Sol y Luna

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Sol y Luna

Luna es el hermano mayor y la actual Sol es la tercera hermana: dos soles anteriores marcaron días larguísimos antes del orden celeste presente.

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Sol y Luna: la entrada del relato

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Sol y Luna son hermanos. Luna es el hermano y es mucho más viejo. Sol es la hermana y es mucho más joven: hace poco que nació. Y no es la primera. Es ya la tercera hermana.

Antes de ella hubo otros dos soles. Los dos sirvieron mientras estuvieron nuevos y ya no sirvieron cuando estuvieron viejos. Se acabó su familia y entonces se murieron. De esos dos no queda nada en el cielo: cada uno tuvo su tiempo y cada uno se acabó.

El primer Sol salía por allá, por donde ahora se acaba el día. Mientras ese Sol anduvo por el cielo, los días duraban cuatro años. Todo ese tiempo había día. Así los indios podían trabajar todo el tiempo con día.

Más tarde, Papá Grande hizo salir al segundo Sol por otra parte: por allá, detrás de la Sierra Nevada. Con ese Sol los días ya no duraban cuatro años sino uno. Por fin ese Sol también cambió, y desde entonces el sol sale por donde lo vemos salir hoy.

Tres veces, entonces, ha salido el sol por lugares distintos. Salió por donde ahora se acaba el día. Salió detrás de la Sierra Nevada. Sale ahora por donde lo vemos. Y cada vez que cambió el lugar de la salida cambió también lo que duraba un día: primero cuatro años, después un año.

Allá por el norte el Sol no sirve. No sirve porque por allá se acaba la tierra. Por el sur es distinto: por el sur hay tierra y tierra, y mucho monte, y mucho indio.

De noche el Sol no anda por el cielo. De noche el Sol duerme, porque es mujer. Y a veces está enferma y no quiere salir. No sale, y entonces no llega el día. Mientras la hermana no sale, los indios tienen mucho miedo.

Así dijeron y así es.

Sol y Luna: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Los astros que hoy ordenan el día pueden ser los terceros en hacerlo, y no los últimos.”

Territorio

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Ette Ennaka (Chimila)
Referencia
10.0356° · -74.2147°

Ficha del relato

Contexto histórico

Es el segundo relato del corpus y ocupa la página 5 de la publicación de Gerardo Reichel-Dolmatoff de 1945. Esa página tiene una importancia que ningún otro texto del conjunto tiene: es la referencia exacta que la antropología posterior cita cuando necesita decir cómo eran el Sol y la Luna ette a mediados del siglo XX.

Lo narró el cacique Tangrutaya Mutsu, y lo narró de noche, recostado en su hamaca, despacio y en voz baja, en un castellano que a veces se enredaba. El dato no es decorativo tratándose de un cuento cuyo asunto es una hermana que duerme mientras dura la noche y una gente que se asusta cuando no amanece. El recopilador añade que el anciano exigía contar sólo ante hombres y que interrumpía cada vez que una mujer entraba a la casa: el único testimonio conservado sobre el sexo de los astros se dijo, además, bajo esa condición de auditorio.

Reichel-Dolmatoff lo encontró a primera vista confuso y enigmático, y resolvió la extrañeza por comparación. Puso al lado un cuento matako sobre una noche que duró tres semanas, propuso que «cuatro años» y «tres semanas» significan en ambos casos simplemente mucho tiempo, sumó testimonios okaina, kariri y mundurukú, y llegó a preguntarse si la tradición no sería la memoria antiquísima del paso de los indios por el Estrecho de Behring. Sobre el final del texto sugirió que el Sol enfermo aludía probablemente a un eclipse. Todo eso es suyo, no del narrador, y ninguna de esas hipótesis se apoya en otra cosa que en el parecido.

La etnografía posterior no reedita este cuento, pero sí describe el cielo del que habla. Juan Camilo Niño Vargas documentó que el sol ette surge de las estribaciones surorientales de la Sierra Nevada y se esconde en las llanuras occidentales, y que los únicos puntos cardinales reconocidos son el levante y el poniente. También registró la explicación actual de la noche: en el extremo oriental del universo hay una gran puerta por donde el astro empieza su marcha hacia el occidente, y al terminarla pasa por un pasaje a la Tierra de Arriba, donde la reanuda en sentido inverso, de modo que el día de una tierra es la noche de la otra. En un trabajo comparativo de 2025 añade que, en la mitología chibcha, la salida del sol es lo que marca el fin de los procesos de creación y humanización. Mònica Martínez Mauri y Ernst Halbmayer, por su parte, ligan ese cielo al calendario agrícola: cuando las estrellas aparecen por oriente a mediados de junio, los ette celebran la llegada de las mazorcas verdes.

Ninguna de esas fuentes menciona las tres hermanas solares, el día de cuatro años, la muerte de los soles viejos ni la Sol enferma. De todo eso hay un solo registro.

Resonancias con otros mitos

El primero en buscarle parientes a este cuento fue el propio recopilador, y el que puso más cerca es matako, del Chaco: allí la noche duró tres semanas, nadie pudo ver, la gente comió cueros, siguió cuerdas para llegar al río y murió mucha por las tempestades y el granizo. La simetría es clara, pero la diferencia también: entre los matako la duración anormal es una catástrofe, mientras que aquí el día de cuatro años es una comodidad, porque permite trabajar todo el tiempo con día.

El segundo paralelo es okaina, de Colombia, y dice que el sol que nos alumbra no es el primer sol y que el primero era el hermano del actual. Es la misma idea de un sol reemplazado, pero repartida de otro modo: entre los ette la sucesión es de tres hermanas y el hermano es Luna, que no se reemplaza nunca.

El tercero es mundurukú: en el principio no hubo noche, el día era continuo y la noche dormía en el fondo de las aguas. Allí falta la noche y hay que traerla de abajo; aquí la noche existe desde siempre y lo que cambia, de un sol a otro, es cuánto dura el día.

El cuarto está dentro del mismo corpus y lo contó el mismo hombre. En «El diluvio», cuando empieza a llover, el Sol y la Luna se ahogan. Es el único otro lugar donde los dos hermanos aparecen, y allí mueren los dos juntos, sin que se diga cuál de las hermanas solares era ni cómo llegó después la que alumbra ahora. Los dos relatos hablan de un cielo que puede acabarse, pero no encajan uno con otro: este cuenta relevos y aquel cuenta un ahogo.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El dato que más cambia la lectura de este relato es una inversión documentada. Juan Camilo Niño Vargas registró en 2013 que los ette actuales le dan al Sol un nombre masculino, Peenatitoro, construido sobre peenari, el término con que se designa a los ancianos varones y en particular al abuelo, y que lo describen como un hombre extranjero, de tez blanca, montado a caballo y con un enorme espejo atado al cuello con el que alumbra la tierra; su hermana es Luna, Maamasu, una mujer indígena que se desplaza en burro. Y advierte de manera expresa que los sexos que los ette de hoy les asignan a los astros están invertidos respecto a los mitos recogidos a mediados del siglo XX, en los que el Sol figura como mujer y la Luna como varón. La referencia que da para esa comparación es la página 5 de la publicación de 1945, es decir, exactamente este texto. La inversión no es una impresión general: está medida contra este relato.

  2. Hay que precisar qué se invierte y qué no. El parentesco se conserva, porque en ambos casos Sol y Luna son hermanos. Lo que cambia es quién es la mujer. Y eso arrastra una consecuencia, porque en 1945 el sexo de Sol es la causa de la noche: duerme porque es mujer. Esa explicación no tiene equivalente en la versión contemporánea, donde la noche se explica por el recorrido del astro a través de la puerta oriental y de la Tierra de Arriba.

  3. Hay además un desajuste que conviene no disimular. El relato pone la salida del segundo Sol detrás de la Sierra Nevada y dice que el Sol actual, en cambio, sale por otra parte. La etnografía de 2014 del mismo autor sitúa la salida del sol ette justamente en las estribaciones surorientales de la Sierra Nevada. Dicho de otro modo: el punto que el texto de 1945 le asigna a un Sol anterior es el que hoy se describe como el del Sol de ahora. Ninguna fuente consultada explica esa diferencia, y esta página no la resuelve.

  4. Del lado de las versiones contemporáneas difundidas por entidades públicas, el único dato astral que aparece es de orientación y no de sexo: en el relato de creación que César Rozo narró en 2024, Yaau mira hacia el oriente por donde sale el sol y Numirinta hacia el occidente por donde se oculta. No hay allí soles sucesivos.

  5. Fuera de esto no hay más versiones documentadas de este cuento. Hay una sola, de 1945, y lo que se publicó después la reproduce. Tener un único testimonio significa que no puede saberse si las tres hermanas eran una fórmula estable o el modo de contar de aquella noche.

  6. Esta revisión, por último, saca del relato el comentario que lo interrumpía y sustituye por esto la sección genérica que la ficha compartía con el resto del corpus.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Ette Ennaka (Chimila) · Magdalena · Caribe
Referencias
9
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y cuentos de los indios Chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica los veintiún relatos del corpus histórico y atribuye su narración al cacique Tangrutaya Mutsu, registrada en castellano durante trabajo etnográfico.

  2. El sol babea jugo de piña: antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Reedita y contextualiza literatura Ette dentro de una antología nacional, identifica las traducciones y remite a las fuentes etnográficas usadas.

  3. Los Ette Ennaka, un pueblo que resiste y conserva sus tradiciones a pesar de siglos de violencia

    mincultura.gov.co

    Recoge voces de Luis Eduardo Granados y César Rozo, emplea el nombre Ette Ennaka y documenta el relato de Yaau, Numirinta y las dos mazorcas de maíz cariaco.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Documento madre: Leyes de origen de los pueblos indígenas

    smt-onic.com

    Incluye la ley de origen Ette Ennaka, la creación atribuida a Papá Grande y una síntesis de las regiones superpuestas del universo.

  2. Ciclos de destrucción y regeneración: experiencia histórica entre los ette del norte de Colombia

    journals.openedition.org

    Estudia cómo sueños, memoria histórica, Yunari y la quinta tierra articulan ciclos de destrucción, regeneración y acción ceremonial entre los Ette.

  3. La travesía de la joven: un mito astral de los ette del norte de Colombia

    archivo.revistas.ucr.ac.cr

    Documenta que hoy los ette dan nombre masculino al Sol y femenino a la Luna, y advierte expresamente que esos sexos están invertidos respecto a los mitos recogidos a mediados del siglo XX, donde el Sol figura como mujer y la Luna como varón.

  4. El tejido del cosmos: tiempo, espacio y arte de la hamaca entre los ette (chimila)

    journals.openedition.org

    Registra que el sol ette surge de las estribaciones surorientales de la Sierra Nevada y se oculta en las llanuras occidentales, y que los únicos puntos cardinales reconocidos son el levante y el poniente: un marco preciso para los cambios del punto de salida en el cuento.

  5. Bajo la responsabilidad humana: creación, conservación y destrucción del mundo entre los chibchas

    revistas.ucm.es

    Explica que en la mitología chibcha, los ette incluidos, la salida del sol marca el fin de los procesos de creación y humanización: el amanecer cierra el tiempo del origen y abre el mundo humano.

  6. Ofrendas, intercambios y otros modos de relación en las socio-cosmologías indígenas contemporáneas del área istmo-colombiana

    redalyc.org

    Presenta a los padres creadores ette como el orden suprahumano y celeste, y liga el cielo con el calendario terrestre: cuando las estrellas aparecen por oriente a mediados de junio, los ette celebran la llegada de las mazorcas verdes.

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«Sol y Luna» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Sol y Luna» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Sol y Luna» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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