Huhum, el sapo que trajo el fuego

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Huhum, el sapo que trajo el fuego

El brujo Huhum se vuelve sapo, cruza el Gran Río, guarda una brasa en la boca y entrega a los Ette el fuego que debe permanecer encendido.

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El relato

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Antes los Chimila no conocían el fuego. No había candela en el fogón ni en el monte, y tampoco había humo.

Entonces comían todo crudo. Al mediodía las mujeres ponían la comida sobre una gran piedra y el sol la tostaba un poco; entonces le daban una vuelta y se tostaba un poco por el otro lado. Así fue que los Chimila sufrieron mucho y eran muy flacos.

Al otro lado del Gran Río había otros indios que sí tenían fuego. Comían carne asada y pescado frito y cocinaban bollos. Pero ellos eran enemigos de los Chimila.

Una noche los Chimila iban por la ribera del Gran Río y veían al otro lado a los indios comiendo pescado. Estaban allá sentados alrededor de la candela y comían muy sabroso.

Entonces dijeron los Chimila: “¿Qué vamos a hacer para conseguir candela? Si uno de nosotros va al otro lado lo matarán los enemigos, y además se apagará la candela en el agua si vuelve nadando”.

Entonces dijo el brujo Huhum: “Yo voy a conseguir candela. Y aunque me cueste la vida, voy a traerla”. Entonces el brujo se cambió en el sapo Mamu y saltó al agua. Nadó a través del Gran Río, y cuando vino a la playa saltó entre los indios que estaban allá sentados comiendo pescado. Cuando vieron al gran sapo se asustaron, gritaron y corrieron.

Entonces el sapo se tragó una brasa y saltó al río y nadó al otro lado. No se quemó ni se apagó la candela. Cuando vino a la playa, el sapo escupió la candela y dijo: “¡Mis hijos, aquí está la candela! Ahora hay que guardarla bien para que no se apague nunca”.

Pero el brujo se quedó sapo. Desde entonces los sapos son gente como nosotros y no se deben matar. Los sapos son buenos.

A veces, de noche, el sapo canta en la selva, y entonces las mujeres se levantan a poner más leña al fogón para que no se apague.

Así fue como los Chimila consiguieron el fuego.

Huhum, el sapo que trajo el fuego: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien cruza el agua por una brasa deja a otros el trabajo diario de no dejarla apagar.”

Territorio

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Ette Ennaka (Chimila)
Referencia
10.0356° · -74.2147°

Ficha del relato

Contexto histórico

Es el sexto relato del corpus que Gerardo Reichel-Dolmatoff publicó en 1945 con el título Mitos y cuentos de los indios Chimila, en el Boletín de Arqueología, y ocupa allí la página 8. Todos los cuentos del volumen vienen de un mismo narrador, el cacique Tangrutaya Mutsu, anciano septuagenario, que los contaba de noche, recostado en su hamaca, en voz baja y despacio, en un castellano que el recopilador describe como a veces confuso. El cacique insistía en contarlos sólo ante hombres e interrumpía el relato cuando entraba una mujer. La advertencia importa aquí por una razón concreta: el cierre del cuento describe lo que hacen las mujeres cuando el sapo canta de noche, y ese dato nos llega desde una situación de la que ellas estaban excluidas.

El comentario que el recopilador puso a continuación es suyo, no del narrador. Llama al cuento clásico en la mitología americana, ve en Huhum un brujo legendario, tal vez personificación de un héroe cultural, y subraya la importancia del sapo como animal mítico en todo el continente. Transcribe entero el cuento cuna del fuego, en el que sólo el Tigre tenía candela y la Lagartija cruza el río crecido, se ofrece a cuidarle el fuego mientras duerme, le coge una chispa y huye. Lista después quién roba el fuego en otros pueblos: el colibrí entre los jívaros y los okaima, el ratón entre los matako, el buitre negro entre los tapieté, el sapo entre los chiriguano, los gemelos míticos entre los bakairi.

El mismo autor publicó un año más tarde Etnografía chimila, y allí está el respaldo doméstico de este cuento. Escribe que el fogón donde se preparan los alimentos se encuentra siempre fuera de la casa, que cada familia tiene su propio hogar formado por tres piedras sobre las cuales se coloca el recipiente, que la consecución de la leña está a cargo de los hombres, y que entre comidas se asan mazorcas inclinándolas contra una piedra del fogón cuyo fuego se mantiene continuamente. La orden con que termina el relato, guardar bien la candela para que no se apague nunca, describe entonces una práctica que el recopilador vio funcionando. En ese mismo libro anota que un cuento chimila dice que hay buenos brujos y hay malos, y que los shamanes pueden llevar una doble vida convirtiéndose en tigres: hay transformación, pero en tigre, no en sapo.

Entre los estudios recientes, los de Juan Camilo Niño Vargas describen el fuego ette como potencia y no como utensilio. Registra priimu’ como nombre del fogón y llama priimu kajgawe’enisa al periodo de quemas, en el que los hombres siembran las llamas en puntos estratégicos del campo repitiendo lo que las divinidades hicieron al principio de los tiempos. Anota además que la autarquía de cada familia se reconoce en tener fogón propio, cultivos propios y una red propia de caminos. Ninguna de esas fuentes narra el episodio de la brasa, y ninguna publica el relato en ette taara: fuera del corpus de 1945 no se halló otro registro de Huhum ni del sapo Mamu.

Resonancias con otros mitos

El paralelo mejor documentado es el cuna, porque el propio recopilador lo transcribió entero en 1945. Allí sólo el Tigre tenía fuego y los demás comían la carne cruda; para robárselo llamaron a la Lagartija, que atravesó el río en medio de la lluvia, se ofreció a cuidar el fuego mientras el Tigre dormía, cogió para sí una chispa y huyó cruzando otra vez; el Tigre, que no sabía nadar y tenía el río crecido, amaneció sin fuego y le tocó comer carne cruda como antes les había tocado a los otros. La arquitectura es la misma: un río de por medio, un mediador que cruza dos veces, una inversión de quién come crudo. Lo que cambia es el mediador. En el cuento ette quien cruza no es un animal sino el brujo Huhum, que se hace sapo y ya no vuelve a ser hombre, y la brasa cruza dentro de la boca.

El segundo paralelo está en la misma lista del recopilador: entre los chiriguano el ladrón del fuego es un sapo. Coincide el animal y se separa el sentido. En el relato ette el sapo es una persona transformada, y por eso el cuento termina con una prohibición que los otros no traen: los sapos son gente, son buenos y no se deben matar.

Un tercero, también de esa lista, sirve para marcar un contraste: entre los matako del Gran Chaco, como los nombra esa etnografía, el ratón le roba la candela al tigre, y en otra variante lo hace el conejo, que de paso provoca el incendio del mundo. En el corpus chimila esas dos cosas están separadas. El incendio del mundo es otro relato, el del diluvio, y allí el fuego no lo trae nadie de ninguna parte: lo prenden los hombres para secar la tierra.

Vale anotar, por último, que este cuento no explica de dónde salió el fuego de la otra orilla. No cuenta un origen sino un traslado.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De este relato hay un solo testimonio documentado: el que Tangrutaya Mutsu dio en castellano y Reichel-Dolmatoff publicó en 1945. La antología de Miguel Rocha Vivas reúne literatura ette y la contextualiza, pero reedita y no aporta un segundo narrador. Tener un testimonio único significa que no hay manera de saber qué partes del cuento eran fijas y cuáles cambiaban de una noche a otra, ni cómo lo contaban las mujeres que, según el propio recopilador, también lo conocían.

  2. Los paralelos que el recopilador acumuló en sus notas no son versiones de este cuento sino cuentos de otros pueblos, y conviene no confundirlos. Que entre los chiriguano el ladrón del fuego sea un sapo no convierte el episodio ette en una variante del chiriguano.

  3. Las fuentes contemporáneas no vuelven a narrar el episodio, pero desplazan el marco. En los trabajos de Juan Camilo Niño Vargas el fuego es un agente cosmológico: junto con el agua exterminó a los antiguos y preparó la tierra nueva, y hoy se siembra en el campo de cultivo como lo hicieron los dioses. En el canto de Yunari que Andrea Paola Buitrago Rojas reproduce de la antología de Rocha Vivas se dice que Yaau limpió la espalda de Yunari con agua y con fuego y la dejó sin manchas, nueva, joven. En el texto de 1945 el fuego no tiene origen divino ni función de limpieza: es un bien que ya existe en la orilla de enfrente, en manos de un pueblo enemigo, y se consigue con una transformación y un riesgo.

  4. Queda abierto un asunto de nombres. El relato no dice cuál es el Gran Río ni quiénes son los enemigos de la otra orilla. Niño Vargas documenta que los ette de hoy tienen por límite de su mundo el mar y los ríos Magdalena y César, entendidos como un solo cuerpo de agua que rodea la tierra y amenaza con inundarla. Es un dato de hoy y no autoriza a poner un nombre propio donde la fuente dejó sólo el Gran Río.

  5. Frente al texto heredado, esta revisión sacó del relato las frases que lo comentaban desde dentro y retiró lo que la fuente no tiene: una tierra sin estrellas, un sacrificio heroico y un dilema psicológico. También devolvió al lugar que les corresponde los dos nombres que el texto distingue y que la versión anterior tendía a mezclar: Huhum es el brujo, Mamu es el sapo en que se cambia.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Ette Ennaka (Chimila) · Magdalena · Caribe
Referencias
8
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y cuentos de los indios Chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica los veintiún relatos del corpus histórico y atribuye su narración al cacique Tangrutaya Mutsu, registrada en castellano durante trabajo etnográfico.

  2. El sol babea jugo de piña: antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Reedita y contextualiza literatura Ette dentro de una antología nacional, identifica las traducciones y remite a las fuentes etnográficas usadas.

  3. Teogonías de los pueblos indígenas en Colombia: ¿una erótica sin dominación?

    redalyc.org

    Reproduce y analiza el relato de Yunari Kraari como Tierra Madre, las cinco tierras y los ciclos de destrucción y renovación Ette.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Ciclos de destrucción y regeneración: experiencia histórica entre los ette del norte de Colombia

    journals.openedition.org

    Estudia cómo sueños, memoria histórica, Yunari y la quinta tierra articulan ciclos de destrucción, regeneración y acción ceremonial entre los Ette.

  2. Etnografía chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Describe el fogón siempre fuera de la casa, formado por tres piedras, propio de cada familia y cuyo fuego se mantiene continuamente, y consigna la creencia de que hay médicos buenos y malos y de que pueden llevar doble vida convirtiéndose en animales.

  3. La división cósmica de las labores terrenales: interacción entre humanos y no humanos en los campos de cultivo ette

    revistatabularasa.org

    Registra el término ette para el fuego y explica que al incendiar el campo las llamas se siembran y los hombres ocupan el papel de los dioses primigenios: el fuego no es un utensilio sino una potencia que se trae, se siembra y se cuida.

  4. La casa ette: humanidad y arquitectura en el norte de Colombia

    journals.iai.spk-berlin.de

    Confirma el nombre ette del fogón y muestra que la autonomía de cada familia se define por tener fogón propio, cultivos propios y caminos propios: el cuidado cotidiano del fuego es el criterio que define una casa ette.

  5. El tejido del cosmos: tiempo, espacio y arte de la hamaca entre los ette (chimila)

    journals.openedition.org

    Sitúa el fuego, junto con el agua, como agente cosmológico que exterminó a los antiguos y preparó una nueva tierra, y describe un universo donde los seres cambian de condición entre humanos, animales y dioses.

Voces de la comunidad

Conversación

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«Huhum, el sapo que trajo el fuego» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Huhum, el sapo que trajo el fuego» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Huhum, el sapo que trajo el fuego» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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