En el principio de los tiempos, antes de que el horizonte se poblara de sombras y secretos, existía solo el vacío infinito y el murmullo de los ancestros que aguardaban ser nombrados. Era Papá Grande quien habitaba este preámbulo del todo, un ser vasto y amoroso que poseía el don de la creación en sus manos de eterna greda. Se alzaba entre las brisas del cosmos con un gesto sereno, contemplando un futuro que aún no había sido moldeado.
Una madrugada sin sol, Papá Grande estiró su mano hacia el abismo sin fondo y capturó un pedazo de greda que danzaba descuidada entre las estrellas. Con la misma ternura con la que una madre acaricia la frente de un niño dormido, comenzó a amasar aquella materia primordial. En sus dedos se hilvanaba el destino del mundo, pero lo que surgía le parecía ínfimo, pequeño como los susurros. Así, tomó más greda y continuó amoldando, una y otra vez, hasta que tuvo en frente un gran pedazo que emanaba el aliento de una promesa.
De este gran pedazo formó la tierra, vasta y prometedora, pero aún silenciosa y desnuda, sin árboles ni maíz que oscilaran al ritmo de los vientos nocturnos. Era un lienzo virgen que anhelaba compañía, música y color. Papá Grande, en su infinita sabiduría, decidió que un guardián sería el primero en pisar este nuevo suelo. Así creó un tigre, solemne y majestuoso, cuya furia y gracia sentaron las bases de una danza eterna entre depredador y presa. El tigre partió, y en sus zancadas resonó el eco de un mundo despierto.
Con la tierra ahora imperfectamente preparada, Papá Grande se enfocó en gestar los hijos del aire y las palabras. De sus manos brotaron los pueblos: Aruacos, Guajiros y Motilones. Ellos fueron los primeros en alzar su mirada al cielo con la capacidad única de hilar historias con miradas y susurros, y en sus corazones Papá Grande inscribió el alimento de las leyendas. Mas Papá Grande, al verlos, se percató de que solo con guerra y discursos no podrían vivir; necesitarían de la dulzura y el equilibrio de compañeras. Así surgieron mujeres, tan fuertes y bellas como la aurora, para cada uno de estos hombres. Y las tribus poblaron la tierra con su diversidad, sus fiestas y sus cantos.
Pasaron muchas lunas, y las historias ya comenzaban a entretejerse con el viento, convirtiéndose en ecos de la memoria. Fue entonces que Papá Grande miró hacia otra sección de su creación, una aún vacante, y formó al primer indio Chimila y su mujer. Los llamó Huhun Krukroring Merana y Soving Kranyaring Ovokeya, nombres que resonaban con la fuerza del trueno y la suavidad del río. Estos nombres eran una bendición y un destino, portadores de la esencia de la vida misma.
Desde el alto cielo, el indio Chimila contemplaba la tierra con ojos de fuego inquieto. No le gustó lo que vio: una tierra que, aunque hermosa, le hablaba de desafíos escondidos y selvas por abrir. Dudando, se mantuvo en las alturas hasta que Papá Grande lo impulsó con la delicadeza de una brisa. Y así, el hombre cayó del cielo, tocó el suelo cerca de San Ángel, y la tierra recibió su llegada con un suspiro contenido.
Con su llegada, pronto hubo muchos indios Chimila, conocidos entonces no como Chimila, sino como Paretare. Papá Grande, en su juego eterno de creación y sorpresa, había puesto en marcha el caudal interminable de la historia humana, un río que fluía no solo por los valles y montañas, sino a través del tiempo mismo, resonante en cada corazón y cada rincón de la vasta tierra que un día fue solo un pedazo de greda, moldeado con amor y el aliento de milenios por Papá Grande.
Así fue como Papá Grande hizo la tierra y los indios, y en su sueño eterno aún susurra a las futuras generaciones, cuidando de que las raíces de lo que somos no se pierdan en las sombras del olvido.
Historia
El mito relata que Papá Grande creó la tierra a partir de un pedazo de greda que formó y aumentó hasta que fue un gran pedazo. Inicialmente, la tierra carecía de árboles y cultivos, por lo que creó un tigre y lo dejó libre. Posteriormente, Papá Grande creó a los hombres, específicamente a los Aruacos, Guajiros y Motilones, y también creó mujeres para ellos, permitiendo que hubiese muchos habitantes en la tierra. Más tarde, hizo al primer indio Chimila y a su mujer, dándoles nombres específicos. Sin embargo, el indio Chimila no quería bajar a la tierra, así que Papá Grande lo empujó, haciéndolo caer cerca de San Ángel. Así, la población Chimila se multiplicó en la tierra, aunque en ese entonces se les conocía como Paretare. Esto explica cómo se originaron la tierra y las diversas tribas según este mito.
Versiones
El análisis de las versiones del mito se centra en los elementos que cambian o se añaden en el proceso de creación del mundo y de la humanidad por parte de Papá Grande. En la narración presentada, el proceso creativo es detallado y ordenado: Papá Grande primero moldea la tierra a partir de greda, sugiere imperfección inicial por estar incompleta, y luego introduce la fauna, específicamente un tigre, como un primer paso para llenar el vacío del mundo recién formado. Un cambio significativo es la secuencia en la que crea a los humanos, específicamente a grupos culturales identificados como Aruacos, Guajiros y Motilones, reflejando una comprensión ancestral de diversidad étnica. El añadido de mujeres para cada grupo masculino indica un enfoque en el equilibrio y la continuidad de la vida a través de la creación de parejas. La narrativa incluye un detallado pasaje sobre la creación de los primeros individuos de la etnia Chimila, distinguiéndose en su proceso de creación y su reluctancia inicial a habitar la tierra, lo que sugiere una narrativa particular para esta etnia.
No hay múltiples versiones explícitamente indicadas en el texto, por lo que la crítica se centra en cómo este relato en particular resalta distintas fases de creación en términos de contenido y cronología, y cómo estos elementos pueden cambiar en mitos similares. Este enfoque demuestra una preocupación por la organización jerárquica y secuencial del mundo, desde el paisaje físico hasta la cultura humana diversa. Además, destaca la continuidad cultural a través del tiempo con la aclaración sobre cómo los Chimila eran inicialmente denominados Paretare, sugiriendo el dinamismo en la identidad grupal y la transmisión oral de la historia en la mitología.
Lección
La creación es un acto de amor y equilibrio.
Similitudes
Se asemeja a mitos de creación del mundo como el de Pangu en la mitología china o el mito de Ymir en la mitología nórdica.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



