Las tres flechas del poblamiento

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Las tres flechas del poblamiento

Papá Grande usa el arco iris y tres flechas de caña maná para señalar San Ángel, el río Cesar y Cartagena como caminos del poblamiento Ette.

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Las tres flechas del poblamiento: la entrada del relato

El relato

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Cuando los primeros Ette bajaron del cielo, no sabían a dónde ir. Bajaron todos y quedaron en la tierra sin camino. Habían llegado a una tierra que no conocían. Estaban abajo y no sabían para dónde coger ni dónde quedarse.

En esa tierra había mucha agua entonces. Agua por todas partes. Y había mucho monte, monte por todas partes. Pero ni el agua ni el monte servían: en el monte no había comida, y las aguas que había no eran buenas para beber.

Entonces Papá Grande tomó el Arco Iris. Ese fue su arco. Y cogió sus tres flechas, que eran todas de la misma caña, de la caña maná: de esa caña y no de otra. Con ese arco disparó las tres flechas sobre la tierra, una detrás de otra, para mostrarles a los Ette el camino por donde debían seguir. Tres flechas disparó, y tres caminos quedaron señalados.

La primera flecha cayó allá, en San Ángel. Allá se quedó una parte de la gente, y todavía hay mucho indio allá.

La segunda flecha cayó allá, en el río Cesar. Y para allá se fue una parte de los Ette, siguiendo la flecha.

La tercera flecha voló mucho más lejos que las otras dos. Cayó allá, lejos, donde está hoy el gran pueblo que llaman Cartagena. Y para allá se fueron los otros Ette.

Tres flechas cayeron y en tres lugares se quedó la gente. Así los Ette encontraron el camino que no tenían cuando bajaron. Siguieron las flechas y así quedaron en toda esta tierra, unos en un lugar y otros en otro.

Desde entonces la caña maná sirve para hacer flechas. Sirve porque es de la familia del Sol. Y por eso, cuando uno se chuza con la caña maná en el monte, de noche, puede ver al Sol.

Las tres flechas del poblamiento: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un territorio se aprende de memoria, por los pocos lugares donde algo cayó y la gente se quedó.”

Territorio

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Ette Ennaka (Chimila)
Referencia
10.0356° · -74.2147°

Ficha del relato

Contexto histórico

Es el tercer relato del corpus de 1945 y va pegado al primero: allí el primer hombre es empujado desde el cielo y cae cerca de San Ángel, y aquí los primeros bajan del cielo y la primera flecha cae en San Ángel. Ese topónimo aparece dos veces en las tres páginas iniciales del conjunto, lo que lo convierte en el punto fijo de la memoria territorial que el corpus conserva.

Como el resto, lo narró el cacique Tangrutaya Mutsu de noche, en su hamaca, en castellano y sólo ante hombres. Conviene tenerlo presente porque este es, de los cuatro primeros, el relato que más se parece a un saber práctico: nombra tres lugares reales, un material de flechas y un uso de ese material.

La nota que Reichel-Dolmatoff le dedicó es la más corta de todo su aparato y es de orden lingüístico. Observa que el arco iris suele ser en América una fuerza más o menos benévola, mientras que aquí es simplemente el arco con que Papá Grande dispara, y añade un dato de lengua: en chimila se emplea la misma palabra para el arco iris y para el arco como arma. No comenta las tres flechas ni sus destinos.

Su monografía del año siguiente, la Etnografía chimila de 1946, describe el arma en detalle: un arco tallado de una sola pieza de madera de palma, de un metro veinte a un metro treinta, con una sección transversal rectangular que el autor consideraba única entre los grupos de Colombia; y flechas de tres formas, compuestas únicamente de dos partes, la verada y la punta, sin emplumado. En ninguna parte identifica botánicamente la caña del relato. El mismo volumen describe el terreno como de formación geológica muy reciente, casi perfectamente plano, inundable en la época lluviosa y salpicado de lagunas y pozos de agua salada, y sitúa a la gente sobre todo en El Difícil, La Peña, San Ángel y Monterrubio, en medio de la selva que se extendía entre el Magdalena, el Ariguaní y el Cesar.

Niño Vargas aporta un dato de lengua que corre en paralelo al del recopilador: entre los ette una misma palabra, kaggra, nombra a la vez las flechas, la palma gallinazo y el cinturón de la constelación de Orión. Son dos superposiciones léxicas distintas —arco iris y arco por un lado, flechas y cielo por el otro— y no deben confundirse, pero las dos muestran que el vínculo entre las flechas y lo celeste que afirma el relato tiene compañía en la lengua.

Edgar Rey Sinning delimita el territorio anterior a la ocupación española entre las estribaciones de la Sierra Nevada, el brazo de Mompox y la ciénaga de Zapatosa, y entre la ribera derecha del Magdalena y los ríos Ariguaní y Cesar. Ninguna fuente consultada, en cambio, documenta la práctica de chuzarse con caña maná de noche ni vuelve a contar las tres flechas.

Resonancias con otros mitos

El paralelo inmediato está dentro del mismo corpus. En «La creación», el primer Ette mira la tierra desde el cielo, no le gusta, se niega a bajar y Papá Grande lo empuja; cae cerca de San Ángel. Aquí no cae un hombre sino que baja un pueblo entero, y no lo empujan: lo guían. Los dos relatos ponen el origen en el cielo y el aterrizaje en el mismo lugar, pero uno cuenta una caída forzada y el otro un reparto dirigido.

El segundo paralelo es la versión que los propios Ette Ennaka cuentan hoy, recogida en 2024 de boca de César Rozo: Yaau y Numirinta bajan del cielo a la sabana de San Ángel, uno mirando al oriente por donde sale el sol y la otra al occidente por donde se oculta, y con dos mazorcas de maíz cariaco hacen a la gente. Coinciden el descenso y el lugar; se separan en el instrumento, porque allí lo que funda es una planta sembrada y aquí lo que orienta es un arma disparada.

El tercero conecta este cuento con el cielo por la vía de la lengua. En el mito astral ette de la travesía de la joven, estudiado por Niño Vargas, una banda de marimondas se identifica con la constelación de Orión, y la palabra kaggra nombra al mismo tiempo las flechas, la palma gallinazo y el cinturón de esa constelación. La diferencia importa: allí las flechas comparten nombre con un grupo de estrellas, mientras que en el poblamiento la caña de las flechas se declara pariente del Sol y no de una constelación, y su virtud es que alumbra de noche a quien se chuza con ella.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. No hay una segunda versión de este cuento. Hay una sola, la de 1945, y las publicaciones posteriores que la traen la reproducen. Tener un único testimonio implica aquí algo concreto: los tres destinos que la narración nombra no pueden contrastarse con ninguna otra lista, y no hay manera de saber si eran siempre tres ni si eran siempre esos.

  2. Lo que sí hay son desplazamientos. El más notorio es el tercer destino. Cartagena es una ciudad de fundación española, y el propio texto la marca como referencia del presente, no del tiempo del descenso: dice que la flecha cayó donde está hoy el gran pueblo que llaman así. Además, el territorio que la historiografía documenta para este pueblo, según la delimitación de Rey Sinning, queda del lado derecho del Magdalena y no alcanza Cartagena, que está al otro lado del río. El relato, por tanto, extiende el poblamiento más allá de donde llega el archivo.

  3. El segundo desplazamiento está en la versión que se cuenta hoy. En 2024, César Rozo narró que Yaau bajó del cielo con Numirinta a la sabana de San Ángel y que con dos mazorcas de maíz cariaco hicieron a los Ette Ennaka. El descenso desde el cielo se conserva y el lugar también es San Ángel, pero desaparecen el arco iris, las tres flechas y los otros dos destinos, y el instrumento del origen pasa a ser el maíz. Son dos relatos distintos sobre el mismo suelo y no deben fundirse.

  4. En la etnografía de Niño Vargas la clave del descenso es otra: los ette actuales se llaman ette takke, gente nueva, y se entienden como un pueblo que bajó sobre el fango que dejaron los incendios y las inundaciones enviados por las deidades. Ese marco explica por qué se baja, cosa que el relato de 1945 no explica, pero no dice hacia dónde. El mismo autor registra que el espacio habitable fue delimitado de manera intencional por el padre creador y que los únicos puntos cardinales reconocidos son el levante y el poniente, mientras que las tres flechas no se orientan por direcciones sino por nombres de lugar.

  5. La lectura del recopilador sobre el arco iris —que aquí no es una fuerza benévola sino un arma— es suya y de 1945, y no está dicha en el relato.

  6. Esta revisión retira del relato el párrafo final que comentaba la versión anterior de la página y reemplaza por este texto la sección que la ficha compartía, palabra por palabra, con los demás mitos del corpus.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Ette Ennaka (Chimila) · Magdalena · Caribe
Referencias
9
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y cuentos de los indios Chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica los veintiún relatos del corpus histórico y atribuye su narración al cacique Tangrutaya Mutsu, registrada en castellano durante trabajo etnográfico.

  2. El sol babea jugo de piña: antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Reedita y contextualiza literatura Ette dentro de una antología nacional, identifica las traducciones y remite a las fuentes etnográficas usadas.

  3. Los Ette Ennaka, un pueblo que resiste y conserva sus tradiciones a pesar de siglos de violencia

    mincultura.gov.co

    Recoge voces de Luis Eduardo Granados y César Rozo, emplea el nombre Ette Ennaka y documenta el relato de Yaau, Numirinta y las dos mazorcas de maíz cariaco.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Documento madre: Leyes de origen de los pueblos indígenas

    smt-onic.com

    Incluye la ley de origen Ette Ennaka, la creación atribuida a Papá Grande y una síntesis de las regiones superpuestas del universo.

  2. Ciclos de destrucción y regeneración: experiencia histórica entre los ette del norte de Colombia

    journals.openedition.org

    Estudia cómo sueños, memoria histórica, Yunari y la quinta tierra articulan ciclos de destrucción, regeneración y acción ceremonial entre los Ette.

  3. Etnografía chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Describe el arco tallado en madera de palma y las tres formas de flecha, distinguiendo la vereda de la punta, y sitúa a la gente en El Difícil, La Peña, San Ángel y Monterrubio.

  4. El tejido del cosmos: tiempo, espacio y arte de la hamaca entre los ette (chimila)

    journals.openedition.org

    Sostiene que el territorio ette fue definido intencionalmente por el padre creador, que delimitó el espacio habitable con un acto deliberado, y que el mundo se ordena entre levante y poniente: el marco cosmológico del lanzamiento de las flechas.

  5. La travesía de la joven: un mito astral de los ette del norte de Colombia

    archivo.revistas.ucr.ac.cr

    Registra que una misma palabra ette nombra a la vez las flechas, la palma gallinazo y el cinturón de Orión, un vínculo lingüístico entre el material de las flechas y el cielo.

  6. Resistencia chimila: ni aniquilados, ni vencidos

    dialnet.unirioja.es

    Delimita el territorio chimila anterior a la ocupación española entre las estribaciones de la Sierra Nevada, el brazo de Mompox y la ciénaga de Zapatosa, y entre la ribera derecha del Magdalena y los ríos Ariguaní y Cesar: la geografía real que recorren las flechas.

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«Las tres flechas del poblamiento» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Las tres flechas del poblamiento» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Las tres flechas del poblamiento» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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