Yunari y las cinco tierras

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Yunari y las cinco tierras

Yunari Kraari es la Tierra Madre; cuatro tierras han transcurrido y una quinta espera en el cielo, donde no habrá violencia ni muerte.

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El relato

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Yunari Kraari es la Tierra del Medio. No vive sobre ella: es ella. Los arroyos son sus venas y las aguas su sangre, la vegetación es su piel, y en su espalda y en su pecho están los ette. Su nombre dice edad y tamaño: yunari es «anciana» o «abuela», kraari es «extenso» o «grande». También se la llama Narakajmanta, «nuestra madre». Su ombligo está en un pozo de agua cerca de Sabanas de San Ángel: ése es el centro del universo.

Encima está la Tierra de Arriba, cuyo suelo es el cielo de acá. Allá viven los ette kooronda, «la gente con caparazón», «la gente de pieles gruesas»; fuera del grosor de la piel no se diferencian de cualquier ette, y su mundo tiene selvas, ríos y llanuras. Cuando las nubes se juntan en círculo es que han abierto una ventana para mirar abajo. El sol sale por una gran puerta en el oriente y sigue por un pasaje hasta la de arriba: cuando aquí es de día, allá es de noche. Debajo está la Tierra de Abajo, un mundo de agua y tinieblas al que sólo se entra por grutas y pozos, con armadillos y caracoles inmensos.

Los niveles se sostienen sobre postes clavados en los límites de la Tierra del Medio, como el techo de una casa descansa sobre horcones. Cada poste es un hombre ette que lleva el firmamento en los hombros, y cada vez que uno se acomoda tiemblan el cielo y la tierra.

No siempre fue así. Al principio, sobre Yunari Kraari había cinco tierras superpuestas. La primera destrucción desplomó las cuatro de arriba sobre la de abajo y acabó con todos sus habitantes. Eso volvió a pasar dos veces más, y cada caída dejó ruinas y escombros.

La tercera tierra la habitaban los ette chorinda, «la gente de antes». Eran muy guerreros: se entrenaban desde niños con la macana, el arco y la flecha envenenada, y sus jefes podían volverse bestias asesinas y lanzar dardos invisibles. Vivían peleando, y sus enemigos más grandes eran los españoles. Había mucha muerte y mucha guerra, y la espalda de Yunari Kraari quedó manchada de sangre. Yaau no soportó el sufrimiento que sus hijos se causaban entre ellos. Antes de acabar el mundo salvó en pensamiento una pareja de cada grupo de indios, como quien guarda semilla para la próxima cosecha. Después mandó fuego, agua y viento, uno detrás de otro, hasta que todo quedó quemado, inundado y tumbado.

Cuando el agua y el fuego terminaron de limpiar el cuerpo de Yunari Kraari, la cuarta tierra pudo bajar. El mundo de los ette chorinda y de los españoles quedó bajo capas de barro, y de allí salen todavía huesos y múcuras. La tierra bajó nueva, como semilla recién germinada, y los que bajaron con ella son ette takke, gente nueva.

Arriba queda una sola tierra, la quinta, esperando. Cuando baje, la cuarta se acaba, y el mundo de los ette kooronda no tendrá violencia ni una sexta tierra que le caiga encima. Los signos de que se acerca se conocen: la sangre otra vez en la espalda de la madre, el bosque que desaparece, los jóvenes que dejan la vida de antes, los sueños en que la tierra cruje y los ette kooronda están apurando para bajar.

Contra eso se hace lo que se puede. Hubo héroes que retrasaron el descenso congelando a los ette kooronda y volviéndolos constelaciones. Cuando tiembla, los mayores abrazan los postes del techo y rezan para que los pilares aguanten. Cuando el verano se alarga, se hacen fiestas y se ofrecen bebidas fermentadas. Cuando estalla la violencia se rezan plegarias y ensalmos largos y se aconseja a los jóvenes apartarse de las agresiones. Los ette sostienen la tierra con su pensamiento, y el día en que muera el último no quedará nadie que prevea la catástrofe: ese día todo se acaba.

Yunari y las cinco tierras: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El fin del mundo no se evita, pero quien recuerda y cuida alcanza a retrasarlo.”

Territorio

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Ette Ennaka (Chimila)
Referencia
10.0356° · -74.2147°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este relato no está en el corpus de 1945. Las veintiuna narraciones que el cacique Tangrutaya Mutsu le contó a Gerardo Reichel-Dolmatoff no incluyen ninguna que enumere las tierras ni que nombre a Yunari. Sí traen dos huellas del mismo armazón: en «La creación», el primer chimila mira la tierra desde el cielo, no le gusta, Papá Grande lo empuja y cae cerca de San Ángel; y en «El diluvio», una familia se salva en una casa de piedra bajo la tierra. Juan Camilo Niño Vargas cita exactamente esas páginas, la 6 y la 7 de la edición de 1945, como el registro más antiguo de que los chimila «bajaron» desde una región superior y de que unos indios se salvaron bajo tierra.

El núcleo documentado viene del trabajo de campo de Niño Vargas y está publicado en acceso abierto en «Ciclos de destrucción y regeneración», de 2008. Ese artículo es la única fuente de la lista que da nombres, lugares y fechas de quienes hablaron. Los versos sobre Yunari como la misma tierra, y la secuencia de fuego, agua y viento, son de Carlos Sánchez Purusu Takiassu Yaau, en Narakajmanta, en septiembre de 2003. La sucesión de los antiguos y los huesos y múcuras que salen del suelo son de Luciano Mora Juurananta, en Issa Oristunna, en noviembre de 2003. La pareja salvada en pensamiento como semilla es de Luisa Granados Diiñato y la frase «somos ette takke» es de Rafael Mendinueta Diitu, ambos en Ette Butteriya, en octubre de 2003. El sueño de la tierra que cruje es de Pablo Masías Yaaude Kraanti, en octubre de 2003. Es más procedencia de la que tiene cualquier ficha del corpus histórico.

El «Documento madre» de la ONIC reproduce una variante de los mismos versos, atribuida a «un anciano Ette Ennaka», y describe las tres tierras, los cuatro postes y el acceso a la de abajo por pozos de agua. Andrea Buitrago Rojas también cita los versos, pero los toma de la antología de Miguel Rocha Vivas de 2010, página 82, no de trabajo propio: su interés es filosófico y comparado. El artículo de Uninorte de 2023 es el que enumera las cinco tierras con esas palabras y atribuye la cuenta a Niño Vargas.

Las otras piezas confirman el armazón sin usar los mismos nombres. El estudio de 2014 sobre la hamaca describe un cosmos de regiones contiguas y anuncia que el último cielo se desplomará, pero no dice «Yunari» ni «cinco tierras». El artículo de 2025 sobre creación y destrucción entre los chibchas presenta el caso ette como ejemplo y recoge la frase de que los ette se precian de ser «maíz recién germinado», distinto del «maíz tostado y echado a perder» de las humanidades pasadas. El de 2006 sobre oniromancia sostiene que el firmamento es una región poblada y que soñar abre una perspectiva llamada jaatinikki, «del lado de arriba»: por ahí se ven los avisos.

Lo que falta es una transcripción continua en ette taara. Nadie ha publicado esta cosmogonía como una sola narración seguida; lo que hay son versos citados, esquemas y síntesis. La monografía de referencia, «Ooyoriyasa», de 2007, no es de acceso abierto, y por eso aquí no se le atribuye ninguna frase: se la nombra porque la bibliografía posterior la cita.

Resonancias con otros mitos

El primer paralelo está entre los vecinos chibchas y lo señala la misma investigación que documenta este relato. Los kogi de la Sierra Nevada piensan el cosmos como un huevo enorme dividido en nueve secciones; los cuna del Darién, como doce capas superpuestas; los barí de la Serranía del Perijá ponen la tierra habitada justo en medio de un submundo acuático y seis cielos; los u'wa de los Andes orientales y los bribri y cabécar de Talamanca comparten un universo de tres pisos. El armazón se repite, pero en todos esos casos es un edificio quieto. Lo propio de los ette es que el edificio se mueve: el número de regiones baja de seis a dos a lo largo de la historia, y la tierra que hoy está en el medio no siempre estuvo ahí.

El segundo paralelo está en la condición del fin. Entre los kogi el mundo se acaba «si el código moral y religioso se olvidara o no se obedeciera»; entre los iku, «si a los ritos antiguos no se les da continuidad»; entre los u'wa, si se dejara de cantar y de mantener el orden de las cosas mediante las ceremonias. La frase ette se le parece mucho: cuando muera el último ette, ese día todo se acaba. La diferencia es de tiempo verbal. En los otros tres casos la ceremonia mantiene el mundo indefinidamente y el descuido lo destruye; aquí la destrucción ya está fijada y lo único que la ceremonia consigue es aplazarla.

El tercero lo apunta el propio investigador: en esto los ette se parecen menos a sus parientes chibchas que a los pueblos mesoamericanos y a los yukuna-matapí del Mirití-Paraná, donde las edades destruidas se suceden. La diferencia es que aquí cada destrucción se explica por la sangre derramada sobre el cuerpo de una diosa concreta, y no por el agotamiento de un ciclo.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. No hay una versión canónica de esto, sino testimonios que coinciden en el armazón y difieren en los detalles.

  2. Las grafías cambian de una fuente a otra: Yunari Kraari, Yunari Krari y Yunnari Kraari; Narakajmanta y Narakajamanta; ette kooronda y ette koronda; Ette Ennaka y Ette Enaka. Esta ficha no decreta una ortografía que las fuentes no han resuelto.

  3. Los versos también cambian. En la versión de 2003 publicada por Niño Vargas, «los arroyos son sus venas y las aguas son su sangre»; en la que reproduce la ONIC, «las lagunas son su sangre». Y la versión de la ONIC añade cuatro líneas que la otra no trae: que los ette sostienen la tierra, que lo hacen con su pensamiento, que cuando haya muerto el último ette ese día todo se acabará y que cuando los ette se acaben la Tierra de Arriba bajará. La responsabilidad humana sobre el fin del mundo está explícita en un testimonio y sólo implícita en el otro.

  4. El parentesco de Yunari con las deidades no está resuelto. El artículo de Uninorte dice que es la abuela de Yaau y de Numirinta. Niño Vargas describe en cambio una cohabitación simbólica en la que Yaau fertiliza a Yunari, la tierra, para que baje el mundo nuevo. El artículo de 2025 anota que esta misma diosa, entre los pueblos vecinos, se desdobla en dos divinidades y lleva unas veces el título de madre y otras el de abuela. Son lecturas distintas y no se funden aquí en una sola.

  5. Los postes tampoco coinciden. Niño Vargas habla de postes emplazados en los límites de la Tierra del Medio, cada uno comparado con un individuo ette, sin fijar cuántos; la ONIC dice cuatro, en los cuatro extremos, y que son cuatro hombres chimila.

  6. La cuenta de cinco depende de la fuente. El artículo de 2008 la sostiene diciendo que «muchos están de acuerdo» en que al principio hubo cinco tierras sobre Yunari, y el de 2014, del mismo autor, describe el mismo proceso sin numerarlo. La numeración circula sobre todo en los documentos comunitarios y en las síntesis.

  7. Sobre las causas, el artículo de Uninorte intercala entre paréntesis «¿volcán?» y «¿tsunami?» al resumir las destrucciones. Esa conjetura es de quienes escriben, no de los ette, y no entra aquí. Frente al texto heredado, esta revisión saca del Relato las menciones a «las fuentes», «las versiones citadas» y «la página», que no van dentro de la historia.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Ette Ennaka (Chimila) · Magdalena · Caribe
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Ciclos de destrucción y regeneración: experiencia histórica entre los ette del norte de Colombia

    journals.openedition.org

    Estudia cómo sueños, memoria histórica, Yunari y la quinta tierra articulan ciclos de destrucción, regeneración y acción ceremonial entre los Ette.

  2. Teogonías de los pueblos indígenas en Colombia: ¿una erótica sin dominación?

    redalyc.org

    Reproduce y analiza el relato de Yunari Kraari como Tierra Madre, las cinco tierras y los ciclos de destrucción y renovación Ette.

  3. Documento madre: Leyes de origen de los pueblos indígenas

    smt-onic.com

    Incluye la ley de origen Ette Ennaka, la creación atribuida a Papá Grande y una síntesis de las regiones superpuestas del universo.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Aspectos socio-históricos y farmacogenómica de los Chimilas Narakajmanta

    rcientificas.uninorte.edu.co

    Resume el Plan de Salvaguarda, el nombre Ette Ennaka, las cinco tierras, Yunari, Yaau, Numirinta y la creación de los Ette con dos mazorcas.

  2. El sol babea jugo de piña: antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Reedita y contextualiza literatura Ette dentro de una antología nacional, identifica las traducciones y remite a las fuentes etnográficas usadas.

  3. Mitos y cuentos de los indios Chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica los veintiún relatos del corpus histórico y atribuye su narración al cacique Tangrutaya Mutsu, registrada en castellano durante trabajo etnográfico.

  4. El tejido del cosmos: tiempo, espacio y arte de la hamaca entre los ette (chimila)

    journals.openedition.org

    Expone el modelo ette del universo como regiones contiguas que cambian periódicamente por obra de catástrofes que destruyen regiones completas y aniquilan a todos sus habitantes, y anuncia que el último cielo se desplomará para que el mundo celeste descienda sobre la humanidad actual: el mismo descenso que anuncia la quinta tierra.

  5. Bajo la responsabilidad humana: creación, conservación y destrucción del mundo entre los chibchas

    revistas.ucm.es

    Usa el caso ette como ejemplo central: los dioses incendian, inundan y limpian periódicamente la tierra, acabando con antiguas humanidades y sembrando otras nuevas, y los ette se saben maíz recién germinado frente al maíz tostado de las humanidades pasadas, de modo que tratan de prolongar su mundo cuidando la creación.

  6. Ooyoriyasa: cosmología e interpretación onírica entre los ette del norte de Colombia

    cienciassociales.uniandes.edu.co

    Es la monografía de referencia sobre cómo los ette conciben el universo y la obra que la bibliografía posterior cita para la diosa asociada a la tierra y confundida con el paisaje, y para la sucesión de humanidades anteriores.

  7. Oniromancia y perspectiva entre los ette del norte de Colombia

    revistas.unal.edu.co

    Muestra que el firmamento ette se concibe como una región habitada por seres animados y que el sueño abre una perspectiva llamada jaatinikki, del lado de arriba, lo que sostiene la idea de que la región superior está poblada y de que soñar es la vía para percibir lo que allí ocurre.

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«Yunari y las cinco tierras» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Yunari y las cinco tierras» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Yunari y las cinco tierras» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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