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Sol y Luna

La danza cósmica de Sol y Luna refleja la interacción entre lo divino y natural, personificando al Sol con fragilidad y fuerza.

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Ilustración de Sol y Luna

En el principio de los tiempos, cuando la primera luz desnudó el manto oscuro del cosmos, la hermanada danza del Sol y la Luna comenzó a tejer el tapiz del mundo. Anclados en la bóveda celeste, Sol y Luna eran hermanos eternos pero de distinta edad, portadores de la luminiscencia cósmica que le daba vida a la Tierra. Sol, la hermana joven y vibrante, era la tercera en su linaje; dos soles se habían apagado antes de ella, sus historias olvidadas en las cenizas del tiempo.

Paradojas ocultas en la corriente del tiempo dictaban las reglas del juego astral. Se contaba en los susurros del viento que el primer Sol emergió por el lugar en el que hoy se esconden los días, allí donde el crepúsculo convierte al cielo en un lienzo de mil colores. En aquellos tiempos primigenios, los días se extendían durante cuatro años. Bajo esa prolongación de luz, los habitantes de la Tierra, los antiguos indios de sabiduría perdida, trabajaban sin descanso, bendecidos por el esplendor eterno que les envolvía.

Mas todo ciclo tiene su fin, y cuando el primer Sol llegó al ocaso de su existencia, el cielo lloró su partida. En su infinita sabiduría, Papá Grande, forjador de realidades y arquitecto del destino, hizo emerger un segundo Sol por el horizonte donde la Sierra Nevada abraza al cielo. Ahora, los días se comprimieron a la unidad de un año, y la Tierra, ajustada a esta nueva realidad, prosperó bajo la mirada del nuevo astro.

La danza cósmica continuó su inexorable marcha y, ante la necesidad del cambio, un tercer Sol nació, nuestra hermana actual, acompañante eterna de Luna, su hermano mayor, cuya presencia plateada embellecía la soledad nocturna. Este Sol, joven y aún lleno de vigor, aparece por el mismo rincón que conocemos hoy, renovando cada alba con su salida.

Mientras que hacia el norte, el límite de la tierra hace inútil cualquier luz, al sur, donde el dominio de la naturaleza se desparrama en montes y vastos territorios, la vida respira en complicidad con el Sol. Allí, los indios, seres de piel morena y espíritu indomable, reverencian el continuo ciclo que les ofrece el calor y la luz que tanto veneran.

Durante el día, el mundo es de Sol, y su fulgor danza sobre los campos y los ríos, sobre las montañas y los valles, abrazando con su calor la superficie del mundo. Pero al caer el manto estrellado de la noche, Sol, siendo mujer, encuentra el descanso, sumida en sueños que alimentan el día por venir. Sin embargo, hay momentos en que Sol se sumerge en un sueño más profundo, tal vez capturada por las dolencias de su espectro dorado, y su ausencia cubre con temor los corazones de los indios, quienes comprenden la fragilidad del equilibrio celeste.

Así ha sido dicho, en historias arraigadas en el alma de los pueblos, narradas al calor de los fuegos antiguos y al murmullo de ríos casi olvidados. Porque en esa danza infinita de Sol y Luna, de luz y sombra, habita la esencia misma de la existencia; un relato emanado de lo profundo del tiempo que sigue dándose vida en la urdimbre de la realidad. Allí, en el cruce entre lo tangible y lo onírico, se dibuja el mito, y así, se proclama su verdad. Así dijeron y así es.

Historia

Por ahora no tenemos tan clara la historia de este mito, pero a medida que recopilemos más información les estaremos actualizando.

Versiones

En esta versión del mito, el Sol y la Luna son presentados como hermanos, con la Luna siendo el mayor y el Sol la menor de tres hermanas. Esto implica un ciclo de soles, donde los dos soles anteriores se extinguieron al "acabarse" su familia, sugiriendo un ciclo de renovación y muerte. El cambio entre los diferentes soles está asociado con cambios en la duración de los días, inicialmente de cuatro años bajo el primer Sol, luego de un año con el segundo. Este cambio gradual simboliza no solo la transición de los cuerpos celestes, sino también la interacción entre lo divino y lo natural, en el que "Papá Grande," posiblemente una deidad o figura creadora, tiene control directo sobre los ciclos astrales y su influencia en la vida terrestre.

Además, la geografía desempeña un papel significativo: el Sol actual no es útil en el norte debido a la finalización de la tierra, pero es fructífero en el sur, que se describe como abundante en tierra, monte e indígenas. Esta versión del mito también introduce el género del Sol como femenino, lo que influye en su comportamiento al decir que "duerme" durante la noche y que a veces está "enferma" y no aparece, causándole temor a los indígenas. Estos detalles reflejan una personificación del Sol que es a la vez divina y humana, con características de fragilidad y fuerza, y su ausencia incide directamente en la seguridad y la percepción del tiempo por parte de los humanos.

Lección

El equilibrio cósmico es esencial para la vida en la Tierra.

Similitudes

Se asemeja a mitos como el de Helios y Selene en la mitología griega, donde los cuerpos celestes son personificados y tienen un impacto directo en la vida humana.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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