e invisibles.

  2. Plan Especial de Salvaguardia de la manifestación Hee Yaia Keti Oka, el Conocimiento Tradicional (Jaguares de Yuruparí) para el Manejo del Mundo de los grupos indígenas del río Pira Paraná

    patrimonio.mincultura.gov.co

    Abre con las palabras del maloquero Benedicto Ortega, que nombra a Kata Yai —«El pensamiento de nuestro ancestro Kata Yai (Jagua Pava) recorrió todos los lugares donde se encuentra ese elemento puro y brillante»— y declara a los barasano «Hijos de Yeba», descendientes de la Gran Anaconda Yuruparí. Describe las zonas del río y sitúa a los ~Hadera en la comunidad de San Miguel; en el censo de 2007 atribuye a los barasano el ancestro «El padre Yeba», y en el capítulo de sitios sagrados lista los ~Basa yuhiri bikia wiri, las malocas «donde en los orígenes del mundo surgieron los grupos étnicos», con Yeba ~Hidoria y Yeba hakɨria entre las del Alto Pirá. Es la misma arquitectura del surgimiento que narra la ficha, dicha por la organización cinco años antes del libro.

  3. Por el camino de la anaconda ancestral. Sobre organización social entre los Taiwano del Vaupés

    revistas.icanh.gov.co

    Revista Colombiana de Antropología 23: 39-108. Etnografía de los taiwano —los eduria del Pirá Paraná— con un apéndice que transcribe, en versión corta del chamán, el viaje de la Anaconda Remedio desde la Puerta de las Aguas hasta el Pirá Paraná, donde surgen los fundadores de los sibs. Explica que, en su Canoa de Luz, «el Sol guió a la Anaconda Ancestro por el Río de Leche» hasta las cabeceras del mundo, y que los cerros-estantillos sostienen la maloca-cosmos: la misma nave conducida por el Sol y los mismos cerros con que abre la ficha.

  4. Body Tubes and Synaesthesia

    revistas.unal.edu.co

    Mundo Amazónico 8(1): 27-78. Resume el relato tukano de creación en que unos seres entran en una Anaconda-Canoa, suben por el Río de Leche —«an umbilical tube/yagé vine that connects past with present and ancestors with descendants»— y se detienen en casas de transformación hasta emerger en el centro de la tierra como ancestros de los grupos. Dedica una sección a los cerros como postes de la maloca que sostienen el cielo, y al Yuruparí como cuerpo cuyos huesos son las flautas: los dos motivos del cierre de la ficha.

  5. Nomination file no. 00574 for inscription on the Representative List of the Intangible Cultural Heritage in 2011: Traditional knowledge of the jaguar shamans of Yuruparí

    ich.unesco.org

    El expediente cuenta, en voz de los pueblos del Pirá Paraná, que Yuruparí era una anaconda que vivía como persona, que decidió sacrificarse para que surgiera la vida humana y que de las cenizas nació la palma de las trompetas sagradas, repartidas entre los primeros hombres; la ficha cierra con los huesos de Kahe Sawari hechos Yuruparí. Nombra a los barasana por sus grupos —«~Hadera, Yeba ~basa, ~Itada, Ria~tuda»—, que es la doble denominación que la ficha conserva, y registra la reunión de consulta en San Miguel con Ricardo Marín como «Barasano YEBA ~BASA (Hijos de Yeba)».

Voces de la comunidad

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¿Así te la contaron?

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«Kahe Sawari y Kata Yai» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Kahe Sawari y Kata Yai» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Kahe Sawari y Kata Yai» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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