En el ilimitado tapiz del cosmos, donde los hilos del tiempo y la eternidad se entrelazan con el hilo dorado de lo sagrado, nació Santo Tomás, hermano de María Santísima. Desde el principio, Tomás fue concebido como una paradoja andante, la destilación misma de lo divino y lo pícaro mezclados en una esencia indómita. Se decía que, si una sombra caía sobre él, se deslizaba como un río y cambiaba a su antojo, igual que aquel viento que acaricia los rostros distraídos de los caminantes y les susurra secretos ancestrales. Mas al mismo tiempo, era tan sólido y terco como los riscos que pueblan la tierra.
Al igual que un sol brillante esconde su rostro tras nubes efímeras, Tomás se alimentaba de travesuras y ese caprichoso humor que crece como enredadera en las almas de los más desdichados. Su piel portaba la fealdad de los cuentos, pues estaba decorada con la desgracia del piojo y la sarna, marcando cada paso que daba con su dócil hedor. Para él, el mundo no era más que un incansable lienzo de caras hipócritas, murmullos en la penumbra del día y sollozos en la claridad de la noche. Con un simple susurro, convertía la carne del más altivo en piedra, otorgándole la inmortalidad que reside en el anonimato.
María, la Santa, observaba desde su trono etéreo con el pesar de una madre que no puede corregir todo mal. Tanto le amaba, que su corazón se hallaba dividido entre el dolor de ver un mundo languidecer a causa de su hermano, y la esperanza de redimirlo con su luz. En más de una ocasión, con suavidad y paciencia, le regañaba, acariciando su mejilla con la rectitud que solo el cielo ofrece, advirtiéndole que cada nuevo risco que nacía de sus caprichos era una herida más en la piel del universo.
Tomás, quien había bailado sobre los filos de las cordilleras, culminó su danza en un sinsentido de inmortalidad, convirtiendo en piedra viva a los hijos de la santidad, los mismos que corrían bajo el manto de María, buscando refugio. Y así, los riscos y peñas con su nombre se erguerían por siempre como manchas en la puridad de la tierra, testigos pétreos de su paso errante.
Un día, María, ya cansada de tantos desdenes, se retiró al cielo llevándose consigo la pureza del alba. Pero Tomás, indoblegable, la siguió en un intento de reivindicar su camino. En la bóveda celeste, María, con sabiduría inapelable, lo devolvió al mundo en un ventarrón que movió los pilares del mismo. Allí, en la periferia de lo conocido, halló su nuevo destino: un encierro en el final de las cosas.
Se cuenta que, por un ardid divino de la Virgen, Tomás fue atrapado dentro de un intricado cajón de bronce, un titánico receptáculo forjado en el resplandor de las estrellas, donde cada cierre resonaba como los ecos de los milenarios estallidos que posaron los cimientos del cosmos. Desde ese rincón oculto, se susurra que su oído aún percibe los rumores del mundo, y que cuando el cansancio lo invade, hace temblar la tierra en un intento vano de escapar.
En la aldea de Lame, donde el río murmura en una lengua que solo los pájaros comprenden, hay una piedra. Sobre este pedazo de eternidad, Tomás apoyó un día su desgastado cuerpo, dejando en ella las huellas de su descanso perpetuo. Se dice que, en su rebeldía, sumido en el gozo de contemplar un pájaro de insólita belleza, fue atrapado y, bajo el embrujo de un instante de descuido, sumergido en un letargo y sepultado bajo la sombra de un árbol tachuelo.
Así permanece, como una canción a medio componer, condenado a un encierro donde la eternidad juega con sus hilos. Cuando el mundo tiembla, aquellos que aún recuerdan la esencia de su leyenda saben que es Santo Tomás, eternamente incómodo en su prisión de bronce, que mueve sus miembros en busca del próximo atisbo de libertad que nunca llega. Y, en cada sismo, el susurro de María resuena como un canto lejano: “Aquí te quedas, hermano mío, hasta que el manto del amor cubra cada piedra que has dejado atrás”.
Historia
El mito de Santo Tomás parece basarse en la figura de un personaje con poderes fenomenales que podía convertir a las personas en piedra y provocar temblores. Según la primera versión, Santo Tomás era el hermano de María Santísima, con un carácter problemático y la capacidad de causar grandes daños al mundo, como convertir a los cristianos en piedras y dejar riscos y peñas feas. Por sus acciones, María Santísima, disgustada por su comportamiento, decidió enviar a Santo Tomás al fin del mundo y encerrarlo en cajones de bronce para evitar más catástrofes. Sin embargo, cuando se enoja, todavía puede hacer temblar la tierra.
En la segunda versión del mito, se dice que en Lame, un lugar donde ocurrieron ciertos eventos asociados con Santo Tomás, él fue capturado y encerrado en un cajón después de estar distraído viendo a un pájaro. Supuestamente está enterrado bajo la tierra junto a un árbol llamado tachi (o tachuelo). Se indica que los temblores de tierra son causados por él cuando cambia de posición para descansar, lo cual sugiere un origen para los sismos basado en sus movimientos.
Estas dos versiones del mito se centran en explicar los fenómenos naturales como los temblores a través de la historia de un ser con capacidades sobrenaturales y su relación con fenómenos terrestres.
Versiones
Las dos versiones del mito de Santo Tomás presentan diferencias significativas en la presentación del personaje y las circunstancias de su encarcelamiento. En la primera versión, Santo Tomás es descrito de manera más detallada como una figura negativa; es hermano de María Santísima, pero contrario a su santidad, es pícaro, feo, y tiene conductas antipáticas como convertir a las personas en piedras, despoblando el mundo. Él es personificado casi como una fuerza de la naturaleza que causa estragos hasta que finalmente es encarcelado por María Santísima en cajas de bronce al "fin del mundo" para detener sus daños. La versión enfatiza la desaprobación de María hacia sus acciones y su intervención divina para frenar su comportamiento destructivo.
La segunda versión, por el contrario, es más breve y se centra en un incidente específico donde Santo Tomás es capturado mientras está distraído por un pájaro bonito en Lame. En esta versión, la captura parece ser el resultado de un ardid más simple de humanos en lugar de una acción directa y sobrenatural de María Santísima. La encarcelación de Santo Tomás aquí se asocia con un palo llamado tachi que es sembrado encima de él tras ser confinado en un cajón. Además, esta versión personifica los temblores no como un intento de escape furioso sino como movimientos de Santo Tomás simplemente cambiando de posición para descansar, lo que le confiere una cualidad más inofensiva y casi mundana en lugar de la amenaza constante insinuada en la primera versión.
Lección
El comportamiento destructivo tiene consecuencias inevitables.
Similitudes
El mito se asemeja al de Prometeo en la mitología griega, donde un ser es castigado por desafiar el orden divino.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



