Memoria de las primeras guerras

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Memoria de las primeras guerras

Tangrutaya Mutsu recordó conflictos con Aruacos y Karíbi; la ficha conserva su testimonio sin presentar la conquista como reconciliación benéfica.

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Memoria de las primeras guerras: la entrada del relato

El relato

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En esta tierra vivían antes los Aruacos. De ellos quedaron las piedras de moler que todavía aparecen en el monte.

Cuando los Ette se encontraron con los Aruacos, los sacaron con guerra. Los Aruacos eran muy ricos y los Ette muy pobres. Los ricos salieron de esta tierra y los pobres se quedaron en ella, y con ellos se quedaron las piedras que los otros habían dejado.

También con los Karíbi hubo mucha guerra. Esa no terminó con una salida: donde hay Karíbi, los Ette no pueden vivir. Siempre nos matamos.

Ahora ya no. Ahora somos amigos, y hace mucho tiempo que lo somos. Desde que llegaron los Blancos a esta tierra.

Memoria de las primeras guerras: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Atribuir a otros las piedras que uno usa es también una manera de contar quién estuvo antes.”

Territorio

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Ette Ennaka (Chimila)
Referencia
10.0356° · -74.2147°

Ficha del relato

Contexto histórico

Es el cuarto texto del corpus y el más corto de los que abren el conjunto: setenta y cuatro palabras en el impreso de 1945. No es una cosmogonía sino una memoria de vecinos, y todo lo que contiene cabe en cinco datos: los Aruacos vivían antes aquí, dejaron piedras de moler, fueron sacados con guerra, con los Karíbi la convivencia era imposible, y eso se acabó cuando llegaron los blancos.

Lo dijo el cacique Tangrutaya Mutsu en las mismas condiciones que el resto: de noche, en la hamaca, en castellano y sólo delante de hombres. Aquí la restricción pesa de otro modo, porque el texto pasa del pasado remoto al presente del propio narrador en la última frase y habla en primera del plural. Lo que se conserva no es sólo un relato: es la posición de un hombre de los años cuarenta sobre la historia de su pueblo.

Reichel-Dolmatoff encontró muy interesante la tradición de guerra contra los grupos de la Sierra Nevada, casi todos de origen chibcha, y contra grupos karib. Sobre las piedras de moler fue más lejos y en dirección contraria al relato: las consideró un elemento cultural evidentemente andino que no corresponde al conjunto de la cultura material del grupo, señaló que en muchas partes están reemplazadas por el pilón de madera, que le parecía el utensilio más antiguo, y escribió que es dudoso que procedan verdaderamente de los Aruacos, suponiendo más bien que son vestigios de una civilización arcaica de la región.

Su Etnografía chimila de 1946 corrobora con trabajo de campo los dos núcleos del cuento. Registra que en todos los casos observados los chimila insistían en que esas piedras no eran de ellos sino encontradas en el terreno y fabricadas por otros indios, tal vez aruacos, y que esa insistencia se volvía a veces desprecio abierto; recoge la frase que le repitieron varias veces, según la cual los antiguos no tenían piedra de moler porque no tenían maíz, y las buscaron cuando recibieron el maíz; y anota que todas las piedras que vio tenían carácter arqueológico. En el mismo volumen escribe que la tradición de que su territorio estaba antes habitado por los Aruacos, vencidos y desalojados por ellos, puede corresponder a la realidad histórica. En cambio no documenta ninguna guerra con los Karíbi ni la frase final del narrador.

La otra guerra, la que el relato no cuenta, está documentada por separado. Marcela Quiroga Zuluaga estudia la formación de los pueblos de misión tras la derrota militar de finales del siglo XVIII en la gobernación de Santa Marta. Edgar Rey Sinning reconstruye la resistencia frente a la usurpación del territorio. Y Juan Camilo Niño Vargas, al revisar los encuentros de Gustaf Bolinder en 1915 y 1920, muestra que la imagen del chimila desintegrado y al borde de la extinción resulta en buena parte de prácticas indígenas de aislamiento y rechazo del contacto, lo que obliga a leer con cautela cualquier retrato de enemistad con los vecinos.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en el mismo corpus y lo dijo el mismo hombre. En «Cómo los Chimila consiguieron el maíz», los Aruacos tienen mucho maíz y son gordos mientras los Ette comen sólo yuca, hierbas y animales del monte, hasta que tumban la ceiba donde estaba guardada la semilla. La asimetría es idéntica a la de este relato —ellos ricos, nosotros pobres— y el trabajo de campo de 1946 ata los dos textos, porque allí los chimila explicaron que los antiguos no tenían piedra de moler porque no tenían maíz. La diferencia está en el remedio: en el cuento del maíz lo que resuelve la carencia es un árbol derribado de noche, no una guerra.

El segundo paralelo es la versión que los ette cuentan hoy, recogida por Niño Vargas: los belicosos eran los ette chorinda, la gente de antes, y de ellos quedan huesos y múcuras que salen de la tierra. La estructura se repite —hubo otros aquí, y lo que aparece en el suelo es de ellos— pero el reparto cambia por completo, porque aquellos otros ya no son un pueblo vecino sino una humanidad anterior, y el pueblo que narra ya no se reconoce como su heredero.

El tercero es de escala regional. Varios pueblos chibchas refieren la aparición y desaparición de humanidades previas, cada una más ajustada a lo que los dioses querían: así lo cuentan los bribrí y los cabécar de Talamanca, los iku de la Sierra Nevada y los ngäbe. En todos ellos la ruptura entre una humanidad y la siguiente la deciden las divinidades. En el relato de 1945 no hay divinidad ninguna: la ruptura la deciden los hombres, y se llama guerra.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El desplazamiento más fuerte lo documentó Niño Vargas en 2008 y afecta al sujeto mismo del relato. Los ette actuales cuentan que la tercera tierra estaba poblada por los ette chorinda, «la gente de antes», un pueblo extremadamente belicoso cuyos hombres se entrenaban desde niños con la macana, el arco y las flechas envenenadas, y cuyos jefes podían transformarse en bestias y lanzar dardos invisibles; vivían en guerra permanente con poblaciones indígenas y no indígenas. Y afirman que esas personas, y no ellos, eran los verdaderos chimilas. Ellos se llaman ette takke, gente nueva, rechazan abiertamente esa identificación y sostienen que el material arqueológico que aparece en su territorio no tiene relación con su cultura: un anciano lo dijo diciendo que por ahí se ven sus cosas, huesos y múcuras que salen de la tierra, todos destruidos porque Yaau los acabó.

  2. El gesto de 1945 sobrevive, entonces, pero cambia de destinatario. En el relato antiguo lo que sale de la tierra pertenece a un pueblo vecino con nombre, los Aruacos, y quien lo sacó con guerra es «nosotros». En la etnografía contemporánea lo que sale de la tierra pertenece a una humanidad anterior destruida por las deidades, y el «nosotros» actual niega ser el que peleó esas guerras.

  3. Contra la imagen de una enemistad simple con los Aruacos hay además un registro histórico que conviene poner al lado. Enio Armando Hernández Agüirre y sus coautores anotan que en la guerra contra los españoles participaron también otras comunidades indígenas, entre ellas orejones, algunos arahuacos y personas negras esclavizadas que habían escapado, y que esas coaliciones fueron importantes para la supervivencia del grupo. Es decir, la documentación conserva a los arhuacos como aliados y no sólo como expulsados.

  4. La frase final del narrador exige el mismo cuidado. Decir que son amigos desde que llegaron los blancos es su testimonio y se queda en el relato porque es lo que la fuente trae, pero no puede leerse como un juicio sobre la conquista. Lo documentado apunta en otra dirección: derrota militar y pueblos de misión a finales del siglo XVIII, entrega de territorios a criollos como pago en la época republicana, la invasión de los años veinte para extraer bálsamo que tumbó las selvas donde vivían, el desplazamiento hacia Santa Marta bajo la violencia paramilitar y un reencuentro institucional sólo a finales de los años ochenta, cuando funcionarios del Incora hallaron al grupo en las Sabanas de San Ángel.

  5. También hay que decir lo que no hay: una sola versión, setenta y cuatro palabras, ningún episodio, ninguna fecha, ningún nombre propio y ningún lugar preciso de batalla. Los Karíbi no se identifican en ninguna fuente consultada con un pueblo actual determinado.

  6. Esta revisión conserva la frase final dentro del relato, saca de él todo el comentario que antes la rodeaba y lo trae aquí, que es donde corresponde.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Ette Ennaka (Chimila) · Magdalena · Caribe
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y cuentos de los indios Chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica los veintiún relatos del corpus histórico y atribuye su narración al cacique Tangrutaya Mutsu, registrada en castellano durante trabajo etnográfico.

  2. El sol babea jugo de piña: antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Reedita y contextualiza literatura Ette dentro de una antología nacional, identifica las traducciones y remite a las fuentes etnográficas usadas.

  3. Los Ette Ennaka, un pueblo que resiste y conserva sus tradiciones a pesar de siglos de violencia

    mincultura.gov.co

    Recoge voces de Luis Eduardo Granados y César Rozo, emplea el nombre Ette Ennaka y documenta el relato de Yaau, Numirinta y las dos mazorcas de maíz cariaco.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Ciclos de destrucción y regeneración: experiencia histórica entre los ette del norte de Colombia

    journals.openedition.org

    Estudia cómo sueños, memoria histórica, Yunari y la quinta tierra articulan ciclos de destrucción, regeneración y acción ceremonial entre los Ette.

  2. Aspectos socio-históricos y farmacogenómica de los Chimilas Narakajmanta

    rcientificas.uninorte.edu.co

    Resume el Plan de Salvaguarda, el nombre Ette Ennaka, las cinco tierras, Yunari, Yaau, Numirinta y la creación de los Ette con dos mazorcas.

  3. Etnografía chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Corrobora los dos núcleos del relato con trabajo de campo: los chimila insistían en que las piedras de moler no eran suyas sino de otros indios, y el autor recoge la tradición de que su territorio estaba antes habitado por ellos, vencidos y desalojados después.

  4. Resistencia chimila: ni aniquilados, ni vencidos

    dialnet.unirioja.es

    Reconstruye con archivos y crónicas la respuesta chimila a la usurpación de su territorio y recuerda que los españoles los reseñaron como belicosos desde el primer contacto, sosteniendo que no fueron ni aniquilados ni vencidos.

  5. Entre la inconstancia y la incuria: la experiencia fallida de los pueblos de misión chimilas a finales del siglo XVIII en las llanuras del Caribe

    revistas.uniatlantico.edu.co

    Examina la formación de los pueblos de misión tras la derrota militar de finales del siglo XVIII en la gobernación de Santa Marta y la lee como el punto de quiebre del largo enfrentamiento entre este pueblo y los colonizadores.

  6. En las inmediaciones del fin del mundo: los encuentros de Gustaf Bolinder y los chimilas en 1915 y 1920

    revistas.uniandes.edu.co

    Muestra que la imagen del chimila desintegrado y en extinción que dejaron los etnógrafos tempranos resulta de prácticas indígenas de aislamiento y rechazo del contacto, lo que ayuda a leer con cautela la enemistad que el relato atribuye a los pueblos vecinos.

  7. Los últimos indígenas chimilas

    publicaciones.banrepcultural.org

    Traduce el relato de las expediciones de 1914 a 1920 en que el autor tuvo un corto encuentro con los chimila de los bosques del río Ariguaní, un testimonio de primera mano tres décadas anterior al corpus de 1945.

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Versiones de este mito

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No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Memoria de las primeras guerras» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Memoria de las primeras guerras» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

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El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
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Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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