El hijo del Cóndor

Caribe · Wayúu

El hijo del Cóndor

Un hijo de Juramía crece en una cueva, libera a su madre del cautiverio y atraviesa después pruebas con Jujía, peones y un caballo.

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El relato

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Una niña, en el tiempo del encierro, llevaba mucho sin salir de su rancho. Un día sintió calor, abrió la puerta y se asomó. Rondaba por allí el ave Juramía, el cóndor, que sabía de ella porque la tierra se lo había contado. Voló desde la montaña, la agarró por el pelo y se la llevó a su casa de piedra. La encerró en la cueva, y ella tuvo que vivir como mujer de Juramía.

El ave salía a las cinco a cazar y dejaba la puerta bien cerrada. Le traía danta, conejo, venado, y la veía elegante con su vestido de zaraza. Con el tiempo se rompió la manta; luego el guayuco, que ella remendaba con espinas para no quedar desnuda.

Tuvo un hijo que creció más rápido que los otros muchachos; pronto fue un hombre. Le propuso a su madre huir a la tierra de donde ella era. Estudió la puerta hasta dar con su secreto, le dio a su madre corteza de trupillo para cubrirse y, una mañana, apenas salió el padre, se fueron.

Le robaron vestidos a una lavandera y al atardecer llegaron a una ranchería de civilizados, donde todos lo reconocieron como hijo de animal por su cara extraña. Allí encontró trabajo. El cóndor volvió de noche a la cueva y se volvió loco buscándolos.

Cansado de servir, abrió una roza propia y sembró un mamón y un güinul. Llegaron dos civilizados a pedirle trabajo. Dijo llamarse José Juan y dejó a uno, Jeyú, cocinando.

Jeyú cocinaba cuando llegó una vieja, Jujía, a pedir comida. Pidió más; él se negó; ella amenazó con escupirlo todo. Pelearon: le hinchó un ojo y se comió todo. Jeyú culpó a una chispa del fogón. Al otro día el segundo peón quedó casi muerto de un golpe en la oreja y culpó a una avispa. Los dos exigieron que cocinara José Juan.

José Juan tenía la comida lista cuando llegó la vieja.

—Siéntese allí, viejita.

—Sí, ya me voy a sentar, animal.

—Yo no soy animal.

—No eres animal, pero sí eres hijo de animal.

Ella pidió más, pelearon, y esta vez ganó José Juan. Jujía huyó; él la persiguió con el machete, le dio cuatro planazos y, cuando se metía en una cueva, le cortó la oreja.

La vieja volvió hermosa a pedir su oreja. José Juan sólo se la devolvería si era su mujer. Ella, ya vieja, ofreció a su hija. Él bajó a la cueva con una soga que los peones sostenían; Jujía le entregó dos lindas muchachas y lo sacaron. Como siguió negándole la oreja, ella ofreció otras dos. Bajó de nuevo: las custodiaban dos culebras, a las que Jujía ordenó picarlo. Las cortó en el aire y subió con las muchachas.

Los peones, envidiosos de sus cuatro mujeres, le pidieron dos. Él prefirió bajar por otras, y en el fondo cortaron la soga. Anduvo meses perdido, hasta que Jujía le mostró la salida.

Llegó a su ranchería a las cinco y encontró a los peones dueños de sus mujeres. Los hizo picadillo con el machete. Entonces le entró el remordimiento y lloró: los necesitaba para la roza. Con una medicina que Jujía le había regalado frotó herida por herida y los resucitó.

—Tomen las mujeres y cásense con ellas. Yo me quedaré solo.

Estaba pensativo cuando apareció Jujía, hermosa como una majayura, decidida a casarse a cambio de la oreja. José Juan se la pegó con la medicina. Ella lo llevó a su cueva y le ofreció varias majayuras; él sólo la quiso a ella. Entonces Jujía le pidió amansar un caballo que mordía y mataba. José Juan lo esperó en un árbol, lo enlazó, lo dominó a garrote, lo montó y se lo entregó.

—Vámonos para mi casa. He visto que eres más fuerte que yo y puedes matarme. Ahora sí seré tu mujer.

Bajaron al subterráneo y vivieron felices por muchos años.

El hijo del Cóndor: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La fuerza que abre una puerta no basta para saber qué hacer con la libertad ganada.”

Territorio

Caribe · Wayúu

Caribe · Wayúu

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Wayúu
Referencia
11.775° · -72.225°

Ficha del relato

Contexto histórico

Milcíades Chaves publicó este texto en 1946 en el Boletín de Arqueología, como último de los quince mitos, leyendas y cuentos de La Guajira que recogió para el Instituto Etnológico Nacional. Al cierre anota el informante: José Jusayú, de sesenta años, que no hablaba castellano, con Roberto Iguarán como intérprete. En su «Explicación previa», Chaves lee el cuento como «restos de totemismo», donde el descendiente directo del animal tótem posee «fuerzas y atributos superiores al común de las gentes»; es la categoría de su época, y el texto no la sostiene por sí mismo, porque José Juan no hereda nada del cóndor salvo la cara extraña y una fuerza que nadie explica. La misma introducción define la ciencia etnológica como instrumento para incorporar una sociedad «a un credo, a una filosofía, o a una nacionalidad»: el interés de Chaves era el de la antropología nacional de los años cuarenta. La reedición de Eugenia Villa Posse (1993) reproduce el texto y no añade testimonio.

Chaves explica también el encierro con que empieza la historia: tras la primera menstruación, la niña pasa uno o dos años dentro del rancho, visitada sólo por su madre y las mujeres de su familia, y al salir queda lista para casarse con el hombre que la pida, «aun cuando sea contra su voluntad». Que el rapto ocurra en el instante en que ella abre la puerta no es casual: el cóndor llega justo cuando termina la clausura. El Plan Especial de Salvaguardia formulado por la Junta Mayor Autónoma de Palabreros (2009) y el expediente de la UNESCO (2010) describen la organización matrilineal, la autoridad del tío materno y la reparación por diálogo; con ese fondo puede leerse, como lectura editorial y no como dato del texto, que el hijo proponga huir «a la tierra de donde era ella», la tierra de la madre.

El texto está lleno de marcas de contacto: una ranchería de «civilizados», una lavandera, vestidos de zaraza, peones que piden trabajo, un nombre como José Juan, un machete, un caballo por amansar. La caracterización del Ministerio de Cultura recuerda que el territorio wayuu es binacional y que su historia reciente está atravesada por el comercio, la ganadería y la presencia arijuna; «civilizados» es el vocabulario de Chaves y de su intérprete para alijuna. Nada de eso hace al cuento menos wayuu: muestra en qué mundo se contaba en 1946.

La segunda mitad tiene familia fuera de la península. Roberto Martínez González y Francisco Lugo Silva (2009) describen el cuento-tipo ATU 301, «Juan el Oso», con versiones colombianas registradas por Jaramillo en 1958: mujer retenida por un animal en una cueva, hijo que mueve la roca, compañeros golpeados por un ser que pierde una oreja, descenso con soga y traición. Denise Arnold y Ricardo López (2001) analizan en los Andes el ciclo del hijo del oso y su paralelo del cóndor que carga a una muchacha hasta su nido. Ninguno de los dos menciona a los wayuu ni a Chaves; sirven para situar el texto como versión guajira de un tipo de amplia circulación, no como fuente.

Tres cautelas. El rapto no es un matrimonio: ella «tuvo que vivir como mujer» del ave, y el Relato lo cuenta así. Las mujeres del segundo ciclo, la hija ofrecida, las «lindas muchachas», las dos «arijunas» entre culebras, pasan de mano en mano sin voz; el texto no la conserva y esta página no la inventa. Y «cóndor» es la traducción que Chaves da a Juramía: la identificación zoológica no es asunto del cuento, y la cueva no tiene ubicación verificable.

Resonancias con otros mitos

La segunda mitad de esta historia comparte esqueleto con el cuento-tipo ATU 301, «Juan el Oso», tal como lo describen Martínez González y Lugo Silva a partir de versiones mexicanas y de las colombianas registradas por Jaramillo: una mujer retenida por un animal en una cueva, un hijo de fuerza desmedida que descubre cómo se mueve la puerta, compañeros de trabajo golpeados uno tras otro por un ser que llega a pedir comida y pierde una oreja, un descenso con soga, la traición de los compañeros que la cortan, y el regreso del héroe por un camino que sólo el ser de abajo conoce. La coincidencia es demasiado precisa para ser casual, y señala que en 1946 circulaba en La Guajira una forma de ese cuento de raíz europea. Pero las diferencias son las que hacen wayuu al texto: José Juan no mata al padre; el ser de la oreja no es un diablo sino una vieja que regresa hermosa; el héroe no toma a las princesas, las cede; y en lugar de castigar a los traidores, los resucita porque necesita brazos para la roza. Nada de esto permite decir cuál forma es anterior ni convierte a Juramía en un oso con plumas.

El ciclo andino que analizan Arnold y López ofrece el otro paralelo: allí el cóndor carga a una muchacha hasta su nido y el hijo debe superar pruebas ante la familia política. Aquí el rapto por ave coincide punto por punto, pero la prueba del caballo no la impone un suegro sino Jujía, que es a la vez adversaria, madre de la novia prometida y, al final, esposa. Es una torsión propia de este cuento y no del tipo.

Dentro del corpus, “La majayura de Puró” es el espejo invertido: en Chaves, una joven de una cueva atrae a los hombres y los pierde; aquí una joven es arrancada de su rancho y encerrada en una cueva ajena. Leídas juntas impiden que «majayura» signifique siempre seductora. “El pequeño indio Kosina” termina también con un caballo fuera de lo común y un muchacho pobre que asciende; pero el caballo de Kosina habla y aconseja, y el de Jujía sólo muerde y se doma. “Los mellizos transformadores” comparten con este cuento la madre sola con hijos de crecimiento rápido que crecen entre seres peligrosos, aunque allí la madre muere y los hijos vengan; aquí la madre sale por la puerta que el hijo aprendió a abrir.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Sólo existe una cadena documental: el texto de Chaves de 1946, con informante e intérprete nombrados, reproducido por Villa Posse en 1993. No hay otra versión wayuu completa que permita separar el ciclo de Juramía del de Jujía; los dos van juntos en el único testimonio, y esta página los conserva en su orden.

  2. El texto único tiene, sin embargo, costuras visibles. En la primera parte el cóndor sale «a las cinco de la mañana»; en la segunda José Juan regresa a su ranchería «a las cinco de la mañana». Jujía promete a «una hija muy bonita», pero entrega «dos lindas muchachas», y luego otras dos «civilizadas» custodiadas por culebras. El hombre que corta la oreja termina casado con su dueña. Son marcas de un cuento contado de una vez, con la lógica del que cuenta, y el Relato no las alisa.

  3. La ficha anterior de esta página se apartaba del primario en varios puntos. Decía que los peones «lo dejaron atado»: en Chaves lo bajan con la soga y la cortan. Decía que José Juan quedaba con la hija de Jujía y que su madre «conservó una vida propia en la ranchería»: en Chaves, la madre desaparece del cuento después de la roza, la hija nunca llega, y José Juan baja al subterráneo con la propia Jujía, ya hermosa, tras amansar el caballo. Omitía la resurrección de los peones con la medicina de Jujía y la frase «tomen las mujeres y cásense con ellas». El Relato devuelve todo eso.

  4. Las versiones de «Juan el Oso» descritas por Martínez González y Lugo Silva, y el ciclo andino del cóndor de Arnold y López, no son versiones de este cuento sino parientes de tipo: en ellas el hijo suele matar al padre animal, el ser que pierde la oreja es un diablo o un enano, y las pruebas las impone el suegro. Aquí Juramía queda vivo y loco en su cueva, el ser de la oreja es una vieja que se vuelve bella, y la prueba la impone la propia mujer.

  5. Esta página no se confunde con “La majayura de Puró”, también de Chaves, donde son hombres los que entran por voluntad o codicia a la cueva de una joven; ni con “El pequeño indio Kosina”, donde un caballo extraordinario habla y corre carreras y el muchacho vuelve a la superficie. Aquí la joven es llevada a la fuerza, y el caballo es una prueba muda que se domina a garrote.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Wayúu · Guajira · Caribe
Referencias
8
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos, leyendas y cuentos de la Guajira

    publicaciones.icanh.gov.co

    Contiene la única versión narrativa completa localizada de El Hijo del Cóndor: el ave Juramía, el cautiverio de la majayura y las pruebas de José Juan.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    repositorio.flacsoandes.edu.ec

    Reedita el corpus de Chaves, conserva su procedencia bibliográfica y lo sitúa dentro de una selección nacional de literatura oral.

  3. Caracterización del pueblo Wayúu

    mng.mincultura.gov.co

    Resume territorio binacional, organización social, lengua, historia reciente y problemáticas contemporáneas del pueblo Wayúu.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Plan Especial de Salvaguardia del Sistema Normativo Wayuu aplicado por el Pütchipü'üi

    patrimonio.mincultura.gov.co

    Documento formulado por la Junta Mayor Autónoma de Palabreros que explica, desde la propia organización wayuu, el territorio, los clanes matrilineales, la palabra, la reparación y los fundamentos mítico-históricos del sistema normativo.

  2. Régimen Especial de Manejo del PNN Macuira y Resguardo Wayuu

    parquesnacionales.gov.co

    Describe territorios claniles, descendencia materna, gobernanza, lugares de valor cultural y manejo concertado de la Macuira.

  3. Sistema normativo Wayuu, aplicado por el Pütchipü’üi

    ich.unesco.org

    Explica el diálogo, la reparación, la compensación y la autoridad del tío materno dentro de clanes matrilineales.

  4. Juan Oso y la redención del salvaje

    scielo.org.mx

    Describe el cuento-tipo ATU 301 'Juan el Oso': mujer retenida por un animal en una cueva, hijo que desplaza la roca, compañeros golpeados por un ser maligno, oreja arrancada, descenso y traición, con versiones colombianas registradas por Jaramillo (1958).

  5. Jukumarinti sawurinti: el oso-guerrero y la tejedora. Un repertorio literario de lo masculino y lo femenino en los Andes

    scielo.org.bo

    Analiza el ciclo andino del hijo del oso y su paralelo del cóndor que carga a una muchacha hasta su nido, leyéndolo como relato sobre el yerno que debe superar pruebas ante la familia política.

Voces de la comunidad

Conversación

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«El hijo del Cóndor» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El hijo del Cóndor» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El hijo del Cóndor» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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